Regreso a la escuela: las “one room school” victorianas

Cuando pensamos en las escuelas victorianas una de las primeras imágenes que nos vienen a la cabeza es la de un internado con niños y niñas vestidos con sobrios uniformes, severos profesores y estrictas normas de comportamiento.

Pero  las pequeñas escuelas de los barrios más humildes y, sobre todo, de las zonas rurales, distaban mucho de esa imagen.

A Dame's School
A Dame’s School- Thomas Webster

Las escuelas

Este tipo de escuelas eran lo que se denominaba one room school, formadas por cuatro paredes y un tejado, con los materiales más básicos para impartir las clases.

Estas escuelas albergaban en una misma habitación a alumnos de todas las edades y de diferentes niveles de aprendizaje. Niños y niñas compartían el espacio, sin haber separación por sexos, entre otras cosas, porque el espacio único no lo permitía. La única separación consistía en la creación de pequeños grupos de niños según su nivel escolar.

Algunas escuelas con mayor número de alumnos tenían dos puertas de entrada y salida: una para las niñas y otra para los niños, aunque en el interior todos estuvieran en la misma clase.

Habitualmente los maestros utilizaban una campanilla colocada en la puerta para indicar la hora de entrada a la clase.

victorian-painting-snow-scene-children-leaving-school-by-marc-louis-benjamin-vautier
Snow Scene Children Leaving School, Marc Louis Benjamin Vautier;

Los maestros

La persona que impartía las clases era una persona dedicada a sus alumnos, y, que a pesar del bajo salario que recibía, se preocupaba más allá de lo que implicaba su trabajo de maestro, ya que se ocupaba de la higiene, de la salud, de la alimentación y muchas veces intercedía en problemas familiares de los que los niños eran víctimas indirectas o directas, como problemas de alcoholismo de los progenitores o de maltrato infantil.

La mayoría de los maestros eran hombres y no recibían el nombre de teacher sino de schoolmaster.

La maestra era una mujer con una imagen muy alejada de la de las serias institutrices. Para poder ejercer de profesora tenía que ser soltera. En el momento en que contraía matrimonio tenía que dejar su trabajo como maestra.

Cuando la escuela no estaba financiada por alguna institución política o un benefactor privado, que corría con los gastos del material y del sueldo del maestro, eran las instituciones religiosas o de caridad las que sufragaban los gastos.

Habitualmente, en las zonas rurales, eran las propias familias las que aportaban una pequeña cantidad para pagar el salario del maestro, además de proporcionarle un lugar donde vivir. Aquellas familias que no podían aportar dinero en metálico, pagaban con productos de su huerto, de su granja o con servicios propios de su oficio.

the-country-school-painting-winslow-homer
The Country School Winslow Homer

Las asignaturas

Las asignaturas que se impartían en estas humildes escuelas, eran muy diferentes de las escuelas o internados privados. En estas escuelas no había clases de música o de protocolo, sino que que se enseñaban lo que se conocía como las Three Rs: Reading, Riting and Rithmetic, o lo que es lo mismo Reading (lectura), wRiting y aRithmetic – lectura, escritura y aritmética.

Los estudiantes aprendían poemas, rimas, canciones y oraciones por el método de memorización, que era un método habitual de aprendizaje. Después tenían que recitarlos en voz alta en clase, para acostumbrarse a pronunciar correctamente y a hablar en público.

En algunas escuelas, si los niños dominaban las materias básicas,  se enseñaba historia, geografía y gramática.

Además se dedicaba una especial atención a la caligrafía y al uso de la pluma y la tinta: tener una letra firme, inteligible y con bellas curvas se consideraba una cualidad muy apreciada en los estudiantes.

A aquellos alumnos que destacaban en sus asignaturas se les premiaba con una medalla o distinción, premios que trataban de estimular el estudio.

Aquellos estudiantes que no cumplían con sus tareas o cuyo comportamiento no era lo suficientemente bueno, recibían castigos más o menos ejemplares que iban desde las aburridas copias, a los castigos “cara a la pared” o la humillación de llevar puesto un gorro  que ponía “burro”.

Los castigos corporales, desgraciadamente, no eran inusuales y estaban socialmente aceptados. Habitualmente consistían en darle al niño unos azotes en el trastero o en las manos con una vara de madera.

ralph-hedley-hedley-1848-1913-art-school-days-school-punishment
School Punishment, Ralph Hedley, 1848

El material de estudio

Para la escritura se utilizaban quills, plumas, habitualmente de ganso, que previamente afilaban. La tarea de afilado le correspondía a los profesores o a los estudiantes mayores para evitar que los más pequeños se hicieran daño al afilarlas.

Las plumas se mojaban en la tinta que contenían los tinteros, generalmente pequeños botes de cristal, que se cerraban herméticamente después de su uso para evitar que la tinta se secase. Ante la dificultad de escribir con tinta sobre los papeles, ya que quedaban humedecidos, se utilizaban blotting papers o papeles secantes que se colocaban encima del papel escrito, al término de la tarea, para absorber el exceso de tinta.

Posteriormente los estudiantes comenzaron a utilizar lápices similares a los que utilizamos en la actualidad.

