Labores de costura victorianas + Calendario 2022. Parte I

Louis Lang- The sewing party

¡Feliz año nuevo, victorianos!

Como todos los años, desde La Casa Victoriana, queremos obsequiaros con un calendario diseñado especialmente para todos vosotros. Este 2022 está dedicado a las mujeres y las labores de costura, y, como es habitual, viene ilustrado con bellísimos cuadros del siglo XIX y principios del siglo XX.

Para acompañar a la entrega del calendario publicaremos dos artículo dedicado a las labores de costura más populares en la época victoriana.

Dividiremos la entrada en dos partes. Esta primera parte la dedicaremos al costurero, sus materiales y a las labores de punto de cruz, patchwork, quilting y appliqué, y con ella publicaremos las hojas de calendario desde enero a junio.

Próximamente, publicaremos otra entrada con el resto de las labores y las imágenes del calendario correspondientes a los meses desde julio a diciembre.

Para descargarlo podéis clicar con el botón derecho del ratón sobre la imagen y escoger «Guardar imagen como» en el desplegable.

Esperamos que tanto los artículos como el calendario sean de vuestro agrado.

La Casa Victoriana

Las victorianas y la costura

La destreza en las labores de costura era una habilidad muy valorada entre las damas victorianas.

El conocimiento de las diferentes técnicas se transmitía de madres a hijas y la exquisitez y creatividad mostradas en un trabajo de costura eran tan admiradas como el talento en el canto o en un instrumento musical.

Pero estas habilidades, que entre la clase más pudiente formaban parte de su educación y servían para llenar las horas de ocio con una actividad tan productiva como útil, eran también reconocidas por las familias de las clases sociales no tan afortunadas económicamente, pero con objetivos diferentes.

Toda mujer debía saber de costura ya que era una competencia útil para su vida diaria: coser las ropas de su familia, remendar aquellas prendas más desgastadas, proporcionar al hogar manteles y ropa de cama, aprovechar cualquier tela para unos cojines, tejer desde bufandas y ropa de abrigo para el invierno o confeccionar una alfombra para su salita.

Además, como la necesidad agudiza el ingenio, solían ser diestras en la confección de complementos como adornos florales, sombreros o diademas.

Emile Pap – A Girl in a Pink Dress Sewing by the Window

Las labores de costura no solo se hacían como pasatiempo o necesidad, sino que se utilizaban como regalos e, incluso, se exhibían en lugares destacados del hogar para ser admirados por familiares y amigos.

Las jóvenes que destacaban en tas labores hacían de ello su profesión, empleándose como costureras en sastrerías o modistas particulares para señoras adineradas. Una modista mañosa, creativa y pulcra en su trabajo era tan valorada por las señoras como la mejor de las cocineras.

Los materiales de costura

Una mesa de costura, bien equipada, con una máquina de coser, compartimentos varios para mantener en orden los materiales y espacio suficiente para las labores de costura era tan preciada que se fabricaban con los mejores materiales, dando como resultados muebles de una factura elegante y exquisita.

Estas mesas soñadas solo estaban al alcance de aquellas señoritas que tenían la suerte de tener una familia que pudiese permitírselas. La mayor parte de las jóvenes se conformaban con un costurero, una cestilla de mimbre para los ovillos de lana y un par de bastidores.

Richard Edward Miller – Sewing by Lamplight

Los costureros eran igualmente un indicador de la clase social de la dama: magníficos costureros de madera lacada, con incrustaciones de nácar, madreperla, marfil y accesorios de plata labrada eran para las jóvenes de clase social alta; cajas de madera o de cartón y tijeras de hierro eran los materiales para el día a día en los hogares más humildes. De todos modos, no había caja fea que un ingenioso trabajo de decoupage no pudiera embellecer.

Todo costurero debía contener unos materiales básicos consistente en un estuche agujas de diferentes tamaños y grosor, dedales, alfileres, un par de tijeras, cinta métrica, un punzón de costura y una lezna para perforar el cuero y los tejidos de piel. Además, solían contener carretes de hilos de colores básicos, devanadoras, alfileteros y pinzas de dobladillo.

Como complemento al costurero se utilizaban cestillas y capazos de mimbre para los accesorios y materiales de calceta y ganchillo, ovillos de lana y agujas. Flores de tela, lazos, encajes, remaches y hebillas metálicos, así como telas y papel o cartones para patronaje completaban los accesorios que no debían de faltar en una habitación de costura.

