Feliz Navidad

Desde La Casa Victoriana queremos desear a todos nuestros subscriptores y visitantes una Feliz y victoriana Navidad.

¡Qué estas fiestas llenen vuestros hogares y corazones de alegría!

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Un festín navideño victoriano

La mesa navideña

El esplendor y la abundancia de la mesa navideña victoriana eran casi escandalosos. La presentación de los platos, el increíble menú compuesto por innumerables platos de carnes, aves, verduras, frutas y los más deliciosos dulces, servidos en maravillosas vajillas, eran un espectáculo para la vista.

Las fechas navideñas representaban todo un reto para las cocineras, ya que cada anfitrión se esmeraba por tener el menú más completo, original, y por qué no decirlo, extravagante. Los debates y discusiones sobre el menú más adecuado comenzaban semanas antes de las celebraciones, poniendo a prueba la imaginación, y también la paciencia, sobre todo del servicio doméstico.

El lema “menos es más” no era una no era una máxima por la que se regían los victorianos; para un victoriano menos es menos y más nunca es suficiente, sobre todo, en las fiestas navideñas.

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The Dinner Party- Sir Henry Cole

El servicio

Hasta mediados del siglo XIX, los diferentes platos se servían en la mesa principal, siguiendo el estilo “a la francesa”, es decir, no retirando el servicio hasta que finalizaba la cena. Pero la imperante moda de cenar “a la rusa” impuso nuevas costumbres en los victorianos, entre ellas la de que los platos fueran traídos a la mesa sólo cuando fueran solicitados, de manera que la mesa quedara despejada para poder ser adornada con centros y decoraciones espectaculares.

La gran mesa del salón, a la que se sentaban todos los invitados, se cubría con un mantel blanco, acompañado de sus servilletas de un blanco tan inmaculado como el mantel.

Hay una curiosidad no del todo cierta sobre la costumbre victoriana de cubrir las mesas con grandes manteles que casi llegaban al suelo. Parece ser que la razón que tenían los victorianos para utilizar estos manteles tan largos era tapar las patas de la mesa para no ofender a las damas.

La explicación de esta extraña costumbre se puede explicar con la palabra que se utiliza en inglés para designar las patas de la mesa: “legs”. Dejar las “piernas de la mesa” a la vista podía resultar ofensivo y esa era la razón para cubrirlas.

Aunque otras versiones dicen que la verdadera razón de cubrirlas era simplemente para que no se rayaran o astillaran con posibles golpes durante la cena.

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Dinner at Haddo House – Alfred Edward Emslie

La decoración de la mesa

La comida se servía en las mejores vajillas de cara porcelana exquisitamente decorada y en las más delicadas copas de cristal. Las mesas se adornaban con enormes fruteros o cestillas de plata con todo tipo de frutas, siendo un elemento esencial de estos ornamentos los racimos de uvas, naturales o escarchados.

Ninguna decoración era lo suficientemente ostentosa o llamativa para la alta sociedad victoriana: si los altos y abundantes fruteros no fueran suficientes, la ornamentación se completaba con arreglos florales en forma de arcos o de pequeños ramos.

Para completar la exuberancia decorativa se añadían hojas de helecho (los maidenhair, helechos pequeños de frondosas y brillantes hojas eran los preferidos), hiedra, acebo y muérdago, que colgaban en forma de guirnaldas por todo el salón. Estas plantas, especialmente los helechos, también se empleaban para decorar las fuentes de la comida.

Los candelabros llenos de tintineantes velas completaban la ensoñación de contrastes y colores que convertían los salones en un derroche de luces y victoriana elegancia.

Los platos se dejaban en una mesa auxiliar de donde los sirvientes las acercaban a la mesa cuando los comensales los requerían. La función de los sirvientes, lacayos en este caso, era la de acercar las bandejas al comensal, que se servía él mismo.

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The End of Dinner- Jules Alexandre Grun

Los platos principales

Los victorianos no ahorraban en número de platos para degustar en estas celebraciones: para los entremeses las preciosas soperas victorianas alternaban gustosos consomés con espesas cremas y sopas, o bien, ligeros platos de pescado.

Entre los platos principales se podía escoger entre diferentes carnes de vacuno, asadas o estofadas, rellenas, o en pasteles salados y deliciosos platos de aves donde destacaba el pavo relleno, servido con salchichas y bacon.

Como curiosidad podemos comentar que el pavo no fue siempre el rey de los platos navideños. El ganso y el pato eran las aves preferidas para asar y rellenar en las ocasiones especiales, pero a finales del siglo XVIII el pavo llegó de América para quedarse como protagonista absoluto de las comidas navideñas.

Los acompañamientos se servían en un carro auxiliar que contenía patatas asadas, puré de patatas, coles de Bruselas, repollo, nabos, ensaladas y distintas clases de salsas, destacando la famosa gravy.

