Lewis Carroll: cuentos y acertijos

A punto de acabar el mes de agosto iremos recopilando alguno de los temas que más repercusión han tenido en la página de Facebook de La Casa Victoriana y los cuentos y acertijos de Lewis Carroll han sido uno de ellos.

El acertijo de los peces

La adivinanza de los peces es un acertijo que aparece en la novela de 1871 Alicia a través del espejo escrita por Lewis Carroll.

La adivinanza es recitada por la Reina Roja en el noveno capítulo.

¿Eres capaz de encontrar la solución? (La solución está después del poema pero tendrás que utilizar un espejo si quieres leerla…)

Primero, hay que pescar el pez; Cosa fácil es:
hasta un niño recién nacido sabría hacerlo.
Luego, hay que comprar el pez; Cosa fácil es:
hasta con un penique podría lograrlo.

Ahora, cocíname a ese pez; Cosa fácil es:
no nos llevará ni tan siquiera un minuto.
Arréglamelo bien en una fuente:
pues vaya cosa: si ya está metido en una.

Tráemelo acá, que voy a cenar;
Nada más fácil que ponerla sobre la mesa.
¡Destápame la fuente! ¡Ay! Esto sí que es difícil:
no puedo yo con ella.

Porque se pega como si fuera con cola,
porque sujeta la tapa de la fuente y en ella se recuesta.
¿Qué es más fácil, pues, descubrir la fuente
o destapar la adivinanza?

Solución: artso anU

Frederick_Morgan06
Feeding the Rabbits, también conocido como Alice in Wonderland de Frederick Morgan

 

El sueño del Rey, Alicia a través del espejo de Lewis Carroll

“He’s dreaming now,’ said Tweedledee: ‘and what do you think he’s dreaming about?’
Alice said ‘Nobody can guess that.’
‘Why, about YOU!’ Tweedledee exclaimed, clapping his hands triumphantly. ‘And if he left off dreaming about you, where do you suppose you’d be?’
‘Where I am now, of course,’ said Alice.
‘Not you!’ Tweedledee retorted contemptuously. ‘You’d be nowhere. Why, you’re only a sort of thing in his dream!’
‘If that there King was to wake,’ added Tweedledum, ‘you’d go out—bang!—just like a candle!”

-Ahora está soñando – dijo Tweedledee -¿Con quién sueña? ¿Lo sabes?
– Nadie lo sabe – dijo Alicia.
– Sueña contigo. exclamó Tweedledee , aplaudiendo triunfantemente-.Y si dejara de soñar, ¿qué sería de ti?
-No lo sé – dijo Alicia
-Desaparecerías- dijo Tweedledum-. Eres una figura de su sueño. Si se despertara ese Rey te apagarías como una vela.

alice

 

Cuentos de hadas III: George MacDonald

(Todas las fotos que ilustran esta entrada – incluída la de la cabecera de la página web-  pertenecen a La Casa Victoriana y podéis encontrarlas en nuestra cuenta de Instagram , de fotografía y poesía, e irán siendo publicadas en el blog La Casa Victoriana. Cuaderno de Viaje. Espero que sean de vuestro agrado)

Every one who has considered the subject knows full well that a nation without fancy, without some romance, never did, never can, never will, hold a great place under the sun.

(Cualquiera que haya considerado el tema, sabe perfectamente bien que una nación sin fantasía, sin romance, nunca ocupó, ni puede ocupar, ni ocupará un lugar destacado bajo el sol)

Charles Dickens

100_5158-002

Aunque en el siglo XVII los puritanos lucharon por prohibir la rica tradición inglesa llena de criaturas mágicas, declarándolas como peligrosas para la moral, las hadas, elfos, duendes y demás personajes del folclore británico e irlandés resistieron los rígidos ataques y no sólo sobrevivieron a las prohibiciones sino que se hicieron mucho más fuertes en la imaginería popular.

En primer lugar lo hicieron de un modo tímido colándose en los hogares de los más pobres con sus apariciones en los pennybooks, librillos que costaban un penique llenos de historias de fantasía donde las hadas y los duendes, que vivían en frondosos bosques llenos de flores, eran los protagonistas, de romances con bellas princesas y con valientes príncipes azules, pero también de feroces ogros y malvadas brujas.

Más tarde, y dada su popularidad, entraron en casa no sólo de los ricos victorianos, que adornaban sus hogares con cuadros y figuras de ninfas y otras criaturas mitológicas, sino de los intelectuales, que las hacían protagonistas de sus obras pictóricas y de sus novelas.

índice-001

Gracias a los cuentos -denominados märchen en su idioma original – del danés Hans Christian Andersen y de los alemanes Grimm, las nurseries y las habitaciones de toda Gran Bretaña se llenaban de alegre fantasía, que hacía soñar a unos y olvidar la pobreza y las penurias del día a día a otros.

¿Qué elementos debía tener un cuento de hadas para que pudises ser considerado como tal? Pues, en un fairytale, así denominado en lengua inglesa, a pesar de no tener que estar necesariamente protagonizado por hadas, debían aparecer los consabidos héroes y villanos y, además, todo cuento debía mostrar una moraleja o enseñanza moral a modo de advertencia para todos los niños y niñas, pero también para las más jóvenes de la casa. Porque los cuentos clásicos originales poco tienen que ver con su versión edulcorada actual, donde los príncipes y princesas son felices y comen perdices, y la violencia apenas aparece sugerida.

Andersen y los Grimm escribieron cuentos llenos de violencia y crueldad, donde los malos son realmente perversos, donde los buenos no siempre son tan buenos y en los que el final feliz no siempre es de ensueño. Basta ver la crueldad subyacente en el cuento original de Caperucita, o a una Cenicienta que debe escapar de un príncipe, que más que agasajarla, la acosa hasta amedrentarla.

En este mundo fantástico, donde el bien y el mal se entremezclan tejiendo una sutil telaraña pero en que los conceptos morales están perfectamente claros y definidos, George MacDonald se mueve como pez en el agua.

