Juguetes Victorianos I

En La Casa Victoriana volvemos con la primera entrega de un post muy navideño. En esta época donde la publicidad nos bombardea con lo último en juguetes, ¿ qué os parece volver al pasado y recordar aquellos juegos y juguetes que hacían felices a los niños del XIX y de principios del XX?

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Kate Greenaway

Los juguetes de los niños victorianos eran tremendamente sencillos, tanto en su diseño como en sus materiales pero, al mismo tiempo, increíblemente jugables tanto como para que un niño pudiera divertirse solo, como para poder compartir un mundo de imaginación con otros niños, en casa y en las calles, en los parques y en los patios de las escuelas. Hagamos un recorrido por algunos de los más populares.

La rayuela: la rayuela o mariquitilla, hopscotch en inglés, no era propiamente un juguete pero sí uno de los juegos más populares en la época victoriana, sobre todo entre las niñas. Una de las causas de su gran popularidad es que realmente no hacía falta ningún juguete: una simple piedra o trozo de tiza para dibujar en el suelo de cualquier calle o callejón – que eran menos transitados – una serie de rectángulos unidos y numerados entre sí y una piedra para lanzar. Después la habilidad de cada jugador para lanzar la piedra al rectángulo correcto y recogerlo «a la pata coja» decidían al ganador.

Amazing Blocks

Los bloques eran los juegos preferidos de los niños más jóvenes y cumplían dos funciones: divertir y educar. Habitualmente estos bloques tenían sus cuatro caras decoradas con números, letras del alfabeto o dibujos de animales. Otras veces cada cara del bloque tenía una parte de una ilustración, a modo de rompecabezas o puzzle, y uniendo todos los bloques en el orden correcto se conseguía completar una escena infantil.

Alguno de los juegos de bloques más populares eran:

La Escalera de Jacob: la Jacob´s Ladder era un juego de bloques, que se hizo tremendamente popular alrededor de 1800, estaba formado por varios bloques planos unidos con un cordel. Cuando se cogían correctamente parecía que un bloque iba tumbando a los demás  y con un poco de habilidad se podían formar figuras e incluso formas de animales.

El curioso nombre del juego viene de una historia bíblica: Jacob viajando a través del desierto tuvo un sueño; en él vio cientos de ángeles que subían y bajaban por una escalera que unía el cielo y la tierra. El juego  parecía como si una persona subiera y bajara una escalera, de ahí su nombre.

Nesting blocks: Los bloques anidados (del inglés nest «nido») recibían este nombre porque como matrioskas, cada caja tenía otra en su interior. Sacando todas las cajas anidadas y ordenando las ilustraciones que tenían dibujadas en  sus caras el niño formaba una escena, que habitualmente, en este tipo de juego, era una ilustración a todo color de las diferentes atracciones de un zoo.


Building blocks: eran los típicos bloques de construcción con los que los niños podían hacer divertidas construcciones como torres, puentes o pequeños castillos.

Juguetes para jugar en la calle

Aunque los niños victorianos de clase alta hacían de la nursery su lugar de juegos y de instrucción escolar, en la tardía época victoriana los parques, las calles y los patios de la escuela se llenaban de niños con juegos y juguetes que también han llenado muchas de nuestras horas de juego y recreos.

Kate Greenaway

Canicas: las marbles o canicas eran uno de los juguetes preferidos de los niños, ya que además de jugar daban con ellas, podían ganarlas, perderlas e incluso comerciar con ellas, siendo las piezas más codiciadas las canicas grandes. Los canicas estaban hechas de porcelana, piedra, cerámica o arcilla y estaban decoradas con vivos colores formando remolinos u otros originales diseños. Los niños que no podían permitirse tener estas canicas, las sustituían por nueces o bayas secas.

Cantillos: los cantillos o jackstones eran unos objetos con seis pinchos pequeños; cada jugador tiraba su jack contra los que estaban en el suelo para hacerlos volar, intentando recoger otro jack del suelo mientras atrapa con la misma mano el cantillo volador. A finales de siglo se empleaba una pelota de goma para tirar contra los jackstones.

Peonzas: las peonzas o tops eran uno de los juguetes favoritos de los niños.  Estaban hechas de madera y había diferentes modelos y formas; algunas se lanzaban con una cuerda a la que estaban atadas, otras tenían una clavija. Entre las más populares estaban las peg tops y las humming tops. El juego era muy simple y tenía variantes: unas veces era una batalla entre las dos peonzas que se golpeaban una con la otra; otras consistía simplemente ver que jugador era capaz de conseguir que su peonza girara durante más tiempo.

Kate Greenaway

Aros: los hops o aros estaban hechos de metal o madera. Los niños los guiaban con un palo por las calles o los parques, y los participantes mostraban su pericia conduciéndolos por obstáculos y manteniéndolos en constante giro. Muchas veces los niños utilizaban como hoops los aros que se utilizaban para sujetar las maderas de los barriles. Cuando un barril se rompía los aros desaparecían rápidamente a manos de los niños que veían en ellos resistentes aros de metal, mucho más duraderos que los de madera.

Kids Sailing Toys Sailboat. Louis Abel-Truchet

Ring- around- the-Rosie: es otro de los juegos más populares de los niños victorianos y, creo, que de los niños de todos los tiempos. No es otro que la rueda o el corro, como le llamábamos los niños de mi zona, aunque es posible que reciba otros nombres. El juego de la rueda tenía múltiples variantes y siempre estaba acompañado de una bonita rima o cancioncilla que todavía permanece escondida entre nuestros recuerdos infantiles (a la rueda-rueda de pan y canela…) Algo tan simple, que no necesitaba nada más que un grupo de niños cogidos de la mano cantando, era capaz de llenar de risas y diversión una tarde de juegos.

Jessie Wilcox Smith

Combas: las combas o skipping ropes eran uno de los jueguetes preferidos de los niños victorianos, ya que con un simple trozo de cuerda podían divertirse saltando solos, en parejas o jugando a saltar por turnos con otros niños, mientras dos de ellos movían la cuerda. Habitualmente los juegos de comba se acompañaban de pegadizas canciones infantiles.

Robert Salle

 

Como veis, los juguetes y juegos antiguos no son tan diferentes de muchos a los que jugábamos los niños de mi edad, y ni siquiera tan diferentes a los que juegan los más pequeños de hoy en día. Simplemente las peonzas de madera se han convertido en  peonzas plásticas o metálicas que se lanzan con una tira de plástico en vez de una cuerda y van decoradas con personajes de los dibujos de moda, los aros son están hechos de plástico y las rayuelas son electrónicas…

Pero lo que debe permanecer siempre vivo y no debería cambiar es la capacidad de un niño para que su imaginación pueda hacer que el juego más simple se convierta en todo un universo de fantasía.

Greenaway

Hasta el próximo post sobre juguetes victorianos!

