Los libros de Alicia

¡Estrenamos Tablero en Pinterest!

La Casa Victoriana desde su tablero, Alicia en el País de las Maravillas. Alice’s Adventures in Wonderland, te invita a compartir una completísima colección de portadas de libros de Alicia en el País de las Maravillas de distintas ediciones y en diferentes idiomas, diseñadas por los mejores ilustradores.

Así que preparad una taza de té, un pedazo de pastel de no-cumpleaños y disfrutad de un encantador paseo por Wonderland.

http://es.pinterest.com/casavictoriana/alicia-en-el-pa%C3%ADs-de-las-maravillas-alices-adventu/

Lorhrop Publishing Co.

Happy “Catloween”: Los gatos victorianos de Whittier y Wain

“Rabbits are the easiest to photograph in costume, but incapable of taking many ‘human’ parts. Puppies are tractable when rightly understood, but the kitten is the most versatile animal actor, and possesses the greatest variety of appeal,”

Harry Whittier Frees (1879–1953

gatos lana

No hay Halloween sin brujas y no hay brujas sin sus gatos. El gato estuvo y estará unido a la tradición del misterio y la superstición, aunque durante la época victoriana algo cambió y lo convirtió en protagonista indiscutible de la casa, la decoración y hasta la fotografía.

Antes de esta época, el gato no era un animal doméstico, tal y como entendemos en nuestros tiempos esa expresión, sino simplemente un animal “útil” al que tener en casa, ya que su presencia garantizaba que los ratones se mantendrían lejos de la casa.

mesa

No fue hasta la llegada de la Reina Victoria, una niña solitaria con la única compañía de sus muñecas y sus mascotas, que la percepción de los gatos y de los animales en general cambió para la sociedad.

Fue Victoria, gran amante de los animales, quien patrocinó la primera sociedad en contra del maltrato animal del Reino Unido – de hecho ella tenía varios perros y dos gatos persas a los que adoraba, y que aparecen en varias fotografías de la época.

Aunque, como todos los victorianos tenía sus contradicciones: patrocinar la asociación no era incompatible con practicar los numerosos deportes de caza que tanta tradición tenían entre la realeza británica.

gato cazuela

Así los gatos pasaron a convertirse en el animal de moda victoriano y a aparecer en multitud de elementos decorativos, pinturas, dibujos y hasta fotografías, protagonizando no sólo las ilustraciones  de Halloween sino apareciendo en las ilustraciones de  libros infantiles y otras postales y fotografías victorianas.

¿Creíais que las fotografías de gatitos adorables son fruto de la era internet?

De ningún modo, a finales del siglo XIX, Harry Whittier Frees , fotógrafo estadounidense comenzó a retratar a gatos en poses y actitudes humanas, consiguiendo fotografías que nada tienen que envidiarle a las imágenes virales que invaden las redes sociales en la actualidad, convirtiéndose en el pionero del fenómeno LOLcat.

harry

Todos sus gatitos aparecen vestidos como personas y representando escenas cotidianas de la vida victoriana, ya que como afirma en su libro Animal Land on the Air, el gato es el actor con más talento de entre todos los animales, y aunque no fácil trabajar con él, es el animal que más versatilidad ofrece a un fotógrafo para poner en práctica su arte.

Muchas de las imágenes aparecen acompañadas de una frase humorística que tiene que ver con la escena.

Pero Whittier Frees no fue el único artista que creo un universo de gatos. Louis Wain, también brilló en el suyo aunque dentro del campo de la ilustración y el dibujo.

El mismísio H.G.Wells dijo de él:

“He has made the cat his own. He invented a cat style, a cat society, a whole cat world. English cats that do not look and live like Louis Wain cats are ashamed of themselves.”

Su mundo icónico y costumbrista de gatos antropomórficos se ganó el favor del público victoriano que lo encumbró como uno de los ilustradores más célebres de la época, publicando sus dibujos en varias revistas con gran éxito.

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En sus ilustraciones los gatos que siempre aparecían caminando sobre dos patas y, a menudo, vistiendo atuendos humanos, representaban una escena que encubre, bajo la ilustración humorística,  una visión crítica de la sociedad victoriana, que habitualmente remarca con una frase o diálogo irónico de los gatos protagonistas.

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A veces, sus dibujos y su mundo gatuno es tan surrealista que muchos autores coinciden en afirmar que el ilustrador sufría trastornos esquizoides que asomaban a través de sus caricaturas.

Las ilustraciones de Wain, donde muestra su particular visión del mundo a través de los gatos, están enormemente cotizadas en la actualidad.

Feliz Halloween a todos los los seguidores y seguidoras de La Casa Victoriana.

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Edith Holden

No one who can read,

even looks at a book, even unopened on a shelf, like one who cannot

Charles Dickens

Hay libros que son capaces de transportarnos a otras épocas, que nos hacen pensar, sentir, admirar, amar o rebelarnos ante las circunstancias que se narran. En algunas ocasiones nos sentimos como espectadores silenciosos, observadores de un argumento que no nos deja indiferentes, pero en el que nunca interferiríamos para cambiar ni una sóla palabra, ni una única coma y, otras en las que nada nos gustaría más que ser los protagonistas y vivir cada una de las vivencias que se narran, para disfrutarlas o poder cambiar su rumbo a nuestro gusto.