100_5150-001

Este pastor calvinista, ensayista, escritor, poeta, profesor universitario de literatura y vidente, como le gustaba definirse, cultivó la amistad de otros famosos escritores contemporáneos como su gran amigo Lewis Carroll, Charles Dickens, Wilkie Collins, Alfred Tennyson y Arthur Hugues, ilustrador de la mayor parte de sus obras, entre otros, a los que recibía en su casa de campo, El Retiro, en la que vivía con su esposa y sus once hijos.

Adorado por el publico norteamericano, viajó varias veces a los Estados Unidos, donde sus visitas despertaban un gran fervor entre los admiradores de su obra, entre ellos el genial Mark Twain, con el que entabló una entrañable amistad.

Su producción literaria, además de poemas de género fantástico, está compuesta por una selección de märchen para lectores que, como él mismo decía, no habían perdido todavía la inocencia y trataban de guiar su vida por medio de unos códigos éticos análogos a los de los protagonistas de sus cuentos.

Los escenarios de sus obras son mundos fantásticos, irreales, inventados, llenos de criaturas creadas en la imaginación del autor, pero lo suficientemente definidas para que penetren en la imaginación del lector.

Foto1613 - copia-001

MacDonald defendía la invención de los personajes, los escenarios y los seres que los habitaban, ya que si se parecían demasiado a lo que ya existía, la magia de la historia desaparecería. Pero al mismo tiempo todo tenía que ser identificable por el lector, para poder participar del cuento y, de algún modo, vivirlo. Nada tiene porque ser exactamente igual a la realidad.

Pero había un elemento fundamental que nunca podía ser modificado: la verdad. Y para que haya verdad, las leyes del mundo moral, lo que es bueno y lo que es malo, lo que es ético y lo que es inmoral debe permanecer incorrupto.

No puede existir un personaje bueno que cometa hechos perversos constantemente , ni un personaje malo generoso y que haga el bien. La línea divisoria entre el bien y el mal tiene que quedar clara, y aunque en toda su obra, MacDonald defiende la interpretación del texto por parte del lector, tiene especial interés en que esta línea quede clara.

Entre sus obras más destacadas están el largo poema Within and Without You, varias recopilaciones de cuentos, entre los que destacan La princesa y el duende, su continuación La princesa y Curdie y las novelas Back of the North Wind y Phantastes, a Fairie Romance for Men and Women, que inspiraría a C.S. Lewis, para escribir El león, la bruja y el armario, primera de las novelas de la serie Las Crónicas De Narnia.

George MacDonald murió en Inglaterra, el 18 de septiembre de 1905 y sus restos se enterraron con los de su querida esposa Louise en el cementario de Aberdeen, donde una estatua le rinde homenaje al que fue uno de los mejores transmisores del folklore británico.

En España la editorial Atalanta ha publicado dos libros de George MacDonald dentro de su colección Ars Brevis: el magnífico Cuentos de Hadas para todas las edades y Phantastes, a Fairie Romance for Men and Women.

�

Muñecas de madera: Stump y Peg Dolls

Hace unas semanas en una visita a Lisboa descubrí uno de los lugares más curiosos que he conocido el Hospital de Bonecas de Lisboa. Esta tienda/taller fundada en 1830 se encuentra en la Praça da Figueira, en pleno centro de la capital portuguesa y en cada uno de sus rincones guarda pequeños tesoros de nuestra infancia pero también valiosos ejemplares de muñecas antiguas, pequeñas obras de arte que tuve la suerte de admirar en una visita privada guiada por la encantadora Manuela.

hospital-de-bonecas

Si quieres saber más del Hospital de Bonecas lisboeta, pincha en el enlace de mi blog Mi Casita de Papel, donde aparecen las fotografías que amablemente me permitieron tomar de sus estancias, talleres y muñecas.

En esta visita por la exposición permanente de muñecas pude contemplar ante mí más de un siglo de la historia de las muñecas quedándome fascinadas con las más antiguas, de composición y material más simple, pero de una belleza histórica sin comparación.

cat-1076_080-=-082

En estas fechas en las que los medios de comunicación nos bombardea con las muñecas más modernas, quizás sea un buen momento para retroceder en el tiempo y recordar unas muñecas más modestas hechas de madera, con rasgos pintados a mano y vestidos sencillos, compañeras de juegos donde la imaginación tenía un papel predominante: las Poupards, las Stump Dolls y  las Peg Wooden Dolls.

Aunque en las familias siempre se utilizaron piezas de madera para crear juguetes para los más pequeños, las primeras muñecas de madera comercializadas en Alemania e Inglaterra, fueron las Stump Dolls o muñecas-palo. Como podéis ver en la imagen estas muñecas eran bastante toscas, hechas de una pieza y talladas en un único bloque de madera, con pequeños agujeros para ojos, nariz y boca, que se pintaban en colores sólidos. Incluso la ropa era pintada, creando con la combinación de colores encajes y estampados florales sencillos.

TSTUMP

A estas muñecas le siguieron las Poupards, fabricadas originariamente en Alemania. Muy parecidas a las stump, estaban hechas de una sola pieza de madera y aunque no tenían piernas, habitualmente tenían brazos no añadidos sino tallados, aunque curiosamente las figuras con brazos sólo representaban a adultos.

Las antiguas muñecas tradicionales Kokeshi japonesas, tan de moda en sus reinterpretaciones actuales, son realmente stump dolls de una sola pieza o de dos piezas, un cilindro para el cuerpo, sin extremidades,  y, dependiendo del artista, con un trozo de madera tallada en forma de esfera para la cabeza, con los rasgos finamente pintados.

vintage japanese dolls

Pero si hubo unas muñecas realmente apreciadas, cuyo éxito de producción se mantuvo hasta la primera mitad del siglo XX, estas fueron las Peg Wooden Dolls. Su nombre proviene de la similitud de las piezas que formaban las extremidades de la figura y,  que se unían la parte principal del cuerpo,  con unas pinzas de tender la ropa.