Para escribir se utilizaban cuadernillos de papel blanco, a los que los niños le dibujaban líneas paralelas para no torcerse en la escritura. También se utilizaban pizarrines.

Los libros básicos para el aprendizaje solían ser la Biblia, de donde se aprendían las oraciones y las historias que posteriormente se recitaban – además se utilizaba como libro de lectura – y el llamado primer, que contenía los números, el alfabeto, y rimas.

Los primer tenían diferentes niveles y cada niño utilizaba el más adecuado para su aprendizaje y progreso.

elizabeth-armstrong-forbes-school-is-out-1899
A Straw Plaiting School in Essex, G.W. Brown, 1864

El tiempo de recreo

Los recreos eran los momentos de descanso de la jornada y era el momento más esperado por los estudiantes, ya que era el tiempo de juegos al aire libre.

Los juegos de pelota eran uno de los favoritos. Como no existían las pelotas de caucho, cuero o plástico como en la actualidad, en las zonas urbanas se hacían pelotas con ropa vieja enrollada y en las zonas rurales se empleaban las bladders, unas pelotas hechas con las vejigas de los animales de las granjas, previamente lavadas y secadas.

Las canicas, las peonzas y el escondite eran, asímismo, juegos muy populares.

Las niñas preferían juegos que implicaban canciones como la comba, el corro o el hopscotch, o rayuela.

El rolling hoop, o aro. los knucklebones o tabas y otros juguetes caseros hechos de madera o latón también triunfaban entre los más pequeños.

new-england-country-school-homer
New England Country School, Winslow Homer

 La hora de la merienda

Muchos estudiantes llevaban refrigerios a la escuela para comer en los descansos. Este era humilde pero sabroso y consistía en pan casero, piezas de fruta o porciones de bizcocho o tartas para los más afortunados. Los niños llevaban su comida en pequeñas cestas de mimbre.

En muchas escuelas los niños recibían mantequilla o mermelada para acompañar el pan. También se les proporcionaba un vaso de leche y, a veces, un chocolate caliente. Incluso existían pequeños hornillos en el colegio para calentar las bebidas. Estos alimentos que repartía el colegio entre sus alumnos eran muy importantes para muchos pequeños, ya que no todos podían llevar una pequeña merienda y su estado de desnutrición era claramente visible, siendo estas pequeñas porciones de leche y pan casi la base de su alimentación diaria.

a-straw-plaiting-school-in-essex-george-washington-brown-1864
A Straw Plaiting School in Essex, G.W. Brown, 1864

El mobiliario

El mobiliario era sobrio y funcional, hecho íntegramente de madera y estaba formado por mesas con bancos de una o dos plazas, o con taburetes de tres patas, donde se sentaban los niños.

El maestro se sentaba en una mesa grande de madera con silla colocada de cara a los niños. Además había diferentes estanterías para los libros y cuadernos y percheros para colgar la ropa de abrigo y los sombreros – prácticamente todos los niños y niñas, tanto en la ciudad como en el rural, llevaban la cabeza cubierta con sombreros, gorros o gorras.

La pared de la clase estaba presidida por una pizarra. En la clase había además una chimenea o una estufa de leña para calentar la habitación durante los meses de invierno.

Si el colegio era afortunado con alguna donación podía exhibir mapas en sus paredes.

 

ea9b822115026c906eebb6e5db565a28
Country School, William Lawson Henry

 

Lewis Carroll: cuentos y acertijos

A punto de acabar el mes de agosto iremos recopilando alguno de los temas que más repercusión han tenido en la página de Facebook de La Casa Victoriana y los cuentos y acertijos de Lewis Carroll han sido uno de ellos.

El acertijo de los peces

La adivinanza de los peces es un acertijo que aparece en la novela de 1871 Alicia a través del espejo escrita por Lewis Carroll.

La adivinanza es recitada por la Reina Roja en el noveno capítulo.

¿Eres capaz de encontrar la solución? (La solución está después del poema pero tendrás que utilizar un espejo si quieres leerla…)

Primero, hay que pescar el pez; Cosa fácil es:
hasta un niño recién nacido sabría hacerlo.
Luego, hay que comprar el pez; Cosa fácil es:
hasta con un penique podría lograrlo.

Ahora, cocíname a ese pez; Cosa fácil es:
no nos llevará ni tan siquiera un minuto.
Arréglamelo bien en una fuente:
pues vaya cosa: si ya está metido en una.

Tráemelo acá, que voy a cenar;
Nada más fácil que ponerla sobre la mesa.
¡Destápame la fuente! ¡Ay! Esto sí que es difícil:
no puedo yo con ella.

Porque se pega como si fuera con cola,
porque sujeta la tapa de la fuente y en ella se recuesta.
¿Qué es más fácil, pues, descubrir la fuente
o destapar la adivinanza?