William Kay Blacklock- Nice Young Lady Sewing

En el siglo XIX, la mayor parte de las agujas se fabricaban en acero, aunque muchas damas conservaban agujas hechas de oro y plata, herencia de generaciones anteriores. Los alfileres estaban hechos del mismo material y su precio era elevado. La tendencia a perderlos hizo de los alfileteros uno de los complementos preferidos del costurero.

Godey’s Lady’s Book y Peterson ‘s Magazine, con tutoriales, guías, patrones, dibujos para servir como modelo de diseño y consejos para los diferentes tipos de labores, eran dos de las revistas más vendidas.

Las labores de costura

El punto de cruz

La labor de costura más popular era el punto de cruz. Las niñas se iniciaban en esta costura porque el aprendizaje era fácil y se adquiría con rapidez precisión en la puntada. Como seguía un dibujo determinado de antemano, que servía como modelo y guía de las puntadas, era difícil que el resultado final fuera un despropósito, como podía suceder con bordados más avanzados, e infundía ánimo y autoconfianza en la bordadora para enfrentarse a retos más complicados.

La mezcla de hilos de colores y la sencillez del dibujo conseguían que algo simple fuera vistoso por lo que pequeñas flores, abecedarios y breves citas bíblicas se bordaban para adornar estuches de agujas, postales conmemorativas o marcapáginas.

Robert Barnes- Child Sewing

Patchwork y quilting

La labor de patchwork consistía en unir diferentes despieces o trozos de telas para formar un trabajo de costura completo. En su origen las piezas eran geométricas y todas iguales en tamaño.

A partir de un modelo se iban uniendo formando diferentes dibujos geométricos, dando lugar a piezas más grandes. Con el tiempo se fueron incluyendo piezas de diferente tamaño para formar borders de separación o para enmarcar las piezas chicas, pero siempre siguiendo un esquema predeterminado.

Cuando se decidía acolchar el patchwork comenzaba una nueva labor: el quilting. Los quilts, que era como se denominaba este tipo de piezas constaban de tres capas: la primera era la formada por el trabajo de patchwork, con la unión de los trozos de tela; la segunda capa era el acolchado, que aparecía en medio para mullir la pieza; por último, la tercera capa que sería “el revés” de la pieza, cuyos bordes se unirían con la primera capa cerrando la colcha.

Arthur John Elsley

Un marco de madera servía como guía para la unión de las piezas y todas las mujeres implicadas participaban de este proceso de unión, llamado quilting bee, aportando no solo su trabajo sino lazos de amistad para fortalecer a la comunidad o a las relaciones sociales.

Hacer quilting era una de las labores favoritas de las muchachas. Había quilts que se hacían en familia y donde cada miembro aportaba una serie de piezas que se unirían a las demás. Eran los quilts familiares, que trascendían más allá de la mera labor. Algunos de ellos se completaban en las sucesivas generaciones, siendo heredados de madres a hijas.

Los quilts de recuerdos estaban compuestos por diferentes piezas que tenían un significado importante para la costurera. Usualmente se componían de trozos de ropa que se había deteriorado con los años, pero de la que se quería conservar por razones sentimentales alguno de los trozos.

Los quilts de amistad se confeccionaban entre buenas amigas y se firmaban con el nombre bordado. Algunos de ellos escondían secretos o mensajes ocultos entre las capas, con piezas de tela, frases o iniciales bordadas que solo las implicadas en el trabajo del quilt comprendían. De esta manera, la labor era también una diversión y un modo de afianzar los recuerdos una amistad que se quería que perdurara. Como curiosidad, comentar que muchas jóvenes victorianas unían las piezas sustituyendo los hilos por sus propios cabellos, para hacer las piezas más personales.

Sir Francis Grant- Mary Isabella Grant, Knitting a Shawl

En las décadas finales del siglo XIX, los puzzle quilts, crazy quilts, o los quilts locos comenzaron a ganar terreno a los quilts tradicionales. Se diferenciaba de los tradicionales en que las piezas no eran regulares ni del mismo tamaño y se unían entre sí sin ningún parámetro particular, excepto el de la propia imaginación. Los cojines, colchas y mantas de extravagantes, con coloridos diseños, hechos con piezas irregulares y sin patronaje previo se convirtieron en el elemento decorativo más innovador y en una de las labores más divertidas para las jóvenes victorianas.

