Reina Victoria: curiosidades

Antes de comenzar esta entrada me gustaría dar las gracias a todos los seguidores de La Casa Victoriana, a los que nos siguen en las Redes Sociales y especialmente a los que nos seguís en la web, por vuestra fidelidad y paciencia, ya que los artículos no son publicados con mucha asiduidad.

La Casa Victoriana es una idea original mía y, a veces, falta tiempo para poder elaborar los artículos y publicar algo que realmente me parezca interesante para compartir con todos los victorianos del siglo XXI que me seguís.

Para compensar, os dejo esta entrada especial sobre curiosidades de la Reina Victoria, sobre algunas de las cuales ya he hablado en la página de Facebook pero que aquí están más ampliamente documentadas. Espero que esta publicación sea de vuestro agrado.

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La Reina Victoria: Curiosidades

Pocas reinas han pasado a la historia con una historia y una leyenda que sobrevive a los siglos como la Reina Victoria.

Todo en ella, desde su personalidad a su incondicional amor por el Príncipe Alberto, a su reinado con todas las circunstancias sociopolíticas y económicas que se sucedieron durante sus años al frente de Gran Bretaña han pasado no sólo a la historia sino también a la imaginería popular, creando no sólo un personaje histórico irrepetible, sino una personalidad que sigue fascinando a personas de todas las culturas y edades.

Hoy en La Casa Victoriana queremos contar algunas anécdotas de una reina que dio su nombre a toda una época: la victoriana.

El vestido de novia de Victoria

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Vía Pinterest

Nunca antes un vestido de novia fue tan comentado ni tan imitado, no sólo en su estilo sino en su simbología: desde los bordados hasta el color.

Victoria escogió para su vestido el color blanco, algo bastante inusual en las novias de la época. A partir de ese momento fueron muchas las novias que optaron por el blanco para sus vestidos de novia como imitación a la elección de la monarca, pero Victoria no fue ni la primera novia en usar ese color, ni siquiera la primera novia real en hacerlo. Como curiosidad apuntaremos que uno de los primeros registros históricos de novias reales vestidas de blanco es el de Philippa de Inglaterra en 1406.

El vestido de Victoria fue confeccionado en satén blanco fabricado en Spitalfields, en el distrito del East London (zona conocida por su industria textil especializada en seda, y, posteriormente al declive de la industria textil, por ser una de las zonas más peligrosas de Londres).

El encaje era un maravilloso encaje de Honiton, una localidad del condado de Devon conocido por su confección de encajes, diseñado por William Dyce, elaborado a mano con la técnica de encaje de bolillos. Una de las señas de identidad de este encaje eran los elementos de la naturaleza, especialmente hojas y flores. La cola del vestido medía 5 metros y medio de largo.

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Fotografía en la que se puede apreciar el magnífico trabajo del encaje de Honiton. Ver créditos al final del artículo.

Esta elección de Victoria no fue casual. Con la elección de un vestido confeccionado por completo en Inglaterra, con tejidos fabricados en el país estaba expresando su apoyo a la industria y comercio del país. Victoria hubiera podido, como otras novias reales, escoger al mejor modisto francés y llevar los más delicados encajes de Bruselas y las más exquisitas sedas francesas, pero prefirió honrar a la industria de su país, con un vestido que no desmereció en absoluto al de otras novias reales.

Curiosamente, Victoria no usó ni corona ni tiara en su boda; su elección fue una sencilla guirnalda hecha con flores de naranjo, como símbolo de la fertilidad, que sujetaba su velo de 3 metros y medio de largo y casi un metro de ancho. En el pecho llevaba prendido un ramillete de las mismas flores.

Las joyas usadas por la reina fueron un broche de zafiros, regalo del Príncipe Alberto, pendientes y su collar turco de diamantes.

Sus zapatos no fueron unos zapatos franceses recargados, sino unas preciosas zapatillas de fabricación inglesa, de seda blanca, al estilo de las zapatillas de ballet, con cintas para anudarlas en las piernas.

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La dieta de Victoria

No es ningún secreto el amor apasionado que la Reina le dedicaba al príncipe Alberto. Estar perfecta para su amado era una de sus obsesiones, y una de sus prioridades era mantener la línea y no engordar para poder lucir los bellos vestidos que las modistas de palacio cosían para ella.

Aunque Victoria siempre comió de una manera ligera y frugal, a causa de su trabajo y de su eterna preocupación por su figura, los sucesivos embarazos no le permitían mantenerse en su peso ideal, por lo que la dieta comenzó a ser una obsesión para ella.

Pero ese control por el peso desapareció con la muerte del Príncipe Alberto. Liberada de la esclavitud de las básculas y los corsés, la reina depositó toda su tristeza y frustración en la comida, convirtiendo ésta en un sustitutivo de su amor perdido. Uno de sus platos favoritos era la cabeza de jabalí con áspic, que los cocineros de palacio preparaban con mimo para el Príncipe Alberto, ya que era su preferido.