Thanksgiving Day

El Thanksgiving Day o Día de Acción de Gracias se celebra anualmente en los Estados Unidos desde 1863 con motivo de agradecerle a Dios la ayuda prestada a los peregrinos de la Colonia de Plymouth durante el brutal invierno que asoló Nueva Inglaterra echando a perder todas las cosechas.

Este día de fiesta nacional en los Estados Unidos se celebra el cuarto jueves de Noviembre, en los Estados Unidos  -aunque originariamente la celebración se hacía el último jueves de Noviembre – y el segundo lunes de Octubre en Canadá.

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Pilgrim’s Landing – Edward Percy Moran

Un poco de historia…

En 1620 el Mayflower partió de Plymouth, después de dos intentos, ya que el barco tuvo problemas en su partida y tuvieron que regresar para repararlo, con destino a la costa este de los Estados Unidos, más concretamente a la costa de Massachussetts.

Los pasajeros del barco eran un grupo de colonos cristianos – más tarde conocidos como peregrinos o pilgrims– que buscaban en América del Norte una vida mejor. A finales de noviembre llegaron a la costa este cumpliendo su propósito de fundar la Colonia de Plymouth, pero los rigores del fuerte invierno hicieron que las cosechas se perdiesen, y los colonos, que no estaban preparados para enfrentarse a un invierno tan duro se encontraron sin alimentos y sin modo de procurárselos.

Más de la mitad de la colonia perdió la vida y la otra mitad pudo sobrevivir gracias a la ayuda de los indios Wampanoag, que les procuraron ayuda, cuidados y alimentos.

En 1621, con los colonos ya instalados y con una abundante cosecha en los campos, el gobernador de la colonia decidió que dedicarían un día después de la recolección de las cosechas a compartir sus alimentos con los indios y a darle gracias a Dios por haberlos ayudado en tan duros momentos y por proporcionarles al año siguiente tan abundantes frutos.

Tristemente, la pacífica convivencia con los indios no duró mucho, ya que la llegada cada vez más masiva de colonos que se asentaban en territorio indio provocó continuas disputas que casi terminan con la aniquilación del pueblo Wampanoag.

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The First Thanksgiving – Jean Louis Gerome Ferris

La festividad…

Aunque el Día de Acción de Gracias se ha celebrado desde esa fecha de diferentes maneras fue en 1789 cuando el primer presidente americano George Washington lo declaró festividad nacional con la famosa proclama » es nuestro deber como personas con reverente devoción y agradecimiento, reconocer nuestras obligaciones al Dios todopoderoso, e implorarle que nos siga prosperando y confirmado las muchas bendiciones que de El experimentamos…»


El 3 de Octubre de 1863 el Presidente Abraham Lincoln declaró el día de Acción de Gracias como fiesta nacional de Estados Unidos, y desde esa fecha se ha celebrado en todos los hogares del país anualmente.

Aunque no fue hasta 1941, cuando el Congreso americano, bajo la presidencia de Roosvelt, declaró el Thanksgiving Day como fiesta nacional de manera oficial.

Las tradiciones…

Una de las tradiciones más conocidas es la del indulto de un pavo por parte del Presidente de la Nación. Ese pavo perdonado vivirá tranquilo hasta el fin de sus días. La ceremonia en la que tiene lugar esta tradición se conoce como la National Thanksgiving Turkey Presentation.

Estas fechas son eminentemente familiares, y son muchos los que viajan a través de los estados para reunirse en torno a la mesa familiar. Por esta razón este es un periodo vacacional de cuatro o cinco días tanto escolar como laboral. La comida que se sirve es un menú típico, que trata de recordar al menú original de los pilgrims, aunque con variaciones.

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En una mesa de Acción de Gracias no debe faltar, entre otros platos típicos,  el pavo asado roasted turkey, generalmente relleno stuffing, puré de patatas smashed potatoes, la salsa gravy y la de arándanos cranberry sauce, pan de maíz , cornbread y postres como el pastel de pacana pecan pie, pastel de calabaza pumpkin pie o de manzana apple pie.

Antes de la comida, toda la familia reunida en la mesa en torno a los alimentos se recoge respetuosamente para hacer la grace u oración de gracias a Dios – thanksgiving –  por permitir que la familia unida pueda degustar un año más  los alimentos que Dios  les ha concedido, así como que todos ellos hayan podido reunirse en estas fechas señaladas. Esta es una de las plegarias o grace recitadas en la mesa en esta jornada de agradecimiento a Dios.

We Gather Together

We gather together to ask the Lord’s blessing;
He chastens and hastens his will to make known;
The wicked oppressing now cease from distressing,
Sing praises to his name: He forgets not his own.

Beside us to guide us, our God with us joining,
Ordaining, maintaining his kingdom divine;
So from the beginning the fight we were winning;
Thou, Lord, wast at our side, All glory be thine!

We all do extol thee, thou leader triumphant,
And pray that thou still our defender wilt be.
Let thy congregation escape tribulation;
Thy name be ever praised! O Lord, make us free!
Amen
–Traditional Thanksgiving Hymn
(Traducción de Theodore Baker: 1851-1934)

El desfile…

Tan tradicional como la comida o la reunión familiar es el clásico desfile de Thanksgiving Day organizado por los grandes almacenes Macy’s de Nueva York, por las calles que Manhattan, el Macy’s Thanksgiving Day Parade.

Este desfile se organizó por primera vez en 1924 y en él desfilaban los propios empleados de Macy´s y como atracción principal varios de los animales del Central Park Zoo de Nueva York. El nombre del desfile era originariamente Macy’s Christmas Parade.

A partir de 1927 el desfile incorporó lo que fue y es hoy en día una de las marcas de identidad del desfile, los magníficos y gigantes globos de helio que flotan sobre el cielo neoyorquino. Estos globos comenzaron representando a animales y figuras típicas de acción de gracias pero con los años los personajes infantiles más populares, dependiendo del momento y las marcas comerciales son parte fundamental de este desfile que siguen millones de personas en directo y por televisión.

1929
1929

Completan este desfile impresionantes carrozas en las que van personajes populares del mundo del cine y la televisión. La cobertura del desfile por los medios de comunicación es tan exhaustiva que incluso las retransmisiones que la NBC ha hecho de este evento tienen en su haber varios premios Emmy.

En la actualidad el desfile de Macy’s que sólo paró su celebración anual a causa de la Segunda Guerra Mundial, se celebra en varias ciudades americanas, siendo parte fundamental de los eventos de la fiesta nacional por excelencia, con el Independence Day, de los Estados Unidos.

Thanksgiving Day Greetings !

Happy Halloween!!!

La celebración de Halloween tiene su origen en una tradición celta de origen pagano llamada Samhain.

De hecho, y como herencia de nuestra ancestral cultura celta, en Galicia, celebramos en estas fechas el Samaín, tan cargado de tradiciones como Halloween y curiosamente con alguna de ellas en común.