No por ser una labor menor debemos olvidar otro tipo de labor de patchwork: el appliqué. Esta técnica más relacionada con el adorno que con la costura propiamente dicha, consistía en aplicar, o bordar, varios trozos de tela sobrelas trabajos de patchwork, añadiendo textura y color. Las piezas de appliqué podían ser precortadas o pequeñas obras artísticas, donde las hábiles costureras las formaban con trozos de tela con los que diseñaban pétalos de flores, letras, juguetes simples o animales.

Juegos, rituales y bromas de Halloween

Ya ha llegado Halloween de nuevo ¡el tiempo vuela!. Para celebrarlo en La Casa Victoriana queremos recopilar los rituales más celebrados por los jóvenes para adivinar su futuro sentimental, los juegos más divertidos para entretener a los pequeños de la casa y una pequeña colección de bromas pesadas ejecutadas por gamberretes victorianos más desagradables que aterradoras, todo ello ordenado por categorías.

Esperamos que, como todos los años, disfrutéis con su lectura y os atreváis a poner en práctica las más divertidas.

¡Feliz y terrorífico Halloween a todos nuestros suscriptores y seguidores!

Juegos y rituales con dulces

Dulces y velas: la vela paga

El aro y la vela, más que un ritual, es un juego para los más jóvenes.

Se coge un aro de un barril y en él se cuelgan varios dulces, caramelos y manzanas, pero también finales de velas. Se vendan los ojos de los participantes y se gira el aro.

Los participantes deben intentar morder uno de los dulces colgados y no morder el final de vela. Aquellos que tengan la mala suerte de morder la vela tendrán que pagar la multa, que habitualmente consistía, en el pago de las velas.

El pastel y el anillo

Antes de hornear un delicioso bizcocho se introduce un anillo en la masa. Una vez hecho se sirve en porciones y a aquel a quien le toque el anillo en su porción encontrará el amor verdadero en el plazo de un año. ¡Cuidado con tragarse el anillo!

The Fateful Food

Este juego de adivinación del destino era muy popular porque no solo implicaba comer una buena razón de dulces sino que aportaba la sorpresa de encontrar el objeto que previamente se había escondido en ellos y de interpretar su significado:

– una moneda predecía riqueza

– un anillo era símbolo de un matrimonio

– un botón o un dedal indicaban soltería para el próximo año

– un wishbone, el hueso de pollo o pavo en forma de horquilla, permitía a su poseedor pedir un deseo para el próximo año.

Juegos y ritos con berzas y coles

Lanza la berza, ella te contará tu futuro

O, is my true love tall or grand?

O, is my sweetheart boony?

Una de las tradiciones más antiguas cuenta como las kales, berzas, podían pronosticar el futuro de las parejas.

Las parejas salen cogidas de la mano y con los ojos vendados a la búsqueda de una berza, que aún está plantada, y deben arrancarla y lanzarla. Dependiendo del tiro y de cómo cayera la berza, así será el aspecto de la futura pareja y la relación de los jóvenes.

Si la raíz arrastra una buena cantidad de tierra, las previsiones económicas futuras de la pareja serán favorables. Si al comerla el corazón de la berza es dulce, la pareja vivirá momentos felices, pero si es amargo, no se deparan buenos augurios para la relación.

Kaling

El Kaling era un juego de origen escocés muy popular en Halloween. Para jugarlo era necesario un jardín y varias coles enterradas. Los jugadores saldrían al exterior y con los ojos tapados tendrían que desenterrar una col. Uno de los jugadores, que representaría el papel de pitonisa, interpretaba el futuro amoroso del poseedor de la col dependiendo del tamaño del vegetal, su posición económica atendiendo a la tierra adherida al repollo y el carácter del futuro esposo o esposa después de probar la acidez o no de la col.

Asustando a los incautos con coles y nabos fantasmas

No todos los juegos de Halloween eran inocentes y juguetones. Algunos eran auténticas gamberradas que los más jóvenes ideaban y disfrutaban a costa de los incautos que se aventuraban a caminar solos tan terrorífica noche o foráneos que desconocían las costumbres de la zona.