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Aspic de cabeza de jabalí al estilo victoriano. Personalmente no lo encuentro nada apetecible, pero  Victoria y Alberto no serían de la misma opinión. Vía Pinterest

Además, después de años de restricciones alimentarias, la reina descubrió los placeres de la comida, no sólo inglesa, sino de nuevos sabores como los proporcionados por los sirvientes hindúes de palacio, con especias como el curry, que la Reina adoraba.

Esto hizo que la monarca comenzara que a sumar kilos convirtiéndose en la mujer oronda que aparece en las fotografías de sus últimos años. Los invitados a palacio comentaban la gula de la Reina, que pasaba de un plato a otro prácticamente sin darse un respiro, y como, cuando terminaba la comida y el postre, todavía pedía “algo” para terminar, como frutas o una tabla de quesos.

De acuerdo con lo expuesto en el libro The Greedy Queen de Annie Gray, un menú habitual de la Reina consistía en los siguientes platos, con sus diferentes variaciones:

Desayuno

Chuletas de cordero y patatas
Pan, tostada, bizcochos y “spread” (que podía consistir en mantequilla, crema de queso, mermelada, gelatina, patés u otras cremas y salsas para acompañar el pan y los bizcochos)

Almuerzo

Chuletas de cordero, espárrago y ave (de corral, como pollo o pavo o de caza, como perdiz o codorniz, servida fría)
Arroz con leche y canela
Compota de fruta

Cena

Huevos hervidos y un consomé de pollo
Lenguado gratinado y pescadilla frita
Rosbif y capón con espárrago
Vol-au-vents con salsa bechamel y huevos a la plancha
Flan de albaricoque
Gofres con nata

Tentempié para antes de acostarse

Fiambres y tartas
Fruta fresca

Pero si había un momento culinario que la reina adoraba, por encima de cualquier otro, este era el de los postres. Victoria amaba las tartas y las preparaciones de pastelería casi tanto como a su reino, y una ración, ni dos, eran nunca suficientes para saciar su apetito por lo dulce. Estos eran sus postres favoritos:

Jalea de vino
Crema de vainilla
Bizcochos
Vol au vent de cerezas
Rosca de Chantilly
Torta alemana
Cestas de golosinas de azúcar (frutas escarchadas y otras delicatessen azucaradas)
Turrón
Fruta fresca

Osborne House en la Isla de Wight

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Osborne House fue la mansión de vacaciones de la reina Victoria y su querido príncipe Alberto. Antes de escoger Balmoral como residencia vacacional, la familia real, por expreso deseo de la reina, pasaba las navidades y los veranos en la preciosa Osborne House.

Esta casa fue también el refugio de la reina a la muerte de Alberto, y se cuenta que sus paredes fueron testigo del amor de madurez de la monarca y su sirviente indio Abdul, el hombre que pasó de las cocinas y la servidumbre a ser la mano derecha de la reina, provocando la desconfianza del resto de la familia real que veían como el joven indio influía en las decisiones de la reina más de lo que era deseable.

La terraza y los jardines estaban en estado de semi-abandono, hasta este año en el que han gastado 600,000 libras en una renovación integral, y podrá ser visitada por el público.

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La gran terraza fue construida siguiendo un diseño personal del Príncipe Alberto, y la fuente Andrómeda, que ocupa el centro del jardín, fue mandada traer a la isla por la reina de la Great Exhibition de 1851.

Como curiosidad, una de las plantas más destacadas del jardín es un gran mirto (o arrayán) que fue un regalo de la madre del príncipe Alberto y que éste plantó en los jardines de Osborne House. Este mirto fue usado para confeccionar el ramo de novia que Kate Middleton llevó el día de su boda con el príncipe William.

El scrapbook de Victoria

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Vía Pinterest

La técnica del scrapbook era un pasatiempo al que los victorianos eran especialmente aficionados. Los álbumes no sólo demostraban la pericia y creatividad de las jóvenes victorianas, sino que implicaba dominar varias habilidades más, como el bordado, el secado de flores, la conservación de hierbas aromáticas, la caligrafía, el colecccionismo de pequeños detalles, la técnica del decoupage…

Los álbumes de scrapbook se convertían en algo más que un diario siendo casi pequeños tesoros llenos de recuerdos que nos mostraban los gustos, comportamientos y sentimientos de las jóvenes de una época. Si la joven protagonista del scrapbook en cuestión era la Reina Victoria, entonces nos encontramos con un documento de gran valor histórico.

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La institutriz alemana de la joven Victoria elaboró durante años un álbum lleno de recuerdos de la niñez de la Reina; este álbum era una de su posesiones más preciadas y está realizado con sumo gusto y cuidado, representando cada una de las etapas de su querida pupila. Este trabajo es un testimonio histórico no sólo de la niñez y juventud de la reina, sino de la especial relación que tenía con su institutriz.

El álbum está formado por postales, recortes, mechones de pelo, trozos de tela de sus vestidos más representativos, cartas, flores secas y un sinfín de pequeños y especiales recuerdos, entre los que destacan las primeras acuarelas pintadas por Victoria.

Este scrapbook fue subastado en Berlín por un precio que ronda los 70.000 euros.