Curiosamente las Peg Dolls también eran conocidas como Dutch Dolls, nombre que provenían de una confusión con su palabra de origen y el país desde el que se exportaban a Inglaterra.

Estas bonitas muñecas hechas de madera eran fabricadas en Alemania, de ahí su nombre Deutsch dolls, pero llegaban a el Reino Unido desde los puertos holandeses. La confusión entre deutsch (alemán, en lengua alemana) y dutch (holandés en lengua inglesa) crearon una terminología equivocada para denominarlas.

peg4

Su mecanismo de fabricación era muy simple: una pieza de madera, tallada de manera muy estilizada y con una cintura muy marcada formaba el tronco, desde las piernas hasta el busto. Las extremidades estaban formadas por dos piezas unidas al tronco por una cavidad que se realizaba a la altura de los hombros y de los muslos. Cada una de las extremidades tenían dos partes con capacidad de ser articuladas; en los brazos a la altura del codo y en las piernas en las rodillas.

La cabeza era un pieza que se unía al tronco desde la parte superior del busto, con un cuello largo y delgado, era pequeña, redonda y carecía de orejas.

Gliederpuppe

La madera se pintaba de pintura lacada color carne. Cuando secaba se pintaban los rasgos de la figura: expresivos ojos, habitualmente de color azul, con los párpados y las cejas oscuros, finos y marcados para resaltar su expresividad; la boca pequeña, con los labios dibujando un corazón y de color rojo intenso. El toque final lo daban unas mejillas sonrosadas a modo de coloretes.

Para simular el cabello se grababan unas incisiones leves en la madera que posteriormente se pintaban de colores oscuros. El estilo de peinado era un recogido, en un moño o con una peineta, normalmente retirado de la cara, o con unos suaves tirabuzones enmarcándola, pero casi siempre dejando una ancha frente al descubierto. Para simular la nariz, se pegaba sobre la incisión previamente hecha un trozo triangular de madera. No tenían orejas.

6a00d8345159f569e201156f67f434970b-800wi

Las manos solían tener pulgares, pero no dedos, aunque con el tiempo la técnica se fue perfeccionando añadiendo más detalles.

El torso era amplio, con cintura muy delgada y caderas planas. Las piernas se tallaban como palos largos, con muslos sin formas, pantorrillas redondeadas y tobillos esbeltos y elegantes.

La parte inferior de las piernas se pintaban de blanco o colores claros para simular medias y la planta del pie y sus dedos se pintaban con una línea gruesa de colores vivos a modo de zapatos.

En su espalda, cada muñeca llevaba escrito a mano, en tipografía de estilo germano,  su nombre, origen y fecha de fabricación.

tuck

Aunque de todas las Peg Dolls, la que más éxito tuvo fue una versión modernizada de las muñecas alemanas denominada Tuckcomb Doll. El nombre de esta muñeca provenía de su rasgo más característico: la peineta con la cual sujetaba su pelo en un moño bajo.

Esta peineta era un saliente tallado en la parte superior de la pieza de madera redonda que formaba la cabeza; no era un añadido, sino que formaba parte de la pieza. La peineta se pintaba de colores muy vivos, con predominancia del amarillo dorado para contrastar con la pintura negra que decoraba los cabellos.

La Tuckcomb Doll más famosa fue Angelita, muñeca de fabricación estadounidense hecha por la empresa S. Smith, que con su producción y el posterior éxito de ventas, plantó cara a los fabricantes alemanes, que hasta ese momento tenían la hegemonía en la fabricación y comercialización de este tipo de muñecas. Cada Angelita llevaba cosida a su ropa una etiqueta con su origen y fecha de fabricación.

cat-1066_017Estas muñecas, además del signo distintivo de su broche para el pelo, tenía un peinado con pequeños caracoles sobre su frente, accesorio y peinado muy del gusto de la época. Los pies ya no eran planos sino que presentaban pequeños tacones y la pintura que simulaba los zapatos dejaba de ser negra para combinar con la ropa.

Estas Peg Dolls iban a la moda, con elaborados vestidos, encajes y muselinas, que representaban vestuario urbano, rural o el más lujoso de la alta sociedad con caros apliqués. Además se adornaban con joyas como collares y pendientes, e incluso pequeñas diademas o coronas.

dolls

Además las Peg Dolls se fabricaban en varios tamaños , que podían ir desde los 43 centímetros, las más grandes, hasta las diminutas pegs de tan sólo 1.5 centímetros.

dollsa

Pero si en algún lugar las Dutch Dolls serán siempre recordadas y seguirán vivas en la imaginación de todas las generaciones, pasadas y venideras,  será en las ilustraciones de Florence Kate Upton, la cartoonist americana de origen británico.

Basado en un juguete infantil que su tía Kate rescató del ático, Florence dio vida en modo ilustrado al protagonista del libro de cuentos escrito por su madre Bertha Upton, titulado The Adventures of Two Dutch Dolls and a Golliwogg. Publicado en las Navidades de 1895 fue todo un éxito y convirtió a las pegs dolls en protagonistas de esta simpática historia , que os recomiendo conocer estas fiestas.

page53

Desde La Casa Victoriana, os deseamos unas Navidades llenas de felicidad.

Snowman

Cosmética Victoriana

“The number of languid, listless and inert young ladies who now recline upon sofas is  a melancholy spectacle; it is but rarely that we meet with a really healthy woman

The Women of England, Elizabeth Ellis

Durante el Romanticismo, las mejillas sonrosadas naturales o fruto del maquillaje dieron paso a una moda donde una enfermiza palidez se convirtió en un extaño sinónimo de belleza juvenil.