En algunas villas de Irlanda, los niños se esforzaban por tallar las caras más tenebrosas en los nabos para, por sorpresa ponerlas en la ventana de una casa o de un carruaje que se había parado, con el consiguiente susto de la persona que la veía tras el cristal.

También ataban cordeles a las coles y as arrastraban por los campos entre los cultivos mientras emitían lastimeros aullidos. Las víctimas de la broma, con gran inquietud, solo veían como algo pequeño gemía y se movía rápidamente.

Una col quemada y una casa atufada

En Escocia se ejecutaba una de las bromas más desagradables de Halloween ya que sus consecuencias duraban varios días, por no decir varias semanas. Esta consistía en arrancar el tallo de una col y conseguir que ardiera y echara humo. En ese momento acercaban el tallo al ojo de la cerradura de una casa y dejaban que ese humo penetrara en la casa, y con el humo el olor nauseabundo que provocaba.

Cuando la persona llegaba a casa todo su hogar estaba invadido no solo por una neblina provocada por el humo sino por un olor insoportable que se adhería a cortinas, telas y mobiliario tardando varios días – y unas cuantas coladas – en desaparecer.

Juegos y rituales con nueces

The Nut Shower

Los frutos secos típicos de estas fechas solían ser protagonistas de muchos de los juegos de Halloween. Las nueces, por su forma eran uno de los frutos favoritos.

Este juego requiere paciencia pero el resultado es tan agradecido que merece la pena. Se abrían las nueces con mucho cuidado y se le quitaban los frutos, dejando las cáscaras lo más intactas posibles. Se reservaban los frutos y se rellenaban las nueces con otras pequeñas golosinas o caramelos caseros y se volvían a cerrar, pegando las dos partes de las nueces con, por ejemplo, azúcar caramelizado o un glaseado.

Las nueces se esparcirían por el suelo y los niños deberían cogerlas y abrirlas – siempre se reservarían unas cuantas por si alguno de los pequeños cogía pocas o ninguna, ya que ningún niño debía quedar sin diversión. En el momento en que abrían las nueces y descubrían golosinas la estancia se llenaba de algarabía. Más tarde, los pequeños también darían buena cuenta de las nueces, tomándolas solas o con miel. Otra variante consistía en llenar las nueces con diminutos juguetes hechos por los mayores de la familia.

Fuera cual fuera el “relleno” de las nueces la diversión estaba asegurada.

Un barquito con la cáscara de nuez predice mi futuro

Este título es una interpretación del popular juego de lanzar cáscaras de nueces en barreño lleno de agua. Estas nueces se podían adornar con una pequeña vela para semejarlas a barquitos veleros.

Dependiendo del comportamiento de los barcos en el agua se podía interpretar el futuro: si el barco se hundía, el futuro del poseedor del barco no iba a ser muy halagüeño; por el contrario, si el barco seguía su travesía sin hundirse, significaría una vida feliz y estable.

Si dos barcos se cruzaban sin tocarse, sus propietarios estaban destinados a ignorarse en el futuro; si los barcos chocaban, las personas que los habían lanzado se encontrarían en algún periodo de sus vidas compartiendo intereses, negocios o amor y si los barcos navegaban juntos, sus dueños estaban predestinados a vivir juntos una vida feliz, acompañándose en cada momento.

Si un barco navegaba solo por los bordes del barreño, sin ir hacía el centro, donde se encontraban el resto de los barcos, predecía una vida solitaria y, quizás, una soltería de por vida; si el barquito de nuez tocaba frecuentemente los bordes, su poseedor tendría una vida de aventura, y viajaría por todo el mundo.

Y si un barquito se hundía significará no solo que el amor no será correspondido, sino que esa persona permanecerá soltera y sola ¡para el resto de su vida!

The Nut Crack Night

Este juego era uno de los favoritos de los jóvenes de la casa, ya que era un juego de predicción de futuro que vaticinaba si dos jóvenes estaban destinados a tener un amor verdadero o solo una bonita amistad.