 

Los regalos de la Reina Victoria a sus soldados

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Vía Pinterest

A la Reina Victoria le gustaba saber cómo se sentían los ciudadanos de su país e mostrarles que su reinado era un reinado de servicio al pueblo y no sólo decorativo.

Uno de los colectivos a los que le demostraba mayor cariño era a los soldados del ejército británico, a quienes no dudaba en mostrarles su respeto por el servicio prestado a la corona y a todo el imperio, poniendo en riesgo sus propias vidas.

Ella misma elaboraba pequeños obsequios para os soldados, como las bufandas de lana de la fotografía, que ella misma calcetaba (no las compraba o tenía a otros calentando por ella, sino que lo hacía ella misma) y que enviaba con todo su afecto a los soldados.

A Victoria le encantaba el crochet, y desde niña hacía pequeños complementos para ella y para los suyos. No era extraño ver a la Reina en su casa de Osborne, en sus aposentos privados o en los jardines con sus agujas y su ovillo de lana calcetando y abstraída en sus pensamientos. Para ella era un momento de relax, ajena a los deberes oficiales y familiares.

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Fotografía de una de las bufandas tejidas por la Reina Victoria con su emblema VR sobre ella. Vía Pinterest

Cuando tejió estas bufandas Victoria tenía una edad avanzada y su vista no era buena, por lo que solo fueron entregadas unas 8 bufandas, tejidas por Victoria. Cada bufanda llevaba grabado el emblema VR, Victoria Regina.

La Reina especificó que cuatro de esas bufandas fueran entregadas a soldados británicos y otras cuatro a soldados de las colonias, independientemente de su rango.

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El soldado A. du Frayer del NSW Mounted Rifles usando, con orgullo, una de las bufandas tejidas por la Reina. Vía Pinterest.

Años atrás, una de estas bufandas, que fue entregada a un sargento, fue autentificada y vendida en una subasta a un precio de entre 8000 y 12000 libras; la bufanda se acompañó de su paquete original y de un lote de medallas.

 

Los chocolates de la Reina Victoria

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Lata que contenía el chocolate de regalo. Vía pinterest.

 

Otro de los obsequios de la reina a sus soldados fue una lata de riquísimo chocolate negro enviado en 1900 a los soldados que participan en la guerra de los Boer.
El chocolate hecho en tabletas de onzas gruesas fue enviado en una lata especialmente diseñada para este hecho.
En la lata aparecía un busto de la reina y, por supuesto, su emblema VR. Cada lata tenía una pequeña tableta de chocolate elaborada por la casa proveedora de la familia real desde 1854, Cadburys.

Este encargo por parte de la reina, puso a los hermanos Cadbury, Richard and George, en un dilema, ya que ellos no estaban a favor de la guerra; pero renunciar a la elaboración podría suponer una ofensa a Victoria y que una de las empresas rivales se hicieran con los servicios reales, por lo que pidieron la colaboración de otras dos empresas para elaborar el obsequio de manera conjunta, sin que aparecieran los nombres de ninguna de las tres empresas en la lata. Los tres participantes en el proyecto fueron Quakers, Joseph Rowntree y Joseph Fry.

Se fabricaron 10 latas de chocolate diseñadas por Fry, en dos tamaños diferentes.

Algunas de estas latas aún se conservan y pueden ser adquiridas por los coleccionistas, ¡con el chocolate intacto!

El pastel de boda de Victoria

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Pedazo de pastel de boda de la Reina Victoria. Web de Christie’s.

En 2016, salió a subasta un trozo del pastel de boda de la Reina Victoria que se vendió por 1,500 libras. El trozo de pastel  fue servido en 1840.

El pastel de bodas fue un sencillo bizcocho inglés elaborado con frutas confitadas y frutos secos, que como podéis observar no tiene nada que ver con los espectaculares pasteles de boda actuales. De este pastel se reservaron varios trozos que se guardaron en un estuche conmemorativo y se regalaron a personas escogidas por la propia Victoria.

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Estuche en el que se regaló el pastel, con la fecha y el acontecimiento conmemorartivo grabados. Web de Christies.

Esta rareza fue vendida por el coleccionista de Jersey David Gainsborough Roberts y se ofreció dentro de su estuche conmemorativo original, donde se conservó hasta la actualidad.

Como prueba de esto es realmente cierto os dejo las fotografías del estuche, que se conserva en un casi perfecto estado, y del trozo de pastel, que se conservará en un estado que prefiero no saber, tal y como aparecen en la web de la casa de subastas Christie’s (garantía de que tanto el estuche como el trozo de pastel son auténticos)

 

Sarah Forbes Bonetta, la décima hija de la Reina Victoria

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Imagen de Sarah Forber Bonetta. Vía Pinterest.

Aina, fue una niña africana nacida en Oke-Odan. Después de un ataque de la milicia Dahomeyan, la familia de la pequeña fue atacada. Sus padres y hermanos murieron en el ataque y Aina fue capturada a los 5 años.