Los antiguos celtas creían que la línea entre el mundo de los vivos y los difuntos se hacía más frágil con la llegada de Samhain y los espíritus, tanto benignos como malignos podían atravesar el velo de la oscuridad para adentrarse en el mundo de los vivos. Se piensa que el  objetivo del uso de máscaras y disfraces era precisamente ahuyentar a los malos espíritus.

La tradición celta fue adoptada posteriormente por los romanos, que asimilaron las tradiciones del culto a los difuntos con las fiestas de la cosecha, que ellos celebraban a finales de octubre. De la unión de ambas festividades viene la tradición del consumo de manzanas como parte del menú, aunque con el tiempo estas manzanas se degustaban caramelizadas y eran una de las golosinas asociadas con Halloween preferidas de los niños.

Aunque en Reino Unido e Irlanda estas tradiciones se mantuvieron a lo largo de los siglos, no fue hasta su llegada a los Estados Unidos, alrededor de 1840, transmitidas por los emigrantes irlandeses, cuando adquirió una gran popularidad y quedó fuertemente arraigada hasta nuestros días.

En esas fechas una de las mayores desgracias que recuerda la historia irlandesa se abatió sobre el país: las cosechas de patata, producto fundamental para la alimentación del país se echaron a perder provocando una hambruna sin precedentes. Esto obligó a que muchos irlandeses tuvieran que emigrar a los Estados Unidos en busca de una vida mejor. Con ellos llevaron sus tradiciones que siguieron celebrando en su nuevo país y que rápidamente se hicieron populares – como la de Jack O’Lantern, un ser maligno con cuerpo humano y cabeza de calabaza-

A partir del primer desfile de Halloween celebrado en 1921 en Minnesota, la popularidad de esta fiesta fue incrementando hasta hacerse imprescindible en el calendario de festividades estadounidenses.

Los victorianos, tan aficionados al envio de tarjetas ilustradas para felicitar cualquier hecho o fecha destacable, nos han dejado no sólo un conjunto de preciosas ilustraciones sino una serie de documentos históricos donde podemos estudiar las tradiciones y leyendas de esta festividad, desde juegos o disfraces a recetas y leyendas.

Algunas de ellas muy conocidas, como la Trick or Treat – truco o trato – donde siempre es mejor hacer el trato, ya que cuenta la tradición que en caso de no aceptar el trato Jack O’Lantern podría maldecirnos,  la costumbre de que una chica soltera se pusiera en frente de un espejo, con la habitación a oscuras y con una vela como única iluminación para ver su reflejo de su futuro marido en el espejo, o costumbres – también arraigadas en Galicia, aunque en la festividad de San Juan, como robar las o puertasgates– o cancelas de las casas.

Entre las tradiciones culinarias están las taffy apples o caramel apples, manzanas bañadas en un delicioso y llamativo caramelo rojo o ricos pasteles de calabaza –pumpkin pie – o los ricos pasteles llamados soul cakes.

Para endulzar estas fechas o propongo una fácil y deliciosa receta de galletas que nos dejó en un comentario mi amiga Fina a propósito del post sobre los cupcakes:

» Tengo una receta ‘cup’ para hacer galletas. Con los moldes apropiados y una gotitas de colorante especial postre salen un montón de galletas ideales para celebrar el Halloween.
1 taza de azúcar
1 taza de leche
1 taza de aceite de girasol
1 huevo
6 tazas de harina «bizcochona» o con levadura – o un sobrecito de levadura química – o ir incorporando tazas de harina hasta que la masa se despegue de los dedos. Estirar la masa con un rodillo. Marcar con los moldes. Meter en el horno a unos 180º – 200º durante 15 o 20 minutos.

Nota: para hacer ojos y boquitas… gominolas de colores!

Trick or Treat and Happy Halloween!»

Muchas gracias Fina!

Para completar la tanda de postres os propongo el bizcocho de calabaza que he publicado en el post de mi blog de recortables

http://casitadepapel.wordpress.com/2010/10/27/happy-halloween/

Ilustradores: Warwick Goble

Es probable que el nombre de Warwick Globe no resulte demasiado familiar, aunque este pintor e ilustrador nacido en la segunda mitad del siglo XIX ha acompañado a generaciones de todas las edades a través de sus bellísimas ilustraciones para cuentos populares y ediciones de las obras más reconocidas de la literatura.

Globe nació en 1862 y desde edad temprana demostró su gusto y talento por la pintura y la ilustración, lo que llevó a su familia a matricularlo en la Westminster School School of Art. Su primer trabajo fue en una imprenta donde trabajó la cromolitografía, y pronto comenzó a colaborar con varias revistas como Pall Mall Gazette y Westminster Gazette.

Warwick Globe se especializó en acuarelas que se convirtieron en el vehículo perfecto para ilustrar las ediciones de los libros de mayor tirada. Además tanto los editores como los lectores demandaban láminas o plates ilustradas a todo color.

En 1893 Goble hizo  su primera exposición de acuarelas en la Royal Academy de Londres y  comenzó a publicar sus ilustraciones en las revistas Strand Magazine, Pearson’s Magazine y The Boy’s Own Paper .

Siguiendo la estela de Rackham o Dulac pronto comenzó a trabajar para las editoriales como ilustrador; sus primeras publicaciones fueron ilustraciones para las ediciones de El Oráculo de Baal y la magnífica La Guerra de los Mundos de H.G. Wells.

A medida que los lectores mostraban su preferencia por las ediciones con ilustraciones los editores no dudaron  en contratar a artistas como Goble para complementar las ediciones de sus libros con bellísimas estampas. A partir de los primeros años del siglo XX las librerias se llenaron de magníficas ediciones donde eran tan valiosas las obras como las ilustraciones que las acompañaban. Con el paso de los años estas láminas fueron valorándose como auténticas obras de arte.

Goble, un verdadero especialista en el arte de la acuarela, cuyas técnicas había aprendido de los artistas japoneses se especializó en ilustraciones de mundos fantástics y culturas consideradas exótcas por los victorianos, como la árabe, la india y las orientales.

En las últimas décadas de su vida, Warwick Goble fue retirándose paulatinamente hasta su muerte en 1943, pero su legado ha sido una colección de maravillosas láminas que nos transportan a mundos fantásticos llenos de magia y toda la delicadeza de un magnífico artista.

Algunas de sus obras más destacadas son:

  • The Water-babies: A fairy tale for a Land-baby (1909);
  • Green Willow and other Japanese Fairy Tales (1910);
  • The Complete Poetical Works of Geoffrey Chaucer (1912); y
  • The Book of Fairy Poetry (1920).

 

Cupcakes: Eliza Leslie

Eliza Leslie fue una famosa escritora muy popular por la publicación de sus libros de cocina que alcanzaron un enorme éxito en la época victoriana en los Estados Unidos.

Sus recetas fáciles de elaborar eran una recopilación de las recetas caseras más populares de Norteamérica y una garantía de conseguir un plato delicioso para cada ocasión.