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Víspera de Navidad- Carl Larsson

Los postres

En otra mesa auxiliar vistosos postres eran exhibidos como en un escaparate: dulces decorados con frutas y rellenos de crema, gelatinas, merengues, pies o tartas dulces inglesas, o gateaux, tartas a la francesa, con diferentes coberturas, bizcochos borrachos de brandy o jerez, como trifles y tipsy cakes, en dulce almíbar, como los savarines o horneados después de empaparlos en licores dulces como el babá francés.

Aunque el postre que no podía faltar era el Christmas Plum Pudding. Este postre de origen celta se elaboraba días antes de Navidad y su masa se envolvía en una fina tela, para posteriormente ser horneado a fuego bajo durante varias horas. Este bizcocho especiado llevaba infinidad de frutos secos y frutas.

Este pastel estuvo en peligro durante el mandato del puritano Oliver Cromwell, que convirtió el país en una república denominada Commonwealth of England.

Cuenta la leyenda que fue el mismo Cromwell el que prohibió la Navidad en el siglo XVII y, por consiguiente, la elaboración de las recetas tradicionales navideñas, con la amenaza de enviar a prisión a cualquiera que elaborase o comiese  un Christmas Pudding.

En realidad no fue Cromwell quien lo prohibió, sino su partido político, que estaba en el gobierno en ese momento, y la prohibición duró lo que duró su mandato, recuperando la sociedad inglesa la elaboración del pudin que alcanzó su máxima popularidad en la Inglaterra victoriana.

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A Christmas Dole – Joseh Clark

Las golosinas

En 1840, el pastelero inglés Tom Smith, inventó un elemento fundamental para las festividades victorianas: los crackers. El invento consiste en un tubo relleno de golosinas cerrado por ambos lados y envuelto en papeles de vivos y brillantes colores, a modo de caramelo grande. Al friccionar una tira que atraviesa el cracker este hace una pequeña explosión liberando todas las golosinas.

Durante la época victoriana a esta golosina se la denominó bon-bon, y no fue hasta los años 20 en el que el nombre cracker se adoptó definitivamente para denominarlo.

En las casas más humildes también se celebraba la Navidad de manera especial. Aunque la comida no podía ser tan abundante, en la mesa siempre había un buen pollo o ganso asados, acompañados de ricas patatas o castañas, y no faltaba un pudin navideño y golosinas y crackers para los más pequeños.

Y, ninguna casa carecía de un árbol decorado y bonitas guirnaldas para que la alegría navideña entrara en todos los hogares.

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Noche de Navidad – Viggo Johansen

 

 

Series y películas

En la página de Facebook de La Casa Victoriana hemos hablado de alguna de las series y películas, de calidad, que se han estrenado este año y que tienen como protagonistas a algún victoriano ilustre.

Hagamos un repaso de lo que ya se ha estrenado y lo que está a punto de llegar a nuestras pantallas.

Historia de una pasión (A Quiet Passion)

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Historia de una pasión está basada en la vida de la poetisa norteamericana Emily Dickinson.

Dirigida y escrita por el inglés Terence Davies, y protagonizada por Cynthia Nixon, en un papel muy diferente de la Miranda Hobbes, de Sexo en Nueva York, la actriz da vida a la sensible poetisa estadounidense en sus años de máxima creatividad y reconocimientos.

Eric Loren interpreta al Reverendo Wadsworth, gran amor de la escritora y David Carradine a Edward Dickinson, el severo padre de Emily.

La película no será, de hecho no es, un éxito de taquilla, ya que para disfrutarla hay que conocer, un poco al menos, la vida y obra de esta poetisa tan extraordinaria como diferente, y sabemos que la poesía no es un género, desgraciadamente, ni mayoritario ni popular.

La traducción del título en castellano, Historia de una pasión,  incluso puede llevar a engaño al espectador, ya que la pasión en Emily no es un fuego exterior, sino una llama interior, perenne, inagotable fuente de su talento y alimento de su obra.

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Pero en su vida cotidiana, en su aislamiento elegido por ella misma, Emily no permitió que esa llama se exteriorizase más que a través de sus poemas.

En mi opinión personal, la película es de una calidad innegable:tanto las caracterizaciones como la ambientación son realmente buenas, destacando la interpretación de Cynthia Nixon que logra una Emily Dickinson creíble e identificable con la imagen que tenemos de la escritora.

Quizás ese sea un punto a favor y en contra de la interpretación de la actriz y de la propia película: todo está tan medido, todo es tan identificable que una no puede dejar de sentir un pequeño encorsetamiento tanto en el guión, como en las interpretaciones para no salirse ni una coma de lo que se espera. Ni la propia Emily se contendría más…

Trailer de Historia de una pasión

Victoria

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Victoria es la nueva serie sobre la Reina Victoria que triunfa en la televisión británica.

Después del gran éxito de audiencia de la primera temporada, la ITV promete una segunda temporada de esta serie sobre la vida de la Reina Victoria, protagonizada por Jenna Coleman, en el papel de Victoria, y Tom Hugues, como el Príncipe Alberto.