Solución: artso anU

Frederick_Morgan06
Feeding the Rabbits, también conocido como Alice in Wonderland de Frederick Morgan

 

El sueño del Rey, Alicia a través del espejo de Lewis Carroll

“He’s dreaming now,’ said Tweedledee: ‘and what do you think he’s dreaming about?’
Alice said ‘Nobody can guess that.’
‘Why, about YOU!’ Tweedledee exclaimed, clapping his hands triumphantly. ‘And if he left off dreaming about you, where do you suppose you’d be?’
‘Where I am now, of course,’ said Alice.
‘Not you!’ Tweedledee retorted contemptuously. ‘You’d be nowhere. Why, you’re only a sort of thing in his dream!’
‘If that there King was to wake,’ added Tweedledum, ‘you’d go out—bang!—just like a candle!”

-Ahora está soñando – dijo Tweedledee -¿Con quién sueña? ¿Lo sabes?
– Nadie lo sabe – dijo Alicia.
– Sueña contigo. exclamó Tweedledee , aplaudiendo triunfantemente-.Y si dejara de soñar, ¿qué sería de ti?
-No lo sé – dijo Alicia
-Desaparecerías- dijo Tweedledum-. Eres una figura de su sueño. Si se despertara ese Rey te apagarías como una vela.

alice

 

La etiqueta victoriana en la calle

Las reglas de etiqueta dirigían el estilo de vida de la sociedad victoriana. Por esta razón tenían protocolos para casi todos los ámbitos de la vida; y los paseos por las ciudades y los parques no iban a ser una excepción.

Saber cómo y cuándo poner en práctica estas reglas era fundamental para ser considerada una dama respetable o un caballero cortés y respetuoso.

Para conocerlas vamos a remitirnos a un pequeño libro del que ya hemos hablado en más de una ocasión The Essential Handbook of Victorian Etiquette, que nos mostrará algunas costumbres de la época curiosas y sorprendentes.

Un simple paseo por la ciudad suponía la oportunidad de aplicar todos los protocolos diseñados para la relación social.

Tanto damas como caballeros, cuando caminaban por una acera, debían hacerlo siempre por la parte derecha de la misma. Si la acera era demasiado estrecha o peligrosa los caballeros tenían que estar atentos para que las damas, a las que acompañaban, no sufrieran daño alguno.

 fb02-paris-3-jun-1906

Si el pavimento era inseguro o si estaba anocheciendo, y la visibilidad no era buena, el caballero ofrecería su brazo a la dama para que ésta pudiera sujetarse y caminar con mayor seguridad.

No se consideraba costumbre, ni tan siquiera adecuado, que una mujer caminara del brazo de un hombre, a no ser que la dama fuera lo que los ingleses denominan “of certain age”, para denominar a una mujer mayor, o bien la pareja fueran matrimonio.

003a

Curiosamente, si la situación lo requería, un caballero podía llevar dos damas de su brazo, pero nunca una mujer llevar dos caballeros del suyo. En el primer caso la actitud se consideraba galante, en el segundo la reputación de una mujer quedaba en entredicho.

Si una mujer descendía de un carruaje, un hombre debería ayudarla a descender, sin necesidad de que hubiese una presentación previa. Eso sí, cuando el caballero cumpliese su misión, el protocolo exigía que hiciese un pequeño saludo con su sombrero y siguiese su camino, sin intentar entablar ningún tipo de conversación con la dama, ni importunarla de cualquier otro modo.

fb01-paris-3-jun-1906

Que un hombre fumara mientras paseaba por la calle en compañía de una dama estaba considerado una falta de educación. Es más, si el caballero caminaba solo y fumara, si se encontraba a una dama dejaría de fumar de inmediato, aún con el permiso de ella.

Un caballero nunca debía saludar desde una ventana a una dama que paseara por la calle, aunque si el que fuera por calle fuera él y quien saludara fuera la dama, el caballero podía saludar discretamente.

De todos modos, el protocolo recomendaba ni saludar ni responder al saludo, fuera cual fuera el caso, debido a las miradas indiscretas y a los rumores y cotilleos que esa acción podía provocar en una sociedad victoriana tan dada a provocar un escándalo por cualquier nimiedad.

Una dama tendría que evitar andar presurosamente por la calle, ya que este modo de caminar le resta gracia a sus movimientos. Muchos menos debería correr, ya que no sólo puede ser peligroso sino que muestra falta de dignidad.

6ff7ac1506ccd116e505808c45b2c08a

Cuando cruzaba la calle, la dama debería subir ligeramente la falta con su mano derecha, para no tropezar. Levantar el vestido con ambas manos era considerado vulgar y sólo podía excusarse si tuviera que salvar un desnivel, el pavimento estuviese mojado o si hubiera barro.

Caminar por la calle con un vestido que arrastre por la acera es un síntoma de muy mal gusto por parte de la dama que lo usa. Los vestidos para caminar por la ciudad deben ser vestidos cómodos y sencillos.

 Una verdadera dama caminará tranquila, sin fijarse en los demás, ni prestar una atención exagerada a lo que pasa a su alrededor. Tampoco buscará atraer la mirada de otros transeúntes, sobre todo la del sexo opuesto, aunque si deberá responder a las cortesías con un saludo cortés y a los saludos de amigos y familiares con gentil amabilidad.

