Vivamos como victorianos

En estas fechas de Carnaval muchas personas aprovechan para vestirse con más o menos acierto de diferentes trajes de época.

Una persona puede disfrazarse de victoriana, también puede recrear la época o puede ¡vivir como un victoriano!

En esta nueva entrada de La Casa Victoriana vamos a conocer a personas de diferentes nacionalidades que han elegido recrear el modo de vida victoriano en su día a día. Algunos de ellos llevan una vida “normal” con trabajos corrientes, y cuando salen de su trabajo y llegan a casa se produce la transformación: cambian sus ropas siglo XXI por ropa siglo XIX y disfrutan de sus hogares decorados al estilo victoriano.

Algunos lo llevan más allá y viven su día a día como victorianos, sin importarle los comentarios, e, incluso, han llegado a hacer de su curiosa forma de vida su trabajo. Veamos algunos ejemplos.

Sarah y Gabriel Chrisman

Sarah y Gabriel son dos apasionados de la época victoriana, que llevan su pasión al extremo de vivir, vestirse y comportarse como victorianos las 24 horas del día. La pareja vive en Washington, en una casa de estilo arquitectónico victoriano americano, y decorada, ¡faltaría más!, con todos y cada uno de los detalles victorianos recreados hasta el último detalle, desde los materiales hasta las telas.

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Fotografía de la web This Victorian Life

Ambos dejan muy claro en su web que no son actores representando un papel, sino dos “personas normales” que han incorporando lo victoriano en su día a día. Están especialmente orgullosos de sus “artefactos” de época, como sus preciosas bicicletas, o su cocina victoriana, en la que cocinan platos según las recetas de la época.

Entrar en casa de los Chrisman es sumergirse en una casa de época donde nada es incongruente con la época, ni la casa, ni la decoración, ni los objetos ni sus habitantes.

Esta es su web, donde podéis ver su casa, además de otros vídeos sobre día a día y sus actividades: This Victorian Life

Sarah es tremendamente popular en Estados Unidos ya que es una asidua de los programas de televisión que requieren su presencia para hablar de diferentes usos y costumbres del siglo XIX. Su fama no viene dada sólo por su estilo de vida, sino porque se ha convertido en una autora de diferentes best sellers relacionados con la época victoriana.

Algunos de sus libros más populares de no ficción tienen como temática diferentes costumbres de la época victoriana:

  • This Victorian Life: Modern Adventures in Nineteenth- Century Culture, Cooking, Fashion and Technologies.
  • True Ladies and Proper Gentlemen: Victorian Etiquette for Modern Day Mothers and Fathers, Husbands and Wives, Boys and Girls, Teachers and Students, and More.
  • Victorian Secrets: What A Corset Taught Me About the Past, The Present and Myself
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Fotografía de la web This Victorian Life

También ha hecho incursiones en el mundo de la ficción con una serie de libros titulados The Tales of Chetzemoka, con el nexo común de un club victoriano de ciclismo, de hecho todos los libros llevan como subtítulo A Victorian Cycling Club Romance, de la que ha editado varios volúmenes con éxito.

Además, el matrimonio ofrece servicios de consultoría histórica, presentaciones y organización de eventos, entre otros.

Os dejo un vídeo para que podáis ver una entrevista con los Chrisman. Está en inglés, y se pueden activar los subtítulos (en inglés, también).

Victorian Secrets

Peter Sauders

Peter Sauders es un hombre británico de 36 años, cuyo sueño siempre fue vivir en una casa de estilo victoriano: Como arquitectónicamente no encontró en la ciudad ninguna casa que cumpliera sus expectativas, Peter decidió comprar un cottage y convertirlo en su hogar victoriano.

Durante el día, trabaja como informático, pero cuando acaba su jornada laboral y entra en su hogar, Peter se transforma en un verdadero victoriano, no sólo porque su casa parece sacada de un libro de historia del siglo XIX, sino porque cambia su ropa con un vestuario más acorde con su nuevo hogar.

En este vídeo podéis cómo vive Peter: El refugio victoriano de Mr. Saunders

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Fotografía de Il Sussidiario.net

Peter admite que, a pesar de su pasión por lo victoriano, hay algunos inventos modernos de los que no es capaz de prescindir: el congelador, la nevera y la calefacción central.

Uno de los méritos de Peter fue la decoración; ante la imposibilidad de encontrar muebles y objetos de decoración originales de la época -unas veces por la dificultad para localizarlos y otras por los elevadísimos precios que tienen en el mercado- este victoriano moderno decidió hacer él mismo la mayor parte de su mobiliario, incluidas las alfombras que confeccionó de acuerdo con patrones y modelos de la época.

Su último proyecto ha sido crear una preciosa tienda de ultramarinos de estilo victoriano en su propiedad, en la que no falta detalle. Además este grocery victoriano está abierto al público, y sus productos pueden ser adquiridos on line, y a través de Facebook,  lo cuál no es muy victoriano, pero sí una buena publicidad para lograr publicidad y clientela.

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Fotografía de http://www.express.co.uk

En el enlace que os dejamos podéis observar la preciosa caja registradora y el aire decimonónico del que ha impregnado todo el local.

La casa y el ultramarinos de Peter Saunders

Toda esta renovación para hacer de su casa una antigüedad de catálogo le ha costado sus ahorros y gran parte de sus ingresos, pero ha podido cumplir su sueño.