Si una joven no era lo suficientemente afortunada para mostrar en su cara los síntomas de haber sufrido por amor, lo cual se consideraba un aspecto glamuroso, estaba dispuesta a hacer cual cosa para conseguirlo, desde beber vinagre para procurarse una palidez sepulcral, a pasar las noches en vela sollozando con poemas de amor. Además podía conseguir una mirada ligeramente ausente poniendo unas gotas de belladona en sus ojos. Esta planta recibía su nombre por su capacidad de proporcionar una imagen bella de la mujer, dilatando sus pupilas, limpiando la mirada y dotándola de un aire poético y romántico.

Los efectos secundarios de la belladona eran devastadores, causando ceguera y parálisis. Otras sustancias utilizadas para la piel y los labios , como el óxido de zinc, el mercurio, el antimonio y el sulfuro de plomo eran utilizadas en productos de belleza , provocando graves problemas de salud a largo plazo.

Desgraciadamente, el aire ausente y supuestamente romántico que les proporcionaba a las jóvenes llegó a estar tan de moda, que cualquier riesgo era pequeño comparado con el glamour de un aspecto enfermizo y de deliberada tristeza.

Jane Austen, siempre adelantada a su tiempo, marcó un antes y un después en la nueva imagen de la mujer con la descripción admirativa que Mr Darcy hacía de Lizzie Bennet, donde destacaba su naturalidad, su frescura y su aspecto saludable después de su caminata de casi tres millas en Orgullo y Prejuicio, sugiriendo que no había nada mejor para el aspecto de una mujer que el aire libre y el ejercicio.

Esta mujer tenía una tez sonrosada, un aspecto natural y una expresión risueña, incluso un poco infantil. Una belleza saludable muy alejada de la palidez enfermiza.  Según los nuevos manuales de belleza, una mujer bonita debía mostrarse tal y como era, ya que las pinturas y ungüentos sólo servían para estropear sus rasgos naturales; una mujer bella no necesitaba en absoluto del maquillaje para agradar.

Pronto, como en todas las modas, apareció un icono de belleza que era un compendio de todas esas virtudes: Miss Maria Foote, una actriz más reconocida por su aspecto y su apariencia que por sus méritos artísticos.

Miss Maria Foote, actriz

La rígida moral victoriana comenzó a asociar el maquillaje como un signo de vulgaridad propio de cortesanas y prostitutas, y por ese motivo, ninguna mujer que se considerase elegante y decente debía utilizarlos.

Para tratar de disimular sus imperfecciones y mostrar un rostro fresco, de piel de porcelana y mejillas rosadas, las mujeres comenzaron a acudir a los remedios y productos naturales. Los kitchen gardens, o huertas caseras, proporcionaban todo lo que una joven necesitaba: lavandas, rosas y lirios para obtener agua de perfume, almendras para extraer su aceite, cera para amalgamar los preparados y conseguir nutritivas cremas, limones mezclados con clara de huevo o crema de leche y azúcar como exfoliantes y purés de pepino para obtener mascarillas.

Lola Montez, más tarde Condesa de Lansfeld, c.1836

Y de nuevo, esta nueva corriente de belleza natural estaba representada por un nuevo modelo al que imitar, Eliza Rosanna Gilbert, actriz y bailarina irlandesa, famosa por sus actuaciones como bailarina española con el nombre artístico de Lola Montez. La artista, más conocida por sus escándalos en las cortes europeas que por su calidad interpretativa, poseía 26 de las 27 características consideradas esenciales por los manuales de belleza de la época, para tener una belleza perfecta, las llamadas three times nine.

Pero la misma sociedad victoriana que animaba a las mujeres a dejar su cara limpia de maquillaje, convirtió la fabricación y venta de cosméticos en un floreciente negocio que proporcionaba un sinfín de beneficios a empresas y particulares, que se anunciaban en prestigiosos periódicos y revistas.

Ninguna mujer decente reconocería su uso, pero el ansia por estar atractivas las llevó a usar pociones y pomadas que les proporcionaban discretamente sus médicos o boticarios, con formulaciones propias, o bien adquirían a compañías británicas o extranjeras cuyos productos eran enviados por correo.

Mujeres de todas las edades no dudaban en probar todo tipo de cremas, sin garantía médica y que los avariciosos fabricantes comercializaban sin ningún tipo de prueba previa. Sustancias como el arsénico, el mercurio o el bismuto pasaron a ser ingredientes destacados de todo tipo de lociones de belleza, y, a pesar de que muchos médicos avisaban de los peligros de parálisis facial, amarilleo y acartonamiento de la piel, pocas eran las que abandonaban su uso. Cualquier riesgo era mínimo ante el objetivo de estar atractivas en todo momento.

A mediados del siglo XIX,  la cruzada pública – que no privada – contra el maquillaje era más intensa que nunca. Se defendía una imagen femenina sin rastro de crema o pintura y un aspecto saludable, casi rollizo. La imagen fresca y aniñada fue sustituída por una más modesta y fácil de ser copiada: la de una dama no tan joven, que irradiaba salud y la felicidad que le proporcionaba el cumplimiento de sus deberes conyugales y familiares.

Al más puro estilo de la Reina Victoria, paradigma de la auténtica dama y modelo a seguir por los victorianos, las mujeres como Madame Montessier representaban perfectamente esta idea.

Madame Montessier, pintada por Ingres

Esta prohibición moral del uso de la cosmética y el deseo de obtener la belleza que la genética no había proporcionado fuera cual fuera el precio a pagar, hizo que embacaudores y charlatanes se aprovecharan de las damas cuyo máximo deseo en la vida era estar radiante para lograr un matimonio ventajoso, o en todo caso, un marido.

Una de las consejeras de belleza más famosas de la época fue Madame Sarah Rachel Leverson, más conocida como Madame Rachel. Su salón estaba en el número 47 de New Bond Street y por ella pasaban las damas más destacadas de la sociedad londinense. Su método de venta directa, sin intermediarios, proporcionaba a las damas productos supuestamente milagrosos, elaborados según formulaciones propias, además de consultas personalizadas para aconsejar a las damas sobre cuáles eran los tratamientos más adecuados para cada necesidad.