Escrita por Daisy Goodwin, la magnífica ambientación de la serie, y la interpretación de sus protagonistas, respaldados por un elenco destacable de actores secundarios, entre los que destaca Rufus Sewell, como Lord Melbourne, la han convertido en uno de los period drama favoritos del público.

Tengo que confesar que, a pesar de las concesiones históricas, me encanta Victoria; es fácil meterse en la historia y detestar o empatizar con los diferentes personajes que, capítulo tras capítulo, van desfilando por la serie. Además la historia de amor entre Victoria y Alberto ¡es un auténtico “Victorian Romance”!

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Pero, sobre todo, la serie está llena de pequeños detalles, de una puesta en escena perfecta, de un virtuosismo en la recreación del vestuario y de los ambientes que sólo una serie británica puede ofrecer.

Jenna Coleman dibuja a una Victoria pizpireta y decidida, inexperta en su papel de reina y fácilmente influenciable. Poco a poco, la joven tendrá que aprender a llevar la corona inglesa y a tomar decisiones cruciales tanto para la política de su país como para su vida personal, y, lo que es más importante, para ganarse el favor de un pueblo reticente con el papel de la monarquía. Alberto tendrá un papel fundamental en esa evolución.

Los actores, tanto principales como secundarios, dibujan unos personajes creíbles gracias no sólo a su interpretación sino a un guión destacable.

Muy recomendable, y si podéis verla en versión original, la serie gana aún más puntos.

Trailer de Victoria

Amor y amistad

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Este mes de noviembre llega a nuestras pantallas Amor y amistad, Love and Friendship, que no es otra que la adaptación de Lady Susan de Jane Austen.

Está dirigida por el británico Whit Stillman, y protagonizada por Kate Beckinsale, en el papel protagonista de Lady Susan Vernon y Morfydd Clark como su hija Federica. Además las acompañan un elenco de secundarios de lujo encabezados por  Chloë Sevigny, James Fleet o Stephen Fry.

Reconozco que Lady Susan, a pesar de ser considerada una obra menor de Jane Austen, es una de mis novelas favoritas de la escritora. Es divertida, mordaz y Austen se muestra más irónica de lo fue nunca en ninguna de sus novelas.

La crítica de la sociedad del periodo de Regencia, muestra a unos personajes sin fisuras, tan bien dibujados por la autora que, a pesar de ser una de sus obras más desconocidas, uno no puede olvidar a Lady Susan una vez conocidas sus peripecias.

Todavía no he visto la película, pero de entrada no me gusta que se le haya cambiado el título a la novela. ¿Por qué Amor y amistad? Creo que el título ni siquiera refleja el espíritu del libro, recogido en esas 41 cartas que intercambia Lady Susan y a través de las cuales sabemos lo que sucede.

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Lady Susan sería el título ideal, ya que ella es la protagonista absoluta de la novela; además Amor y amistad (traducción literal del título original) sugiere un romanticismo no demasiado acorde con el argumento de la novela y me parece, en cierto modo, intenta que el espectador asocie el título a Sentido y sensibilidad u Orgullo y prejucio, dos de las novelas de Austen llevadas con éxito a la pantalla grande.

La elección del casting…pues no quiero opinar sin haber visto la película pero Kate Beckinsale no es “mi Lady Susan”, demasiado joven…demasiado moderna, incluso en la ropa de época. Bueno, al menos está el gran Stephen Fry.

Actualización: He visto la película y sólo puedo decir que es impecable. Refleja el espíritu del libro, la crítica ácida que hace Austen y la personalidad indefinible de Lady Susan.

Buen guión, localizaciones perfectas y un trabajo de vestuario muy destacable. Ni una pega a la excelente interpretación de Kate Beckinsale pero (por ponerle un “pero”)…sigo viéndola demasiado siglo XXI.

Trailer de Amor y amistad

Espero vuestras opiniones.

Halloween victoriano: rituales y conjuros

Como todos los años en La Casa Victoriana no puede faltar nuestro particular homenaje a la fiesta de Halloween, una fecha en la que los victorianos disfrutaban especialmente celebrando fiestas de disfraces y escenificando toda clase de rituales relacionados con la magia y el amor.

¡Hagamos una recopilación de algunos de estos ritos eran realmente curiosos!

Los tres platos: decidme si me casaré con una bella doncella

En una mesa se colocaban tres platos: uno lleno de agua limpia, otro con agua sucia y otro vacío. A uno de los participantes en el juego se le vendaban los ojos y se le conducía hacia la mesa en la que estaban los tres platos.

A ciegas  la persona escogía uno: si su elección era el plato con agua limpia se casaría con una bella dama, si el elegido era el que contenía agua sucia sería viudo, y si la suerte le llevaba hacia el vacío sería un amargado solterón.

Este ritual podía intentarse tres veces, previo cambio de sitio de los platos.

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La dama frente al espejo: espejo, muéstrame el rostro de mi amado.

On Halloween look in the glass,

your future husband’s face will pass

Una de las tradiciones más populares entre las jóvenes era la de tratar de conocer cual sería el rostro de su futuro marido.

