Londres rico, Londres pobre

“Two nations; between whom there is no intercourse and no sympathy; who are as ignorant of each other’s habits, thoughts, and feelings, as if they were dwellers in different zones, or inhabitants of different planets; who are formed by a different breeding, are fed by a different food, are ordered by different manners, and are not governed by the same laws.

(Dos naciones; que no tienen nada en común y ninguna afinidad; que ignoran el modo de vida, pensamientos, y sentimientos de la otra, como si ellos  habitaran en zonas diferentes, o en planetas distintos; como si fueran criaturas distintas, alimentadas por  alimentos diferentes, regidas por modales diferentes, y no fueran gobernada según las mismas leyes)

Sybil, or the Two Nations (1845), Disraeli

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Londres rico

Tres eran los barrios más opulentos del West End del Londres victoriano: Berkerley Square, Belgravia y Hyde Park. En ellos era fácil encontrarse a las damas paseando con sus elegantes vestidos protegiéndose del sol con sus elaboradas sombrillas, y a los caballeros con sus chisteras dirigiéndose en sus carruajes a sus negocios de venta, bufetes o bancos.

En los parques, por las tardes, las niñeras cuidaban de los niños o paseaban a los bebés, cubiertos con cálidas mantas o colchas bordadas, en grandes cochecitos de paseo.

Por las noches, elegantes landós, circulaban por las calles tenuemente iluminadas por las farolas de gas, llevando a los adinerados victorianos de vuelta a casa tras las cenas y fiestas que se celebraban en casas privadas o en los locales londinenses de moda, muchos de ellos de dudosa reputación.

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Vía Pinterest

Belgravia era el centro neurálgico de la riqueza victoriana y eduardiana, y aún hoy, es uno de los barrios más caros no sólo de Gran Bretaña sino del mundo entero.

En un principio esta zona era conocida como Five Fields, los Cinco Campos, y alguno de sus barrios eran realmente peligrosos y feudo de bandidos y delicuentes, que hacían que los victorianos más adinerados procuraran evitar vivir en las proximidades, sin olvidar las frecuentes inundaciones que llenaban los campos de barroy hacían que el alcantarillad se desbordase llenando las calles de aguas fecales, excrementos y un olor fétido.

Fue el constructor Thomas Cubitt quien vio las posibilidades de este barrio londinense, y con la ayuda del arquitecto George Basevi, diseñó las calles y plazas de Five Fields, convirtiéndolo en lo que hoy conocemos como Belgravia.

Teniendo como punto principal Belgravia Square, el barrio se llenó de magníficas plazas como Eaton Square, Chester Square o London Square, con bellos jardines, adornadas con destacadas estatuas. Las casas construídas eran elegantes edificios adosados de pocas alturas, (dos, tres o cuatro plantas), de diseño neoclásico, con líneas muy puras y sus característicos estucados.

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Vía Pinterest

La rica burguesía acogió con entusiasmo el nuevo barrio y la aristocracia lo convirtió en “su residencia de Londres”, ya que ellos vivían en sus casas de campo (y cuando hablamos de casas de campo no nos referimos a un coqueto cottage sino a “casas” tipo Downton Abbey). El West End y sus inquilinos empezaban a marcar la diferencia económica y social de Londres. Todo aquel que “era alguien” tenía su residencia en uno de los barrios de esta zona.

En barrios colindantes, mucho menos lujosos vivía la clase media, pequeños comerciantes con negocios de hostelería, mercaderes y profesionales liberales, cuyas familias no pasaban grandes necesidades, pero tampoco eran ricas, y aspiraban a codearse, algún día, con los habitantes de los barrios más lujosos de la ciudad.

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Vía Pinterest

Londres pobre

Frente a este lujo, elegancia y opulencia existía otro Londres radicalmente opuesto, el conocido como East End londinense, cuyo núcleo era Bethnal Green, y donde la esperanza de vida de un niño trabajador de este suburbio no alcanzaba más allá de ¡los 16 años!. De hecho la mitad de los niños del barrio fallecían antes de cumplir los 5 años.