Nacida en Filadelfia pasó gran parte de su infancia en Londres, donde su padre se dedicaba al comercio. A su regreso a los Estados Unidos, la familia descubrió que a causa de las deudas de sus clientes estaba prácticamente al borde de la ruina.

Los sueños de ser escritora de Eliza debieron aplazarse y cambiarse por el aprendizaje de la costura y la cocina, mucho más útiles en aquel momento para ayudar a la economía familiar. Pese a ello Eliza no se rindió logrando publicar varios cuentos para niños y el libro que le dio una gran popularidad American Girl’s Book.

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A partir de ese momento Eliza, ya conocida como Miss Leslie, se dedicó a la escritura de libros que pudieran ayudar a las amas de casa a hacer más llevaderas las tareas del hogar, siendo especialmente populares sus libros sobre las buenas maneras Miss Leslie’s Behavior Book, la organización del hogar The House Book y , por supuesto, sobre cocina Miss Leslie’s New Cookery Book.

Eliza Leslie, toda celebridad en su momento, consiguió unir a miles de mujeres que seguían sus consejos y actuaban y cocinaban a la manera de Miss Leslie.

Los famosísimos y casi omnipresentes Cupcakes son pequeñas tartitas individuales que han alcanzado una increíble popularidad en los últimos años, gracias, como no podía ser de otra manera a su repetida aparición en populares series de la televisión americana. No era inusual ver a las chicas de Sex in the City saboreando estos exquisitos pastelillos.

Lo que mucha gente no sabe es que el origen de esta tartita, que se hace en pequeños moldes utilizados también para magdalenas o muffins, tiene su origen en la Época Victoriana y supusieron toda una revolución culinaria en la manera de realizar la repostería casera.

El Cupcake tiene su origen en Estados Unidos y esta tarta individual aparece nombrada así por primera vez en el siglo XIX, en los famosos libros de cocina de la protagonista  de este post Eliza Leslie. Fue esta gurú de la cocina victoriana americana la que en su libro ‘Receipts’ de 1828 introduce la receta de este muffin cuya particularidad es que los ingredientes pueden ser medidos «en tazas» – dos tazas de azúcar, tres tazas de harina, una taza de leche…

Mayhew John Rowlands
The Muffin Man. Mayhew John Rowlands

Aunque esto hoy en día nos parece muy simple, en la época fue toda una revolución porque ahorraba muchísimo tiempo en la medición de la cantidad de ingredientes y hacía que la elaboración de la receta fuera realmente fácil, rápida  y al  alcance de cualquiera.

Si tenemos en cuenta que  en la repostería una cantidad mal medida puede dar al traste con cualquier elaboración, y que los utensilios culinarios y las cocinas de la época diferían mucho de los modernos aparatos y menaje actuales, esta forma de medir las cantidades fue muy bien recibida.

De todos modos, hay dos teorías sobre el origen de su nombre: una de las teorías dicen que el nombre de Cupcake viene de la unión de cup – taza – y cake – pastel.

Y realmente significaba pastel cuyos ingredientes se miden con una taza; otra teoría sobre el origen del nombre apunta a que el nombre viene del recipiente en el que se cocinaba y presentaba tazones o cazuelitas de barro o ramequines, pequeños recipientes de barro muy utilizados en la actualidad para muffins, cupcakes o soufflés individuales.

Aunque muchas veces los términos muffins,madalenas y cupcakes se utilizan indistintamente, hay diferencias en la elaboración de los tres postres.  La elaboración de los muffins y madalenas es prácticamente la misma ya que comparten los mismos ingredientes; la diferencia es la proporción de la levadura en ambos dulces: en las madalenas es mayor para lograr que «suban», mientras que en los muffins es menor para que queden más planos y menos esponjosos.

Los Cupcakes comparten ingredientes con los bizcochos o cakes, ya que como hemos dicho son pasteles pero en porciones individuales y por ello aceptan más variantes en sus ingredientes – miel, vainilla, canela…- además de distinguirse por sus llamativas coberturas  o frostings tan infinitas como nuestra imaginación y tan deliciosas como realmente aparentan.

En próximos post publicaré alguna receta victoriana para repostería y trataré de que entre ellas haya, al menos, una de cupcakes.

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El Caso Yelverton

El Caso Yelverton – conocido en inglés como The Yelverton Case o The Yelverton affair- fue la consecuencia de uno de los romances más tempestuosos de la Época Victoriana, cuyas consecuencias no fueron sólo para los implicados sino que hicieron que los juzgados tuvieran que reinterpretar y crear sentencias sobre leyes no escritas pero comúnmente aceptadas por la sociedad.

Este caso ocupó las portadas de todos los tabloides británicos, convirtiendo a sus protagonistas en personajes tremendamente populares, por los que la sociedad tomaba partido ofreciéndole sus simpatías u odios. Incluso grandes escritores de la época, como Wilkie Collins,  se inspiraron en el caso de Theresa  y William Yelverton para sus novelas.

En 1852, la joven de 19 años Maria Theresa Longworth conoció en un barco al Mayor William Charles Yelverton, Vizconde de Avonmore.  El encuentro entre ambos podría clasificarse como un flechazo, sobre todo por parte de la joven Theresa que se sintió fascinada por las maneras del Mayor, enamorándose perdidamente de él.

A su regreso a Irlanda, el Mayor Yelverton mantuvo el contacto con Theresa, iniciando una correspondencia que duró varios años; además la joven procuraba seguir al Mayor en sus destinos como soldado de la corona. El caso más llamativo de la pasión de Theresa fue cuando al inicio de la guerra de Crimea , donde tuvo que luchar William, la joven se enroló en el cuerpo de enfermeras para auxiliar a los soldados heridos en el frente y así poder estar cerca del destacamento del mayor.

Al regreso de la guerra, y ante la insistencia de Theresa, la pareja se casó siguiendo la Ley Escocesa de pronunciación de votos. Según la costumbre sólo era necesario que ambos contrayentes pronunciaran los votos de matrimonio ante la Biblia para estar legalmente casados.

Después del matrimonio Theresa y William compartieron casa en Edimburgo. Todos los amigos de ella conocían la relación pero William parecía reticente a mostrar a Theresa como su esposa ante su familia y amigos. La excusa del vizconde era la posible negativa de su familia a este matrimonio desigual, por lo que sería conveniente esperar para dar la noticia públicamente.

De vuelta a Irlanda y antes de que él volviera a partir con el ejército, Theresa insistió en que contrajeran matrimonio de una forma «más legal» en una ceremonia religiosa, ya que ella no se consideraba casada. El vizconde aunque reticente, pero accediendo a las peticiones de su esposa, accedió a celebrar el matrimonio en una iglesia irlandesa sin más testigos que el sacerdote católico que los casó. En esta ceremonia renovaron sus votos de matrimonio.

William volvió a pedirle a Theresa la máxima discreción y que siguiera manteniendo el matrimonio lo más en secreto posible.