Mover los brazos mientras se camina, comer por la calle, jugar con la sombrilla balanceándola, abrirse paso a empujones, hablar en voz muy alta, susurrar delante de otras personas o reír a carcajadas eran comportamientos que dejaban en evidencia la educación de cualquier dama.

b1c42a44dbd263c9f8af4744fa962a76

 Fotografías Pinterest y rbkclocalstudies.wordpress.com

Pintoras victorianas ilustres (y casi desconocidas) Gwen John

Gwen John

Self-Portrait 1902 by Gwen John 1876-1939

“She takes down my hair and does it like her own … she has me sit as she does, and I feel the absorption of her personality as I sit” J. Foster, modelo

La pintora de las “mujeres sentadas”, como se conoce a esta pintora galesa, tuvo que esperar a su arte fuera reconocido casi 50 años después de su fallecimiento, ya que durante su vida fue eclipsada por su hermano Auguste John, importante representante del post-impresionismo en el Reino Unido.

Hija de un abogado de severo carácter  y de una madre, acuarelista aficionada,  cuya enfermedad hizo que dejara el cuidado de sus tres hijas en manos de sus hermanas, su infancia estuvo marcada por la temprana muerte de su madre y la fervorosa religiosidad de sus tías.

woman-sewing-at-a-window

Desde muy joven mostró especial inclinación por el dibujo y apoyada por su hermano Auguste  decidió a ir a la Slade School of Art, la única escuela de arte en Gran Bretaña que permitía que las mujeres asistiesen a sus clases, aunque siempre separadas de los hombres, tanto en las clases como en cualquier otro espacio de la escuela.

Siempre a la sombra de su hermano, el atractivo y talentoso Auguste, Gwen desarrollaba su talento, e incluso su vida lentamente. Su carrera era un reflejo de su carácter retraído y tímido.

Expone sus obras por primera vez en 1900, en el New English Art Club, pero sus circunstancias personales y su falta de medios económicos la obligan a pasar penurias que cambiarían cuando decide viajar a París.

Con sus útiles de pintura como único equipaje, Gwen llega a París donde consigue trabajo como modelo para pintores y escultores. En uno de sus posados conoció al gran amor de su vida, el escultor Auguste Rodin, con el que vivió una apasionada e intermitente historia de amor durante cerca de 10 años.

A Lady Reading by Gwen John

La angustiosa relación con el pintor, mucho mayor que ella, y que siempre deseó una relación abierta y no tradicional, la condujeron a una crisis espiritual que la llevó a refugiarse en el catolicismo.

La obra de Gwen John es de algún modo el reflejo de su vida: sus 158 pinturas son principalmente mujeres anónimas en actitud serena, casi siempre sentadas con las manos en su regazo, transmitiendo casi una sensación de tristeza, de cierto misterio, de sentimientos encontrados luchando por salir a través de una mirada desafiante.

También pintó paisajes, interiores  y naturalezas muertas.

Además conservamos sus cuadernos de apuntes, donde aparecen sus impresiones sobre la naturaleza, el color y varios bosquejos, entre ellos muchos de gatos, motivo favorito de la pintora.

Eclipsada en su tiempo por la obra y personalidad de su hermano, fue precisamente éste quien predijo que su obra sería mejor entendida por las generaciones futuras que por sus contemporáneos,el punto de que en el futuro él sería conocido como el hermano de Gwen John.

 the-convalescent-1924

Muñecas de madera: Stump y Peg Dolls

Hace unas semanas en una visita a Lisboa descubrí uno de los lugares más curiosos que he conocido el Hospital de Bonecas de Lisboa. Esta tienda/taller fundada en 1830 se encuentra en la Praça da Figueira, en pleno centro de la capital portuguesa y en cada uno de sus rincones guarda pequeños tesoros de nuestra infancia pero también valiosos ejemplares de muñecas antiguas, pequeñas obras de arte que tuve la suerte de admirar en una visita privada guiada por la encantadora Manuela.

hospital-de-bonecas

Si quieres saber más del Hospital de Bonecas lisboeta, pincha en el enlace de mi blog Mi Casita de Papel, donde aparecen las fotografías que amablemente me permitieron tomar de sus estancias, talleres y muñecas.

En esta visita por la exposición permanente de muñecas pude contemplar ante mí más de un siglo de la historia de las muñecas quedándome fascinadas con las más antiguas, de composición y material más simple, pero de una belleza histórica sin comparación.

cat-1076_080-=-082

En estas fechas en las que los medios de comunicación nos bombardea con las muñecas más modernas, quizás sea un buen momento para retroceder en el tiempo y recordar unas muñecas más modestas hechas de madera, con rasgos pintados a mano y vestidos sencillos, compañeras de juegos donde la imaginación tenía un papel predominante: las Poupards, las Stump Dolls y  las Peg Wooden Dolls.

Aunque en las familias siempre se utilizaron piezas de madera para crear juguetes para los más pequeños, las primeras muñecas de madera comercializadas en Alemania e Inglaterra, fueron las Stump Dolls o muñecas-palo. Como podéis ver en la imagen estas muñecas eran bastante toscas, hechas de una pieza y talladas en un único bloque de madera, con pequeños agujeros para ojos, nariz y boca, que se pintaban en colores sólidos. Incluso la ropa era pintada, creando con la combinación de colores encajes y estampados florales sencillos.