A su salón llegaban acaudaladas damas, en lujosos carruajes y cubietas con tupidos velos para no ser reconocidas – no olvidemos que una dama bella por naturaleza no necesitaba artificios para brillar y que además la cosmética era cosa de mujeres mundanas.

Se decía que entre sus más destacadas clientas de estaban la Reina Victoria y la Empreratriz Eugenia de Francia. Fuera cierto o no, Madame Rachel alentaba los rumores para dar más popularidad a su negocio y poder cobrar precios desorbitados por productos con nombres exóticos, que no pasaban de ser agua perfumada o cremas inocuas, en el mejor de los casos, o productos altamente tóxicos en otros.

Pero el verdadero negocio de esta mujer no estaba en la venta de cosmética: sibilinamente se aprovechaba de la ingenuidad de sus preocupadas clientas para que les contara secretos íntimos, chismes de la sociedad y cualquier hecho del que ella pudiera sacar provecho mediante un posterior chantaje.

Ninguna de las damas acudía a la policía por miedo a que su secreto fuera revelado y a ser víctima de la burla pública por acudir a una consejera de belleza. Todas cedían al chantaje de la mujer que les había prometido que con su ayuda serían Beautiful For Ever, como rezaba el eslogan de su negocio.

Fue finalmente la viuda de un oficial del ejército indio, a quien Madame Rachel había enredado para que se carteara con un aristócrata inglés, presuntamente enamorado de ella, quien la denunció, al descubrir el engaño, verse expuesta al escarnio público y  privada de la herencia que le correspondía.

El reinado del fraude de los productos de belleza supuestamente exóticos y carísimos, que prometían milagros de belleza en pocas semanas, terminaba con un escándalo de chantajes y mentiras, cuya cabeza visible fue Madame Rachel y su negocio.

O quizás nunca terminó, sino que se fue reinventando a lo largo de los siglos hasta nuestros días y otras Madame Rachel siguen ganando dinero a costa de crear inseguridades femeninas.

La época Victoriana no está tan lejana…

La fuente de gran parte de esta entrada en un interesante librito sobre el uso de la cosmética desde el siglo XVI hasta los años 50, escrito por Sarah Jane Downing y editado por Shire Library. Ameno, fácil de leer y profusamente ilustrado con iconos de belleza de todas las épocas.

Podría segurar casi al 100% que no está editado en español, pero merece la pena disfrutar del trabajo de Downing en su edición original.

The Country Flowers of a Victorian Lady

I wonder if the snap is stirring yet,
If wintry birds are dreaming of a mate,
If frozen snowdrops feel as yet the sun
And crocus fires and kindling one by one
Christina Rosetti

Suguiendo el hilo argumental e ilustrativo de la entrada anterior, dedicada a Edith Holden y sus cuadernos sobre la naturaleza, me gustaría recibir en nuestro blog a Fanny Robinson cuyo Libro de Recuerdos victoriano, merece una especial mención por la belleza de sus pinturas y lo escogido de la poesía que las acompaña.

Algunos años después del descubrimiento de los cuadernos de Mrs Holden, los descenciendes de Fanny Robinson dieron a conocer un manuscrito ilustrado, datado alrededor de 1840 por esta acuarelista aficionada británica. Este Book of Memory fue recopilado y reproducido en modo facsímil bajo el título The Country Flowers of a Victorian Lady, y además acompaña las exquisitas reproduciones de flores y otros motivos, con extractos de poemas de Shakespeare, Keats y otras rimas de famosos poetas y poesía popular.

La edición que tengo, y en la que basaré esta entrada,  es la exquisita edición inglesa publicada por Apollo Publishing en 1999, en tapa dura, que combina las reproduciones de las acuarelas y escritos a mano por Ms Robinson con los utilísimos comentarios de Gill Saunders, conservadora del departamento de dibujo y pintura del Victoria and Albert Museum de Londres, interpretando cada una de las ilustraciones y símbolos dibujados por la autora.

flores 5

Pero, ¿cuáles son las diferencias entre los libros de Edith Holden y el de Fanny Robinson? Aunque a primera vista parezcan muy similares, las disimilitudes son evidentes.

Miss Holden elaboró una recopilación de anotaciones de los ciclos naturales y un estudio de botánica, complementado con rimas y poemas escogidos por la propia autora. El cuaderno de Fanny Robinson es un Book of Memory, un Libro de Recuerdos, donde la naturaleza es sólo un recurso y un hilo conductor para expresar un sentimiento, para hilvanar un recuerdo dedicado a un ser amado. The Country Flowers of a Victorian Lady no tiene afán didáctico ni de divulgación, es simplemente una obra personal donde las flores cumplen una función decorativa y de transmisión de sentimientos no una función científica.

flowers 3Esta obra, realizada por la autora aldededor de los 40 años, no fue concebida para ser publicada ni interpretada por nadie más que el destinatario o destinataria del libro, ya que se planeó como un homenaje para una persona muy querida para ella. La alusión a esa persona siempre aparece nombrada como “you” y nunca por su nombre de pila;  tampoco hay una pista semántica que nos pueda desvelar su género, lo que hace que la incógnita de si la persona a quien está dedicado sea hombre o mujer no pueda ser despejada. Las muestras unas veces de cariño, otras veces de de amor, dedicadas a través de los poemas escogidos, hacen que dudemos si se trata solamente de un amigo,  amiga o de un amante.