Estos son dos ejemplos de personas del siglo XIX que han decidido viajar al siglo XIX: Sarah y Gabriel con una inmersión en toda regla en la época, viviendo como victorianos las 24 horas del día, y Peter haciéndolo cuando sale de su trabajo.

Pero, yo me pregunto, ¿también han prescindido del ordenador y los smartphones? Permitidme que lo dude…

 

Feliz año nuevo…y victoriano

Para finalizar el año, además de dejaros mis mejores deseos de felicidad, y, como no podía ser de otro modo, me gustaría terminarlo con una serie de costumbres victorianas para recibir el nuevo año. Hace tiempo Victorian Trading publicaba una serie de tradiciones que no solían faltar en una noche como la víspera de año nuevo. Vamos a recordar algunas de las más curiosas.

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Elegant Soiree- Jean Béraud

 

Los Phantom Balls victorianos

Uno de los eventos favoritos de los victorianos eran las celebraciones de Phantom Balls. Estas fiestas para recibir el año nuevo eran más desinhibidas que otros bailes más formales, entre otras cosas, porque una de las condiciones era ir disfrazado con vestuario relacionado con el mundo de los fantasmas y los espíritus.

En estos bailes participaban tanto niños como mayores, y durante la fiesta se organizaban diferentes juegos donde participaban todos los invitados, principalmente de cartas, aunque no era extraño que la fiesta finalizara con ¡un partido de fútbol entre los caballeros!

Había otra versión más refinada – y menos divertida – de los Phantom Balls, en las que se vestía de rigurosa etiqueta y en la que, sobre todo las damas, lucían espectaculares vestidos de gala especialmente confeccionados para la ocasión.

Este baile no se diferenciaba demasiado de cualquier otro tipo de evento de estas características; la única peculiaridad era que se celebraba el nuevo año.

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Preparing for the Ball- Alfred Stevens

 

Estrenando ropa nueva

A los victorianos les gustaba estrenar alguna prenda de ropa cuando comenzaba el nuevo año. No lo hacían ni por lucirla ni por presunción sino como símbolo de opulencia, de lo bueno que estaba por venir y de las privaciones y problemas, sobre todo económicos, que se dejaban atrás, en el año que terminaba.

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Getting Dressed – Charles Edouard Boutibonne. 1869

 

Dejando la chimenea como “los chorros del oro”

Una de las tradiciones más curiosas de la transición de un año al siguiente era la de la limpieza de la chimenea. El día de fin de año, los victorianos limpiaban a conciencia sus chimeneas, asegurándose de retirar toda la ceniza acumulada en ellas.

Esa ceniza simbolizaba todos los males, tanto de salud como económicos, que habían preocupado a la familia durante el año, y la limpieza hacía que esos males desaparecieran al comenzar el año con una chimenea impoluta.

Con dinero en los bolsillos

Para atraer la fortuna y una buena economía para el año que estaba a punto de empezar, era condición fundamental comenzar el nuevo año con unas monedas en los bolsillos.

Por este motivo, grandes y pequeños metían en sus bolsillos algunos peniques con la esperanza de que la diosa Fortuna los multiplicara en el año venidero, o , por lo menos, los mantuviera…

El sonido de las campanas

Ya fuera en el pueblo, la ciudad, o el interior de la casa las campanas y las “campanadas” de media noche, significaban algo más que el paso de un año a otro.

El sonido de las campanas simbolizaban el triunfo del bien sobre el mal, el final de todo lo malo para dar paso a un año lleno de esperanza y de buenos deseos.

Ese es uno de los motivos por los que en la decoración navideña de todos los hogares no faltaban campanitas que los niños se encargaban de agitar a su paso.

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Alfred Stevens

¿Cerdos y tréboles?

Pues sí…Los tréboles siempre fueron una planta portadora de la buena suerte, sobre todo dentro de la cultura irlandesa, pero los victorianos, tan supersticiosos y amantes de cualquier planta u objeto que simbolizara la buena suerte, lo adoptaron como decoración navideña y como elemento fundamental en las tradicionales tarjetas de felicitación.

Lo mismo sucedía con los cerditos. La tradición le atribuía al animal la capacidad de atraer el dinero, probablemente porque cuando los granjeros los vendían en el mercado obtenían un buen dinero por los mejores ejemplares, ya que es un animal del que se aprovechan todas las partes. De ahí las tradicionales piggy-banks o huchas con forma de cerdito.

Esta es la razón por las que los cerditos están presentes en las tarjetas de felicitación de temática navideña.

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Tarjeta navideña

Puertas abiertas y la visita de los first-footing

Una de las tradiciones más curiosas de la Navidad victoriana consistía en abrir la puerta de la casa coincidiendo con el cambio del año, para dejar salir al año que se iba, mientras la familia saludaba con alegres “Bienvenido!” al nuevo año.

Después se arrojaba un pastel contra la puerta para alejar a una posible hambruna, que pudiera llegar con el nuevo año.

Además todos los invitados esperaban con curiosidad y ansiedad la llegada del primer invitado o first-footing. La expresión definía a “la primera persona en cruzar el umbral de la casa después de media noche”.

La responsabilidad de ese primer invitado era grande, ya que si traía regalos, principalmente comida y bebida, era un augurio de buena fortuna para la familia el resto del año.