Hay libros que nos hacen comprender circunstancias de épocas pasadas y otros en los que contemplamos con cierta resignación y mucha desolación cómo las cosas no han cambiado tanto como deberían, como los modelos sociales se siguen repitiendo y el ser humano parece no haber aprendido de sus errores.

Pero existe lo que yo denomino de una manera un poco infantil libros bonitos: libros para sentarse en día de verano bajo la sombra de un árbol sin más intención que curiosear por sus páginas, llenarnos de luz y color con bellas ilustraciones mientras las acompañamos del dulce romanticismo de Keats, de la pasión de un soneto shakesperiano o simplemente de anotaciones personales escritas con una bella caligrafía. En este grupo incluiría los dos libros que me gustaría compartir con vosotros: The Country Diary of an Edwardian Lady y The Nature Notes of an Edwardian Lady, de Edith Holden.

Pero, más allá de la belleza visual, debemos hacer justicia a estas pequeñas joyas de la ilustración que reflejan la vida y experiencias de una artista excepcional y una mujer en continua lucha contra los convencionalismos.

The Country Diary of an Edwardian Lady y The Nature Notes of an Edwardian Lady

Aunque durante su vida Edith Holden (1871-1920) fue una reconocida ilustradora victoriana de cuentos y rimas infantiles, su obra permaneció en el olvido hasta que en los años 70 su sobrina-nieta le mostró un libro de herencia familiar a un editor, que rápidamente reconoció en él un pequeño tesoro.

El libro era una colección de delicadas acuarelas de temática natural: la flora y fauna, las estaciones, la granja… con valiosas descripciones, que revelaban unos conocimientos más que notables de botánica y zoología. Anotaciones personales, versos de los más destacados poetas británicos y rimas populares, completaban un cuaderno de una belleza casi insuperable.

El libro, datado en 1906 y publicado en 1977 en formato facsímil -lo que le da un valor añadido a la singularidad de la obra- fue un éxito de ventas que en el año 2000 había alcanzado más de 6 millones de copias.

La vida de Edith Holden, como muchas otras heroínas victorianas que han acudido a La Casa Victoriana, fue bastante singular para una mujer de su época.

Su padre, un fabricante de barniz, conocido por su filantropía, y su madre, biógrafa de santas, compartían rígidas y conservadoras ideas religiosas que intentaron transmitir a sus cuatro hijas. Pero también le inculcaron el amor por las disciplinas artísticas, en especial por el dibujo y la pintura; por ello animaron a sus hijas a encaminarse al mundo del arte matriculándolas en la Birmingham School of Art.

Todas ellas se dedicaron a la pintura y ilustración, pero fue Edith quien puso un especial interés en reflejar la naturaleza con sus formas y colores a través dela pintura, razón por la cual acudió a clases con el pintor John Adam, en cuya granja los estudiantes podían estudiar, pintar a los animales y estudiar el mundo de la naturaleza como espectadores privilegiados.

Holden expuso su obra en la Academia de las Artes de Birmingham, pero como otras mujeres pintoras no fue tomada en serio por sus contemporáneos. Para la sociedad victoriana un pintor era un artista, pero una mujer que pintaba sólo era una dama con un talento pictórico que empleaba como pasatiempo, como la costura o la música.

El único resquicio para mostrar su arte y poder vivir de él, era ilustrar libros infantiles. Edith se rindió a la evidencia de que, a no ser de este modo, no podría dedicarse a su pasión por el arte, así que se empleó con devoción al mundo de la ilustración infantil, llegando a ser una reconocida artista en este campo.

Pero nunca olvidó su auténtica pasión por reflejar en coloristas acuarelas el mundo natural, recogiendo en un diario deliciosamente ilustrado sus experiencias y su visión de la naturaleza, proporcionándonos, además, una interesantísima visión de su propia vida, sus gustos e inquietudes.

Este diario se completó con un segundo cuaderno encontrado más tarde y publicado en 1987 con el título de The Nature Notes of an Edwardian Lady, y tan recomendable como el primero.

La vida de Edith Holden transcurrió por el límite de lo considerado convencional para una mujer de su tiempo. A la edad de 40 años, edad muy tardía para una dama victoriana,  se enamoró apasionadamente de Ernest Smith, un escultor 7 años más joven y haciendo caso omiso a las desaprobaciones familiares y sociales se casaron y se mudaron a Chelsea, para participar activamente del círculo artístico londinense.

 En 1920, mientras observaba unos brotes de castaño para reflejarlos en su obra, Edith se cayó al Tamésis, muriendo ahogada. Su marido falleció poco tiempo después inacapaz de superar su pérdida.

Hoy, gracias a su familia y un avispado editor, podemos disfrutar de la obra que Edith Holden quiso exponer y publicar, intención que en su momento le fue negada. Ambos libros están a la venta y se pueden conseguir de segunda mano – los míos lo son- a precios muy asequibles y en casi perfectas condiciones de uso. Me consta que alguno de ellos ha sido publicado en castellano, pero sin desmerecer la edición, os recomendaría las ediciones inglesas, merece la pena el esfuerzo de leer los poemas en la versión original.

En 1984, se rodó una serie de 12 episodios para la televisión británica, basada en la vida de  ilustradora y su trabajo, titulada igual que su cuaderno The Country Diary of an Edwardian Lady. No puedo opinar de ella, ya que no la he visto, pero las críticas no fueron demasiado brillantes, superando por poco margen el aprobado.