Algunos datos, nunca contrastados, hacen pensar que la persona a la que se refiere murió en un accidente de caza y esa muerte causó un profundo pesar en Fanny. Los sentimientos desprendidos de los poemas hablan de temprana amistad, de nostalgia, de tristeza, pero también de momentos inolvidables; pero sólo la autora sabe la verdad de sus intenciones.

flores 4Las acuarelas, además de realizadas con una técnica impecable y de una belleza incostestable, son un estudio naturalista digno de mención. La ilustradora, artista aficionada, acostumbra a enmarcar sus dibujos con elaborados bordes de filigranas o con diseños que recuerdan a los libros medievales iluminados, donde destaca la letra mayúscula del inicio de la frase.

En todas y cada una de las ilustraciones, además de las flores, aparece una pequeña ilustración de una casa, una torre, un bosque, un paisaje a modo de pista,  probablemente relacionado con la elección de la flor y del poema. Un lugar importante para la autora y para la persona para quien fue escrito el libro.

flores 1

Pero además, Fanny dejó otra pista importante para descifrar sus sentimientos: las propias flores. Es bien conocida la afición que tenían los victorianos por la interpretación de lo que ellos llamaban el lenguaje de las flores. En el libro aparecen una serie de secuencias de diferentes estaciones o creando un bouquet. Ello no es fruto del azar sino que parece tener un hilo argumental, refrendado por la elección de los poemas.

Desgraciadamente no sabemos que libro del Lenguaje de las Flores conocía Fanny Robinson.

flores 2

Aunque el más famoso era Le Langage des Fleurs de Charlotte de la Tour, había otras versiones muy populares; la interpretación del significado de las diferentes flores cambiaba según cada una de las ediciones e incluso las tradiciones de cada uno de los condados ingleses, lo cual sigue complicando la interpretación del libro.

Más de un siglo después, la belleza del libro sigue inalterable, pero su verdadero significado sigue siendo un misterio, que le añade un maravilloso atractivo a este Book of Memory.

The Country Flowers of a Victorian Lady. Edición de 1999 de Apollo Publishing con introducción y comentarios de Gill Saunders, Conservadora de Dibujo y Pintura del Victorian and Albert Museum de Londres. Creo que actualmente está descatalogado, aunque se puede adquirir de segunda mano en magníficas condiciones a precios muy asequibles en librerías británicas on line.

En 2002 y 2003 se ousieron a la venta en las librerías españolas calendarios con las ilustraciones del libro.

Edith Holden

No one who can read,

even looks at a book, even unopened on a shelf, like one who cannot

Charles Dickens

Hay libros que son capaces de transportarnos a otras épocas, que nos hacen pensar, sentir, admirar, amar o rebelarnos ante las circunstancias que se narran. En algunas ocasiones nos sentimos como espectadores silenciosos, observadores de un argumento que no nos deja indiferentes, pero en el que nunca interferiríamos para cambiar ni una sóla palabra, ni una única coma y, otras en las que nada nos gustaría más que ser los protagonistas y vivir cada una de las vivencias que se narran, para disfrutarlas o poder cambiar su rumbo a nuestro gusto.

Hay libros que nos hacen comprender circunstancias de épocas pasadas y otros en los que contemplamos con cierta resignación y mucha desolación cómo las cosas no han cambiado tanto como deberían, como los modelos sociales se siguen repitiendo y el ser humano parece no haber aprendido de sus errores.

Pero existe lo que yo denomino de una manera un poco infantil libros bonitos: libros para sentarse en día de verano bajo la sombra de un árbol sin más intención que curiosear por sus páginas, llenarnos de luz y color con bellas ilustraciones mientras las acompañamos del dulce romanticismo de Keats, de la pasión de un soneto shakesperiano o simplemente de anotaciones personales escritas con una bella caligrafía. En este grupo incluiría los dos libros que me gustaría compartir con vosotros: The Country Diary of an Edwardian Lady y The Nature Notes of an Edwardian Lady, de Edith Holden.

Pero, más allá de la belleza visual, debemos hacer justicia a estas pequeñas joyas de la ilustración que reflejan la vida y experiencias de una artista excepcional y una mujer en continua lucha contra los convencionalismos.

The Country Diary of an Edwardian Lady y The Nature Notes of an Edwardian Lady

Aunque durante su vida Edith Holden (1871-1920) fue una reconocida ilustradora victoriana de cuentos y rimas infantiles, su obra permaneció en el olvido hasta que en los años 70 su sobrina-nieta le mostró un libro de herencia familiar a un editor, que rápidamente reconoció en él un pequeño tesoro.

El libro era una colección de delicadas acuarelas de temática natural: la flora y fauna, las estaciones, la granja… con valiosas descripciones, que revelaban unos conocimientos más que notables de botánica y zoología. Anotaciones personales, versos de los más destacados poetas británicos y rimas populares, completaban un cuaderno de una belleza casi insuperable.

El libro, datado en 1906 y publicado en 1977 en formato facsímil -lo que le da un valor añadido a la singularidad de la obra- fue un éxito de ventas que en el año 2000 había alcanzado más de 6 millones de copias.

La vida de Edith Holden, como muchas otras heroínas victorianas que han acudido a La Casa Victoriana, fue bastante singular para una mujer de su época.

Su padre, un fabricante de barniz, conocido por su filantropía, y su madre, biógrafa de santas, compartían rígidas y conservadoras ideas religiosas que intentaron transmitir a sus cuatro hijas. Pero también le inculcaron el amor por las disciplinas artísticas, en especial por el dibujo y la pintura; por ello animaron a sus hijas a encaminarse al mundo del arte matriculándolas en la Birmingham School of Art.

Todas ellas se dedicaron a la pintura y ilustración, pero fue Edith quien puso un especial interés en reflejar la naturaleza con sus formas y colores a través dela pintura, razón por la cual acudió a clases con el pintor John Adam, en cuya granja los estudiantes podían estudiar, pintar a los animales y estudiar el mundo de la naturaleza como espectadores privilegiados.

Holden expuso su obra en la Academia de las Artes de Birmingham, pero como otras mujeres pintoras no fue tomada en serio por sus contemporáneos. Para la sociedad victoriana un pintor era un artista, pero una mujer que pintaba sólo era una dama con un talento pictórico que empleaba como pasatiempo, como la costura o la música.