Y , una de las cosas más sorprendentes  era que además de los regalos, para que el invitado fuera el portador de buena suerte este debía cumplir una serie de características físicas: ser un hombre, de estatura alta y de pelo oscuro. ¡Si el primer invitado era un hombre rubio era signo de mal presagio!

Es difícil precisar el porqué de la inquina victoriana hacia el invitado rubio. Una de las teorías apunta a la identificación del cabello rubio con el de los invasores vikingos de la isla alrededor del siglo VIII; desde esa época la idea del hombre de cabello claro cruzando la puerta de una casa indicaba las desgracias que iban a suceder. Aunque es posible que, teniendo en cuenta que los victorianos eran aficionados a las leyendas y el folklore de todas las culturas, las razones pudieran ser otras.

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Ilustración victoriana

La adivinación, ¿con la Biblia…?

¡Qué mejor modo de pasar una velada de cambio de año que pronosticando el futuro de los invitados! Por ese motivo la adivinación del futuro con las cartas era uno de los pasatiempos favoritos de los victorianos.

Pero algunos iban más allá…Se reunía a los invitados alrededor de una Biblia y cada invitado, con los ojos cerrados, abría una página y señalaba un pasaje. Después se leía el pasaje y se trataba de interpretar lo que el año nuevo depararía a esa persona de acuerdo con el pasaje o versículo elegido al azar.

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Pleasant Letters – Alfred Stevens

 

Desde La Casa Victoriana os deseamos un nuevo año lleno de felicidad y prosperidad.

 

 

 

Un festín navideño victoriano

La mesa navideña

El esplendor y la abundancia de la mesa navideña victoriana eran casi escandalosos. La presentación de los platos, el increíble menú compuesto por innumerables platos de carnes, aves, verduras, frutas y los más deliciosos dulces, servidos en maravillosas vajillas, eran un espectáculo para la vista.

Las fechas navideñas representaban todo un reto para las cocineras, ya que cada anfitrión se esmeraba por tener el menú más completo, original, y por qué no decirlo, extravagante. Los debates y discusiones sobre el menú más adecuado comenzaban semanas antes de las celebraciones, poniendo a prueba la imaginación, y también la paciencia, sobre todo del servicio doméstico.

El lema “menos es más” no era una no era una máxima por la que se regían los victorianos; para un victoriano menos es menos y más nunca es suficiente, sobre todo, en las fiestas navideñas.

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The Dinner Party- Sir Henry Cole

El servicio

Hasta mediados del siglo XIX, los diferentes platos se servían en la mesa principal, siguiendo el estilo “a la francesa”, es decir, no retirando el servicio hasta que finalizaba la cena. Pero la imperante moda de cenar “a la rusa” impuso nuevas costumbres en los victorianos, entre ellas la de que los platos fueran traídos a la mesa sólo cuando fueran solicitados, de manera que la mesa quedara despejada para poder ser adornada con centros y decoraciones espectaculares.

La gran mesa del salón, a la que se sentaban todos los invitados, se cubría con un mantel blanco, acompañado de sus servilletas de un blanco tan inmaculado como el mantel.

Hay una curiosidad no del todo cierta sobre la costumbre victoriana de cubrir las mesas con grandes manteles que casi llegaban al suelo. Parece ser que la razón que tenían los victorianos para utilizar estos manteles tan largos era tapar las patas de la mesa para no ofender a las damas.

La explicación de esta extraña costumbre se puede explicar con la palabra que se utiliza en inglés para designar las patas de la mesa: “legs”. Dejar las “piernas de la mesa” a la vista podía resultar ofensivo y esa era la razón para cubrirlas.

Aunque otras versiones dicen que la verdadera razón de cubrirlas era simplemente para que no se rayaran o astillaran con posibles golpes durante la cena.

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Dinner at Haddo House – Alfred Edward Emslie

La decoración de la mesa

La comida se servía en las mejores vajillas de cara porcelana exquisitamente decorada y en las más delicadas copas de cristal. Las mesas se adornaban con enormes fruteros o cestillas de plata con todo tipo de frutas, siendo un elemento esencial de estos ornamentos los racimos de uvas, naturales o escarchados.

Ninguna decoración era lo suficientemente ostentosa o llamativa para la alta sociedad victoriana: si los altos y abundantes fruteros no fueran suficientes, la ornamentación se completaba con arreglos florales en forma de arcos o de pequeños ramos.

Para completar la exuberancia decorativa se añadían hojas de helecho (los maidenhair, helechos pequeños de frondosas y brillantes hojas eran los preferidos), hiedra, acebo y muérdago, que colgaban en forma de guirnaldas por todo el salón. Estas plantas, especialmente los helechos, también se empleaban para decorar las fuentes de la comida.

Los candelabros llenos de tintineantes velas completaban la ensoñación de contrastes y colores que convertían los salones en un derroche de luces y victoriana elegancia.

Los platos se dejaban en una mesa auxiliar de donde los sirvientes las acercaban a la mesa cuando los comensales los requerían. La función de los sirvientes, lacayos en este caso, era la de acercar las bandejas al comensal, que se servía él mismo.

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The End of Dinner- Jules Alexandre Grun

Los platos principales

Los victorianos no ahorraban en número de platos para degustar en estas celebraciones: para los entremeses las preciosas soperas victorianas alternaban gustosos consomés con espesas cremas y sopas, o bien, ligeros platos de pescado.