TSTUMP

A estas muñecas le siguieron las Poupards, fabricadas originariamente en Alemania. Muy parecidas a las stump, estaban hechas de una sola pieza de madera y aunque no tenían piernas, habitualmente tenían brazos no añadidos sino tallados, aunque curiosamente las figuras con brazos sólo representaban a adultos.

Las antiguas muñecas tradicionales Kokeshi japonesas, tan de moda en sus reinterpretaciones actuales, son realmente stump dolls de una sola pieza o de dos piezas, un cilindro para el cuerpo, sin extremidades,  y, dependiendo del artista, con un trozo de madera tallada en forma de esfera para la cabeza, con los rasgos finamente pintados.

vintage japanese dolls

Pero si hubo unas muñecas realmente apreciadas, cuyo éxito de producción se mantuvo hasta la primera mitad del siglo XX, estas fueron las Peg Wooden Dolls. Su nombre proviene de la similitud de las piezas que formaban las extremidades de la figura y,  que se unían la parte principal del cuerpo,  con unas pinzas de tender la ropa.

Curiosamente las Peg Dolls también eran conocidas como Dutch Dolls, nombre que provenían de una confusión con su palabra de origen y el país desde el que se exportaban a Inglaterra.

Estas bonitas muñecas hechas de madera eran fabricadas en Alemania, de ahí su nombre Deutsch dolls, pero llegaban a el Reino Unido desde los puertos holandeses. La confusión entre deutsch (alemán, en lengua alemana) y dutch (holandés en lengua inglesa) crearon una terminología equivocada para denominarlas.

peg4

Su mecanismo de fabricación era muy simple: una pieza de madera, tallada de manera muy estilizada y con una cintura muy marcada formaba el tronco, desde las piernas hasta el busto. Las extremidades estaban formadas por dos piezas unidas al tronco por una cavidad que se realizaba a la altura de los hombros y de los muslos. Cada una de las extremidades tenían dos partes con capacidad de ser articuladas; en los brazos a la altura del codo y en las piernas en las rodillas.

La cabeza era un pieza que se unía al tronco desde la parte superior del busto, con un cuello largo y delgado, era pequeña, redonda y carecía de orejas.

Gliederpuppe

La madera se pintaba de pintura lacada color carne. Cuando secaba se pintaban los rasgos de la figura: expresivos ojos, habitualmente de color azul, con los párpados y las cejas oscuros, finos y marcados para resaltar su expresividad; la boca pequeña, con los labios dibujando un corazón y de color rojo intenso. El toque final lo daban unas mejillas sonrosadas a modo de coloretes.

Para simular el cabello se grababan unas incisiones leves en la madera que posteriormente se pintaban de colores oscuros. El estilo de peinado era un recogido, en un moño o con una peineta, normalmente retirado de la cara, o con unos suaves tirabuzones enmarcándola, pero casi siempre dejando una ancha frente al descubierto. Para simular la nariz, se pegaba sobre la incisión previamente hecha un trozo triangular de madera. No tenían orejas.

6a00d8345159f569e201156f67f434970b-800wi

Las manos solían tener pulgares, pero no dedos, aunque con el tiempo la técnica se fue perfeccionando añadiendo más detalles.

El torso era amplio, con cintura muy delgada y caderas planas. Las piernas se tallaban como palos largos, con muslos sin formas, pantorrillas redondeadas y tobillos esbeltos y elegantes.

La parte inferior de las piernas se pintaban de blanco o colores claros para simular medias y la planta del pie y sus dedos se pintaban con una línea gruesa de colores vivos a modo de zapatos.

En su espalda, cada muñeca llevaba escrito a mano, en tipografía de estilo germano,  su nombre, origen y fecha de fabricación.

tuck

Aunque de todas las Peg Dolls, la que más éxito tuvo fue una versión modernizada de las muñecas alemanas denominada Tuckcomb Doll. El nombre de esta muñeca provenía de su rasgo más característico: la peineta con la cual sujetaba su pelo en un moño bajo.

Esta peineta era un saliente tallado en la parte superior de la pieza de madera redonda que formaba la cabeza; no era un añadido, sino que formaba parte de la pieza. La peineta se pintaba de colores muy vivos, con predominancia del amarillo dorado para contrastar con la pintura negra que decoraba los cabellos.

La Tuckcomb Doll más famosa fue Angelita, muñeca de fabricación estadounidense hecha por la empresa S. Smith, que con su producción y el posterior éxito de ventas, plantó cara a los fabricantes alemanes, que hasta ese momento tenían la hegemonía en la fabricación y comercialización de este tipo de muñecas. Cada Angelita llevaba cosida a su ropa una etiqueta con su origen y fecha de fabricación.

cat-1066_017Estas muñecas, además del signo distintivo de su broche para el pelo, tenía un peinado con pequeños caracoles sobre su frente, accesorio y peinado muy del gusto de la época. Los pies ya no eran planos sino que presentaban pequeños tacones y la pintura que simulaba los zapatos dejaba de ser negra para combinar con la ropa.