En los barrios del East End como el ya mencionado Bethnal Green, Spitalfields o Stepney la pobreza, el hambre y la miseria eran los compañeros de vida diarios de sus habitantes. El maltrato a las mujeres y los niños, el alcoholismo y la prostitución no eran extraños a sus habitantes.

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Gustave Dore. Dudley street, 1872.

Estos barrios llenos de pobreza recibían el nombre de rookeries. En uno de ellos St.Giles, Charles Dickens situó su novela Bleak House.

En una de sus primeras visitas a Londres, el escritor Jack London se escandalizó de las condiciones de vida que vio en estos lugares; su Londres soñado que él identificaba con la elegancia británica, alternaba la belleza victoriana con una realidad que él no esperaba: hombres, mujeres y niños que buscaban comida podrida entre la basura para poder tener algo con lo que llenar sus estómagos.

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En las casas las familias vivían hacinadas, llegando a convivir hasta 12 personas en pocos metros cuadrados insalubres. Esto llevaba a que las enfermedades se contagiaran, la higiene fuera ínfima y el aire limpio no fluyera por las habitaciones en las que varios miembros de la familia tenían que compartir las camas. De hecho, en algunas casas se establecían horarios para poder descansar.

Por descontado, en estas casas, no existía ni agua corriente ni cuarto de baño. Las necesidades se hacían en calderos, cuyo contenido se arrojaba posteriormente a la calle, provocando un hedor insoportable. El reformista Edwin Chadwick relataba como, para poder acceder a sus casas, algunas personas, tenías que atravesar montañas de basura, en las que las ratas campaban a sus anchas, y hundir los pies hasta los tobillos en lodazales de excrementos.

Este ambiente nauseabundo y la falta de higiene provocaba enfermedades y epidemias como la peste, el cólera o el tifus que causaban miles de muertos.

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Vía Pinterest

 

Si uno era pobre no tenía mucha elección a la hora de escoger trabajo; las mujeres solían trabajar como costureras, un trabajo nada deseable porque sus horas cosiendo eran casi interminables y estaban muy mal pagadas pero al menos era un trabajo limpio y a cubierto.

Uno de los peores oficios era el de tosher, cuya ocupación era hurgar en las alcantarillas, en busca de cualquier cosa de un mínimo valor, desde pequeños objetos de metal, botas o zapatos viejos o monedas. Además se encargaban del mantenimiento del deficiente alcantarillado londinense.

Para hacer su trabajo, os toshers caminaban horas y horas entre la basura de la alcantarillas; pero a veces las cosas se complicaban y morían de una enfermedad infecciosa que habían contraído – por ejemplo, la mordedura de una rata -, ahogados por las aguas subterráneas, o si quedaban atrapados en alguno de los túneles, devorados por las ratas. Ser tosher era un trabajo muy peligroso.

De todos modos, los toshers eran grupos de hombres rudos, muy respetados entre su gente e, increíblemente bien pagado por los contratistas.

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Toshers en las alcantarillas de Londres. Vía Pinterest.

Un trabajo muy parecido al de los tosher lo desarrollaban los mudlark, que hurgaban en el barro y el lodo que se posaba a las orillas del Támesis. Este trabajo, muy peligroso, era desempeñado principalmente por niños.

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Mudlarks entre el barro del Támesis. Vía Wikipedia.

Pero si había un grupo de victorianos maltratados por la pobreza esos eran los niños; el trabajo infantil alcanzaba casi al 100% de los niños que vivían en una situación de pobreza y eran mayores de 6 años: el trabajo en las minas de Gales, en las fábricas textiles del norte o en las chimeneas de las mansiones londinenses. Por supuesto, la mayoría de ellos no acudía a la escuela y no sabían ni leer ni escribir.

Su pequeña constitución hacía que fueran los deshollinadores (chimney sweepers) perfectos, ya que podían introducirse y trepar por las chimeneas con más facilidad que un adulto, pero era común que los pequeños quedaran atrapados, muriendo ahogados por el hollín. Si no era así, el hollín que iba llenando sus pulmones les provocaría una muerte dolorosa en pocos años.