Para ello, la joven se encerraba en una habitación a oscuras, con la única luz de una vela iluminando el cuarto, y se colocaba frente al espejo. La superstición decía que al iluminar su imagen frente al espejo, a su lado, se reflejaría la imagen de su futuro marido.

A este ritual, a veces se le añadía un elemento adicional: la joven además de iluminar su imagen con una vela en el espejo debía ¡estar comiendo una manzana!

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Quemando nueces, ¿cuál será nuestro futuro?

The auld gudewife’s weel hoarded nits
Are round and round divided,
And monie lads’ and lasses’ fates
Are there that night decided.
Some kindle, couthie, side by side,
And burn thegither trimly;
Some start awa’ with saucy pride,
And jump out-owre the chimlie.

Cada miembro de una pareja elige una nuez entera. Ambas nueces se ponen al fuego. Cada uno observa atentamente cómo se van quemando las nueces: si se queman lentamente, si se rompen o si ambos lados de la nuez se separan. Dependiendo de cómo respondan las nueces al fuego, así será su relación.

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Mojé manga de mi camisa en el río: mi futura pareja aparecerá para secarla

Go to a south-running stream,

and dip your sleeve in it at a spot

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Una superstición escocesa contaba que la noche del 31 de octubre un joven o una joven debían mojar la manga de su camisa en un arroyo donde las tierras de tres tierras se unían. Al llegar a casa tenía que colgar la manga cerca del fuego para que secara, en un lugar que pudiese ver desde su cama.

No podía dormirse porque durante la noche una aparición tendría lugar en el lugar en el que había dejado la manga: su futuro esposo o esposa aparecería para retorcer la manga para intentar que se secase.

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Lanza la berza, ella te contará tu futuro

O, is my true love tall or grand?

O, is my sweetheart boony?

Una de las tradiciones más antiguas cuenta como las kales, berzas, podían pronosticar el futuro de las parejas.

Las parejas salen cogidas de la mano y con los ojos vendados a la búsqueda de una berza, que aún está plantada, y deben arrancarla y lanzarla. Dependiendo del tiro y de cómo cayera la berza, así será el aspecto de la futura pareja y la relación de los jóvenes.

Si la raíz arrastra una buena cantidad de tierra, las previsiones económicas futuras de la pareja serán favorables. Si al comerla el corazón de la berza es dulce, la pareja vivirá momentos felices, pero si es amargo, no se deparan buenos augurios para la relación.

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Dulces y velas: la vela paga

El aro y la vela, más que un ritual, es un juego para los más jóvenes.

Se coge un aro de un barril y en él se cuelgan varios dulces, caramelos y manzanas, pero también finales de velas. Se vendan los ojos de los participantes y se gira el aro.

Los participantes deben intentar morder uno de los dulces colgados y no morder el final de vela. Aquellos que tengan la mala suerte de morder la vela tendrán que pagar la multa, que habitualmente consistía, en el pago de las velas.

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Caminando en la oscuridad

Una dama debía caminar hacia atrás en la oscuridad, hacia el sótano, con la única iluminación de una vela en su mano derecha y un espejo en su mano izquierda, mientras recitaba una y otra vez:

    ” Appear, appear, my true love dear,
Appear to me to-night,”

Antes de alcanzar el final de la escalera el rostro del amado se reflejaría en el espejo.

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El pastel y el anillo

Antes de hornear un delicioso bizcocho se introduce un anillo en la masa. Una vez hecho se sirve en porciones y a aquel a quien le toque el anillo en su porción encontrará el amor verdadero en el plazo de un año. ¡Cuidado con tragarse el anillo!

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Un barquito en su cáscara de nuez

Se le ofrece a los invitados una cáscara de nuez, con un palillo y un papel blanco simulando una vela. En la cáscara de nuez se escribe la inicial de la persona de la que está enamorado.

Se colocan los barquitos de nuez en un barreño con agua y se agita. Si un barquito se hunde significará no solo que el amor no será corrrespondido sino que esa persona permanecerá soltera y sola ¡para el resto de su vida!

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¿Fundimos plomo? Sus formas nos dirán nuestro futuro

Este juego me parece un poco más complicado e implica poderes de adivinación o mucha imaginación…

Fundimos un objeto de plomo y dejamos que el fundido se vierta a través de la manija de una llave cayendo sobre un bol de agua limpia. Las formas que forme el plomo serán un reflejo de lo que nos depara nuestro futuro.

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Rituales y juegos con manzanas

  • La manzana me dirá el nombre de mi amado

Aquel joven o aquella joven que quiera saber por qué letra comenzará el nombre de su futura pareja tendrá que pelar una manzana de una sola vez. Cuando termine tendrá que lanzar la monda de la manzana por encima de su hombro izquierdo.

Cuando caiga en el suelo dibujará la forma de una letra en el suelo. Esa letra será la inicial del apellido de su enamorado o enamorada.

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  • Bobbing the apples

Se escogían varias manzanas rojas y apetitosas y se dejaban flotar en un barreño con agua; los participantes del juego debían poner los brazos a su espalda y sumergir sus cabezas en el barreño para coger las manzanas con los dientes. ¡La diversión estaba asegurada!