Los elementos necesarios para jugar eran una parrilla y avellanas o castañas. Los jóvenes se sentaban a ambos lados de la parrilla, que previamente se había calentado, y, cada uno de ellos colocaba uno de los frutos sobre la parrilla. Si los frutos se quemaban lentamente hasta convertirse en cenizas la amistad duraría para siempre e incluso podría convertirse en amor duradero o un matrimonio feliz. Si, por el contrario, los frutos estallaban, la relación sería un reflejo de ese estallido, y no solo no duraría sino que acabaría de un modo conflictivo.

Quemando nueces, ¿cuál será nuestro futuro?

The auld gudewife’s weel hoarded nits
Are round and round divided,
And monie lads’ and lasses’ fates
Are there that night decided.
Some kindle, couthie, side by side,
And burn thegither trimly;
Some start awa’ with saucy pride,
And jump out-owre the chimlie.

Cada miembro de una pareja elige una nuez entera. Ambas nueces se ponen al fuego. Cada uno observa atentamente cómo se van quemando las nueces: si se queman lentamente, si se rompen o si ambos lados de la nuez se separan. Dependiendo de cómo respondan las nueces al fuego, así será su relación.

Rituales y juegos con manzanas

  • La manzana me dirá el nombre de mi amado

Aquel joven o aquella joven que quiera saber por qué letra comenzará el nombre de su futura pareja tendrá que pelar una manzana de una sola vez. Cuando termine tendrá que lanzar la monda de la manzana por encima de su hombro izquierdo.

Cuando caiga en el suelo dibujará la forma de una letra en el suelo. Esa letra será la inicial del apellido de su enamorado o enamorada.

  • Bobbing the apples

Se escogían varias manzanas rojas y apetitosas y se dejaban flotar en un barreño con agua; los participantes del juego debían poner los brazos a su espalda y sumergir sus cabezas en el barreño para coger las manzanas con los dientes. ¡La diversión estaba asegurada!

  • Manzanas a la hoguera

Para atraer al verdadero amor, se comía una manzana asada y se echaban al fuego el corazón y las semillas mientras se cantaba:

    “One, I love, two, I love, three, I love, I say,
Four, I love with all my heart,
Five, I cast away;
Six, he loves, seven, she loves, Eight, they both love.”

Otros juegos y bromas

El ovillo de lana que emparejará a los invitados

En una jornada informal y festiva en la que el protocolo se suavizaba ¡qué mejor manera de sentar a la mesa a los invitados que mediante un divertido juego!

La anfitriona dispersaba a los invitados por las diferentes estancias de la casa y les entregaba el cabo de un ovillo de lana a cada uno de ellos. Dos cabos de lana pertenecían al mismo ovillo y el juego consistiría en encontrar a la persona cuyo ovillo coincidiese. Para dificultar el encuentro, el largo ovillo se habría enrollado en muebles, extendido por las habitaciones y entremezclado con los ovillos de otros participantes, todo con el fin de que los propietarios de los ovillos recorrieran la casa y se divirtieran encontrando a su pareja.

De todos modos, la propietaria nunca dejaría nada al azar, encargándose de que dos cabos que estuvieran unidos no pertenecieran a comensales que pudieran tener ciertas rencillas entre ellos, y, si se sentaran juntos, su evidente malestar pudiese arruinar la reunión.

Trick or Treat – truco o trato – ¡cuidado con lo que eliges!

Aunque la frase “truco o trato” suele ser la primera la que se nos viene a la cabeza cuando pensamos en Halloween pocos saben lo que pasará si no aceptamos el trato y nos decdimos por el truco.  Cuenta la tradición que siempre debemos escoger el trato ya que en caso de no aceptarlo Jack O’Lantern, un ser maligno con cuerpo humano y cabeza de calabaza, podría maldecirnos. Según cuenta la leyenda irlandesa, un borrachín llamado Jack y apodado Jack Stingy engañó al Diablo para que pagara su bebida, atrapándolo en una moneda. Pero el Diablo más astuto que Jack se venga y condena a su espíritu durante toda la eternidad por la tierra. Para poder seguir enredando en la tierra Jack coloca dentro de un nabo tallado un carbón ardiendo, creando el personaje malvado de Jack O’Lantern. Si no aceptas el trato tendrás que vértelas con él.

¿Dónde está mi ganado? ¡En el tejado!