Estos niños, además de mal pagados, eran maltratados con palizas, pinchándolos con objetos afilados para que siguieran trabajando o metiendo su cabeza en calderos de agua helada si por el cansancio se quedaban dormidos.

Sweepers. Vía Pinterest.

Las niñas, que no trabajaban en fábricas solían ser vendedoras callejeras o ayudaban en casa a sus madres cosiendo o ocupándose de sus hermanos y las labores caseras mientras ellas trabajaban sin descanso.

Muchas de ellas trabajaban en fábricas de cerillas. Es célebre el artículo de Annie Besant, la política socialista inglesa, que describía las condiciones infrahumanas de casi esclavitud en la que vivían esas niñas, y la grave enfermedad que contraían en las fábricas a causa de los productos químicos con los que trabajaban.

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Niñas trabajadoras. Vía Pinterest.

Muchos de estos niños escapaban de sus trabajos y se convertían en ladrones y rateros. Pero ni malviviendo así eran libres. Como describió Dickens en algunas de sus novelas, había desalmados que creaban bandas de rateros que tenían a los niños trabajando para ellos, a cambio, de no enviarlos a aquellas casas de maltrato y terror que eran los orfanatos victorianos.

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El Londres victoriano eran dos ciudades en la misma ciudad, en la que convivían la riqueza y la elegancia con la miseria más absoluta.

 

 

 

 

Feliz día de San Patricio

La Casa Victoriana desea a sus seguidores y subscriptores un feliz día de San Patricio.

Y para celebrar el día más verde del año, no dejéis de seguirnos en nuestras Redes Sociales, donde publicamos las mejores imágenes de cultura moda y sociedad de las épocas victoriana y eduardiana.

 

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Día internacional de la mujer trabajadora

Desde La Casa Victoriana queremos celebrar el Día internacional de la mujer trabajadora, con un cuadro de George Dunlop Leslie titulado Her First Place, recordando que aún queda mucho por hacer en la lucha de los derechos de las mujeres en los ámbitos laborales y salariales y en el reconocimiento del respeto social como personas y trabajadoras.

¡Feliz día de la mujer a todos nuestros seguidores y visitantes!

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Vivamos como victorianos

En estas fechas de Carnaval muchas personas aprovechan para vestirse con más o menos acierto de diferentes trajes de época.

Una persona puede disfrazarse de victoriana, también puede recrear la época o puede ¡vivir como un victoriano!

En esta nueva entrada de La Casa Victoriana vamos a conocer a personas de diferentes nacionalidades que han elegido recrear el modo de vida victoriano en su día a día. Algunos de ellos llevan una vida “normal” con trabajos corrientes, y cuando salen de su trabajo y llegan a casa se produce la transformación: cambian sus ropas siglo XXI por ropa siglo XIX y disfrutan de sus hogares decorados al estilo victoriano.

Algunos lo llevan más allá y viven su día a día como victorianos, sin importarle los comentarios, e, incluso, han llegado a hacer de su curiosa forma de vida su trabajo. Veamos algunos ejemplos.

Sarah y Gabriel Chrisman

Sarah y Gabriel son dos apasionados de la época victoriana, que llevan su pasión al extremo de vivir, vestirse y comportarse como victorianos las 24 horas del día. La pareja vive en Washington, en una casa de estilo arquitectónico victoriano americano, y decorada, ¡faltaría más!, con todos y cada uno de los detalles victorianos recreados hasta el último detalle, desde los materiales hasta las telas.

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Fotografía de la web This Victorian Life

Ambos dejan muy claro en su web que no son actores representando un papel, sino dos “personas normales” que han incorporando lo victoriano en su día a día. Están especialmente orgullosos de sus “artefactos” de época, como sus preciosas bicicletas, o su cocina victoriana, en la que cocinan platos según las recetas de la época.