Pero en uno de  sus viajes, William conoció a una joven de una familia noble y adinerada Emily Marianne Ashworth, hija del General  Sir Charles Ashworth, de la que no sólo se enamoró sino que con la que se casó.

Avisada por su hermano, Theresa se presentó ante William y exigió que respetara su matrimonio, a lo que este se negó en rotundo aludiendo a la invalidez de las ceremonias irlandesa y escocesa.

Lejos de resignarse a su suerte de mujer abandonada, Theresa Yelverton decidió luchar por sus derechos conyugales, reclamando ante la sociedad y ante la ley su condición de esposa legal de William Yelverton, y  todos sus derechos al título de Vizcondesa de Avonmore y a la fortuna de su esposo.

Para reclamar la invalidez del matrimonio, William Yelverton argumentaba dos razones: que el matrimonio escocés no era válido, pues no había testigos de la pronunciación de los votos, y que el matrimonio irlandés tampoco lo era porque legalmente no se podían celebrar matrimonios entre parejas que profesaran diferente religión, acusando al sacerdote católico de felonía.

Y, este fue, en realidad, un punto clave: Theresa era irlandesa católica y William era irlandés protestante.

La lucha de Theresa Yelverton porque se reconociera su matrimonio hizo de ella un personaje famoso, con posicionamientos a favor y en contra. Muchos la consideraban una mujer sin escrúpulos, casi una acosadora,  que persiguió al vizconde y lo presionó  para que casara con ella y lograr una buena posición social utilizando el chantaje emocional y la amenaza de escándalo público; para otros Theresa era una mujer engañada y abandonada, de la que se aprovechó William y a la que utilizó hasta que conoció a una rica heredera que le convenía más para ascender en su vida social y militar.

Los tabloides siguieron con inusual interés la noticia donde se mezclaban amor, sexo, bigamia, dinero, familias nobles y, sobre todo, esperaban una decisión de los jueces sobre la validez o no de las leyes vigentes.

Theresa perdió el primer juicio que resultó escandaloso por las declaraciones contrapuestas de la pareja con respecto a su vida marital antes del matrimonio irlandés: ella  sostenía que para ella el matrimonio escocés no tenía validez y por ello no compartió lecho con su marido hasta el matrimonio irlandés. William, cuyas declaraciones se consideraron muy poco caballerosas, declaró que él y Theresa compartieron cama desde el primer momento. Estos detalles que podrían parecer triviales para nuestros días supusieron un monumental escándalo en la sociedad victoriana.

Theresa Yelverton no se rindió e hizo frente al escándalo con orgullo y pese a haber perdido el primer juicio, reclamó de nuevo, llevando por segunda vez el caso a los tribunales. La joven volvió a perder, declarándose sus dos matrimonios no válidos y por tanto perdiendo el estatus de mujer del Vizconde.

Aprovechando la popularidad que le proporcionó el caso, Theresa Longworth (de nuevo adoptó su apellido de soltera) se dedicó a viajar por el mundo y a escribir relatos de los lugares que visitaba. William Yelverton continuó casado con Emily con la que creó una familia.

Independientemente de quien estuviera en posesión de la verdad y del posicionamiento que pudiese tener cualquiera del suceso  a la vista de los hechos, la realidad es que Theresa fue una mujer muy valiente reclamando la validez de su matrimonio ante los tribunales, enfrentándose a un hombre de una clase social muy superior y a una sociedad muy conservadora, en una época donde las mujeres se resignaban a su suerte.

Además, su reclamación causó una revisión por parte de los jueces, del modo en que se podría celebrar una ceremonia para que se considerara legal. El matrimonio escocés se consideró ilegal ante la ley, y el matrimonio entre contrayentes de diferente confesión religiosa generó un debate que ocupó muchos años de la Época Victoriana.

Medicina en la Época Victoriana

Con la mejora de las deplorables condiciones en las que vivían en las ciudades las familias trabajadoras, los sistemas sanitarios y los avances médicos comenzaron a evolucionar provocando cambios revolucionarios en todos campos de la medicina.

Muchos de esos cambios fueron el inicio de la medicina moderna. Los médicos, «physicians», tuvieron que enfrentarse, por la puesta en práctica de las nuevas técnicas, a un sinfín de controversias, muchas de ellas promovidas por la iglesia, que veían en ellas una manera de contrariar la voluntad de Dios y lo que ellos consideraban «la ley natural».

Uno de los pioneros en estos cambios fue el ginecólogo James Simpson.

James Young Simpson fue un doctor escocés que aplicó, por primera vez,  el cloroformo como anestesia para los partos especialmente difíciles y dolorosos. De hecho, el descubrimiento del cloroformo como anestésico y sustitutivo del éter fue puramente casual. Se cuenta que Simpson se reunía con otros médicos para probar ellos mismos nuevas sustancias que pudieran tener utilidad en el campo de la medicina.  Una noche la sustancia de prueba fue el cloroformo y Simpson observó como sus amigos quedaban inconscientes y no se recuperaban de esa inconsciencia hasta algún tiempo después.

Viendo que esta sustancia era más eficaz como «adormidera» o anestésico que el éter decidió promover su uso en la cirugía y utilizarlo en aquellos partos especialmente dolorosos. Además corrigió el método de administración, ya que él demostró que la administración por medio de una toalla  o una esponja empapada en cloroformo, era más efectiva que por inhalación

Aunque el doctor Simpson tuvo seguidores, fueron muchos los doctores que no se fiaban de la nueva sustancia y siguieron usando el éter. Uno de los mayores obstáculos con los que encontró Simpson fue con la religión, que consideraba que el parto y nacimiento implicaban dolor y atenuar ese dolor iba en contra de la voluntad de Dios.

Afortunadamente, poco a poco, las ideas de Simpson fueron encontrando más seguidores que detractores y hoy es considerado como uno de los padres de la anestesia moderna.

William Bowman, médico, anatomista y oftalmólogo británico,  fue uno de los investigadores médicos que más han contribuido al avance de la medicina. Sus estudios de los órganos humanos a través del microscopio trajeron descubrimientos revolucionarios a la ciencia médica y quirúrgica. Su primera investigación importante fue el estudio del músculo estriado, aunque uno de sus mayores descubrimientos fue la Cápsula de Bowman, unidad renal donde se realiza el filtrado de las sustancias de excreción. Este hallazgo supuso un gran avance en el tratamiento de las enfermedades renales.

Pero su afán por el estudio de la anatomía por medio del microscopio le llevó a lograr otros avances en el campo de la ciencia: los descubrimientos de la Glándula de Bowman, glándulas olfativas, o, más relacionado con su especialidad oftalmológica, la Membrana de Bowman, una de las cinco capas de la córnea.

William Bowman fue nombrado Caballero del Imperio Británico por la Reina Victoria, por sus contribuciones al desarrollo de la medicina.