Dentro de las bromas desagradables de Halloween una de las más celebradas era la del “robo” de ganado y aperos de labranza. Durante la noche de Halloween, jóvenes y no tan jóvenes sustraían aperos de labranza, carros y animales del establo y ¡los subían a los tejados de las casas y graneros! A la mañana siguiente el granjero se encontraba con la desagradable escena que para él no era divertida en absoluto.

Me llevo tu puerta y se escapan tus animales

Una broma mucho más pesada consistía en robar las puertas de los campos y los cercados y abrir los establos y caballerizas. Después se azuzaba a los animales para que salieran. No era agradable levantarse por la mañana y ver que todos los animales se habían escapado; solo quedaba salir a buscar a los animales perdidos por os campos.

Estas chanzas provocaron no pocos altercados entre los granjeros y los jóvenes bromistas, ya que los primeros no dudaban en pasar la noche en vela, muchas veces armados con escopetas llenas de sal,  para evitar que los muchachos llevaran a cabo su inocentada de Halloween.

Los tres platos: decidme si me casaré con una bella doncella

En una mesa se colocaban tres platos: uno lleno de agua limpia, otro con agua sucia y otro vacío. A uno de los participantes en el juego se le vendaban los ojos y se le conducía hacia la mesa en la que estaban los tres platos.

A ciegas la persona escogía uno: si su elección era el plato con agua limpia se casaría con una bella dama, si el elegido era el que contenía agua sucia sería viudo, y si la suerte le llevaba hacia el vacío sería un amargado solterón.

Este ritual podía intentarse tres veces, previo cambio de sitio de los platos.

La dama frente al espejo: espejo, muéstrame el rostro de mi amado.

On Halloween look in the glass,

your future husband’s face will pass

Una de las tradiciones más populares entre las jóvenes era la de tratar de conocer cual sería el rostro de su futuro marido.

Para ello, la joven se encerraba en una habitación a oscuras, con la única luz de una vela iluminando el cuarto, y se colocaba frente al espejo. La superstición decía que al iluminar su imagen frente al espejo, a su lado, se reflejaría la imagen de su futuro marido.

A este ritual, a veces se le añadía un elemento adicional: la joven además de iluminar su imagen con una vela en el espejo debía ¡estar comiendo una manzana!

Mojé manga de mi camisa en el río: mi futura pareja aparecerá para secarla

Go to a south-running stream,

and dip your sleeve in it at a spot

where the lands of three lands come together

Una superstición escocesa contaba que la noche del 31 de octubre un joven o una joven debían mojar la manga de su camisa en un arroyo donde las tierras de tres tierras se unían. Al llegar a casa tenía que colgar la manga cerca del fuego para que secara, en un lugar que pudiese ver desde su cama.

No podía dormirse porque durante la noche una aparición tendría lugar en el lugar en el que había dejado la manga: su futuro esposo o esposa aparecería para retorcer la manga para intentar que se secase.

Caminando en la oscuridad

Una dama debía caminar hacia atrás en la oscuridad, hacia el sótano, con la única iluminación de una vela en su mano derecha y un espejo en su mano izquierda, mientras recitaba una y otra vez:

    ” Appear, appear, my true love dear,
Appear to me to-night,”

Antes de alcanzar el final de la escalera el rostro del amado se reflejaría en el espejo.

¿Fundimos plomo? Sus formas nos dirán nuestro futuro

Este juego me parece un poco más complicado e implica poderes de adivinación o mucha imaginación…

Fundimos un objeto de plomo y dejamos que el fundido se vierta a través de la manija de una llave cayendo sobre un bol de agua limpia. Las formas que forme el plomo serán un reflejo de lo que nos depara nuestro futuro.

¡Feliz Halloween! ¡Feliz Samaín!

New Year’s Day Open House: el día de las visitas de Año Nuevo

El New Year’s Open House era una tradición celebrada en muchas casas victorianas, principalmente en Estados Unidos, en la que los caballeros solteros visitaban las casas de sus allegados y conocidos para conocer a jóvenes casaderas.

Estas visitas no se realizaban de un modo casual sino que requerían de una preparación previa que implicaban una invitación no explícita y una visita planificada. Unos días antes del día de Año Nuevo, las familias con hijas en edad de casarse publicaban en los periódicos que, en esa fecha, su casa estaría abierta para recibir a los posibles pretendientes. De este modo, cualquier caballero que desease solicitar la atención de una dama y el permiso paterno para cortejarla podía consultar las listas publicadas en los periódicos para comprobar si la casa de su joven deseada estaba disponible para la visita.