Su primer destino fue la corte del rey Ghezo, donde era tratada como una esclava, a pesar de no haber cumplido ni siquiera los 6 años de edad, pero en la corte había otros planes para la pequeña: ser destinada a los rituales de sacrificio humano.

El oficial de la marina británica Frederick Forbes, enviado por la Reina Victoria a las tierras africanas la conoció y convenció a sus captores de que la niña sería un regalo para la Reina Victoria, salvándola de una cruel muerte.

Cumpliendo su palabra, el oficial se la presentó a la reina, quien la adoptó y le proporcionó todas las comodidades de un miembro de la familia real. Además cambió su nombre, por uno que consideró más inglés: Sarah. Sus nuevos apellidos Forbes Bonetta, se decidieron por las circunstancias de su llegada a Inglaterra: Forbes por el oficial que la conoció y Bonetta por el HMS Bonetta, el navío que la trajo a Inglaterra.

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Fotograma de la serie Victoria de la ITV. Vía Pinterest.

A causa de los problemas de Sarah, para acostumbrarse al clima inglés y para completar su educación la reina la envió a Sierra Leona y, una vez terminados sus estudios, a la edad de 12 años, Sarah regresó a Inglaterra, pudiendo así acudir a la boda de Victoria con el Príncipe Alberto.

A pesar de la juventud de Sarah, la reina promovió su matrimonio con el Capitán James Davies, un rico hombre de negocios de Yoruba, con el que tuvo una hija a la que llamó Victoria y de la que la reina fue madrina.
A la muerte de Sarah, la reina de ocupó de todos los gastos derivados de la educación y bienestar de la niña.

 

Los “calzones” de la Reina

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Vía Pinterest

En el año 2016 se subastaron uno de los calzones o bloomers que usó la Reina Victoria en sus últimos años. Esta prenda iba acompañada de una camisa con la que formaba un conjunto de ropa interior. En la subasta, las prendas fueron adquiridas por más de 16,000 libras, el doble de lo esperado por sus vendedores.

La ropa de color blanca, se encontraba con algunas manchas y un ligero color amarillento, no por el uso, ya que al parecer las prendas fueron solamente utilizadas una o dos veces, sino por el desgaste del paso de los años y el efecto de la humedad.

Una de las características de los calzones es que son enormes, pero debemos tener en cuenta que Victoria tuvo 9 hijos, y que aunque siempre estuvo muy orgullosa de su figura menuda, que cuidaba a base de una estricta dieta, a la muerte de su querido Alberto abandonó todos los cuidados y se dedicó a dar cuenta de suntuosas comilonas, lo que le creo un severo sobrepeso, que nunca pareció importarle en absoluto.

Estas prendas llegaron al vendedor por medio de su abuela, que fue una de las asistentes personales de la Reina, ya que era habitual, como veremos a continuación, que Victoria regalara sus prendas íntimas después de su uso.

 

Cuando la Reina Victoria regalaba su ropa interior

 

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Bloomers de la Reina Victoria. Vía Pinterest.

 

La Reina Victoria no usaba su ropa interior más que un contado número de veces. Cuando consideraba que sus bloomers ya no eran adecuados para su uso personal, los regalaba a otras mujeres para que pudieran usarlos. Habitualmente, las destinatarias de la ropa interior de la Reina eran sus ayudantes personales u otro personal del servicio.

Estas prendas no se solían utilizar de nuevo, entre otras cosas porque era difícil encontrar mujeres de la envergadura de la Reina, básicamente porque no tenían la suerte de poder alimentarse de cinco comidas al día con las viandas que se servían en palacio, pero cualquier mujer se sentía muy afortunada por ser la destinataria de este obsequio.

Regalar la ropa interior usada nos puede parecer bastante insólito, pero no en el caso que nos ocupa, ya que se consideraba un inmenso privilegio recibir un regalo de la Reina. Además, debemos recordar que en toda su ropa interior se bordaban las letras VR, Victoria Regina, y, en algunas prendas, además, se bordaba una corona como símbolo de su majestad, por lo que la afortunada que recibía los bloomers tenía un pequeño tesoro real en su humilde casa.

 

Los cuentos de la Reina: The Adventures of Alice Laselles

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Vía Pinterest

 

A la edad de casi 10 años, Victoria Alexandrina escribió su primer cuento completo que fue publicado hace pocos años con una introducción de Jaqueline Wilson.

El libro cuenta la historia de Alice Laselles que es  acusada falsamente de permitir que un gato entre en la escuela sin permiso. Alguien ha atado una cinta roja al gato con el nombre de Alice en ella,  para implicarla en la travesura. Sin embargo, el culpable es descubierto y Alice es declarada inocente.

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El libro incluye preciosas ilustraciones que combinan imágenes restauradas digitalmente de las muñecas de papel hechas por la Princesa Victoria y su institutriz, Baronesa Louise Lehzen, así como aguafuertes de siglo XIX.

El cuento aparece firmado por Alexandrina Victoria.