Entrar en casa de los Chrisman es sumergirse en una casa de época donde nada es incongruente con la época, ni la casa, ni la decoración, ni los objetos ni sus habitantes.

Esta es su web, donde podéis ver su casa, además de otros vídeos sobre día a día y sus actividades: This Victorian Life

Sarah es tremendamente popular en Estados Unidos ya que es una asidua de los programas de televisión que requieren su presencia para hablar de diferentes usos y costumbres del siglo XIX. Su fama no viene dada sólo por su estilo de vida, sino porque se ha convertido en una autora de diferentes best sellers relacionados con la época victoriana.

Algunos de sus libros más populares de no ficción tienen como temática diferentes costumbres de la época victoriana:

  • This Victorian Life: Modern Adventures in Nineteenth- Century Culture, Cooking, Fashion and Technologies.
  • True Ladies and Proper Gentlemen: Victorian Etiquette for Modern Day Mothers and Fathers, Husbands and Wives, Boys and Girls, Teachers and Students, and More.
  • Victorian Secrets: What A Corset Taught Me About the Past, The Present and Myself
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Fotografía de la web This Victorian Life

También ha hecho incursiones en el mundo de la ficción con una serie de libros titulados The Tales of Chetzemoka, con el nexo común de un club victoriano de ciclismo, de hecho todos los libros llevan como subtítulo A Victorian Cycling Club Romance, de la que ha editado varios volúmenes con éxito.

Además, el matrimonio ofrece servicios de consultoría histórica, presentaciones y organización de eventos, entre otros.

Os dejo un vídeo para que podáis ver una entrevista con los Chrisman. Está en inglés, y se pueden activar los subtítulos (en inglés, también).

Victorian Secrets

Peter Sauders

Peter Sauders es un hombre británico de 36 años, cuyo sueño siempre fue vivir en una casa de estilo victoriano: Como arquitectónicamente no encontró en la ciudad ninguna casa que cumpliera sus expectativas, Peter decidió comprar un cottage y convertirlo en su hogar victoriano.

Durante el día, trabaja como informático, pero cuando acaba su jornada laboral y entra en su hogar, Peter se transforma en un verdadero victoriano, no sólo porque su casa parece sacada de un libro de historia del siglo XIX, sino porque cambia su ropa con un vestuario más acorde con su nuevo hogar.

En este vídeo podéis cómo vive Peter: El refugio victoriano de Mr. Saunders

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Fotografía de Il Sussidiario.net

Peter admite que, a pesar de su pasión por lo victoriano, hay algunos inventos modernos de los que no es capaz de prescindir: el congelador, la nevera y la calefacción central.

Uno de los méritos de Peter fue la decoración; ante la imposibilidad de encontrar muebles y objetos de decoración originales de la época -unas veces por la dificultad para localizarlos y otras por los elevadísimos precios que tienen en el mercado- este victoriano moderno decidió hacer él mismo la mayor parte de su mobiliario, incluidas las alfombras que confeccionó de acuerdo con patrones y modelos de la época.

Su último proyecto ha sido crear una preciosa tienda de ultramarinos de estilo victoriano en su propiedad, en la que no falta detalle. Además este grocery victoriano está abierto al público, y sus productos pueden ser adquiridos on line, y a través de Facebook,  lo cuál no es muy victoriano, pero sí una buena publicidad para lograr publicidad y clientela.

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Fotografía de http://www.express.co.uk

En el enlace que os dejamos podéis observar la preciosa caja registradora y el aire decimonónico del que ha impregnado todo el local.

La casa y el ultramarinos de Peter Saunders

Toda esta renovación para hacer de su casa una antigüedad de catálogo le ha costado sus ahorros y gran parte de sus ingresos, pero ha podido cumplir su sueño.

Estos son dos ejemplos de personas del siglo XIX que han decidido viajar al siglo XIX: Sarah y Gabriel con una inmersión en toda regla en la época, viviendo como victorianos las 24 horas del día, y Peter haciéndolo cuando sale de su trabajo.