Una de las condiciones para que el caballero pudiera acceder a la casa era tener una tarjeta de visita; esta le proporcionaba una forma de presentación ante la familia que podía saber quién era y a qué se dedicaba.

Una vez en la casa, se presentaría, el sirviente cogería su abrigo y sombrero y le conduciría al salón, donde sería recibido por los padres de la joven, sus hermanos y los familiares más allegados. Una vez allí, tendría alrededor de 15 minutos para presentarle sus respetos a la dama, presentarse ante la familia y mostrar sus pretensiones con respecto a la muchacha. Mientras estaba en la casa se le ofrecería un ligero refrigerio, ya que se le trataría como a un invitado.

Tissot, James; Hush!; Manchester Art Gallery

Poco a poco esta costumbre fue perdiendo su originaria esencia – que jóvenes casaderas conocieran a caballeros deseosos de formar una familia – para convertirse en casi una desagradable parodia en la que caballeros sin ningún interés en las jóvenes trataban de visitar el mayor número de casas posibles para comer y beber y todo lo que pudieran, llegando incluso bebidos a alguna de las visitas. Para las jóvenes damas era una fecha para competir entre ellas, siendo su máxima preocupación «coleccionar» tarjetas de visita de pretendientes para mostrar a sus amigas lo populares que eran.

A finales del siglo XIX, esta tradición fue desapareciendo porque los padres preferían buscar pretendientes entre los conocidos y solo permitían la entrada a aquellos que venían con algún tipo de recomendación de los allegados y familiares, sustituyendo las «morning calls» del día de Año Nuevo por las «family calls» de la fiesta de celebración de fin de año.

¡La Casa Victoriana os envía los mejores deseos para el año que está a punto de comenzar!

El día de la madre: del Mothering Sunday británico al Mother’s Day americano

Backward, turn backward, O Time, in your flight,

Make me a child again, just for tonight!

Mother, come back from the echoless shore,

Take me again to your heart as of yore;

Kiss from my forehead the furrows of care,

Smooth the few silver threads out of my hair;

Rock me to sleep, mother, rock me to sleep!

Elizabeth Akers Allen

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Mother’s Darling – Joseph Clark

La celebración del Día de la madre, Mother’s Day, tal y como lo conocemos dista mucho de su verdadero propósito y del origen de su creación. Aunque hoy celebramos este día como un reconocimiento a las madres reuniéndonos con ellas y agasajándolas, en un principio era un día para recordar a las madres fallecidas y ensalzar su trabajo dentro y fuera de la familia; podríamos decir que la función de este día era una muestra de gratitud póstuma para, de algún modo, celebrar que aún estaban en nuestro corazón aunque se hubieran ido de nuestro lado.

Anna M. Jarvis y su Mother’s Day

Cualquier madre preferiría tener una línea del peor garabato de su hijo o hija que cualquier tarjeta de felicitación elegante.

Anna Maria Jarvis

En 1907, la activista estadounidense Anna M. Jarvis propuso dedicar un día a rendir homenaje a todas las madres, que ya habían fallecido, por su dedicación y amor con sus familias, sus hijos y con todos aquellos que hubieran podido tener la suerte de recibir sus cuidados y cariño.

Esta iniciativa, propiciada por el recuerdo de su fallecida madre, que atendió a los heridos en ambos lados del conflicto y tuvo un papel destacado en conseguir que las madre de la Unión y las Confederadas olvidaran sus diferencias y abrazaran su identidad festejando un Día de la Amistad de las Madres.

Aunque en un principio, la idea no tuvo una acogida demasiado cálida, convirtiéndose incluso en objeto de burlas – varios senadores llegaron a sentirse ofendidos por la idea que sugería dedicar un día a la memoria de las madres, cuyo recuerdo debería estar presente día tras día – Anna siguió adelante con su idea.

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Motherly Love-Gustave Leonard de Jonghe

Para lograr que la fiesta fuera reconocida escribió varias cartas a reconocidas organizaciones, buscó patrocinadores y organizó eventos. Uno de los más recordados fue el llevado a cabo en 1908, en Grafton, Virginia, en la iglesia donde su madre enseñaba en la escuela dominical. Anna no asistó a este evento pero adornó la iglesia con más de 500 claveles blancos, la flor favorita de su madre.