Entre los platos principales se podía escoger entre diferentes carnes de vacuno, asadas o estofadas, rellenas, o en pasteles salados y deliciosos platos de aves donde destacaba el pavo relleno, servido con salchichas y bacon.

Como curiosidad podemos comentar que el pavo no fue siempre el rey de los platos navideños. El ganso y el pato eran las aves preferidas para asar y rellenar en las ocasiones especiales, pero a finales del siglo XVIII el pavo llegó de América para quedarse como protagonista absoluto de las comidas navideñas.

Los acompañamientos se servían en un carro auxiliar que contenía patatas asadas, puré de patatas, coles de Bruselas, repollo, nabos, ensaladas y distintas clases de salsas, destacando la famosa gravy.

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Víspera de Navidad- Carl Larsson

Los postres

En otra mesa auxiliar vistosos postres eran exhibidos como en un escaparate: dulces decorados con frutas y rellenos de crema, gelatinas, merengues, pies o tartas dulces inglesas, o gateaux, tartas a la francesa, con diferentes coberturas, bizcochos borrachos de brandy o jerez, como trifles y tipsy cakes, en dulce almíbar, como los savarines o horneados después de empaparlos en licores dulces como el babá francés.

Aunque el postre que no podía faltar era el Christmas Plum Pudding. Este postre de origen celta se elaboraba días antes de Navidad y su masa se envolvía en una fina tela, para posteriormente ser horneado a fuego bajo durante varias horas. Este bizcocho especiado llevaba infinidad de frutos secos y frutas.

Este pastel estuvo en peligro durante el mandato del puritano Oliver Cromwell, que convirtió el país en una república denominada Commonwealth of England.

Cuenta la leyenda que fue el mismo Cromwell el que prohibió la Navidad en el siglo XVII y, por consiguiente, la elaboración de las recetas tradicionales navideñas, con la amenaza de enviar a prisión a cualquiera que elaborase o comiese  un Christmas Pudding.

En realidad no fue Cromwell quien lo prohibió, sino su partido político, que estaba en el gobierno en ese momento, y la prohibición duró lo que duró su mandato, recuperando la sociedad inglesa la elaboración del pudin que alcanzó su máxima popularidad en la Inglaterra victoriana.

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A Christmas Dole – Joseh Clark

Las golosinas

En 1840, el pastelero inglés Tom Smith, inventó un elemento fundamental para las festividades victorianas: los crackers. El invento consiste en un tubo relleno de golosinas cerrado por ambos lados y envuelto en papeles de vivos y brillantes colores, a modo de caramelo grande. Al friccionar una tira que atraviesa el cracker este hace una pequeña explosión liberando todas las golosinas.

Durante la época victoriana a esta golosina se la denominó bon-bon, y no fue hasta los años 20 en el que el nombre cracker se adoptó definitivamente para denominarlo.

En las casas más humildes también se celebraba la Navidad de manera especial. Aunque la comida no podía ser tan abundante, en la mesa siempre había un buen pollo o ganso asados, acompañados de ricas patatas o castañas, y no faltaba un pudin navideño y golosinas y crackers para los más pequeños.

Y, ninguna casa carecía de un árbol decorado y bonitas guirnaldas para que la alegría navideña entrara en todos los hogares.

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Noche de Navidad – Viggo Johansen

 

 

Halloween victoriano: rituales y conjuros

Como todos los años en La Casa Victoriana no puede faltar nuestro particular homenaje a la fiesta de Halloween, una fecha en la que los victorianos disfrutaban especialmente celebrando fiestas de disfraces y escenificando toda clase de rituales relacionados con la magia y el amor.

¡Hagamos una recopilación de algunos de estos ritos eran realmente curiosos!

Los tres platos: decidme si me casaré con una bella doncella

En una mesa se colocaban tres platos: uno lleno de agua limpia, otro con agua sucia y otro vacío. A uno de los participantes en el juego se le vendaban los ojos y se le conducía hacia la mesa en la que estaban los tres platos.

A ciegas  la persona escogía uno: si su elección era el plato con agua limpia se casaría con una bella dama, si el elegido era el que contenía agua sucia sería viudo, y si la suerte le llevaba hacia el vacío sería un amargado solterón.

Este ritual podía intentarse tres veces, previo cambio de sitio de los platos.

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La dama frente al espejo: espejo, muéstrame el rostro de mi amado.

On Halloween look in the glass,

your future husband’s face will pass

Una de las tradiciones más populares entre las jóvenes era la de tratar de conocer cual sería el rostro de su futuro marido.

Para ello, la joven se encerraba en una habitación a oscuras, con la única luz de una vela iluminando el cuarto, y se colocaba frente al espejo. La superstición decía que al iluminar su imagen frente al espejo, a su lado, se reflejaría la imagen de su futuro marido.

A este ritual, a veces se le añadía un elemento adicional: la joven además de iluminar su imagen con una vela en el espejo debía ¡estar comiendo una manzana!

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Quemando nueces, ¿cuál será nuestro futuro?

The auld gudewife’s weel hoarded nits
Are round and round divided,
And monie lads’ and lasses’ fates
Are there that night decided.
Some kindle, couthie, side by side,
And burn thegither trimly;
Some start awa’ with saucy pride,
And jump out-owre the chimlie.