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  • Manzanas a la hoguera

Para atraer al verdadero amor, se comía una manzana asada y se echaban al fuego el corazón y las semillas mientras se cantaba:

    “One, I love, two, I love, three, I love, I say,
Four, I love with all my heart,
Five, I cast away;
Six, he loves, seven, she loves, Eight, they both love.”

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¿Queréis intentar alguno la noche del 31 de octubre?

¡Feliz noche de Halloween a todos los suscriptores y seguidores de La Casa Victoriana!

Recordad que, si queréis más información sobre la época victoriana, podéis seguir nuestras RRSS, Facebook, Pinterest e Instagram.

 

Regreso a la escuela: las “one room school” victorianas

Cuando pensamos en las escuelas victorianas una de las primeras imágenes que nos vienen a la cabeza es la de un internado con niños y niñas vestidos con sobrios uniformes, severos profesores y estrictas normas de comportamiento.

Pero  las pequeñas escuelas de los barrios más humildes y, sobre todo, de las zonas rurales, distaban mucho de esa imagen.

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A Dame’s School- Thomas Webster

Las escuelas

Este tipo de escuelas eran lo que se denominaba one room school, formadas por cuatro paredes y un tejado, con los materiales más básicos para impartir las clases.

Estas escuelas albergaban en una misma habitación a alumnos de todas las edades y de diferentes niveles de aprendizaje. Niños y niñas compartían el espacio, sin haber separación por sexos, entre otras cosas, porque el espacio único no lo permitía. La única separación consistía en la creación de pequeños grupos de niños según su nivel escolar.

Algunas escuelas con mayor número de alumnos tenían dos puertas de entrada y salida: una para las niñas y otra para los niños, aunque en el interior todos estuvieran en la misma clase.

Habitualmente los maestros utilizaban una campanilla colocada en la puerta para indicar la hora de entrada a la clase.

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Snow Scene Children Leaving School, Marc Louis Benjamin Vautier;

Los maestros

La persona que impartía las clases era una persona dedicada a sus alumnos, y, que a pesar del bajo salario que recibía, se preocupaba más allá de lo que implicaba su trabajo de maestro, ya que se ocupaba de la higiene, de la salud, de la alimentación y muchas veces intercedía en problemas familiares de los que los niños eran víctimas indirectas o directas, como problemas de alcoholismo de los progenitores o de maltrato infantil.

La mayoría de los maestros eran hombres y no recibían el nombre de teacher sino de schoolmaster.

La maestra era una mujer con una imagen muy alejada de la de las serias institutrices. Para poder ejercer de profesora tenía que ser soltera. En el momento en que contraía matrimonio tenía que dejar su trabajo como maestra.

Cuando la escuela no estaba financiada por alguna institución política o un benefactor privado, que corría con los gastos del material y del sueldo del maestro, eran las instituciones religiosas o de caridad las que sufragaban los gastos.

Habitualmente, en las zonas rurales, eran las propias familias las que aportaban una pequeña cantidad para pagar el salario del maestro, además de proporcionarle un lugar donde vivir. Aquellas familias que no podían aportar dinero en metálico, pagaban con productos de su huerto, de su granja o con servicios propios de su oficio.

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The Country School Winslow Homer

Las asignaturas

Las asignaturas que se impartían en estas humildes escuelas, eran muy diferentes de las escuelas o internados privados. En estas escuelas no había clases de música o de protocolo, sino que que se enseñaban lo que se conocía como las Three Rs: Reading, Riting and Rithmetic, o lo que es lo mismo Reading (lectura), wRiting y aRithmetic – lectura, escritura y aritmética.

Los estudiantes aprendían poemas, rimas, canciones y oraciones por el método de memorización, que era un método habitual de aprendizaje. Después tenían que recitarlos en voz alta en clase, para acostumbrarse a pronunciar correctamente y a hablar en público.

En algunas escuelas, si los niños dominaban las materias básicas,  se enseñaba historia, geografía y gramática.

Además se dedicaba una especial atención a la caligrafía y al uso de la pluma y la tinta: tener una letra firme, inteligible y con bellas curvas se consideraba una cualidad muy apreciada en los estudiantes.

A aquellos alumnos que destacaban en sus asignaturas se les premiaba con una medalla o distinción, premios que trataban de estimular el estudio.

Aquellos estudiantes que no cumplían con sus tareas o cuyo comportamiento no era lo suficientemente bueno, recibían castigos más o menos ejemplares que iban desde las aburridas copias, a los castigos “cara a la pared” o la humillación de llevar puesto un gorro  que ponía “burro”.

Los castigos corporales, desgraciadamente, no eran inusuales y estaban socialmente aceptados. Habitualmente consistían en darle al niño unos azotes en el trastero o en las manos con una vara de madera.

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School Punishment, Ralph Hedley, 1848

El material de estudio

Para la escritura se utilizaban quills, plumas, habitualmente de ganso, que previamente afilaban. La tarea de afilado le correspondía a los profesores o a los estudiantes mayores para evitar que los más pequeños se hicieran daño al afilarlas.