 

Boy Jones, el chico obsesionado con Victoria

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El joven Edward Jones se convirtió en toda una celebridad en el siglo XIX. No había pub, reunión o periódico en donde no hablara sobre este joven. ¿La razón? Ser uno de los primeros acosadores que se registraron públicamente como “stalkers” y cuya acción se convirtió formalmente en delito policial.

Y, ¿quién fue la destinaria de este acoso? Pues la mismísima Reina Victoria.

El joven Boy Jones, como era popularmente conocido, era un joven introvertido y solitario, no demasiado agraciado físicamente, que vagabundeaba por las calles de Londres. La creencia popular era que trabajaba como deshollinador, pero la realidad era que siempre estaba sucio porque, como él mismo reconocía, nunca se lavaba ¡porque no le gustaba hacerlo!

Su obsesión con Victoria comenzó cuando Jones tenía sólo 14 años. A esa edad entró en Buckingham Palace por primera vez. Aprovechaba puertas mal cerradas, ventanas abiertas o cualquier descuido del servicio para colarse en palacio (debemos tener en cuenta que, en aquella época, no existían las medidas de seguridad actuales). Jones fue atrapado tres veces, pero él mismo confesó que había entrado muchas más.

La primera vez que se coló en palacio su botín fue ni más ni menos que los “bloomers” de la Reina, de hecho, una de las veces que fue atrapado, la policía descubrió con sorpresa que ¡Jones llevaba puesta la ropa interior de la Reina Victoria bajo sus pantalones!

Otras veces lo encontraron plácidamente sentado en el trono de Victoria, uno de sus lugares favoritos para estar cuando entraba en palacio, como él mismo le contó a la policía.

Cuando entraba también solía robar comida de la cocina.

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Irene Dunne interpretando a Victoria

Como en la época el acoso no constituía un delito, y el joven no podía ser condenado por traición, sólo se le acusó de robo y pasó un breve tiempo en prisión. Pero cuando salió volvió a acosar a la Reina. Se le apresó durante meses en un barco prisión y después fue deportado a Australia, de donde regresó al poco tiempo.

Convencido por su familia volvió a Australia, donde terminó sus días.

No hay noticia de que Jones acosara o vigilara a otras mujeres (aunque también es cierto que si lo hiciera probablemente no habría denuncia alguna, sobre todo si la mujer era pobre y vivía en los barrios de la clase trabajadora londinense). Es más, según los estudiosos de la figura del curioso joven, ni siquiera se le conoce un especial interés en las mujeres o una relación con alguna. Para él solo existía Victoria.

Como curiosidad comentar que en 1950 se estreno la película The Mudlark sobre Boy Jones y su relación con la reina. Protagonizada por Irene Dunne, presentaba una versión muy edulcorada de joven y su relación Victoria, relación que realmente nunca existió.

 

El atrevido regalo de Victoria a Alberto

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 The Royal Collection

 

En 1843, con motivo de su vigésimo cuarto cumpleaños, la Reina Victoria le encargó al pintor Franz Xaver Winterhalter, un retrato que salía de lo usual.

No era un retrato oficial, sino un encargo personal para su enamorado.

Durante muchos años este retrato fue conoido como el retrato secreto, no porque no se conociera su existencia sino porque no fue pintado para ser exhibido sino para ser admirado sólo por os ojos de Alberto.

De hecho el retrato podría considerarse muy atrevido ya que Victoria posa muy natural, con un vestido sugerente con los hombros al descubierto (tenemos que verlo desde la perspectiva del siglo XIX) y con su cabello suelto cayéndole sobre los hombros.

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The Royal Collection

Victoria no sólo le regaló este cuadro a su marido; también le gustaba enviarle sus dibujos, especialmente autorretratos con lapiceros, que acompañaban a sus largas misivas. Estos autorretratos son bastante desconocidos para el gran público, y  muestran una de las aficiones favoritas de la reina (recordemos que dibujaba sus muñecas y sus paper dolls con sus vestidos) y una técnica bastante aceptable a la hora de hacer sus dibujos.

 

Las 8 veces que intentaron asesinar a Victoria

 

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Segundo intento de asesinato de John Frances. London News

 

Victoria sufrió 8 intentos de asesinatos; algunos con un trasfondo político, otros con significado social y bastantes llevados a cabo por hombres con enfermedades mentales.

Aunque alguno de sus agresores fue condenado al patíbulo, la misma Victoria condonó el castigo por la reclusión o la deportación.

De todos modos ningún intento de asesinato consiguió que la Reina cambiara sus costumbres ni se dejara amedrentar por la situación, aún a pesar de las súplicas de Alberto y e sus ministros y asesores. La reclusión en palacio por temor a ser asesinada no fue nunca una opción para Victoria que no renunció a cumplir ninguno de sus deberes oficiales ni siquiera durante los embarazos e sus nueve hijos.

La primera vez lo intentó Edward Oxford, en 1840. Victoria estaba embarazada de su primer hijo y recorría en calesa la ciudad de Londres. Se demostró que Edward tenía una enfermedad mental y fue recluido en un manicomio.