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Me gustaría agradecer sinceramente todos vuestros comentarios y felicitaciones, especialmente a aquellos blogs amigosque me habéis otorgados premios con tanto cariño. Me ha hecho mucha ilusión ver como La Casa Victoriana os gusta tanto por su contenido como por su diseño.

Pero también debo pediros disculpas por la tardanza en responder a los comentarios y preguntas que me hacéis. No es dejadez ni desinterés, sólo falta de tiempo para contestar como me gustaría.

Como podéis observar, las puertas de La Casa Victoriana no se abren muy a menudo con nuevos posts – y lo digo con resignación. El cuidado que trato de poner en la elección de los temas, el contenido riguroso y la búsqueda de las imágenes que los acompañan me llevan más tiempo del que habitualmente dispongo y la publicación se va ralentizando. Os confieso que cada publicación significa para mí el éxito de un esfuerzo personal.

Debo comentar algo acerca de las bellas imágenes que aparecen en el blog: muchas de ellas son de mis libros, o de la época victoriana libres de derechos de autor, otras las encuentro en internet;  si son privadas pido permiso al artista para su publicación, si veo una imagen adecuada y no puedo contactar, incluyo su autoría, bien al final de la entrada o al pinchar sobre la imagen. Si alguien pudiera sentirse molesto, que contacte conmigo y serán retiradas lo antes posible. Este blog no tiene ánimo de lucro, sólo de difusión cultural y no pretende ni ofender ni aprovecharse del trabajo y la creatividad de otros.

Y, es cierto – tienes toda la razón, Laura – que el blogroll necesita una actualización urgente. Mientras no me pongo con ello, os recomiendo enlazar con las páginas de muchos amigos que me visitan, muchas de ellas con contenido afín y otras muy interesantes.

Espero poder subsanar estas carencias lo antes posible y poder seguir compartiendo hechos y personajes de esta maravillosa época con todos y todas.

Tarjetas de San Valentín

Hace pocos días recibí un pequeño y curioso libro que me servirá de fuente para esta entrada-homenaje a una de las fechas que más disfrutaban los victorianos.  El libro, creo que descatalogado en la actualidad, se titula Tokens of Love, y está publicado por Abbeville Press y escrito por Roberta Ette, una apasionada de la fotografía antigua y coleccionista de ephemera, que ha pasado a engrosar mi lista de libros destacados sobre temática victoriana. El libro me resultó interesante no sólo por la información que contiene, sino por lo cuidado de su impresión y la alta calidad de reproducción de sus ilustraciones de tarjetas, grabados, viñetas, comics y otros objetos relacionados con las señales de amor (título del libro) a través de la historia.

A través de estas muestras de amor, la autora hace un ameno recorrido por los diferentes momentos históricos y culturales de occidente, centrando gran parte de su estudio en la época victoriana en la que el amor romántico triunfó sobre el amor pactado de épocas anteriores.

A comienzos del siglo XIX la señal de amor más popular era la tarjeta de San Valentín. Esas felicitaciones, hechas en frágiles papeles con mezclas de seda y satén y rodeadas por filigranas de encajes y puntillas, conseguía que cada visita del cartero, el 14 de febrero,  provocara crisis nerviosas.

Las St Valentine’s cards victorianas nos trasladan a una época donde los sentimientos de los enamorados se expresaban con cursis poesías escritas en envoltorios tan bellos como extravagantes, pero llenos de tierno amor y esperanza.

La tarjeta manía que se apoderó de los victorianos hizo que muchas empresas de material de papelería vieran en ello un gran negocio y comenzaran a proliferar marcas comerciales que se esforzaban por tener una imagen propia que las diferenciase de las demás y, así, ganar el favor del público, convirtiéndose en la marca favorita y de referencia. La mayoría de estas marcas trabajaban artesanalmente sobre diseños propios, lo que hace que las tarjetas sean tan bellas y al mismo tiempo tan valiosas. Merece la pena conocer su trabajo y casi empalagarnos de las dulces muestras de amor victorianas.

Dobbs Company of England

La marca Dobbs, fundada en Londres en 1803,  creó unas tarjetas de San Valentín de exquisita belleza hechas con delicadas puntillas de papel. Cada tarjeta estaba decorada por pinturas hechas a mano donde predominaban los temas de flores o cupidos, frecuentemente colocados sobre satén o seda. Además una pequeña leyenda o frase amorosa acompañaba a la pintura, frecuentemente recargada con plumas de colores, flores secas o lazos. Todo un alarde de decoración recargada que, aunque parezca mentira, quedaba muy elegante en su conjunto.

Eugene Rimmel

Los fabricantes estaban constantemente inventando nuevas combinaciones de materiales decorativos y recursos para hacer una presentación lo más agradable y espectacular posible. Uno de esos nuevos productos fue el presentado por Eugene Rimmel, cuya compañía operaba en Londres, París y Nueva York. Rimmel, un reputado perfumista, concibió un saquito lleno de esencias perfumadas dentro de un sobre al que no le faltaba ni una sola de las características de las cards victorianas.