Pero, yo me pregunto, ¿también han prescindido del ordenador y los smartphones? Permitidme que lo dude…

 

Reformamos nuestra casa

En La Casa Victoriana queremos seguir siendo el blog de referencia de tema victoriano de lengua hispana y que nuestros más de 700,000 visitantes se sientan parte de esa irrepetible época cada vez que entren en nuestra casa.

Con la llegada del nuevo año queremos hacer algunas reformas para seguir ofreciendo los mejores contenidos con un renovado diseño, que esperamos que sea de vuestro agrado.

Por este motivo, durante unos días estaremos en obras, por lo que es probable que la visualización de la web no sea todo lo perfecta que nos gustaría.

Os pedimos disculpas por este pequeño inconveniente y prometemos regresar lo antes posible con nuestra casa renovada y con muchas sorpresas.

Mientras seguiremos mostrándoos lo mejor de la era victoriana en nuestras Redes Sociales:

Facebook: @epocavictoriana

Instagram: lacasavictoriana

Pinterest: La Casa Victoriana

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Feliz y victoriano año nuevo 2017

Una de las costumbres victorianas más arraigadas para despedir el año consistía en la reunión de los invitados formando un círculo, y cogidos de las manos o de los hombros cantar el famoso poema de Robert Frost Au Land Syne.

Con él, La Casa Victoriana quiere desear a todos sus subscriptores, visitantes y amigos un año lleno de felicidad y prosperidad, emn el que los deseos se cumplan y la capacidad de soñar nunca nos abandone.

¡Feliz año para todos! ¡Os esperamos en nuestro espacio victoriano en 2017!

Au Land Syne

Should auld acquaintance be forgot,
And never brought to mind?
Should auld acquaintance be forgot,
And auld lang syne!

Chorus – For auld land syne, my dear,
For auld lang syne,
We’ll tak a cup o’ kindness yet,
For auld lang syne.

And surely ye’ll be your pint stowp!
And surely I’ll be mine!
And we’ll tak a cup o’ kindness yet,
For auld lang syne.

Chorus…

We twa hae run about the braes,
And pou’d the gowans fine;
But we’ve wander’d mony a weary fit
Sin’ auld lang syne.

Chorus…

We twa hae paidl’d in the burn,
Frae morning sun till dine;
But seas between us briad hae roar’d
Sin’ auld lang syne.

Chorus…

And there’s a hand, my trusty fere!
And gie’s a hand o’ thine!
And we’ll tak’ a right gude-willie waught,
For auld lang syne.

Chorus…

¿Deberían olvidarse las viejas amistades
y nunca recordarse?
¿Deberían olvidarse las viejas amistades
y los viejos tiempos?

 ESTRIBILLO:
Por los viejos tiempos, amigo mío,
por los viejos tiempos:
tomaremos una copa de cordialidad
por los viejos tiempos.

Los dos hemos correteado por las laderas
y recogido las hermosas margaritas,
pero hemos errado mucho con los pies doloridos
desde los viejos tiempos.

ESTRIBILLO

Los dos hemos vadeado la corriente
desde el mediodía hasta la cena,
pero anchos mares han rugido entre nosotros
desde los viejos tiempos.

ESTRIBILLO

Y he aquí una mano, mi fiel amigo,
y danos una de tus manos,
y ¡echemos un cordial trago de cerveza
por los viejos tiempos!.

ESTRIBILLO

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¡Victorianos al agua!

En la segunda década del siglo XIX, tanto las autoridades públicas como los médicos intentaron promover entre la sociedad el concepto de salud, apoyados por actos públicos y leyes aprobadas en el Parlamento, propuestas por reformistas sociales de la época como Lord Shaftesbury.

Una de las recomendaciones más usuales para el tratamiento y la recuperación de enfermedades leves y crónicas fueron los baños en los lagos y en el mar y las estancias en las zonas costeras.

Además el concepto de “disfrutar del tiempo libre” comenzaba a calar entre todas las clases sociales, y  una excursión a la playa hacía las delicias de niños y adultos.