La segunda vez y la tercera vez el protagonista fue John Frances en el 29 y el 30 de mayo de  1842. El 29 de mayo pudo escapar y volvió a intentarlo al día siguiente. El hombre fue condenado a la horca, pero Victoria lo perdonó y cambió el castigo a reclusión en una prisión.

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Intento de asesinato de William Hamilton. London News.

El cuarto intento fue obra de John Bean, también en 1842. El hombre que logró escapar de la policía aunque herido fue detenido en su casa familiar esa misma noche. Bean declaró que sólo intentaba llamar la atención y que la pistola ni siquiera estaba cargada con pólvora, sino con tabaco. Fue condenado a 18 meses de trabajos forzados.

William Hamilton intentó matar a la Reina en 1849. Las razones que adujo fueron muy curiosas; para resumirlas diremos que el hombre dijo que estaba cansado de ser pobre y trabajar y deseaba ir a prisión para tener un plato de comida caliente. Fue deportado a Gibraltar.

El sexto intento de asesinato sucedió en 1850 y fue Robert Pate, un antiguo oficial de la armada británica, conocido en los círculos londinenses por su comportamiento errático, rozando en la locura quien disparó a la Reina. Fue deportado a Tasmania.

 

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Roderick Mc Lean en su intento de asesinato a la Reina tal y como recogió el London News

El revolucionario irlandés Arthur O’Connor lo intentó por séptima vez en 1872. Confesó que nunca tuvo la intención de matar a Victoria sino que pretendía llamar la atención sobre la situación irlandesa y los irlandeses encarcelados por sus ideas políticas.

El último intento registrado fue obra de Roderick McLean en 1882. Este hombre con serios problemas mentales fue internado en un manicomio.

 

¡Hasta la próxima, victorianos!

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¡Bienvenido septiembre!

Nuestro calendario de este mes está ilustrado con un cuadro pintado por Federico Andreotti en 1842 titulado las hermanas.

¡Bienvenido, agosto!

Aunque ya lo habíamos compartido en Redes Sociales, nos habíamos olvidado de darle la bienvenida a agosto en la web.

¡Bienvenido julio!

Damos la bienvenida a julio con nuestro calendario, en esta ocasión ilustrado con un cuadro de Thomas Benjamin Kennington, Lady Reading By A Window.

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¡Bienvenido junio!

Damos la bienvenida a junio con un nuevo calendario ilustrado con el cuadro Girl Reading, pintado por Ernst Anders.

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El trabajo en la época victoriana y algunos de los oficios más duros

Las condiciones laborales

No es ningún secreto que con el glamour, la elegancia y la etiqueta de las clases burguesas y aristocráticas victorianas coexistía otra sociedad formada por las clases bajas y trabajadoras. Dos mundos casi opuestos pero tan necesitados uno del otro.

La clase obrera, la mayoría llegada desde el campo o desde la vecina Irlanda (donde la hambruna hizo que se desplazaran familias enteras) , buscaba una vida mejor, malvivía en las ciudades, habitaba en casas insalubres y se dejaba, literalmente, la vida en las fábricas en las que más trabajar eran explotados por sueldos miserables.

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Trabajadores. Vía Pinterest.

Los salarios eran mínimos y las jornadas inacabables, por no hablar de las deplorables condiciones laborales a las que estaban expuestos hombres, mujeres y niños, ya que el trabajo infantil no sólo no estaba prohibido sino que los niños eran mano de obra maleable y barata y los padres no veían mal que un salario más llegara a las empobrecidas familias. De hecho en la época victoriana la mano de obra infantil representaba el 25% de los trabajadores activos en el Reino Unido.

La edad en la que un niño podía empezar a trabajar era de ¡4 años!, y los pequeños de esta edad se dejaban su vida en labores tan duras como el trabajo en las minas. No fue hasta 1833, cuando se prohibió que los menores de 9 años trabajaran en las fábricas y factorías textiles, y 1842 se aprobó que los menores de 10 años no pudiesen bajar al interior de las minas.

En 1847, con el decreto de Ten Hours, se consiguió un gran avance para la época (y hay que entenderlo en su contexto): se prohibía que las mujeres y los niños trabajaran, en cualquier labor, más de 10 horas al día. Esta ley casi revolucionaria para los derechos de los trabajadores, no siempre se cumplía, y dueños de las fábricas solían extorsionar a sus trabajadoras bajo amenaza de perder sus empleos.

 

Aprovechándose de la necesidad, muchos empresarios ni siquiera pagaban un salario a sus trabajadores, sino que daban a los empleados una serie de bonos para que los gastaran sus propias fábricas. De este modo los obreros trabajaban para dejar el fruto de su trabajo en la misma fábrica que los explotaba.

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Obreros en una fábrica de cerillas. Vía Pinterest.

La enfermedad, la pobreza, el analfabetismo y el alcoholismo convivían en los barrios obreros; los accidentes laborales por inhalación de productos tóxicos, por quemaduras o miembros seccionados por las máquinas no estaban contemplados en ninguna ley  y por supuesto no existían ni pensiones, ni ayudas gubernamentales ni subsidios no sólo por desempleo sino por accidentes en el trabajo.