Cada miembro de una pareja elige una nuez entera. Ambas nueces se ponen al fuego. Cada uno observa atentamente cómo se van quemando las nueces: si se queman lentamente, si se rompen o si ambos lados de la nuez se separan. Dependiendo de cómo respondan las nueces al fuego, así será su relación.

Roasting Nuts

Mojé manga de mi camisa en el río: mi futura pareja aparecerá para secarla

Go to a south-running stream,

and dip your sleeve in it at a spot

where the lands of three lands come together

Una superstición escocesa contaba que la noche del 31 de octubre un joven o una joven debían mojar la manga de su camisa en un arroyo donde las tierras de tres tierras se unían. Al llegar a casa tenía que colgar la manga cerca del fuego para que secara, en un lugar que pudiese ver desde su cama.

No podía dormirse porque durante la noche una aparición tendría lugar en el lugar en el que había dejado la manga: su futuro esposo o esposa aparecería para retorcer la manga para intentar que se secase.

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Lanza la berza, ella te contará tu futuro

O, is my true love tall or grand?

O, is my sweetheart boony?

Una de las tradiciones más antiguas cuenta como las kales, berzas, podían pronosticar el futuro de las parejas.

Las parejas salen cogidas de la mano y con los ojos vendados a la búsqueda de una berza, que aún está plantada, y deben arrancarla y lanzarla. Dependiendo del tiro y de cómo cayera la berza, así será el aspecto de la futura pareja y la relación de los jóvenes.

Si la raíz arrastra una buena cantidad de tierra, las previsiones económicas futuras de la pareja serán favorables. Si al comerla el corazón de la berza es dulce, la pareja vivirá momentos felices, pero si es amargo, no se deparan buenos augurios para la relación.

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Dulces y velas: la vela paga

El aro y la vela, más que un ritual, es un juego para los más jóvenes.

Se coge un aro de un barril y en él se cuelgan varios dulces, caramelos y manzanas, pero también finales de velas. Se vendan los ojos de los participantes y se gira el aro.

Los participantes deben intentar morder uno de los dulces colgados y no morder el final de vela. Aquellos que tengan la mala suerte de morder la vela tendrán que pagar la multa, que habitualmente consistía, en el pago de las velas.

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Caminando en la oscuridad

Una dama debía caminar hacia atrás en la oscuridad, hacia el sótano, con la única iluminación de una vela en su mano derecha y un espejo en su mano izquierda, mientras recitaba una y otra vez:

    ” Appear, appear, my true love dear,
Appear to me to-night,”

Antes de alcanzar el final de la escalera el rostro del amado se reflejaría en el espejo.

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El pastel y el anillo

Antes de hornear un delicioso bizcocho se introduce un anillo en la masa. Una vez hecho se sirve en porciones y a aquel a quien le toque el anillo en su porción encontrará el amor verdadero en el plazo de un año. ¡Cuidado con tragarse el anillo!

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Un barquito en su cáscara de nuez

Se le ofrece a los invitados una cáscara de nuez, con un palillo y un papel blanco simulando una vela. En la cáscara de nuez se escribe la inicial de la persona de la que está enamorado.

Se colocan los barquitos de nuez en un barreño con agua y se agita. Si un barquito se hunde significará no solo que el amor no será corrrespondido sino que esa persona permanecerá soltera y sola ¡para el resto de su vida!

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¿Fundimos plomo? Sus formas nos dirán nuestro futuro

Este juego me parece un poco más complicado e implica poderes de adivinación o mucha imaginación…

Fundimos un objeto de plomo y dejamos que el fundido se vierta a través de la manija de una llave cayendo sobre un bol de agua limpia. Las formas que forme el plomo serán un reflejo de lo que nos depara nuestro futuro.

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Rituales y juegos con manzanas

  • La manzana me dirá el nombre de mi amado

Aquel joven o aquella joven que quiera saber por qué letra comenzará el nombre de su futura pareja tendrá que pelar una manzana de una sola vez. Cuando termine tendrá que lanzar la monda de la manzana por encima de su hombro izquierdo.

Cuando caiga en el suelo dibujará la forma de una letra en el suelo. Esa letra será la inicial del apellido de su enamorado o enamorada.

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  • Bobbing the apples

Se escogían varias manzanas rojas y apetitosas y se dejaban flotar en un barreño con agua; los participantes del juego debían poner los brazos a su espalda y sumergir sus cabezas en el barreño para coger las manzanas con los dientes. ¡La diversión estaba asegurada!

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  • Manzanas a la hoguera

Para atraer al verdadero amor, se comía una manzana asada y se echaban al fuego el corazón y las semillas mientras se cantaba:

    “One, I love, two, I love, three, I love, I say,
Four, I love with all my heart,
Five, I cast away;
Six, he loves, seven, she loves, Eight, they both love.”

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¿Queréis intentar alguno la noche del 31 de octubre?

¡Feliz noche de Halloween a todos los suscriptores y seguidores de La Casa Victoriana!

Recordad que, si queréis más información sobre la época victoriana, podéis seguir nuestras RRSS, Facebook, Pinterest e Instagram.

 

Moda masculina

Cuando hablamos de moda en el siglo XIX siempre pensamos en esos maravillosos vestidos victorianos, engrandecidos con sus crinolinas y polisones, con cinturas de avispa moldeadas por corsés y preciosos sombreros engalanados con encajes, flores y plumas.