Benjamin Brodie fue un cirujano británico cuyas investigaciones se centraron en los estudios de los huesos y las articulaciones, sus dolencias y los posibles tratamientos, todos ellos encaminados al logro del descenso en el número de amputaciones de los miembros, tan común en la época.

La gran repercusión de sus estudios le reportaron el nombramiento de Presidente del Colegio Médico Británico, cargo que aprovechó para difundir la necesidad de trabajar en la investigación médica por encima de otras cuestiones ajenas a la ciencia. Fue nombrado baronet por la Reina Victoria, ya que trató como médico a miembros de la familia real.

William Budd fue un doctor de la época victoriana especializado en epidemiología. Tomando como base los trabajos sobre las epidemias y su difusión de su colega contemporáneo John Snow, Budd estudió como la leche y el agua eran los principales difusores del contagio de enfermedades tan graves como el cólera y el tifus, que causaban auténticas epidemias y miles de muertes al año.

El trabajo de William Budd no sólo supuso un gran avance en la medicina sino que sirvió como revulsivo para que las autoridades se preocuparan más de las condiciones higiénicas de las ciudades  en general y  del sistema de aguas en particular, como principal difusor de los contagios. En la primera ciudad en la que se llevó a cabo este saneamiento de aguas fue en Bristol.

Joseph Lister, cirujano inglés aprendió los métodos de su oficio y la investigación científica de la mano de su padre Joseph Jackson, uno de los primeros investigadores que usaron el microscopio como principal instrumento de estudio médico.

Una de las principales preocupaciones de Lister como médico cirujano, era el alto porcentaje de muertos a causa de las infecciones producidas por las heridas  y por los cortes producidos después de una intervención quirúrgica.

En su trabajo como cirujano en la Royal Glasgow Infirmary desarrolló un método de asepsia y antisepsia mediante el sometimiento del instrumental quirúrgico al calor, como método de desinfección. Después de estudiar las conclusiones de Louis Pasteur sobre los microorganismos bacterianos, llegó a la conclusión de que la mayor parte de las infecciones contraídas en las heridas eran de origen bacteriano, por lo que una perfecta higiene y desinfección tanto del instrumental como de las manos del médico eran fundamentales.

Para erradicar las infecciones probó con increíble éxito el uso del fenol como antiséptico, no sólo para desinfectar los instrumentos de operación, sino para lavar las manos de los cirujanos y para aplicarlo a las heridas abiertas como bactericida. Después del uso habitual de este método en los hospitales, las muertes por infección de heridas disminuyeron en un número muy considerable. Lister fue también el inventor del pulverizador de gas carbólico como método antiséptico.

Los métodos del doctor Lister se aplicaron en las curas e intervenciones médicas a los soldados de la guerra franco prusiana demostrando su utilidad y con ello acallando las críticas que el provocaron sus teorías sobre la antisepsia.

Además el doctor Lister introdujo el catgut como hilo de sutura; este material «confeccionado» con hilos de membrana del intestino del gato demostró ser muy eficaz como hilo para coser las heridas y evitar infecciones, ya que al ser proteico era reabsorbido por el organismo. Lo probó por primera vez en una intervención que le realizó a su hermana y posteriormente se reveló como uno de los mayores avances de la medicina.

Lord y Lady Blessington

En todas las épocas de la historia han existido personajes, que por diferentes razones se convirtieron en un punto de referencia para sus contemporáneos, que vieron en ellos alguien a quien imitar ya que con sus actitudes, gustos o simplemente sus ropas creaban tendencia. Este es el caso de Lord y Lady Blessington, un matrimonio muy popular en el periodo conocido como Early Victorian, y del Conde D’Orsay con el que se relacionaron íntimamente.

Lord y Lady BlessingtonMargaret Power de soltera, Margaret Farmer, después de su primer matrimonio, o Marguerite Condesa de Blessington, nombre afrancesado y título que adoptó después de su matrimonio con el Conde de Blessington – fueron dos de los personajes imprescindibles en los salones de la alta sociedad victoriana, durante la primera mitad del siglo XIX.

Su relación con el Conde D’Orsay, conocido dandy de la época, hombre con un destacable encanto personal y no menos talento, dio pie a rumores, escándalos y envidias entre sus coetáneos. Su historia forma parte de la crónica no sólo social, sino intelectual de los inicios de la época victoriana.

Lord Blessington era un conde irlandés, descendiente lejano de los Estuardo escoceses, que había heredado propiedades en Irlanda y Escocia que le proporcionaban una magnífica renta anual.

Sus gustos extravagantes, de los que ya hacía ostentación desde edad temprana, y su pasión por el exhibicionismo se vieron aumentados por el hecho de recibir una cuantiosa herencia, convirtiendo su vida en casi un desfile, donde el conde siempre llamaba la atención por sus llamativos ropajes o complementos de ultimísima moda. En los salones victorianos el Conde de Blessington nunca pasaba desapercibido.

Su excentricidad hizo que se construyera un teatro en su hacienda irlandesa, en el cual se representaban obras teatrales. Estas obras eran representadas por compañías de actores londinenses contratadas especialmente para la ocasión.

El propio conde se mezclaba con los actores y actrices, pues le encantaba vestirse y «desfilar» con los ropajes más exóticos, desde príncipe oriental a emperador romano. El gran deseo del conde era «ser visto», lo que se convirtió casi en una obsesión.

Tanto le gustaba la vida del escenario que pidió en matrimonio a una bella actriz de la época Mary Campbell Brown; ante la imposibilidad de casarse, pues ella ya lo estaba, decidieron vivir juntos, con el consiguiente escándalo entre la alta sociedad victoriana, y  tuvieron dos hijos, considerados ilegítimos por la ley. Cuando el marido de ella murió, se casaron y Mary se convirtió en la Condesa de Blessington, dando a luz, poco después, a los dos únicos hijos considerados legítimos del matrimonio: una niña, Harriet, y un varón, el heredero del título de conde.

Poco duró la felicidad del matrimonio, pues Mary Campbell murió al poco tiempo y a la muerte de ella le siguió la de su hijo legítimo, dejando al conde viudo a la edad de 40 años y sin un heredero para el condado de Blessington.

Pero ni siquiera la tristeza aplacó los deseos de exhibicionismo y de llamar la atención del Conde: se gastó en la ceremonia fúnebre de su mujer la exorbitante cantidad 4000 libras de la época, siendo el entierro de la esposa del conde uno de los acontecimientos más destacados y comentados del momento.

Pero poco le duró el luto al conde, que poco después estaba disfrutando de la agitada vida social londinense y derrochando su fortuna en caprichos cada vez más ostentosos. Fue en esta época en la que una bellísima mujer llamada Margaret Power, o Margaret Farmer, su nombre de casada, a quien ya había conocido hacía años, volvió a cruzarse en su vida.

Margaret Power era la cuarta hija de un terrateniente irlandés que encarnaba todos los vicios de la época: pendenciero, violento, bebedor y derrochador, que arruinó y aterrorizó a su familia hasta el día de su muerte.