El único resquicio para mostrar su arte y poder vivir de él, era ilustrar libros infantiles. Edith se rindió a la evidencia de que, a no ser de este modo, no podría dedicarse a su pasión por el arte, así que se empleó con devoción al mundo de la ilustración infantil, llegando a ser una reconocida artista en este campo.

Pero nunca olvidó su auténtica pasión por reflejar en coloristas acuarelas el mundo natural, recogiendo en un diario deliciosamente ilustrado sus experiencias y su visión de la naturaleza, proporcionándonos, además, una interesantísima visión de su propia vida, sus gustos e inquietudes.

Este diario se completó con un segundo cuaderno encontrado más tarde y publicado en 1987 con el título de The Nature Notes of an Edwardian Lady, y tan recomendable como el primero.

La vida de Edith Holden transcurrió por el límite de lo considerado convencional para una mujer de su tiempo. A la edad de 40 años, edad muy tardía para una dama victoriana,  se enamoró apasionadamente de Ernest Smith, un escultor 7 años más joven y haciendo caso omiso a las desaprobaciones familiares y sociales se casaron y se mudaron a Chelsea, para participar activamente del círculo artístico londinense.

 En 1920, mientras observaba unos brotes de castaño para reflejarlos en su obra, Edith se cayó al Tamésis, muriendo ahogada. Su marido falleció poco tiempo después inacapaz de superar su pérdida.

Hoy, gracias a su familia y un avispado editor, podemos disfrutar de la obra que Edith Holden quiso exponer y publicar, intención que en su momento le fue negada. Ambos libros están a la venta y se pueden conseguir de segunda mano – los míos lo son- a precios muy asequibles y en casi perfectas condiciones de uso. Me consta que alguno de ellos ha sido publicado en castellano, pero sin desmerecer la edición, os recomendaría las ediciones inglesas, merece la pena el esfuerzo de leer los poemas en la versión original.

En 1984, se rodó una serie de 12 episodios para la televisión británica, basada en la vida de  ilustradora y su trabajo, titulada igual que su cuaderno The Country Diary of an Edwardian Lady. No puedo opinar de ella, ya que no la he visto, pero las críticas no fueron demasiado brillantes, superando por poco margen el aprobado.

———————————————————————————————

Me gustaría agradecer sinceramente todos vuestros comentarios y felicitaciones, especialmente a aquellos blogs amigosque me habéis otorgados premios con tanto cariño. Me ha hecho mucha ilusión ver como La Casa Victoriana os gusta tanto por su contenido como por su diseño.

Pero también debo pediros disculpas por la tardanza en responder a los comentarios y preguntas que me hacéis. No es dejadez ni desinterés, sólo falta de tiempo para contestar como me gustaría.

Como podéis observar, las puertas de La Casa Victoriana no se abren muy a menudo con nuevos posts – y lo digo con resignación. El cuidado que trato de poner en la elección de los temas, el contenido riguroso y la búsqueda de las imágenes que los acompañan me llevan más tiempo del que habitualmente dispongo y la publicación se va ralentizando. Os confieso que cada publicación significa para mí el éxito de un esfuerzo personal.

Debo comentar algo acerca de las bellas imágenes que aparecen en el blog: muchas de ellas son de mis libros, o de la época victoriana libres de derechos de autor, otras las encuentro en internet;  si son privadas pido permiso al artista para su publicación, si veo una imagen adecuada y no puedo contactar, incluyo su autoría, bien al final de la entrada o al pinchar sobre la imagen. Si alguien pudiera sentirse molesto, que contacte conmigo y serán retiradas lo antes posible. Este blog no tiene ánimo de lucro, sólo de difusión cultural y no pretende ni ofender ni aprovecharse del trabajo y la creatividad de otros.

Y, es cierto – tienes toda la razón, Laura – que el blogroll necesita una actualización urgente. Mientras no me pongo con ello, os recomiendo enlazar con las páginas de muchos amigos que me visitan, muchas de ellas con contenido afín y otras muy interesantes.

Espero poder subsanar estas carencias lo antes posible y poder seguir compartiendo hechos y personajes de esta maravillosa época con todos y todas.

Anne Brönte

Anne, dear gentle Anne, was quite different in appearance from the others. She was her aunt’s favourite. Her hair was a pretty, light brown, and fell on her neck in graceful curls. She have a lovely violet-blue eyes, fine pencilled eyebrows, and clear, almost transparent complexion.                                         Ellen Nussey (a Charlotte’s friend)

La figura de Anne Brönte, la más pequeña de las hermanas es quizás la más desconocida. Ensombrecida por la prolífica carrera y arrolladora personalidad de Charlotte y el éxito de Emily con la inolvidable Cumbres Borrascosas, la obra y personalidad de Anne, tan diferente de sus hermanas, tendieron a pasar más injustamente desapercibidas.

Anne tenía sólo tres meses cuando la familia se mudó a Haworth y 20 meses cuando su madre  murió, quedando a cargo, como sus hermanas y su hermano, de su padre y de la tía Branwell. Su salud delicada y su asma crónica provocaron que no acudiese a la misma escuela que sus hermanas sino que, con la ayuda de su tía, y gracias a la biblioteca de su padre, aprendiera en casa todos conocimientos necesarios que le permitirían en el futuro ganarse la vida como institutriz.

Es inevitable encontrar en la personalidad y obra de Anne una enorme influencia de la sobreprotección de su tía, aunque es posible que la extrema religiosidad de ésta tuviera mucho que ver en los conflictos espirituales que tuvo Anne en su juventud, y que tan bien se reflejan en el personaje de Helen Huntingdon de The Tennant of Wildfell Hall, obra cuya temática la propia Charlotte censuró en su momento por considerar que expresaba con demasiada crudeza la situación personal de la protagonista.