Pero pocas veces nos acordamos de la moda de los caballeros que ofrecían su brazo a las damas, vestidos con franela y tweed, lana y terciopelo – incluso La Casa Victoriana ha retrasado demasiado esta merecida entrada porque la moda masculina, en el siglo XIX, fue realmente destacable.

Fue a comienzos del siglo XIX cuando un caballero inglés llamado Beau Brummel cambió  el modo de vestir de los hombres e inculcó en ellos el concepto de moda masculina.

Su forma de vestir no pasaba inadvertida: camisa blanca con el cuello levantado, rodeado por un pañuelo con lazada , habitualmente de color blanco inmaculado, chaleco corto, pantalones largos muy ajustados- diferentes de los breechers o pantalones a la altura de la rodilla, tan populares en el siglo XVIII-  y chaqueta de doble botonadura de bronce con faldón trasero. Los colores verde, azul, marrón, negro, gris, marrón y los tonos bronce eran los preferidos.

Aunque los pantalones también se llevaban con zapato plano con hebilla, Brummel prefería combinarlo con botas perfectamente lustradas (la leyenda dice que las abrillantaba con champán).

Para finalizar este outfit, lo más apropiado era acompañarlo con un sombrero de copa y como complemento un bastón de paseo.

No utilizaba ningún tipo de fragancia o perfume ya que, contrariamente a los hombres y mujeres de su época, presumía de asearse diariamente.

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Caricatura de Beau Brummel por Robert Dighton 1805

 

El estilo Brummel fue tendencia hasta mediados de los años 30, cuando la moda masculina se volvió más sobria y definió la elegancia con conceptos más discretos que los de Brummel, incluyendo un cambio en la actitud que se tornó mucho más mesurada, cediendo todo el protagonismo a las damas.

Aunque las prendas básicas, camisa, chaleco y pantalón largo se mantuvieron, los colores se oscurecieron, siendo la paleta de grises la más utilizada. El cambio más sustancial en la moda masculina se produjo en el corte de las camisas y los abrigos y chaquetas.

La camisa dejó de ser una liviana casaca ajustada con un pañuelo al cuello para transformarse en una prenda perfectamente cortada adornada con elegantes corbatas y pajaritas. La prenda que cubría la camisa se denominaba coat, aunque en realidad era un chaleco de botonadura sencilla.

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Victorian morning coat

Diferentes diseños de chaquetas y abrigos estuvieron de moda durante el siglo XIX, sin que ninguno de ellos fuera más tendencia que otros. A diferencia de lo que sucedía con la moda femenina, la moda masculina se ceñía más a lo qué “era adecuado llevar” según la ocasión y no a lo que estuviera de moda.

Así, los caballeros usaban morning coats, chaquetas largas de excelente corte, con botonadura simple y sencilla en su diseño que se abotonaba hasta la cintura, con botones sin brillo o forrados en tela en contraste al color de la chaqueta. Estas chaquetas eran cortas por delante y largas por detrás.

La levita o frock coat, era una chaqueta larga con apariencia de abrigo más que de chaqueta. Tenía doble botonadura y normalmente llevaba las solapas de cuello en contraste, del mismo color pero en diferente tejido. Estaba realizada con materiales gruesos como lana o tweed y, dada su elegancia, se utilizaba en ocasiones especiales.

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Levita o frock coat

La chaqueta Norfolk, cuyo nombre no está muy claro si proviene del condado de Norfolk o del propio Duque de Norfolk, fue concebida para las jornadas de caza, aunque se convirtió en la prenda favorita de los jugadores de golf y los ciclistas. Se puso de moda alrededor de 1860 y era una de las prendas predilectas del Príncipe de Gales y su círculo de amistades.

Su estilo elegante pero informal a la vez, con cinturón o medio cinturón,sus pliegues en el pecho y espalda, sus grandes bolsillos laterales y su llamativo tejido de tweed en tonos marrones hicieron de la Norfolk la chaqueta de moda para las jornadas deportivas.

Esta prenda se complementaba con una gorra con visera y pantalones del mismo tejido y color recogidos en las rodillas, generalmente por botas o botines con medias altas.

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A la izquierda un box coat y a la izquierda un chaqueta Norfolk

La box coat era una chaqueta de corte muy clásico, similar a las de los trajes actuales. Esta chaqueta podía ser de doble o simple botonadura y se acompañaba tanto de corbata como de pajarita y con y sin chaleco. Era de uso diario, diseñada para la funcionalidad más que para el lucimiento.

A lo largo de la segunda mitad del siglo aparecieron muchos diseños similares, como la lounge jacket y la lounge suit jacket, chaquetas de largo hasta la cadera, con botonadura simple, no siempre del mismo diseño y color que los pantalones a las que complementaban.

Con estas chaquetas los caballeros no usaban sombrero o bien las complementaban con sombreros de homburg o de fieltro como los de la ilustración anterior.

El abrigo Chesterfield triunfó entre los caballeros por su versatilidad, ya que combinaba la funcionalidad de una lounge jacket y la elegancia de una levita. Por este motivo era usado tanto con sombreros de fieltro o con sombreros de copa. Su botonadura era simple o doble, con bolsillos o sin ellos, pero siempre con un corte muy elegante.