Las plumas se mojaban en la tinta que contenían los tinteros, generalmente pequeños botes de cristal, que se cerraban herméticamente después de su uso para evitar que la tinta se secase. Ante la dificultad de escribir con tinta sobre los papeles, ya que quedaban humedecidos, se utilizaban blotting papers o papeles secantes que se colocaban encima del papel escrito, al término de la tarea, para absorber el exceso de tinta.

Posteriormente los estudiantes comenzaron a utilizar lápices similares a los que utilizamos en la actualidad.

Para escribir se utilizaban cuadernillos de papel blanco, a los que los niños le dibujaban líneas paralelas para no torcerse en la escritura. También se utilizaban pizarrines.

Los libros básicos para el aprendizaje solían ser la Biblia, de donde se aprendían las oraciones y las historias que posteriormente se recitaban – además se utilizaba como libro de lectura – y el llamado primer, que contenía los números, el alfabeto, y rimas.

Los primer tenían diferentes niveles y cada niño utilizaba el más adecuado para su aprendizaje y progreso.

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A Straw Plaiting School in Essex, G.W. Brown, 1864

El tiempo de recreo

Los recreos eran los momentos de descanso de la jornada y era el momento más esperado por los estudiantes, ya que era el tiempo de juegos al aire libre.

Los juegos de pelota eran uno de los favoritos. Como no existían las pelotas de caucho, cuero o plástico como en la actualidad, en las zonas urbanas se hacían pelotas con ropa vieja enrollada y en las zonas rurales se empleaban las bladders, unas pelotas hechas con las vejigas de los animales de las granjas, previamente lavadas y secadas.

Las canicas, las peonzas y el escondite eran, asímismo, juegos muy populares.

Las niñas preferían juegos que implicaban canciones como la comba, el corro o el hopscotch, o rayuela.

El rolling hoop, o aro. los knucklebones o tabas y otros juguetes caseros hechos de madera o latón también triunfaban entre los más pequeños.

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New England Country School, Winslow Homer

 La hora de la merienda

Muchos estudiantes llevaban refrigerios a la escuela para comer en los descansos. Este era humilde pero sabroso y consistía en pan casero, piezas de fruta o porciones de bizcocho o tartas para los más afortunados. Los niños llevaban su comida en pequeñas cestas de mimbre.

En muchas escuelas los niños recibían mantequilla o mermelada para acompañar el pan. También se les proporcionaba un vaso de leche y, a veces, un chocolate caliente. Incluso existían pequeños hornillos en el colegio para calentar las bebidas. Estos alimentos que repartía el colegio entre sus alumnos eran muy importantes para muchos pequeños, ya que no todos podían llevar una pequeña merienda y su estado de desnutrición era claramente visible, siendo estas pequeñas porciones de leche y pan casi la base de su alimentación diaria.

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A Straw Plaiting School in Essex, G.W. Brown, 1864

El mobiliario

El mobiliario era sobrio y funcional, hecho íntegramente de madera y estaba formado por mesas con bancos de una o dos plazas, o con taburetes de tres patas, donde se sentaban los niños.

El maestro se sentaba en una mesa grande de madera con silla colocada de cara a los niños. Además había diferentes estanterías para los libros y cuadernos y percheros para colgar la ropa de abrigo y los sombreros – prácticamente todos los niños y niñas, tanto en la ciudad como en el rural, llevaban la cabeza cubierta con sombreros, gorros o gorras.

La pared de la clase estaba presidida por una pizarra. En la clase había además una chimenea o una estufa de leña para calentar la habitación durante los meses de invierno.

Si el colegio era afortunado con alguna donación podía exhibir mapas en sus paredes.

 

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Country School, William Lawson Henry

 

Lewis Carroll: cuentos y acertijos

A punto de acabar el mes de agosto iremos recopilando alguno de los temas que más repercusión han tenido en la página de Facebook de La Casa Victoriana y los cuentos y acertijos de Lewis Carroll han sido uno de ellos.

El acertijo de los peces

La adivinanza de los peces es un acertijo que aparece en la novela de 1871 Alicia a través del espejo escrita por Lewis Carroll.

La adivinanza es recitada por la Reina Roja en el noveno capítulo.

¿Eres capaz de encontrar la solución? (La solución está después del poema pero tendrás que utilizar un espejo si quieres leerla…)

Primero, hay que pescar el pez; Cosa fácil es:
hasta un niño recién nacido sabría hacerlo.
Luego, hay que comprar el pez; Cosa fácil es:
hasta con un penique podría lograrlo.

Ahora, cocíname a ese pez; Cosa fácil es:
no nos llevará ni tan siquiera un minuto.
Arréglamelo bien en una fuente:
pues vaya cosa: si ya está metido en una.

Tráemelo acá, que voy a cenar;
Nada más fácil que ponerla sobre la mesa.
¡Destápame la fuente! ¡Ay! Esto sí que es difícil:
no puedo yo con ella.