En un baile del Regimiento de Infantería ,el capitán Maurice St.Leger Farmer, conocido entre sus compañeros por su carácter violento e intratable,  se encaprichó de Margaret hasta la obsesión, aunque  en aquel momento sólo tenía catorce años. Ante la negativa de la joven a casarse con él, concertó un matrimonio directamente con su padre a cambio de dinero. Su padre, que vio no sólo la posibilidad de deshacerse de uno de sus hijos sino de ganar algo de dinero con ello, aceptó inmediatamente, por lo que la joven Margaret se vio obligada a casarse con el capitán.

En su vida de casada, Margaret sufrió todo tipo de crueldades por parte de su marido, tanto de tipo físico como psicológico, realmente más de lo que pudo soportar, por lo que regresó a casa de padres, donde a pesar de ser recibida con reproches se sentía a salvo de la violencia de su marido y con el suficiente dinero, que éste le había dado, para vivir dignamente.

Margaret pronto abandonó Irlanda y se mudó a Londres donde se encontró a algunas personas relevantes que había conocido durante su matrimonio en Irlanda. Además, la niña delgada y paliducha se había convertido en una bella dama con ambiciones artísticas y literarias. Pronto el viudo Lord Blessington quedó encandilado de Margaret Farmer, y a la muerte del marido de ésta, contrajeron matrimonio.

De la mano del Conde de Blessington, Margaret, ahora convertida en Marguerite, Condesa de Blessington, se introdujo en los salones y fiestas de la alta sociedad victoriana, donde pronto comenzó a destacar por su ingenio, su belleza y su estilo. Lady Blessington era el punto de referencia de las mujeres de la época en cuanto a moda y complementos, y todo cuanto la Condesa hacía o llevaba creaba rápidamente tendencia.

Pronto Lord y Lady Blessington se convirtieron en imprescindibles en cualquier acto de relevancia y sus fiestas en todo un acontecimiento. Lady Blessington, con su exquisito gusto, organizaba fantásticas veladas a las que acudían desde políticos a los artistas más relevantes del momento. Pero este estilo de vida conllevaba un gasto ingente y el conde se vio obligado a hipotecar parte de sus propiedades y a acudir a prestamistas.

Todo ello no hubiera sido necesario si los condes hubieran hecho una correcta administración de sus rentas. Pero al Conde le gustaba destacar en sociedad y vivir con todo tipo de excentricidades, y Lady Blessington lo apremiaba para organizar las más llamativas fiestas de Londres y ser la mejor de las anfitrionas, no en vano se había casado  con el conde a los 28 años y en la plenitud de su belleza no por amor sino para escapar de una vida miserable, ascender en la escala social y acceder a los salones victorianos de clase alta de Londres.

Pero Margaret pronto se aburrió de su marido, un hombre sin ninguna inquietud artística, y del ambiente londinense que dejaron de tener interés para ella. Así que le propuso al conde un viaje por Europa, a lo que él, siempre dispuesto a las novedades, accedió.

En una de las etapas de su viaje conocieron al Conde D’Orsay. Marguerite y D’Orsay se sintieron profundamente atraídos uno por el otro. Lord Blessington, por paradojas de la vida, se convirtió en un admirador del talento y el estilo de D’Orsay, un referente en moda masculina y estilo para todos los caballeros de la época. Tanta fue su admiración que le propuso, a cambio de la exagerada cantidad de 40,000 libras, un matrimonio con su hija Lady Harriet, una joven de 14 años, a lo cual D’Orsay accedió, a pesar de estar profundamente enamorado de Marguerite.

Se cree que la verdadera razón de la aceptación del matrimonio por parte de D’Orsay fue acallar el escándalo que su relación con Lady Blessington había provocado en la conservadora sociedad victoriana. Casándose con la hija tenía una excusa para estar cerca de la madrastra.

A la muerte de Lord Blessington, D’Orsay se vio obligado a seguir con su matrimonio, concertado y aparentemente no consumado, con la hija del Conde y a no poder vivir su relación con la viuda Lady Blessington. Algunos años después renunció a su mujer y decidió vivir definitivamente con Marguerite a pesar del escándalo.

La notable pareja, ella como la perfecta y elegante anfitriona, él como un oráculo de la moda y el estilo, pronto convirtió su hogar de Gore House en el punto d referencia de todos los artistas, intelectuales y notables de la época. Eran la pareja «fashionable» del momento y todos querían formar parte de su círculo de amistades.

Pero, a pesar de que D’Orsay era un pintor con talento  y Lady Blessington escribía novelas – su libro que ha pasado a la posteridad es Conversaciones con Lord Byron – las rentas de las que disponían no podía soportar todas las excentricidades y lujos con los que vivían, por lo que las deudas y los acreedores se acumularon pronto, viéndose obligados a vender sus obras de arte, porcelanas, volúmenes de su biblioteca e incluso sus muebles. La situación se volvió muy crítica y el Conde D’Orsay marchó a París para pedir ayuda a Luis Bonaparte del que siempre había sido fiel partidario. La ayuda llegó demasiado tarde.

Lady Blessington, la mujer que había sido la referencia del Londres más moderno e intelectual, murió arruinada en 1849; tres años, en 1852, después D’Orsay murió en París.

(Este post está dedicado a Laura, que de alguna manera me sugirió la idea para hablar de Margaret Farmer y de su influencia sobre las mujeres de la alta sociedad victoriana)

Amelia Bloomer

Aunque hoy en día muchos sólo recuerdan a Amelia Bloomer como la creadora de una moda revolucionaria en su época, los bloomers – conocidos en español como pantalones bombachos -, Bloomer fue también una incansable defensora de los derechos de la mujer en una sociedad para la que una mujer era sólo el pilar de la familia, y trataba de dejar en un segundo plano sus facetas culturales, creativas, políticas o trabajadoras.

Merece la pena conocer un poco más sobre esta sobresaliente mujer, que no sólo luchó por las mujeres desde un punto de vista social, sino que incluso intentó cambiar la rígida moda victoriana por prendas más cómodas y apropiadas para las diferentes actividades a las que la mujer se estaba incorporando.

La activista por los derechos de las mujeres, Amelia Jenks Bloomer nació en Homer, New York en 1818. Cuando tenía 22 años se casó con el abogado norteamericano Dexter Bloomer, quien la animó a defender sus ideas a través de su periódico The Seneca Falls Courier y a colaborar activamente en la defensa del sufragio femenino y los derechos de las mujeres a través de oranizaciones femeninas del área de Seneca Falls, llegando a participar en la famosa Seneca Falls Convention en 1848 (esta convención paso a la posteridad por ser la primera en la que se defendieron los derechos de la mujer en todos los ámbitos sociales y de la que salió el documento Declaration of Sentiments, donde se recogían los puntos fundamentales acordados en esa reunión)

En Enero de 1849, animada por Elizabeth Cady Stanton y Susan B. Anthony – otras defensores de los derechos de la mujer, comenzó a publicar su propio periódico The Lily, una publicación completamente dedicada a la mujer y a sus intereses y desde donde intentaba enfocar los temas femeninos – educación, disciplina, moda y sufragio – desde un punto de vista reformista, reclamando un papel más destacable e igualitario de la mujer en la sociedad.