Estas Peg Dolls iban a la moda, con elaborados vestidos, encajes y muselinas, que representaban vestuario urbano, rural o el más lujoso de la alta sociedad con caros apliqués. Además se adornaban con joyas como collares y pendientes, e incluso pequeñas diademas o coronas.

dolls

Además las Peg Dolls se fabricaban en varios tamaños , que podían ir desde los 43 centímetros, las más grandes, hasta las diminutas pegs de tan sólo 1.5 centímetros.

dollsa

Pero si en algún lugar las Dutch Dolls serán siempre recordadas y seguirán vivas en la imaginación de todas las generaciones, pasadas y venideras,  será en las ilustraciones de Florence Kate Upton, la cartoonist americana de origen británico.

Basado en un juguete infantil que su tía Kate rescató del ático, Florence dio vida en modo ilustrado al protagonista del libro de cuentos escrito por su madre Bertha Upton, titulado The Adventures of Two Dutch Dolls and a Golliwogg. Publicado en las Navidades de 1895 fue todo un éxito y convirtió a las pegs dolls en protagonistas de esta simpática historia , que os recomiendo conocer estas fiestas.

page53

Desde La Casa Victoriana, os deseamos unas Navidades llenas de felicidad.

Snowman

Cosmética Victoriana

“The number of languid, listless and inert young ladies who now recline upon sofas is  a melancholy spectacle; it is but rarely that we meet with a really healthy woman

The Women of England, Elizabeth Ellis

Durante el Romanticismo, las mejillas sonrosadas naturales o fruto del maquillaje dieron paso a una moda donde una enfermiza palidez se convirtió en un extaño sinónimo de belleza juvenil.

Si una joven no era lo suficientemente afortunada para mostrar en su cara los síntomas de haber sufrido por amor, lo cual se consideraba un aspecto glamuroso, estaba dispuesta a hacer cual cosa para conseguirlo, desde beber vinagre para procurarse una palidez sepulcral, a pasar las noches en vela sollozando con poemas de amor. Además podía conseguir una mirada ligeramente ausente poniendo unas gotas de belladona en sus ojos. Esta planta recibía su nombre por su capacidad de proporcionar una imagen bella de la mujer, dilatando sus pupilas, limpiando la mirada y dotándola de un aire poético y romántico.

Los efectos secundarios de la belladona eran devastadores, causando ceguera y parálisis. Otras sustancias utilizadas para la piel y los labios , como el óxido de zinc, el mercurio, el antimonio y el sulfuro de plomo eran utilizadas en productos de belleza , provocando graves problemas de salud a largo plazo.

Desgraciadamente, el aire ausente y supuestamente romántico que les proporcionaba a las jóvenes llegó a estar tan de moda, que cualquier riesgo era pequeño comparado con el glamour de un aspecto enfermizo y de deliberada tristeza.

Jane Austen, siempre adelantada a su tiempo, marcó un antes y un después en la nueva imagen de la mujer con la descripción admirativa que Mr Darcy hacía de Lizzie Bennet, donde destacaba su naturalidad, su frescura y su aspecto saludable después de su caminata de casi tres millas en Orgullo y Prejuicio, sugiriendo que no había nada mejor para el aspecto de una mujer que el aire libre y el ejercicio.

Esta mujer tenía una tez sonrosada, un aspecto natural y una expresión risueña, incluso un poco infantil. Una belleza saludable muy alejada de la palidez enfermiza.  Según los nuevos manuales de belleza, una mujer bonita debía mostrarse tal y como era, ya que las pinturas y ungüentos sólo servían para estropear sus rasgos naturales; una mujer bella no necesitaba en absoluto del maquillaje para agradar.

Pronto, como en todas las modas, apareció un icono de belleza que era un compendio de todas esas virtudes: Miss Maria Foote, una actriz más reconocida por su aspecto y su apariencia que por sus méritos artísticos.

Miss Maria Foote, actriz

La rígida moral victoriana comenzó a asociar el maquillaje como un signo de vulgaridad propio de cortesanas y prostitutas, y por ese motivo, ninguna mujer que se considerase elegante y decente debía utilizarlos.

Para tratar de disimular sus imperfecciones y mostrar un rostro fresco, de piel de porcelana y mejillas rosadas, las mujeres comenzaron a acudir a los remedios y productos naturales. Los kitchen gardens, o huertas caseras, proporcionaban todo lo que una joven necesitaba: lavandas, rosas y lirios para obtener agua de perfume, almendras para extraer su aceite, cera para amalgamar los preparados y conseguir nutritivas cremas, limones mezclados con clara de huevo o crema de leche y azúcar como exfoliantes y purés de pepino para obtener mascarillas.

Lola Montez, más tarde Condesa de Lansfeld, c.1836

Y de nuevo, esta nueva corriente de belleza natural estaba representada por un nuevo modelo al que imitar, Eliza Rosanna Gilbert, actriz y bailarina irlandesa, famosa por sus actuaciones como bailarina española con el nombre artístico de Lola Montez. La artista, más conocida por sus escándalos en las cortes europeas que por su calidad interpretativa, poseía 26 de las 27 características consideradas esenciales por los manuales de belleza de la época, para tener una belleza perfecta, las llamadas three times nine.