Porque se pega como si fuera con cola,
porque sujeta la tapa de la fuente y en ella se recuesta.
¿Qué es más fácil, pues, descubrir la fuente
o destapar la adivinanza?

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Feeding the Rabbits, también conocido como Alice in Wonderland de Frederick Morgan

 

El sueño del Rey, Alicia a través del espejo de Lewis Carroll

“He’s dreaming now,’ said Tweedledee: ‘and what do you think he’s dreaming about?’
Alice said ‘Nobody can guess that.’
‘Why, about YOU!’ Tweedledee exclaimed, clapping his hands triumphantly. ‘And if he left off dreaming about you, where do you suppose you’d be?’
‘Where I am now, of course,’ said Alice.
‘Not you!’ Tweedledee retorted contemptuously. ‘You’d be nowhere. Why, you’re only a sort of thing in his dream!’
‘If that there King was to wake,’ added Tweedledum, ‘you’d go out—bang!—just like a candle!”

-Ahora está soñando – dijo Tweedledee -¿Con quién sueña? ¿Lo sabes?
– Nadie lo sabe – dijo Alicia.
– Sueña contigo. exclamó Tweedledee , aplaudiendo triunfantemente-.Y si dejara de soñar, ¿qué sería de ti?
-No lo sé – dijo Alicia
-Desaparecerías- dijo Tweedledum-. Eres una figura de su sueño. Si se despertara ese Rey te apagarías como una vela.

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¡Victorianos al agua!

En la segunda década del siglo XIX, tanto las autoridades públicas como los médicos intentaron promover entre la sociedad el concepto de salud, apoyados por actos públicos y leyes aprobadas en el Parlamento, propuestas por reformistas sociales de la época como Lord Shaftesbury.

Una de las recomendaciones más usuales para el tratamiento y la recuperación de enfermedades leves y crónicas fueron los baños en los lagos y en el mar y las estancias en las zonas costeras.

Además el concepto de “disfrutar del tiempo libre” comenzaba a calar entre todas las clases sociales, y  una excursión a la playa hacía las delicias de niños y adultos.

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Gracias a esta nuevo modo de comprender el ocio, hubo un desarrollo de las zonas costeras que amenizaban las visitas con lugares puestos de comida y bebida, orquestas, parques de atracciones, ferias y nuevas formas de entretenimiento con las que atraer al público de todas las edades y clases, pero también promovió un nuevo concepto de moda que no existía hasta ese momento: la moda de baño.

La costumbre decía que los niños y los hombres podían bañarse desnudos, y las mujeres vestidas, pero la rígida moral victoriana unida a los códigos de vestuario exigidos en muchas zonas turísticas hicieron que los hombres tuvieran que adoptar la costumbre de cubrirse el cuerpo.

En un primer momento lo hicieron con gruesos trajes de baño con pantalones hasta la rodilla denominados all-in-one, es decir, de una sola pieza, y confeccionados en lana gruesa. Estos bañadores no sólo eran incómodos sino muy antiestéticos, ya que, además del peso que adquirían cuando se mojaban, perdían toda su forma.

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A raíz de los Juegos Olímpicos de 1896, se pusieron de moda los trajes de baño que utilizaban los nadadores olímpicos: trajes de una sola pieza, con el pantalón hasta el tobillo o la rodilla y mangas largas,  ajustados al cuerpo.

Otro de los modelos que triunfaba entre los hombres era un modelo de dos piezas, compuesto por pantalones cortos y una prenda semejante a una camiseta en la parte superior, sustituyendo la lana gruesa por tejidos menos pesados, como la franela.

Los diseños eran lisos o con camiseta de rayas y pantalón liso, muchas veces con cinturón, predominando los colores azules oscuros y negros.

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Las damas pronto se entusiasmaron por la nueva moda de los trajes de baño, cuyo diseño iba cambiando constantemente para satisfacer la coquetería de las bañistas, que demandaban nuevos modelos, pero también para adaptarse a la comodidad y funcionalidad del baño.

El diseño que triunfó por encima de los demás, respetando el recato al que debían someterse las prendas femeninas victorianas, consistía en un traje de baño de una sola pieza, all-in-one, compuesto por pantalones bombacho, tipo turkish, holgados, con una longitud por debajo de la rodilla. En algunos modelos estos pantalones eran del modelo popularizado por Amelia Bloomer, los bloomers y podían cubrir toda la pierna.

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Como no se consideraba elegante – ni decoroso- que una mujer se exhibiera en pantalones, excepto en el caso, ya aceptado, de que fuera en bicicleta, las damas llevaban una falda cubriendo el pantalón, unas veces hasta el muslo, hasta la rodilla e incluso ¡hasta los tobillos!

Estos pantalones solían rematar en volantes o encajes fruncidos, generalmente a juego con otras partes del traje.

La parte superior del traje de baño, dando un aspecto de ser un bañador de dos piezas, era una camisa, con cuello amplio, lleno de encajes y lazos en contraste, simulando, en la mayoría de las ocasiones, los típicos cuellos marineros.