Como el resto de sus hermanos, participó activamente en los relatos y vivencias del  mundo imaginario que ellos mismos crearon, Juvenilia, y sus reinos Gondal y Angria. Anne y Emily, su hermana, mejor amiga y confidente siempre prefirieron el más gentil mundo Gondal como refugio, creando allí sus alter egos frente al mundo de Angria, preferido por los dominantes Charlotte y Branwell. En este mundo imaginario lleno de reyes y reinas, soldados, damas y caballeros, las hermanas aprendieron a escribir relatos y en ellos se fraguaron muchos de los personajes que, años más tarde, serían los protagonistas de algunas de sus novelas más conocidas.

A los 16 años Anne dejó la casa familiar por primera vez para acudir como alumna a la escuela en la que Charlotte estaba empleada como profesora. Los dos años que estuvo en la Roe Head School fueron su única educación formal, ya que al contrario que sus hermanas no se fue a Bruselas a completar sus estudios, probablemente porque ya había encontrado trabajo como institutriz.

Las primeras familias con las que trabajó sólo le trajeron decepciones y humillaciones: padres despreocupados, madres consentidoras, niños intratables y nannies que le dificultaban su trabajo. En algunas de las cartas que escribe a su maestro quedan reflejadas las penurias a las que se enfrentaba cada día intentando hacer su trabajo. Todas esas vivencias han quedado reflejadas en la magnífica Agnes Grey.

Por esa época parece que vivió su primer amor con un ayudante de la vicaría de su padre, William Weightman, un joven atractivo, divertido y cariñoso, muy diferente de los coadjuntores de las vicarías. La atracción de la joven Anne por William fue percibida por la observadora Charlotte que escribía a una amiga:

“he sits opposite to Anne at Church sighing sofly and looking out of the corners of his eyes to win her attention and Anne is so quiet, her look so downcast…they are a picture”

De hecho, el encantador Mr Weston, de Agnes Grey parece estar inspirado en William y los sentimientos de la joven institutriz Agnes hacía él nos hacen pensar en la atracción romántica que el coadjuntor ejercía sobre la pequeña Brontë.

Desgraciadamente poco sabemos de la vida personal tanto de Anne como de Emily, pues las vivencias de ambas quedaron siempre difuminadas por las arrolladoras y dominantes personalidades de Charlotte y de Branwell.

Si William fue el amor de su vida, Anne sólo lo reflejó en sus novelas y poesía, pues su timidez y discrección le impidieron dar un paso más allá y vivir el romance que le gustaría con ese hombre ideal. Su dedicación, en su corta vida, fueron casi a tiempo completo para su trabajo de institutriz, su obra literaria y su hermano Branwell.

De hecho, al igual que hizo Emily, Branwell fue el único hombre al que dedicaron toda su vida. Acostumbrado desde pequeño a hacer su voluntad, y con un carácter apasionado e irresponsable, a pesar de su talento, acaparó la vida de sus hermanas pequeñas que lo cuidaron y lo protegieron durante toda su vida.

Ante la personalidad inestable de Branwell, Anne decidió recomendarlo como profesor de pintura en casa de la familia Robinson, donde ella trabajaba. Al principio parecía que Branwell se había tranquilizado y conectado perfectamente con aquella familia, pero pronto saltó el escándalo: Branwell y la señora Robinson se habían enamorado apasionadamente. Este romance trastocó la vida de ambos hermanos: Anne tuvo que dejar a una familia con la que se sentía realmente a gusto y Branwell ante la imposibilidad de estar con su amada comenzó a beber y a llevar una vida aún más disipada de la que había vivido hasta el momento.

Las hermanas tan unidas como siempre, decidieron cerrar filas en torno a Branwell, y mientras las dos pequeñas se ocupaban del hermano, Charlotte decidió llevar las riendas de la familia. Entre las tres decidieron abrir una pequeña escuela, para ganarse la vida como profesoras sin depender de nadie más que de su propio trabajo y, así, poder darle un impulso a su talento literario. Además de publicar un librito de poemas bajo el pseudónimo de Currer, Ellis y Acton Bell, comenzaron a publicar sus propias novelas alcanzando un considerable éxito.

Las dos novelas de Anne fueron las más polémicas: Agnes Grey por expresar con realismo desacostumbrado la vida llena de penurias de las institutrices y el maltrato psicológico y humillaciones a las que eran sometidas por muchas familias, sus hijos y el resto del servicio.

La Inquilina de Tennant Wildfell Hall, como dijimos anteriormente, fue incluso censurada por la propia Charlotte: la violencia y la pervensión subyacente en toda la obra, el carácter agresivo y dominante, unido al alcoholismo de Arthur Huntingdon y los conflictos psicológicos de la protagonista Helen fueron descritos con demasiada crudeza para una sociedad que, aún conociendo a la perfección situaciones como la que mostraba el libro, preferían cerrar los ojos ante ellas.

Al igual que Heathcliff, protagonista inolvidable de Cumbres Borrascosas, el Huntingdon, de The Tennant of Wildfell Hall, parece estar basado en su hermano Branwell, y las protagonistas femeninas en las dos hermanas, sumidas en la enfermiza responsabilidad y devoción que sentían por ellos, que a la vez chocaba con sus ansias de independencia y libertad

Branwell murió de tuberculosis y a los pocos meses Emily también sucumbió a la enfermedad. No mucho después les siguió Anne, dejando a Charlotte sumida en la desesperación de ver como sus tres queridos hermanos la dejaban sola, con pocos meses de diferencia. La dulce Anne trató de reconfortar a su hermana dedicándole sus últimas palabras:

Ten valor, Charlotte, ten valor….

Anne Brönte, fue enterrada en su amado pueblo costero de Scarborough, donde ella se sintió inmensamente feliz.

En esta entrada, como en todas las que publico,  he puesto especial atención en la selección de las pinturas que la ilustran, espero que las disfrutéis.