Como curiosidad, apuntaremos que, en cambio, la ley sí permitía multar y sancionar a los trabajadores por los motivos más nimios, por ejemplo silbar mientras realizaban sus tareas.

El Cartismo y las Trade Unions

El Cartismo, movimiento nacido en 1838, emergió como crítica de la actitud de los políticos y las clases más pudientes hacia las clases más oprimidas. Sus reclamaciones llegaron hasta el Parlamento, y, aunque el Cartismo fue perdiendo fuerza hasta casi desaparecer en 1848, sus demandas prendieron en una población harta de ser explotada.

De todos modos las ideas del Cartismo calaron profundamente en la población y podemos decir que fueron el germen del nacimiento de los Trade Unions, los sindicatos de obreros, que inicialmente fueron organizados en los sectores en los que había trabajadores considerados de más alta cualificación: los mineros, los trabajadores del ferrocarril y los ingenieros.

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John Burns hablando en Hyde Park. Vía Pinterest.

Estos sindicatos, cuya fecha de creación podemos situar en torno a 1850, informaban a los trabajadores de sus derechos, y luchaban por unas condiciones de trabajo dignas. A estos colectivos se unieron los trabajadores de los puertos y las trabajadoras de las fábricas de fósforos.

La gran demostración de la seriedad de sus peticiones, y de que su lucha, a favor de clase trabajadora, iba a ser implacable, fueron las largas huelgas de los dockers y de las match girls, en las que no sin esfuerzo, consiguieron importantes mejoras laborales.

 

Algunos de los oficios más duros y peligrosos de la época victoriana

Los Leech Collectors

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Leech collectors. Vía Pinterest.

En el siglo las sanguijuelas eran muy apreciadas con fines médicos y farmacéuticos. Pero para que los doctores tuvieran acceso a ellas debía haber personas que las recogieran. Y estas personas eran las mujeres y niños de las clases más desfavorecidas que se metían en las charcas y los lodazales para capturarlas.

Pero, ¿cómo se capturaban?, pues de la manera más simple: las sanguijuelas se adherían a las piernas y brazos de los recolectores, que a la salida de la charca se las arrancaban y las guardaban en latas y botes. A más sanguijuelas “pegadas” a la piel, más botín para vender.

Evidentemente, las infecciones, las hemorragias y las enfermedades acababan haciendo mella en estos pobres recolectores, cuya esperanza de vida no era muy alentadora.

 

Las Pitbrow Lassies

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Pitbrow Lassies. Vía Pinterest

Este era el nombre con el que se denominaba a las mujeres que trabajaban en las minas cargando vagones de carbón. En las minas trabajaban, muy a menudo, todos los miembros de la familia y las mujeres y los niños no eran excepciones.

Las Pitbrow Lassers continuaron haciendo su trabajo hasta 1842, año en el que se prohibió que las mujeres y los niños bajaran a las galerías.

Una de las razones de la prohibición, aunque pueda parecer extraña, no fue el peligro que suponía para estas mujeres, sino que las mujeres y los hombre no trabajaran juntos en espacios interiores y reducidos, ya que no parecía pudoroso.

Las Pitbrow Lassies se resistieron y continuaron haciendo su trabajo hasta bien entrada la década de los 80.

Los Toshers

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Tosher en las alcantarillas de Londres. Vía Wikimedia Commons.

 

Uno de los peores oficios era el de tosher, cuya ocupación era hurgar en las alcantarillas, en busca de cualquier cosa de un mínimo valor, desde pequeños objetos de metal, botas o zapatos viejos o monedas. Además se encargaban del mantenimiento del deficiente alcantarillado londinense.

Para hacer su trabajo, los toshers caminaban horas y horas entre la basura de la alcantarillas; pero a veces las cosas se complicaban y morían de una enfermedad infecciosa que habían contraído – por ejemplo, la mordedura de una rata -, ahogados por las aguas subterráneas, o si quedaban atrapados en alguno de los túneles, devorados por las ratas. Ser tosher era un trabajo muy peligroso.

De todos modos, los toshers eran grupos de hombres rudos, muy respetados entre su gente e, increíblemente bien pagados por los contratistas.

Los Mudlark

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Los pequeños mudlarks entre el barro. Vía Pinterest.

La labor de estos trabajadores era hurgar en el barro y el lodo que se posaba a las orillas del Támesis. Su misión consistía en retirar el barro de las zonas que el Támesis invadía. Este trabajo, muy peligroso, era desempeñado principalmente por niños.

Los Chimney Sweepers

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Chimney sweeper. Vía Pinterest.

 

La  pequeña constitución de los niños hacía que fueran los deshollinadores (chimney sweepers) perfectos, ya que podían introducirse y trepar por las chimeneas con más facilidad que un adulto, pero era común que los pequeños quedaran atrapados, muriendo ahogados por el hollín. Si no era así, el hollín que iba llenando sus pulmones les provocaría una muerte dolorosa en pocos años.

Estos niños, además de mal pagados, eran maltratados con palizas, o se les pinchaba con objetos afilados para que siguieran trabajando o metiendo su cabeza en calderos de agua helada si por el cansancio se quedaban dormidos.