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Gracias a esta nuevo modo de comprender el ocio, hubo un desarrollo de las zonas costeras que amenizaban las visitas con lugares puestos de comida y bebida, orquestas, parques de atracciones, ferias y nuevas formas de entretenimiento con las que atraer al público de todas las edades y clases, pero también promovió un nuevo concepto de moda que no existía hasta ese momento: la moda de baño.

La costumbre decía que los niños y los hombres podían bañarse desnudos, y las mujeres vestidas, pero la rígida moral victoriana unida a los códigos de vestuario exigidos en muchas zonas turísticas hicieron que los hombres tuvieran que adoptar la costumbre de cubrirse el cuerpo.

En un primer momento lo hicieron con gruesos trajes de baño con pantalones hasta la rodilla denominados all-in-one, es decir, de una sola pieza, y confeccionados en lana gruesa. Estos bañadores no sólo eran incómodos sino muy antiestéticos, ya que, además del peso que adquirían cuando se mojaban, perdían toda su forma.

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A raíz de los Juegos Olímpicos de 1896, se pusieron de moda los trajes de baño que utilizaban los nadadores olímpicos: trajes de una sola pieza, con el pantalón hasta el tobillo o la rodilla y mangas largas,  ajustados al cuerpo.

Otro de los modelos que triunfaba entre los hombres era un modelo de dos piezas, compuesto por pantalones cortos y una prenda semejante a una camiseta en la parte superior, sustituyendo la lana gruesa por tejidos menos pesados, como la franela.

Los diseños eran lisos o con camiseta de rayas y pantalón liso, muchas veces con cinturón, predominando los colores azules oscuros y negros.

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Las damas pronto se entusiasmaron por la nueva moda de los trajes de baño, cuyo diseño iba cambiando constantemente para satisfacer la coquetería de las bañistas, que demandaban nuevos modelos, pero también para adaptarse a la comodidad y funcionalidad del baño.

El diseño que triunfó por encima de los demás, respetando el recato al que debían someterse las prendas femeninas victorianas, consistía en un traje de baño de una sola pieza, all-in-one, compuesto por pantalones bombacho, tipo turkish, holgados, con una longitud por debajo de la rodilla. En algunos modelos estos pantalones eran del modelo popularizado por Amelia Bloomer, los bloomers y podían cubrir toda la pierna.

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Como no se consideraba elegante – ni decoroso- que una mujer se exhibiera en pantalones, excepto en el caso, ya aceptado, de que fuera en bicicleta, las damas llevaban una falda cubriendo el pantalón, unas veces hasta el muslo, hasta la rodilla e incluso ¡hasta los tobillos!

Estos pantalones solían rematar en volantes o encajes fruncidos, generalmente a juego con otras partes del traje.

La parte superior del traje de baño, dando un aspecto de ser un bañador de dos piezas, era una camisa, con cuello amplio, lleno de encajes y lazos en contraste, simulando, en la mayoría de las ocasiones, los típicos cuellos marineros.

Las mangas de las camisas eran largas, terminando con encajes como los pantalones.

Para completar el atuendo, las mujeres utilizaban zapatillas tipo bailarinas, planas, muchas de ellas con cintas para que se pudieran sujetar a las piernas; estaban confeccionadas en lona o felpa y solían ser de color blanco con vivos de colores como contraste.

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El calzado en la playa tenía más que ver con la seguridad que con el decoro: las playas de la costa británica estaban llenas de piedras y la limpieza no era habitual, ni siquiera en los lugares más turísticos, por lo que no eran extraños los cristales rotos y otras inmudicias.

El cabello iba cubierto con gorros de algodón, adornados con encajes o lazos. Los materiales para su confección eran la sarga y la franela, ya que se consideraba que los tejidos gruesos protegían a la mujer de la fría temperatura del agua, y aunque en algunas ilustraciones vemos diseños de vivos colores, el negro era el color predominante.