Pero la misma sociedad victoriana que animaba a las mujeres a dejar su cara limpia de maquillaje, convirtió la fabricación y venta de cosméticos en un floreciente negocio que proporcionaba un sinfín de beneficios a empresas y particulares, que se anunciaban en prestigiosos periódicos y revistas.

Ninguna mujer decente reconocería su uso, pero el ansia por estar atractivas las llevó a usar pociones y pomadas que les proporcionaban discretamente sus médicos o boticarios, con formulaciones propias, o bien adquirían a compañías británicas o extranjeras cuyos productos eran enviados por correo.

Mujeres de todas las edades no dudaban en probar todo tipo de cremas, sin garantía médica y que los avariciosos fabricantes comercializaban sin ningún tipo de prueba previa. Sustancias como el arsénico, el mercurio o el bismuto pasaron a ser ingredientes destacados de todo tipo de lociones de belleza, y, a pesar de que muchos médicos avisaban de los peligros de parálisis facial, amarilleo y acartonamiento de la piel, pocas eran las que abandonaban su uso. Cualquier riesgo era mínimo ante el objetivo de estar atractivas en todo momento.

A mediados del siglo XIX,  la cruzada pública – que no privada – contra el maquillaje era más intensa que nunca. Se defendía una imagen femenina sin rastro de crema o pintura y un aspecto saludable, casi rollizo. La imagen fresca y aniñada fue sustituída por una más modesta y fácil de ser copiada: la de una dama no tan joven, que irradiaba salud y la felicidad que le proporcionaba el cumplimiento de sus deberes conyugales y familiares.

Al más puro estilo de la Reina Victoria, paradigma de la auténtica dama y modelo a seguir por los victorianos, las mujeres como Madame Montessier representaban perfectamente esta idea.

Madame Montessier, pintada por Ingres

Esta prohibición moral del uso de la cosmética y el deseo de obtener la belleza que la genética no había proporcionado fuera cual fuera el precio a pagar, hizo que embacaudores y charlatanes se aprovecharan de las damas cuyo máximo deseo en la vida era estar radiante para lograr un matimonio ventajoso, o en todo caso, un marido.

Una de las consejeras de belleza más famosas de la época fue Madame Sarah Rachel Leverson, más conocida como Madame Rachel. Su salón estaba en el número 47 de New Bond Street y por ella pasaban las damas más destacadas de la sociedad londinense. Su método de venta directa, sin intermediarios, proporcionaba a las damas productos supuestamente milagrosos, elaborados según formulaciones propias, además de consultas personalizadas para aconsejar a las damas sobre cuáles eran los tratamientos más adecuados para cada necesidad.

A su salón llegaban acaudaladas damas, en lujosos carruajes y cubietas con tupidos velos para no ser reconocidas – no olvidemos que una dama bella por naturaleza no necesitaba artificios para brillar y que además la cosmética era cosa de mujeres mundanas.

Se decía que entre sus más destacadas clientas de estaban la Reina Victoria y la Empreratriz Eugenia de Francia. Fuera cierto o no, Madame Rachel alentaba los rumores para dar más popularidad a su negocio y poder cobrar precios desorbitados por productos con nombres exóticos, que no pasaban de ser agua perfumada o cremas inocuas, en el mejor de los casos, o productos altamente tóxicos en otros.

Pero el verdadero negocio de esta mujer no estaba en la venta de cosmética: sibilinamente se aprovechaba de la ingenuidad de sus preocupadas clientas para que les contara secretos íntimos, chismes de la sociedad y cualquier hecho del que ella pudiera sacar provecho mediante un posterior chantaje.

Ninguna de las damas acudía a la policía por miedo a que su secreto fuera revelado y a ser víctima de la burla pública por acudir a una consejera de belleza. Todas cedían al chantaje de la mujer que les había prometido que con su ayuda serían Beautiful For Ever, como rezaba el eslogan de su negocio.

Fue finalmente la viuda de un oficial del ejército indio, a quien Madame Rachel había enredado para que se carteara con un aristócrata inglés, presuntamente enamorado de ella, quien la denunció, al descubrir el engaño, verse expuesta al escarnio público y  privada de la herencia que le correspondía.

El reinado del fraude de los productos de belleza supuestamente exóticos y carísimos, que prometían milagros de belleza en pocas semanas, terminaba con un escándalo de chantajes y mentiras, cuya cabeza visible fue Madame Rachel y su negocio.

O quizás nunca terminó, sino que se fue reinventando a lo largo de los siglos hasta nuestros días y otras Madame Rachel siguen ganando dinero a costa de crear inseguridades femeninas.

La época Victoriana no está tan lejana…

La fuente de gran parte de esta entrada en un interesante librito sobre el uso de la cosmética desde el siglo XVI hasta los años 50, escrito por Sarah Jane Downing y editado por Shire Library. Ameno, fácil de leer y profusamente ilustrado con iconos de belleza de todas las épocas.

Podría segurar casi al 100% que no está editado en español, pero merece la pena disfrutar del trabajo de Downing en su edición original.