Las Seamstress

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Familia cosiendo en su casa. Vía Pinterest.

Los vestidos de las damas victorianas de principios del siglo XIX se hacían en pequeños talleres de costura o estaban hechos por modistas que no sólo cosían sino que diseñaban los modelos que posteriormente se lucirían en los mejores salones londinenses.

Pero la aparición de las empresas textiles y la irrupción de las casas de diseño, diseñadores de renombre y los grandes almacenes, como Selfridges, hicieron de la moda un producto de consumo masivo y un bien más asequible para todas las mujeres.

Esto hizo que el oficio de costurera fuera uno de los más demandados, aunque estas trabajadoras fueran explotadas: mal pagadas, con jornadas interminables que abarcaban los siete días de la semana y con un maravilloso trabajo artesanal apenas reconocido.

Familias enteras, incluyendo niños y ancianos, trabajaban en talleres o en sus propios hogares, casi sin descanso. Todos tenían sus tareas: zurcir, coser, calcetar, ganchillar…Las jornadas de trabajo eran interminables y los salarios eran escasos. Las maravillas que hacían con sus agujas estaba muy lejos de la recompensa que hacían por su trabajo.

 

Los Rat catchers

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Rat chatcher con su perro y su jaula, Public domain.

En un Londres infestado por las ratas, los cazadores de ratas tenían su trabajo asegurado. En una época donde no había exterminadores de plagas ni raticidas, estos cazadores eran trabajadores muy bien valorados.

¿Su método? Utilizar un perro o un hurón para capturar a las ratas vivas. Los rat  catchers necesitaban a las ratas vivas para sacarse un sobresueldo con las apuestas ilegales de los ratters, personajes del submundo victoriano que organizaban partidas ilegales de perros y ratas, cuyo objetivo consistía en ver cuantas ratas era capaz de cazar el perro o si las ratas lo devoraban a él antes de que las hubiera cazado todas (lo cuál nos hace pensar quien era realmente la rata, si los animales o los ratters, si me permitís la reflexión)

Los cazadores de ratas solían fallecer a causa de las infecciones que les provocaban las mordeduras de ratas y los ambientes infecciosos en los que se movían.

Uno de los rat catcher más famosos Jack Black, el “cazador” personal de la Reina Victoria, en cuya residencia las ratas campaban a sus anchas. El método de Jack era cazarlas en una gran jaula, dejarlas sin comida y esperar a que se comieran unos a otras.

 

Las Match Girls

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Unas jovencísimas matchgirls recibiendo su mísero salario, Vía Pinterest.

Muchas mujeres y niñas trabajaban en fábricas de cerillas. Es célebre el artículo de Annie Besant, la política socialista inglesa, en el que describía las condiciones infrahumanas de casi esclavitud en la que vivían esas niñas, y la grave enfermedad que contraían en las fábricas a causa de los productos químicos con los que trabajaban.

La denuncia de Annie Besant de la explotación que sufrían las “cerilleras” y las posteriores represalias de las empresas despidiendo a trabajadoras, condujeron a una de las mayores huelgas y manifestaciones de protesta acaecidas durante la Época Victoriana.

En 1888, las cerilleras se declararon en huelga, reclamando sus derechos laborales y denunciando las condiciones de casi esclavitud en las que trabajaban estas mujeres en las fábricas de cerillas: jornadas inacabables, sueldos míseros y condiciones insalubres.

Los Peelers  o Bobbies

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Los primeros bobbies uniformados con su abrigo con cinturón y su sombrero tipo chimenea. Vía Pinterest.

El crimen, los robos y la violencia estaba tan presentes en la época victoriana que en 1829, Sir Robert Peel creó un cuerpo especial de la policía metropolitana conocido como los peelers o los bobbies, debido al nombre e su creador. No demasiado populares en un primer momento, este cuerpo de policía fue creándose una reputación de respetabilidad por su trabajo preventivo y no abusivo.

Estos policías se jugaban la vida a diario y resolvían desde trifulcas familiares, a auténticas batallas campales en los barrios más deprimidos, además de asesinatos y robos. Estos policías llevaban uniformes especiales, donde lo más característico de su atuendo eran sus peculiares sombreros, en un primer momento estilo chimenea y después sustituidos por el casco custodio, alto y redondeado en su parte superior. Especial relevancia tuvo la policía de Whitechapel, que además de tener que patrullar por un barrio extremadamente conflictivo se las tuvo que ver con el famoso Jack El Destripador.

Como curiosidad diremos que los bobbies tenían estrictamente prohibido beber alcohol, algo que en una época en la que el alcohol era tan común como el agua, trajo graves problemas e incluso expulsiones a muchos miembros de este colectivo…

 

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Bienvenido mayo: nuevo calendario

En La Casa Victoriana damos la bienvenida a mayo con nuestro nuevo calendario, ilustrado con un cuadro de nuestra temática de este año, mujeres y libros, Retrato de una joven, de Erich Ernst Heilmann.
Copia de Various Colors Scenery Photo Calendar