Las mangas de las camisas eran largas, terminando con encajes como los pantalones.

Para completar el atuendo, las mujeres utilizaban zapatillas tipo bailarinas, planas, muchas de ellas con cintas para que se pudieran sujetar a las piernas; estaban confeccionadas en lona o felpa y solían ser de color blanco con vivos de colores como contraste.

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El calzado en la playa tenía más que ver con la seguridad que con el decoro: las playas de la costa británica estaban llenas de piedras y la limpieza no era habitual, ni siquiera en los lugares más turísticos, por lo que no eran extraños los cristales rotos y otras inmudicias.

El cabello iba cubierto con gorros de algodón, adornados con encajes o lazos. Los materiales para su confección eran la sarga y la franela, ya que se consideraba que los tejidos gruesos protegían a la mujer de la fría temperatura del agua, y aunque en algunas ilustraciones vemos diseños de vivos colores, el negro era el color predominante.

De lo que se trataba era de que la mujer no mostrase ni un centímetro de piel más del estrictamente necesario para bañarse. Incluso existían las bathing machines, una especie de casetas de baño con ruedas que se situaban en la orilla del mar, para que las mujeres pudiesen cambiarse y meterse directamente en el agua, y salir del agua y meterse de nuevo en ella.

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Las bathing machines no estaban habitualmente en la orilla, sino que eran transportadas hasta allí tiradas por caballos en los momentos de apogeo turístico y se retiraban después. Estas casetas, hechas con gruesas paredes de madera o con lonas que cubrían un armazón de madera, tenían una puerta que daba directamente al mar, con unas escaleras para que las damas pudieran descender y posteriormente ascender de nuevo sin ser observadas.

En su interior sólo había un banco y algunas toallas. La única iluminación que tenían era la luz natural que entraba por las aberturas del tejado o por pequeñas ventanas de la estrucura.

Si en la playa no existían bathing machines, las mujeres utilizaban capas largas hasta los pies para cubrirse hasta llegar a un lugar donde cambiarse. Muchas de esas capas llevaban incluso capuchas para que la mujer pudiera ocultar su rostro.

Al final de siglo, las mujeres fueron reivindicando su papel en la sociedad, lo cual incluía poder disfrutar de los momentos de ocio de una manera cómoda y más relajada.

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El diseño de sus vestidos, que sustituía a los polisones y crinolinas, por conjuntos de faldas y camisas más confortables también influyó en el diseño de los trajes de baño.

Las eduardianas dejaron de lado los bloomers  y las mangas largas, cambiándolos por trajes de baño que bien podrían semejarse a los vestidos tipo skater, con faldas de vuelo hasta las rodillas, conjuntadas con una camisa de manga corta con cuello amplio, con volantes o lazada, y mangas tipo farol o abullonadas hasta el codo.

Ambas piezas iban unidas por un cinturón y adornos en contraste, dando como resultado um simpático vestido de diseño marinero, usualmente de color azul marino o negro.

Las piernas iban cubiertas por medias de vivos colores, y los pies calzaban zapatillas planas. El cabello iba cubierto por un gorro, un pañuelo anudado en la parte superior con una lazada pequeña, o simplemente descubierto.

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Además las bathing machine dieron paso a coquetas casetas de baño, donde las mujeres podían cambiase de ropa con comodidad y, después, ir caminando, hasta el agua por la playa.

Es cierto que seguían bañándose exageradamente vestidas y, además, calzadas, pero el avance que supuso el cambio de modelo y de actitud fue realmente enorme.

A medida que nos adentramos en el siglo XX, las mujeres fueron mostrando más piel y mostrándose más atrevidas a la hora de acudir a la playa. Ahora las mujeres ya no sólo se sentaban o se bañaban tímidamente sino que jugaban saltando olas agarradas a una cuerda, para que la fuerza de las olas no las tirara o paseaban por la orilla disfrutando del agua y del sol.

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Sus trajes de baño se acortaron y se ciñeron al cuerpo, adoptando la forma de los bañadores masculinos, con shorts y camisetas largas y ajustadas tipo maillot, , o trajes de una sola pieza parecidos a los bañadores de una pieza actuales.

Los materiales de confección se hicieron más ligeros y los diseños se hicieron más alegres, combinando rayas de diferentes colores u otros diseños de colores.

Los trajes de baño masculinos siguiron la tónica de los usados en el siglo XIX, y no había hombres en la playa con el torno al descubierto. El único cambio observado en sus diseños fue la variedad de modelos y colores para escoger, así como la confección de los mismos en telas más ligeras como la franela.

Hasta la libertad con la en la actualidad se puede disfrutar de un día de playa y sol, muchos hombres y mujeres tuvieron que ser pioneros en su manera dde vestir y actuar, y los victorianos, paradójicamente, a pesar de su conservadora mentalidad fueron auténticos expertos en ello.

Desde La Casa Victoriana queremos desear un Feliz verano a todos nuestros subscriptores y visitantes.

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