De lo que se trataba era de que la mujer no mostrase ni un centímetro de piel más del estrictamente necesario para bañarse. Incluso existían las bathing machines, una especie de casetas de baño con ruedas que se situaban en la orilla del mar, para que las mujeres pudiesen cambiarse y meterse directamente en el agua, y salir del agua y meterse de nuevo en ella.

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Las bathing machines no estaban habitualmente en la orilla, sino que eran transportadas hasta allí tiradas por caballos en los momentos de apogeo turístico y se retiraban después. Estas casetas, hechas con gruesas paredes de madera o con lonas que cubrían un armazón de madera, tenían una puerta que daba directamente al mar, con unas escaleras para que las damas pudieran descender y posteriormente ascender de nuevo sin ser observadas.

En su interior sólo había un banco y algunas toallas. La única iluminación que tenían era la luz natural que entraba por las aberturas del tejado o por pequeñas ventanas de la estrucura.

Si en la playa no existían bathing machines, las mujeres utilizaban capas largas hasta los pies para cubrirse hasta llegar a un lugar donde cambiarse. Muchas de esas capas llevaban incluso capuchas para que la mujer pudiera ocultar su rostro.

Al final de siglo, las mujeres fueron reivindicando su papel en la sociedad, lo cual incluía poder disfrutar de los momentos de ocio de una manera cómoda y más relajada.

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El diseño de sus vestidos, que sustituía a los polisones y crinolinas, por conjuntos de faldas y camisas más confortables también influyó en el diseño de los trajes de baño.

Las eduardianas dejaron de lado los bloomers  y las mangas largas, cambiándolos por trajes de baño que bien podrían semejarse a los vestidos tipo skater, con faldas de vuelo hasta las rodillas, conjuntadas con una camisa de manga corta con cuello amplio, con volantes o lazada, y mangas tipo farol o abullonadas hasta el codo.

Ambas piezas iban unidas por un cinturón y adornos en contraste, dando como resultado um simpático vestido de diseño marinero, usualmente de color azul marino o negro.

Las piernas iban cubiertas por medias de vivos colores, y los pies calzaban zapatillas planas. El cabello iba cubierto por un gorro, un pañuelo anudado en la parte superior con una lazada pequeña, o simplemente descubierto.

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Además las bathing machine dieron paso a coquetas casetas de baño, donde las mujeres podían cambiase de ropa con comodidad y, después, ir caminando, hasta el agua por la playa.

Es cierto que seguían bañándose exageradamente vestidas y, además, calzadas, pero el avance que supuso el cambio de modelo y de actitud fue realmente enorme.

A medida que nos adentramos en el siglo XX, las mujeres fueron mostrando más piel y mostrándose más atrevidas a la hora de acudir a la playa. Ahora las mujeres ya no sólo se sentaban o se bañaban tímidamente sino que jugaban saltando olas agarradas a una cuerda, para que la fuerza de las olas no las tirara o paseaban por la orilla disfrutando del agua y del sol.

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Sus trajes de baño se acortaron y se ciñeron al cuerpo, adoptando la forma de los bañadores masculinos, con shorts y camisetas largas y ajustadas tipo maillot, , o trajes de una sola pieza parecidos a los bañadores de una pieza actuales.

Los materiales de confección se hicieron más ligeros y los diseños se hicieron más alegres, combinando rayas de diferentes colores u otros diseños de colores.

Los trajes de baño masculinos siguiron la tónica de los usados en el siglo XIX, y no había hombres en la playa con el torno al descubierto. El único cambio observado en sus diseños fue la variedad de modelos y colores para escoger, así como la confección de los mismos en telas más ligeras como la franela.

Hasta la libertad con la en la actualidad se puede disfrutar de un día de playa y sol, muchos hombres y mujeres tuvieron que ser pioneros en su manera dde vestir y actuar, y los victorianos, paradójicamente, a pesar de su conservadora mentalidad fueron auténticos expertos en ello.

Desde La Casa Victoriana queremos desear un Feliz verano a todos nuestros subscriptores y visitantes.

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Fotografía victoriana y eduardiana