El saquito que contenía las esencias estaba hecho de algodón grueso y se metía en un sobre decorado de brillante papel plateado con filigranas en relieve. A medida que el saquito de San Valentín se fue haciendo popular, Rimmel presentó nuevos sobres elaborados con diferentes materiales. Dependiendo del material, el saquito era más valioso, ya que se pusieron a la venta sobres de papel perforado que mostraba siluetas, cuero repujado, grabados de madera y litografías, adornadas con pinturas hechas a mano, bordados, papel cortado que simulaba encajes, sedas, plumas de exóticos pájaros de América del Sur, filigranas de cristal, lacados. Después del éxito del sachet perfumado, Rimmel se atrevió con diferentes y originales objetos para que las damas fueran agasajadas en este día especial; todo ello con el aroma de las deliciosas esencias Rimmel.



Joseph Mansell

Mansell se dedicaba a los productos de papelería cuando comenzó la fabricación de valentines en 1835. Las características más destacadas de sus tarjetas fueron el cutting del papel tan delicado y un trabajo tan proteccionista y cuidado al máximo detalle que podía ser confundido por encaje y puntilla real. Estas filigranas de papel no se quedaban un mero dibujo geométrico típico de los encajes sino que representaba figuras, edificios, árboles, pájaros y todo aquello que la prodigiosa imaginación de Joseph Mansell fuera capaz de trasladar a su exquisito dominio del corte de papel, que sugerían un elegante estilo camafeo.

Además, alrededor de 1840 empezó a tintar el papel con románticos colores pastel o con sorprendentes dorados que se mezclaban con los poemas y  distintivas siluetas que adornaban el centro de la postal.

Charles Magnus

La compañía de Charles Magnus, con sede en Nueva York, estuvo funcionando desde 1854 a 1870 y, a pesar del poco tiempo que estuvo en activo, hizo una de las aportaciones más revolucionarias al mundo de las cards, las tarjetas con elementos móviles, muy utilizadas posteriormente por los tarjeteros alemanes. Estos elementos aparecían unas veces sobre una hoja de papel con membretes dorados y otras sobre partituras musicales.

Esther Howland

Empapada por el espítitu romántico más puro, las tarjetas de Esther Howland pasaron de ser un pequeño presente de San Valentín para sus amistades, a convertirse en un objeto de deseo a ambos lados del Atlántico, como símbolo del refinamiento y la belleza por los amantes de las valentine’s cards.

Hija de un artesano de la industria del papel, comenzó a hacer sus propias tarjetas hechas de puntillas de papel y decoradas con scraps de flores. En ellas no faltaba una pequeña dedicatoria para expresar los mejores sentimientos a la persona amada.

Su padre se percató del éxito de las tarjetas de Esther entre las damas y la convenció para dedicarse a su diseño de un modo más profesional. El éxito de ventas fue tal que pronto montó un pequeño taller casero para el que contrató a varias amigas con la tarea decopiar las muestras que ella les entregaba. Alrededor de 1850 sus tarjetas comenzaron a ser más elaboradas, sin abandonar la alta calidad que las distinguía: las delicadas flores de papel pegadas y las parras y hojas pintadas a mano fueron paulatinamente sustituidas por los brilantes y coloristas scraps alemanes.

De hecho la utilización de las láminas de scrap para aliviar la rigidez de las puntillas de papel fueron una marca distintiva de las tarjetas Howland. Otras de sus características eran la superposición de capas de adorno de papel y scraps y la profusión de color en el tintado del papel y en las láminas. Además las tarjetas contenían un pequeño mensaje en una hoja de papel separada. Todo ello sin olvidarnos de la H de Howland que aparecía en el reverso de las cards, bien en la esquina superior o inferior, bien en el centro acompañada por un corazón blanco.

En 1880 Esther Howland vendió su exitoso negocio a George C. Whitne y& Co.para dedicarse a cuidar a su viudo padre, necesitado de cuidados a causa de un grave accidente.

George C. Whitney & Co.

Asentado tanto en Europa como en Estados Unidos la Whitney Company se dedicó intensivamente al negocio de las cards en el último cuarto el siglo XIX. Su política consistió en encargar el papel cortado desde los mejores talleres de Inglaterra e imitar el estilo Howland, sustituyendo la H del reverso por una W. Además esta compañía compró la A.J. Fisher Company de Nueva York comenzando otro lucrativo negocio, el de los comics de San Valentín, uno de sus productos más populares.

Animado por el éxito, Whitney decidió incrementar su negocio prescindiendo de los proveedores ingleses para fabricar ellos mismos el papel y los adornos. Después del incendio de 1915 donde la fábrica de Whitney casi desaparece, la empresa retomó su actividad dirigida por su hijo Warren hasta su cierre en 1942, acuciada por las restricciones comerciales y la escasez de papel que impuso el tiempo de guerra.

Ilustradores de Valentines

Me gustaría terminar este post haciendo mención a dos magníficos ilustradores que hicieron del diseño de tarjetas de San Valentín todo un arte. Estos ilustradores trabajaban por encargo, dibujando tarjetas para empresas que los imprimían en serie y los distribuían por toda Europa occidental y Estados Unidos. Frente a las tarjetas que describimos anteriormente donde predominaba el trabajo artesanal, estas tarjetas eran impresiones que se vendían a precios mucho más populares y que crearon una auténtica cardmania en la sociedad victoriana.

La primera de ellas la inigualable Kate Greenaway, a la que le dedicamos ya un post en este blog, y cuyas ilustraciones nos llevan a una infancia llena de ternura e inocencia, que supo reflejar en unas tarjetas llenas de dulzura.