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Diferentes maneras de lucir un abrigo Chesterfield

 

Para las ocasiones muy formales se utilizaban los gabanes o greatcoats, abrigos largos con el cuello y las solapas y , algunas veces, los puños ribeteados con piel. Los greatcoats eran abrigos muy elegantes con los que el caballero llevaba pañuelo de seda a modo de corbata, sombrero de copa y bastón de paseo. Debajo del greatcoat podían usar una levita o incluso un abrigo Chesterfield.

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Gabán o Greatcoat

 

La capa Mackintosh fue un impermeable muy popular que debe su nombre al inventor escocés del tejido, aunque fue el cirujano James Syme quien reclamó ser el verdadero inventor, argumentando que Mackintosh sólo se limitó a copiar y patentar su invento.

La Mackinstons, cuya característica principal era la sobrecapa que caía hasta la altura del codo tenía la apariencia de un abrigo y se utilizó no sólo como prenda de vestir sino, gracias a su impermeabilidad, como atuendo de los agentes de policía que pasaban muchas horas a la intemperie. Se acompañaba de un sombrero  homburg o un bowler hat (tipo bombín) y el inevitable paraguas negro.

Carson,_Pirie,_Scott_&_Co._Macintosh,_1893
Impermeable Mackintosh

Otro tipo de capas muy populares en la época fueron las Inverness, una prenda que se comercializaban en dos estilos: uno más informal sin solapas, con o sin capucha, y en tela de tweed de colores marrones o cobrizos, que se combinaba con un deerstalker o gorro de cazador, atuendo popularizado por el genial detective Sherlock Holmes, y otro más formal y elegante con solapas, combinado con sombrero de fieltro y confeccionado con materiales de mayor calidad y colores más sobrios como la paleta de grises.

sherlock
Capa Inverness con capucha

El Ulster overcoat fue otra de las prendas más usadas a finales del siglo XIX. Debe su nombre a un tipo de abrigo, tipo sobretodo, que utilizaban los hombres en algunas provincias de Irlanda del Norte, prendas gruesas y largas para protegerse del frío con  puños, solapas y una capa superpuesta con una longitud hasta el codo.

Tenía una versión más corta y ligera bautizada como ulserett.

La versión del overcoat que llegó a las calles de Londres era un versión refinada y elegante de las prendas irlandesas.

Ulsterovercoat_jan1903 mackintosh
Ulster overcoat

La moda masculina del siglo XIX fue rica también en complementos como sombreros o zapatos. Dejaremos estos complementos para una nueva entrada sobre moda.

Easter Bonnet. El bonete de Pascua.

At Easter let your clothes be new, or this be sure you it will rue

En Pascua ropa nueva estrenarás o de lo contrario lo lamentarás

En España existe tradición por la cual el Domingo de Ramos, para acudir a los oficios religiosos, se estrena, al menos, una prenda de ropa.

Esta tradición, como muchas otras, es una mezcla de paganismo y religión y parece ser que tiene su origen en los tiempos en  los que, el emperador romano Constantino, decretó que, para despedir la Cuaresma, los fieles debían usar ropajes nuevos.

Aunque la idea de Constantino tampoco era nueva ni original ya que en la antigüedad los  germanos paganos ya celebraban la llegada de Ostera, diosa de la primavera, usando ropas nuevas como símbolo de bienvenida y de atracción de la buena suerte.

En Gran Bretaña y posteriormente en Estados Unidos, se recogieron estas tradiciones, unidas a supersticiones que auguraban toda clase de desdichas y infortunios a todos aquellos que no estrenaran ropa durante la Pascua (incluso en la época Tudor había un dicho en el que se instaba a estrenar ropa nueva bajo la maldición de que, si no se hacía, las polillas se comerían las ropas usadas).

Así que para cumplir esta tradición de Pascua, las damas victorianas desplegaban toda su elegancia luciendo nuevos vestidos, sombreros y capas, con los más lujosos tejidos siguiendo las últimas modas de París.

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Cottage bonnet. Cropped Fan – Giovanni Costa

Pero estrenar ropa no era tan fácil para las familias mas humildes victorianas, sobre todo para las mujeres, ya que la confección de sus vestidos no sólo implicaba muchas horas de trabajo, sino también un gasto monetario en telas, adornos y demás complementos.

Ante esta imposibilidad, y tal y como suele suceder, el ingenio se impuso a las dificultades y las jóvenes idearon como estrenar una nueva prenda sin incurrir en grandes gastos: reciclando sus sombreros de tal modo que parecieran completamente nuevos. Y así nació lo que posteriormente se conoció como Easter Bonnet, o Bonete de Pascua.

Tan popular se hizo el sombrerito que incluso en la revista Vogue, en 1896, apareció un poema titulado Al Bonete de Pascua, en el que el autor expresaba su felicidad al ver a tantas mujeres lucir sombreros nuevos y coloridos el día de Pascua

Ah, me! It is a wondrous thing,
That little Easter bonnet.
Why, all the flowers of joyous spring
Are fastened there upon it.

Just what the name of each may be
I do not know at all.
But I would call the whole — let’s see —
Well — Horticultural Hall.

But let me stop. It pleases her,
And see this kiss she tossed me.
It’s worth ten thousand bonnets, sir,
No matter what they cost me.

A-Fair-Maiden-by-Giovanni-Costa
A Fair Maiden – Giovanni Costa

El poeta sugiere que ver uno de estos lindos bonetes es como tener delante una explosión primaveral. Esto sucedía porque las mujeres utilizaban todo tipo de coloridas flores como adorno.Estas flores se combinaban con velos, encajes, piezas de ganchillo, tissues y muselinas, brillantes lazos de satén, piezas de seda, plumas de vivos colores y para las más atrevidas aderezos con pequeños pájaros, incluso con su nido. Todo adorno era válido para convertir viejo bonete en un espectacular Easter Bonnet.