En 1850. a través de su periódico, presentó un nuevo estilo de vestuario para las mujeres «activas» inspirado en los trajes tradicionales turcos. La presentación de sus pantalones para mujeres  provocaron una oleada de indignación entre la sociedad e insultos de la prensa – de hecho existe la expresión «making a bloomer « que podría traducirse como meter la pata, cuyo origen fue la presentación de los citados pantalones y que toma el apellido de Amelia como parte de la expresión.

Amelia Bloomer

Estos pantalones eran como unas enaguas largas, flojas y ligeramente hinchadas que se estrechaban en el tobillo; sobre ellas iba una falda más corta que las habituales faldas victorianas. Aunque el diseño desde el punto de vista estético puede resultar discutible, lo cierto es que resultaban cómodos y fueron la antesala de los pantalones para uso femenino.

Fueron muchas las mujeres que se atrevieron a usarlos, a pesar de ser ridiculizadas y de las burlas que tuvieron que soportar; algunas los usaban por el convencimiento de que representaban un avance para la comodidad de las mujeres lejos del encorsetamiento que imponía la moda victoriana; otras lo hicieron por reivindicación, usando los «bloomers» como un símbolo de la igualdad de  derechos de la mujer.

Pero fueron las feministas las primeras en dejar de usarlos, ya que pensaron que los bloomers estaban desviando la atención de sus reivindicaciones  y tenían miedo no ser tomadas en serio por sus ideas.

Así, el bloomerismo – termino acuñado en la época para denominar esta moda – fue perdiendo adeptos, pero sorprendentemente volvió para convertirse en todo un fenómeno representante de lo moderno, en 1890, con la llegada de la «fiebre de la bicicleta», ya que era mucho más cómodo montar en bici con bloomers y no con faldas. Eso sí, su renacer trajo consigo alguna variación estética, como un tejido más adecuado, como el tweed, y la supresión de la falda superpuesta.

Después del revuelo causado por los revolucionarios pantalones, Amelia y su marido se mudaron a Ohio, donde él publicó Western Home Visitor y ella vendió su The Lily.  Un par de años después se mudaron a Iowa; pero en ambos lugares y a pesar de no tener ya su propia publicación Amelia Bloomer siguió participando activamente a favor de los derechos de la mujer y colaborando con grupos y asociaciones sufragistas. Murió el 31 de Diciembre de 1894 en Council Bluffs, Iowa.

Mary Cholmondeley

Mary Cholmondeley (pronúnciese «Chumley») es una de esas escritoras , que a pesar de lograr un gran éxito en vida y de escribir magníficas novelas, han sido olvidadas injustamente  a lo largo de los años.

Nacida en Hodnet, Shropshire, en 1859, se crió en la rectoría de la cual su padre era el responsable.  A pesar de su origen aristocrático y de que algunos de los miembros de su familia estaban relacionados con el mundo literario, el carácter tímido de Mary la convirtió en una joven retraída que creía carecer del atractivo necesario para atraer a los chicos y se refugiaba en sus historias de ficción, que contaba a sus hermanos pequeños, para escapar de su vida anodina.

De todos modos, parece que hubo un hombre en la vida de Mary, cuya relación la marcó para siempre. La imposibilidad de vivir esa relación y la posterior ruptura agudizaron más si cabe su carácter retraído y melancólico, dedicando su vida al cuidado de su madre enferma, y después de la muerte de su madre, al cuidado de su padre y de sus hermanos menores.

Cuando le llegó el éxito con su obra Red Pottage, ya había publicado varios libros. En 1886, publicó su primer libro Her Evil Genious. Un año después, publicó anónimamente The Danvers Jewels en el Temple Bar – esta era una publicación inglesa especializada principalmente en seriales de ficción y que contaba con la colaboración entre otros, del genial Wilkie Collins.

Su siguiente obra, Sir Charles Danvers, fue publicada en 1889 también de manera anónima en el Temple Bar, y no fue hasta 1893, con la publicación de Diana Tempest, que comenzó a publicar con su propio nombre. Uno de los valores literarios de Diana Tempest es que anticipa el movimiento literario conocido como New Woman fiction, que apareció alrededor de 1890.

Pero su gran éxito como escritora le llegó en 1899 con la publicación de la más autobiográfica de sus obras Red Pottage. La novela fue un éxito rotundo tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos y le abrió las puertas de las grandes círculos literarios y de amistades como la de Henry James.

Aunque el éxito de sus obras , la convirtieron en un personaje popular de las letras victorianas inglesas, Mary Cholmondeley nunca abandonó su vida apartada y solitaria,  que consagró a la escritura y al cuidado de su familia, ya que, como predijo, nunca se casó – Mary padecía un asma crónica que dificultaba su vida diaria y con el tiempo la enfermedad se hizo tan insoportable que tomaba morfina para aliviar los síntomas, lo que hacía que sólo pudiese escribir y hacer las correcciones de sus obras en sus momentos de lucidez.

Murió en 1925, dejando un legado literario que refleja a la mujer de su tiempo y su papel en una sociedad en la que intenta ser independiente.

La escritora, que desgraciadamente es una gran desconocida en España, volvió brevemente a la actualidad con la edición en 2008 de La Polilla y la Herrumbre, que publicó la Editorial Periférica. La obra, altamente recomendable, cuenta la historia de dos mujeres: la inteligente, independiente y cultivada Anne y la ingenua, bella y de clase social más humilde Janet, y, por supuesto del tercer personaje en discordia Stephen.

Los tres compondrán el triángulo sobre el que se asienta una historia, reflejo de una sociedad preocupada por los estereotipos sociales y el poder económico contrapuestos y enfrentados a las emociones y sentimientos individuales.

La obra ha sido comparada con las novelas y personajes de Jane Austen, aunque el nivel de crítica social, de sátira e ironía que destila el libro es mucho más ácido que las novelas de Austen, incluso en la frase de la que se saca el curioso título de la novela:

«Hemos sufrido lo que hemos sufrido. La persona por la que se sufrió no volverá a escuchar una palabra nuestra./ La polilla y la herrumbre han corroído. / Han entrado los ladrones y han robado.»

En 2009 se publicó una biografía de la autora titulada Let the Flowers Go, A life of Mary Cholmondeley, obra de Carolyn W de la L Oulton.

Desgraciadamente, la obra de Mary Cholmondeley no está disponible, en castellano, en nuestro país. Podéis acceder a alguna de sus novelas a través de los links del Projecto Gutenberg en lengua inglesa.