Samuel L Schmucker, ilustrador estrella de Marcus Ward, cuyos diseños son fácilmente identificables por sus bellísimas  ilustraciones a todo color de damas victorianas enamoradas, acompañadas de una pequeña leyenda o poema referente al amor. Todas sus tarjetas tenían un elaborado y cuidado diseño con imágenes muchas veces en relieve, marcos dorados de filigrana y letras en diferentes fuentes calígrafas en las que combinaba varios colores. Un conjunto con el que quizás identificamos la tarjetas de valentine victoriana más que con cualquier otro.

Si quieres más informacion sobre tarjetas de San Valentine y scrap victoriano visita:

http://www.indiana.edu/~liblilly/index.php

http://www.scrapalbum.com/

http://www.antiques-atlas.com/antiques/Ephemera/Greetings_Card/Valentines_Cards.php

Y si te interesa la moda victoriana visita una coleccion de paper dolls victorianas en  mi blog:

www.casitadepapel.wordpress.com

¡Feliz St Valentine’s Day!

Edgar Allan Poe: El Cuervo

Los que sueñan de día son conscientes de muchas cosas que escapan a los que sueñan sólo de noche.

edgarallanpoe

Esta frase de Edgar Allan Poe me parece el perfecto prólogo para hablar sobre uno de los mejores novelistas y poetas que ha dado la literatura norteamericana y a quien damos la bienvenida por primera vez a La Casa Victoriana en este tiempo de misterio y almas perdidas que es el Samaín, en mi tierra, o Halloween en tradición anglosajona.

Sabéis que en todos los post pongo especial cuidado en la elección de las ilustraciones que acompañan a los textos. En este caso me he decidido por ilustraciones de la artista británica Lisa Perrin, a quien le agradezco nuavemente su permiso para reproducir sus obras – al final del artículo os dejo la dirección de su blog y la entrada que hice en Mi Casita de Papel con sus magníficas paper dolls de Emily Dickinson y Sylvia Plath – del genial Gustave Doré, de John Tenniel, y por último de Edmund Dulac, que pondrá la nota de color a este homenaje en blanco y negro (poniendo el ratón sobre las imágenes veréis el nombre de su autor)

Una breve biografía

Edgar Poe nació en Baltimore en 1809, y habiendo quedado huérfano muy joven fue acogido por el matrimonio Allan, de quien adoptó su apellido. John Allan era un hombre severo a quien le disgustaba enormemente que su hijastro, a quien habían educado en los mejores colegios privados de Inglaterra y Estados Unidos no encontrara su lugar y gastara su dinero en alcohol y en el juego. Por este hecho fue expulsado de la Universidad de Virginia donde cursaba estudios.

Allan, decepcionado y cansado con la actitud de su hijastro amenazó con desheredarlo y repudiarlo sino se enmendaba. Para evitarlo Edgar encontró un trabajo en una oficina que no le duró demasiado, ya que aborrecía la vida organizada y controlada. Despedido de su trabajo, aprovechó para buscarse la vida como escritor publicando su primer trabajo sin mucho éxito.

Sin dinero, intentó reconciliarse con su padre enrolándose en el ejército. Allan pensando que su hijo se había enmendado, se encargó de que obtuviera un rápido ascenso, pero pronto fue expulsado por incumplimiento del deber.

Rotos todos los lazos con sus padres adoptivos decidió dedicarse a la literatura y al periodismo, donde poco a poco, gracias a su estilo mordaz y a sus relatos cortos y poemas tan inquietantes como diferentes fue haciéndose un nombre de referencia.

Aunque su gran pasión era la poesía, las necesidades económicas le hicieron trabajar como articulista para varias revistas y, afortunadamente para todos sus lectores, adentrarse cada vez más en el terreno de la prosa, de la que se convirtió en un maestro y en un escritor de referencia y extraordinaria influencia que ha llegado hasta nuestros días.

Sus argumentos inquietantes, sus protagonistas casi desquiciados, algunos al borde de la locura, los desenlaces inesperados se convirtieron en el sello personal de los relatos cortos del escritor norteamericano.

Se casó con su prima, Virginia Clemm, de tan solo 13 años en 1835, causando un gran escándalo en la sociedad de su época. La joven murió en 1847, dos años después de la publicación de El Cuervo, dejando a un Edgar desolado, sumido en la depresión, el alcohol y las drogas. Edgar Allan Poe murió en 1849, dos años después del fallecimiento de su esposa.

Como suele ocurrir el verdadero valor de su arte como escritor fue más valorado por las generaciones posteriores que por sus contemporáneos.

Su obra no es muy extensa en cuanto cantidad, aunque irradia calidad tanto desde sus poemas como desde sus narraciones.

El Cuervo

El cuervo fue publicada en 1845. Narra la visita de un cuervo a la casa de un amante desesperado por la pérdida de su amada Leonor. La atmósfera enrarecida, asfixiante y casi sobrenatural que transmite el poema nos hace vivir el dolor del amante hasta los mismos límites de la locura, mientras el cuervo repite un hipnotizante Nevermore (nunca más). La musicalidad y el lenguaje del poema acentúan más la sensación de desasosiego que transmite el poema.

El cuervo

Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos.  Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca más.”

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”

Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Nunca, nunca más’.”

Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir granzando: “Nunca más.”

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!

Si preferís escucharlo y leerlo en inglés, a la vez que veis las ilustraciones de Dore os recomiendo este video donde el poema está excepcionalmente narrado por el inigualable Vincent Price.