The Country Flowers of a Victorian Lady

I wonder if the snap is stirring yet,
If wintry birds are dreaming of a mate,
If frozen snowdrops feel as yet the sun
And crocus fires and kindling one by one
Christina Rosetti

Suguiendo el hilo argumental e ilustrativo de la entrada anterior, dedicada a Edith Holden y sus cuadernos sobre la naturaleza, me gustaría recibir en nuestro blog a Fanny Robinson cuyo Libro de Recuerdos victoriano, merece una especial mención por la belleza de sus pinturas y lo escogido de la poesía que las acompaña.

Algunos años después del descubrimiento de los cuadernos de Mrs Holden, los descenciendes de Fanny Robinson dieron a conocer un manuscrito ilustrado, datado alrededor de 1840 por esta acuarelista aficionada británica. Este Book of Memory fue recopilado y reproducido en modo facsímil bajo el título The Country Flowers of a Victorian Lady, y además acompaña las exquisitas reproduciones de flores y otros motivos, con extractos de poemas de Shakespeare, Keats y otras rimas de famosos poetas y poesía popular.

La edición que tengo, y en la que basaré esta entrada,  es la exquisita edición inglesa publicada por Apollo Publishing en 1999, en tapa dura, que combina las reproduciones de las acuarelas y escritos a mano por Ms Robinson con los utilísimos comentarios de Gill Saunders, conservadora del departamento de dibujo y pintura del Victoria and Albert Museum de Londres, interpretando cada una de las ilustraciones y símbolos dibujados por la autora.

flores 5

Pero, ¿cuáles son las diferencias entre los libros de Edith Holden y el de Fanny Robinson? Aunque a primera vista parezcan muy similares, las disimilitudes son evidentes.

Miss Holden elaboró una recopilación de anotaciones de los ciclos naturales y un estudio de botánica, complementado con rimas y poemas escogidos por la propia autora. El cuaderno de Fanny Robinson es un Book of Memory, un Libro de Recuerdos, donde la naturaleza es sólo un recurso y un hilo conductor para expresar un sentimiento, para hilvanar un recuerdo dedicado a un ser amado. The Country Flowers of a Victorian Lady no tiene afán didáctico ni de divulgación, es simplemente una obra personal donde las flores cumplen una función decorativa y de transmisión de sentimientos no una función científica.

flowers 3Esta obra, realizada por la autora aldededor de los 40 años, no fue concebida para ser publicada ni interpretada por nadie más que el destinatario o destinataria del libro, ya que se planeó como un homenaje para una persona muy querida para ella. La alusión a esa persona siempre aparece nombrada como “you” y nunca por su nombre de pila;  tampoco hay una pista semántica que nos pueda desvelar su género, lo que hace que la incógnita de si la persona a quien está dedicado sea hombre o mujer no pueda ser despejada. Las muestras unas veces de cariño, otras veces de de amor, dedicadas a través de los poemas escogidos, hacen que dudemos si se trata solamente de un amigo,  amiga o de un amante.

Algunos datos, nunca contrastados, hacen pensar que la persona a la que se refiere murió en un accidente de caza y esa muerte causó un profundo pesar en Fanny. Los sentimientos desprendidos de los poemas hablan de temprana amistad, de nostalgia, de tristeza, pero también de momentos inolvidables; pero sólo la autora sabe la verdad de sus intenciones.

flores 4Las acuarelas, además de realizadas con una técnica impecable y de una belleza incostestable, son un estudio naturalista digno de mención. La ilustradora, artista aficionada, acostumbra a enmarcar sus dibujos con elaborados bordes de filigranas o con diseños que recuerdan a los libros medievales iluminados, donde destaca la letra mayúscula del inicio de la frase.

En todas y cada una de las ilustraciones, además de las flores, aparece una pequeña ilustración de una casa, una torre, un bosque, un paisaje a modo de pista,  probablemente relacionado con la elección de la flor y del poema. Un lugar importante para la autora y para la persona para quien fue escrito el libro.

flores 1

Pero además, Fanny dejó otra pista importante para descifrar sus sentimientos: las propias flores. Es bien conocida la afición que tenían los victorianos por la interpretación de lo que ellos llamaban el lenguaje de las flores. En el libro aparecen una serie de secuencias de diferentes estaciones o creando un bouquet. Ello no es fruto del azar sino que parece tener un hilo argumental, refrendado por la elección de los poemas.

Desgraciadamente no sabemos que libro del Lenguaje de las Flores conocía Fanny Robinson.

flores 2

Aunque el más famoso era Le Langage des Fleurs de Charlotte de la Tour, había otras versiones muy populares; la interpretación del significado de las diferentes flores cambiaba según cada una de las ediciones e incluso las tradiciones de cada uno de los condados ingleses, lo cual sigue complicando la interpretación del libro.

Más de un siglo después, la belleza del libro sigue inalterable, pero su verdadero significado sigue siendo un misterio, que le añade un maravilloso atractivo a este Book of Memory.

The Country Flowers of a Victorian Lady. Edición de 1999 de Apollo Publishing con introducción y comentarios de Gill Saunders, Conservadora de Dibujo y Pintura del Victorian and Albert Museum de Londres. Creo que actualmente está descatalogado, aunque se puede adquirir de segunda mano en magníficas condiciones a precios muy asequibles en librerías británicas on line.

En 2002 y 2003 se ousieron a la venta en las librerías españolas calendarios con las ilustraciones del libro.