Además, dependiendo del tipo y diseño del bonete, este admitía diferentes tipos de ornamentación. Los bonetes más comunes eran los denominados cottage bonnets, hechos de paja, sin tintado, adornados con diferentes tipos de lazos y que se ataba bajo la barbilla con una pequeña lazada.

La función de este bonete, de diseño sencillo, era cubrir la cabeza y enmarcar la cara de la dama sin que los ornamentos le restaran protagonismo a su cara, resaltando la frescura y belleza de su rostro. Algunos de estos bonetes eran posteriormente forrados con rasos. Eran los bonetes más típicos de la moda Regencia.

Giovanni Costa (1833-1902) The new fan
Cottage bonnet. The New Fan – Giovanni Costa

Los poke bonnets eran bonetes más grandes y llamativos que los cottage bonnets, con un saliente en su parte delantera a modo de visera que cubría toda la cara y protegía la piel del sol. Algunas veces de esta visera salía un pequeño velo bordado cubriendo la cara parcialmente o por completo. Estaba hecho de paja, aunque, a diferencia del cottage bonnet, la paja se cubría con encajes u otras telas, como el terciopelo.

Las primeras referencias a los poke bonnets aparecen a comienzos del siglo XIX, aunque su uso se extendió más allá de la primera mitad del siglo, ya que la línea de su diseño estaba en consonancia con el tipo de sombrero que le gustaba usar a la Reina Victoria.

George Morton - Figure Study
Poke bonnet. Figure Study- George Morton

Los tall crowned bonnets eran uno de los modelos preferidos por las damas, ya que su parte posterior elevada permitía todo tipo de adornos y ornamentos, como elaborados encajes, grandes lazos con lazadas y guirnaldas de flores.

Admitía casi todo tipo de tejidos para su confección, aunque dado el diseño del bonete, hecho para impresionar, se preferían los tejidos más lujosos. Estaban diseñados para ocultar una parte de la cara y para que la dama pudiera recoger y ocultar casi totalmente su cabello. Se sujetaba bajo la barbilla usualmente con una gran lazada.

tall crowned bonnet (2)
Tall crowned bonnet. Giovanni Costa

Los drawn bonnet estaban hechos de sedas, rasos o terciopelo, con fruncidos o volantes posteriores o enmarcando el rostro, ya que su diseño estaba concebido para realzar el óvalo de la cara – a veces utilizando pequeñas flores interiores cosidas a un delicado velo bordado. La tela era lisa, sin estampados y como único adorno solían llevar una pequeña flor o una pluma a juego con el color del sombrero, ya que los fruncidos eran más que suficientes para lograr que el sombrero destacase.

Era el más discreto en lo que a ornamentación se refiere pero quizás de los más llamativos en cuanto a confección. Como todos los bonetes se sujetaba al cuello con un lazo.

Euphemia White Van Rensselaer by George P. A. Healy
Drawn bonnet. Euphemia White Van Rensselaer – George P.A. Healy

Todos los bonetes admitían retoques, mejoras y nuevos adornos y ornamentos, y gracias a ellos, las mujeres victorianas, independientemente de su clase social podían sentir como si su vestuario fuese nuevo y cumplir con la tradición de estrenar algo nuevo en Pascua.

Desde La Casa Victoriana queremos desear a todos nuestros subscriptores y visitantes un feliz día de Pascua.

Y no olvideis visitarnos en nuestras redes sociales, porque estrenamos tablero en Pinterest con 100 pines dedicados a las preciosas postales victorianas de Pascua.

Agrimonia: la flor de la gratitud victoriana

Desde la antigüedad las flores y las plantas se han utilizado como medio para expresar diferentes sentimientos o para atribuir determinadas cualidades a aquellos que las portaban.

Los victorianos recuperaron todos los códigos simbólicos del lenguaje de las flores como medio para transmitir mensajes cuyo significado abarcaba los más variados significados.

Estos mensajes eran transmitidos por el tipo de flor y su color, sino por cómo iba colocada esa flor  en un ramo, en si llevaba hojas o espinas e incluso por el lazo que sujetaba un ramo y la posición de su lazada, a la derecha o a la izquierda.

Además, las damas utilizaban las flores para enviar mensajes a sus enamorados; por ejemplo, en el pelo significaba cuidado, y llevarlas junto a su corazón, indicaba amor.

Hoy desde La Casa Victoriana, quiero por medio de la Agrimonia, cuyo significado en el lenguaje floral es gratitud, agradecer las más de 600.000 visitas a nuestra casa, y dar las gracias a todos los subscriptores y suscriptoras del blog y a todas las personas y medios que se han interesado por este proyecto.

 

agrimony

Cicely Mary Baker – Flower Fairies of the Wayside- The Agrimony Fairies Painting

Y aprovecho para dar las gracias de una manera especial a María José Fuster del blog Procoleccionismo,  realmente muy recomendable, por su entrada sobre La Casa Victoriana que podéis ver en el siguiente enlace

http://procoleccionismo.blogspot.com.es/2015/08/una-colecccion-de-la-epoca-victoriana.html