The raven by Vincent Price

Y no he podido resistirme a poner este recortable de Lisa Perrin

¡Feliz Haloween a todos! Bo Samaín!

Muchísimas gracias a todos/as por vuestros comentarios y sugerencias que merecen una actualización de esta entrada.

Cuando estaba escribiendo este post no pude dejar de recordar el inolvidable homenaje que Los Simpsons hacen a El Cuervo con una versión tan buena como irreverente. Me parece estupenda la sugerencia de Fina de rememorarla así que la añadimos a esta entrada.

El cuervo. The Simpsons

Y gracias a Sonia he hecho todo un descubrimiento: las Historias de Juan José Plans en RNE. Plans no sólo narra admirablemente cuentos y relatos, sino que hace un repaso por las efemérides del año en el que fue escrito, y nos trae una pequeña introducción a la vida y obra del autor. Muy recomendable. No dejéis de visitar su Miedoteca, para noches de Halloween o de oscuras y atronadoras tormentas…

Os dejo un link con los Podcast del programa (y La caída de la Casa Usher, como destacado)

http://www.ivoox.com/temporada-1-prog-23-el-humdimiento-casa-del-usher-audios-mp3_rf_865993_1.html

Laura, anímate con Poe, en cuanto comiences no podrás parar y acabarás leyéndote todos sus cuentos, te lo aseguro.

Bo e terrorífico Samaín!


Ilustraciones de Lisa Perrin

Mi Casa de Papel. Lisa Perrin

Emily Dickinson


Desde la edición, en 1890 de su primer volumen de poemas, la poetisa americana Emily Dickinson obtuvo el inmediato reconocimiento de la crítica literaria y los lectores, pero se puede decir sin temor a equivocarse que ni su obra ni su propia vida provocó tanta fascinación en vida como la que ha suscitado a lo largo de los siglos XX y XIX.

La profundidad y modernidad de su mensaje y la técnica empleada para transmitirlo, reflejo del propio universo totalmente libre de la escritora no sometido a ningún canon poético, han cautivado a todos aquellos que se han acercado a descubrir la poesía de esta norteamericana de vida breve pero literariamente intensa.


Emily Dickinson nació en Massachusetts en 1886 y creció en una influyente y religiosa familia dedicada al mundo académico, la política y la abogacía por lo que Emily, una niña feliz, con una inteligencia destacada y una imaginación desbocada, se sintió inclinada desde muy joven a seguir la estela familiar.

Pero pronto descubrió que ser mujer en un mundo de hombres no iba a ser tarea fácil y la decepción de ver como su propia familia frenaba su inquietudes por el mero hecho de ser mujer hizo que se replanteara la visión que hasta entonces tenía de la sociedad.

Es cosa tan pequeña nuestro llanto;
son tan pequeña cosa los suspiros…

Sin embargo, por cosas tan pequeñas
vosotros y nosotras nos morimos.

Su encuentro con las materias literarias y científicas tuvo lugar en la Academia de Amherst, donde fue una de las primeras alumnas inscritas en una institución que tuvo las puertas cerradas a las mujeres hasta 1838. Allí adquirió una sólida educación cultural, mucho más amplia que la mayoría de las chicas de su tiempo.

Después vino su primera salida del hogar familiar para acudir al internado de señoritas Mary Lyon de Mount Holyoke, a donde acudió no sólo para completar su educación sino para instruirla dentro de la religión protestante y hacer de ella una de las muchas misioneras que serían encargadas de la difusión de sus creencias por todo el país. Pero, a pesar de ser una estudiante brillante, no se sintió en ningún momento atraída por la religión y se confesó profundamente distante de todo lo que tuviera que ver con las severas y puritanas prácticas religiosas de su comunidad.

Su salida del internado, donde fue considerada una no convertida se produjo a causa de su enfermedad que la recluyó en el hogar familiar, reclusión de la que ya no saldría, por voluntad propia, excepto en muy pocas ocasiones hasta el día de su muerte.

Emily le llamó su blanca elección y entre los muros del viejo caserón familiar, siempre vestida totalmente de blanco, creo su propio universo personal y literario, donde sólo aquellos que ella confirmaba que estaban a la altura tenían cabida y donde algunos de los versos más hermosos escritos vieron la luz.

 

Para fugarnos de la tierra
un libro es el mejor bajel;
y se viaja mejor en el poema
que en el más brioso y rápido corcel

Aun el más pobre puede hacerlo,
nada por ello ha de pagar:
el alma en el transporte de su sueño
se nutre sólo de silencio y paz.

Pocas cosas sabemos de la vida de Emily Dickinson a partir de su decisión de rebelarse contra el mundo y apartarse de él, por lo que su figura ha estado siempre rodeada de cierto halo de misterio, sólo desvelado parcialmente por el estudio de sus poemas y de su extensísima correspondencia.

Sus mayores confidentes fueron su cuñada, a la que adoraba, su hermana Lavinnia, Vinnie, que sentía auténtica devoción por Emily – de hecho, fue ella la encargada de guardar, conservar y posteriormente publicar toda su obra – su maestro B.F. Newton, el reverendo Charles Wadsworth, el escritor Samuel Bowles y el juez Otis P. Lord, entre algunos de los pocos elegidos. Un micromundo ante el cual Emily abría su corazón y mostraba en su correspondencia la temática tantas veces visible en sus 1775 poemas: la naturaleza, el amor la muerte y la soledad.

 

En mi flor me he escondido
para que, si en el pecho me llevases,
sin sospecharlo tú también allí estuviera…
Y sabrán lo demás sólo los ángeles.

En mi flor me he escondido
para que, al deslizarme de tu vaso,
tú, sin saberlo, sientas
casi la soledad que te he dejado.

En la vida de Emily tenemos constancia de dos grandes amores que marcaron vida y su poesía. El primero de ellos fue el que sintió por su primer profesor Benjamin Newton. Newton convivió con los Dickinson alrededor de dos años, después de los cuales fue despedido por el patriarca de la familia al ver la fascinación que el joven había despertado en su hija. Además la lectura que el profesor le proporcionaba a Emily no era del agrado de la severa y puritana mentalidad de Edward Dickinson.

Su marcha supuso una gran tristeza para la escritora, que ya desde tiempo atrás había compartido con su cuñada y mejor amiga Susan los sentimientos que Newton suscitaba en ella. Aunque nunca sabremos si entre ambos existió algo más que la relación profesor-alumna si tenemos constancia, a través de la correspondencia de Emily con sus amigos y confidentes, de que el joven siguió en contacto con ella hasta el día de su muerte, sumiendo a Emily en una tristeza que hizo su carácter aún más retraído.

Que yo siempre amé
yo te traigo la prueba
que hasta que amé
yo nunca viví -bastante-

que yo amaré siempre
te lo discutiré
que amor es vida
y vida inmortalidad

esto -si lo dudas- querido,
entonces yo no tengo
nada que mostrar
salvo el calvario

Su segundo amor fue el Reverendo Charles Wadsworth, al que conoció en  Filadelfia, en una de sus pocas salidas de casa. La atracción entre ambos fue mutua desde el primer momento, aunque el amor entre ambos era imposible ya que él estaba casado. Sabemos que se vieron en alguna ocasión más y que mantuvieron correspondencia hasta la muerte de Charles. La muerte de su amado fue el detonante para que ya la de por sí reclusión de Emily se convirtiera en un encierro total, negándose no sólo a salir de casa sino de su habitación.

Su cuarto, sus poemas y sus cartas se convirtieron en el único mundo de Emily. Y así, contemplando el mundo solamente desde su ventana, permaneció la poetisa hasta el momento de su temprana muerte con 55 años.

Podría estar más sola sin mi soledad,
tan habituada estoy a mi destino,
tal vez la otra paz,
podría interrumpir la oscuridad
y llenar el pequeño cuarto,
demasiado exiguo en su medida
para contener el sacramento de él,

no estoy habituada a la esperanza,
podría entrometerse en su dulce ostentación,
violar el lugar ordenado para el sufrimiento,

sería más fácil fallecer con la tierra a la vista,
que conquistar mi azul península,
perecer de deleite.

Pocos y de manera muy puntal fueron los poemas publicados en vida por la poetisa, ya que ella se negó siempre a que vieran la luz más allá de sus círculo más íntimo, que siempre respeto sus deseos. Thomas Higginson y Helen Hunt Jackson fueron dos de los afortunados a quien Emily confió sus poemas; ninguno de ellos pudo convencerla para publicar, y lo que es más importante, aunque ambos sugirieron cambios en la técnica para acomodar su poesía a las rimas tradicionales y clásicas, Emily no se dejó tentar y sin dudar ni un ápice de su poesía no hay constancia de que cambiara ni un sólo verso.

A su muerte y gracias a Vinnie se descubrieron en la habitación de Emily 40 volúmenes llenos de poemas. Pero además de los poemas contenidos en estos volúmenes, su poemario se completa con todos aquellos poemas incluidos en su extensa correspondencia.

El no contar con la ayuda de la autora y el tener que recopilar todos los poemas enviados en las cartas  provocó diferentes clasificaciones y agrupaciones en diferentes antologías poéticas, unas veces agrupando los poemas por temática y otras, quizás la tarea más difícil, por orden cronológico de la escritura.

La personalidad de Emily y su entorno, así como aquellas razones que llevaron  aquella niña inteligente y vivaz a encerrarse en su cuarto y negarse a publicar trato de entenderla a través de sus cartas, que son el único testimonio que tenemos en primera persona de una de las poetisas más grandes y originales de la historia de la literatura.

 

Morir no duele mucho:
nos duele más la vida.
Pero el morir es cosa diferente,
tras la puerta escondida:

la costumbre del sur, cuando los

pájaros
antes que el hielo venga,
van a un clima mejor. Nosotros somos
pájaros que se quedan:

los temblorosos junto al umbral campesino,
que la migaja buscan,

brindada avaramente, hasta que ya la nieve
piadosa hacia el hogar nos empuja las plumas.

 

 

 

En este enlace puedes encontrat toda la obra de Emily Dickinson en inglés – esta página incluye una biografía y 1775 poemas de la poetisa americana.

http://www.americanpoems.com/poets/emilydickinson

En mi blog http://casitadepapel.wordpress.com , encontrarás una preciosa paper doll de Emily Dickinson realizada por  Lisa Perrin

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Imágenes 1, 3, 6, 8: colección del Emily Dickinson Museum

http://www.emilydickinsonmuseum.org

Imagen 2: Fragmento de Dante y Beatrice de Waterhouse

Imagen 4: Mujer Leyendo, Claude Monet

Imagen 7: Ilustraciones de Isabelle Arsenault para una recopilación de poemas de Emily Dickinson titulada My Letter To The World

Imagen 8: Ilustración de Sonya para un fragmento de un poema de Emily Dickinson

http://www.flickr.com/photos/sonya/868393480

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Ilustradores: George Du Maurier

Dentro de los post dedicados a los ilustradores victorianos me gustaría que conocieráis a uno de los grandes, tan bueno en cuanto a profundidad en el mensaje que intentaba transmitir como en su depurada técnica: George Du Maurier.

George_Louis_Palmella_Busson_Du_Maurier_by_George_Louis_Palmella_Busson_Du_Maurier
Autorretrato

A pesar de ser una figura destacada dentro del mundo de las artes y las letras victorianas, la figura de George Du Maurier no ha tenido, fuera de Gran Bretaña, el reconocimiento a nivel popular que realmente merece, ya que además de un excelente ilustrador y caricaturista, pieza clave en el éxito y desarrollo de revistas como Punch e inspiración de ilustradores como Dana Gibson, fue también un novelista que conoció el éxito con su obra.

Además fue el iniciador de una gran saga de artistas entre los que se encuentra las famosas escritoras Daphne Du Maurier, autora entre otras novelas de Rebeca y Los Pájaros, ambas llevadas al cine por el genial director británico Alfred Hitchcock, Angela Du Maurier, el actor George Du Marier y, como curiosidad, fue el abuelo de los niños que inspiraron a J. M. Barrie la inolvidable Peter Pan.

George Du Maurier nació y estudió en París y Bélgica, pero vivió la mayor parte de su vida y desarrolló su carrera artística en Inglaterra, por lo está considerado como un artista británico.

Desde muy joven sintió inclinación ante el mundo artístico, lo que fue alentado por sus padres, que también se habían dedicado al mundo del arte. Aunque curiosamente el talento de George se desarrollaba en el mundo de las siluetas y los recortables.

Sus padres le proporcionaron clases de escultura pero pronto descubrió que esta disciplina artística no era su preferida y sorpresivamente se decantó por los lápices y el dibujo – después de probar otras supuestas vocaciones como la ciencia e incluso el mundo del bel canto!

En un primer momento, Du Maurier no obtuvo el reconocimiento de su obra por parte de los editores, a pesar de ofrecer el portafolio de sus dibujos en varias editoriales y empresas relacionadas con el mundo de la ilustración.  Pero su gran oportunidad llegó cuando Once a Week y principalmente la revista satírica más famosa de la época victoriana Punch, le contrataron para reflejar en sus dibujos y sus textos ácidos las costumbres y el modo de vida de la puritana sociedad victoriana.

De hecho uno de los objetivos de Du Maurier era la crítica del movimiento artístico de los prerrafaelistas y su inclinación por mostrar sólo la belleza, una belleza casi onírica y mitológica que distaba mucho de la realidad victoriana; otro de sus objetivos era reflejar el mundo absurdo y ridículo de los nuevos ricos, sin clase ni cultura intentando integrarse en los círculos aristocráticos e imitando el modo de comportamiento de estos, así como la actitud hipócritamente paternalista de los aristócratas con estos nuevos ricos a los que aceptaban por su dinero pero despreciaban profundamente.

A raíz de su éxito, él y su mujer comenzaron a frecuentar los círculos más intelectuales de la sociedad londinense, siendo asiduos de grandes artista como Kate GreenawayWilkie Collins, Elizabeth Gaskell, Thomas Hardy o George Elliot, siendo siempre considerado una figura respetadísima y un observador escrupuloso e irónico de todas las clases sociales que formaban el entramado de la sociedad victoriana.

Según los críticos, su excepcional sarcasmo y su habilidad para reflejar en su obra las situaciones y actitudes más absurdas conferían a sus ilustraciones y textos casi una ácida perversidad, ante la cual era imposible no sonreir.

Con los años, los problemas visuales comenzaron a dificultar su trabajo como dibujante por lo que dio un giro radical a su carera, estrenándose como novelista.

Trilby (escrita en 1864) fue su novela más exitosa: esta casi-comedia costumbrista, llena de ironía sobre el mundo victoriano, muestra la vida de una joven medio irlandesa, de gran belleza, por la que todos los hombres suspiran. Gracias a Svengali, un  malvado, hipnotizador, personaje inolvidable dentro de la literatura inglesa, la muchacha triunfa como artista, pero su vida no será más fácil…

Trilby tuvo una gran acogida tanto por parte de los lectores como de la crítica en el momento de su publicación y su inspiración en el trabajo de otros escritores contemporáneos y posteriores es claramente visible; por ejemplo, los críticos ven la influencia de Du Maurier en la famosa novela de Gaston Leroux, El Fantasma de la Ópera.

A la edad de 62 años, este genial ilustrador facellía de un ataque al corazón en su casa de Londres. Su funeral demostró el cariño que no sólo le tenía su público sino sus compañeros de trabajo y todo el mundo artístico y literario londinense, acudiendo a su despedida un gran número de admiradores anónimos, toda la plantilla de Punch y los escritores y artistas más destacados de la época.

Su epitafio fue una de sus frases preferidas de su obra clave Trilby: “A Little trust that when we die / We reap our sowing. And so — good bye!”

Obra:

Illustrations

Novels

  • Peter Ibbetson
  • Trilby
  • The Martian

Poetry

Art Criticism