Empresarios del mundo de la alimentación y la respostería, así como el comercio floral, que vieron una posibilidad de negocio en la celebración apoyaron el reconocimiento oficial, e incluso propusieron ideas como la posibilidad de regalar flores diferentes a los claveles blancos que sugería Anna; así nació la sugerencia de ofrecer flores de brillantes colores a las madres vivas, y portar flores blancas en honor de madres fallecidas.

Ante el clamor popular, en 1914, el Presidente Woodrow Wilson proclamó el segundo domingo de mayo Día de la Madre como «una expresión pública anual del amor y reverencia por las madres de nuestro país»

Pero la alegría de Anna pronto se convirtió en frustración al ver como a la industria poco le importaba el sentimentalismo de la fecha y si la posibilidad promocionar productos especialmente diseñados para ser comprados ese día, convirtiendo la festividad en un acto más consumista que familiar.

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Mother and her Children – Alfred Stevens 1883

Hay una anécdota que ilustra cómo se sintió Anna al ver malinterpretada su idea de homenaje a las madres. Se cuenta que un día fue a almorzar a los almacenes Wanamaker, uno de los grandes promotores de la celebración y se estaba ofreciendo “ la ensalada del Día de la Madre”. La activista, enfurecida por la banalidad, pidió la ensalada y, en vez de comérsela, la tiró al suelo en señal de protesta.

A partir de ese momento, Anna no cejó en su empeño de devolver a la celebración su sentimiento original, muy alejado de la locura consumista en la que se había convertido. Para tratar de lograrlo emprendió una lucha sin cuartel en contra de la industria floral, las tarjetas de felicitación, las confiterías, los grandes almacenes…contra cualquiera que utilizara ese día para ganar dinero.

Asimismo escribió cartas, imprimió panfletos, contrato editoriales, publicó en periódicos con el fin de recordar que el Día de la Madre trataba de inspirar un gesto afectuoso, un recuerdo cálido, un reconocimiento sincero como respuesta al amor incondicional y abnegado de las madres.

De la feroz lucha no se salvó ni la mismísima Eleanor Roosvelt, a pesar de la utilización que la Primera dama hizo de la fecha para recaudar fondos para la caridad, ni el Servicio Postal estadounidense que en su sello conmemorativo para la fecha emitió la imagen del cuadro Retrato de la madre del artista de James Whistler, pero añadiéndole un jarrón de claveles blancos que el pintor no había pintado y que Anna entendió como un guiño publicitario a la industria floral.

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Sello postal con la imagen de la Madre del pintor y el añadido del jarrón de claveles

Anna M. Jarvis dedicó su vida y todos sus esfuerzos tantos personales como económicos a la reivindicación del sentimiento original de la celebración que ella misma ideó sin lograrlo. Sin familia, sin descendientes y completamente arruinada finalizó sus días en un hospital psiquiátrico en 1948, sin saber que paradójicamente, fue la industria floral quien pagaba su estancia y tratamiento en dicha residencia, en agradecimiento por todos los ingresos que de forma indirecta le había proporcionado

Mothering Sunday

It is the day of all year
of all the year the one day,
And here come I, my Mother Day,
To bring you cheer,
A mothering on Sunday

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Mother with Child – George Sheridan Knowles

La idea de Anna Jarvis, aunque original en su concepto de honrar a las madres fallecidas, ya tenía el antecedente británico del Simmel Sunday o Mothering Sunday, la celebración del cuarto domingo de Cuaresma.

Esta festividad, cuyo nombre originario era Mother Mary, y que ya se celebraba en la Edad Media, tenía un carácter religioso: el cuarto domingo de Cuaresma, tres semanas antes del Domingo de Pascua, las familias se reunían y acudían a su iglesia para dar las gracias a la Virgen María. Muchos jóvenes trabajaban en el servicio doméstico o como aprendices en las ciudades y en ese día, sus empleadores le daban el día libre para regresar a sus pueblos y acudir a la iglesia con sus familias y rezar a la Virgen. Poco a poco la figura de la Virgen María, como madre abnegada y cariñosa se identificó con el afecto de todas las madres por sus hijos y viceversa, por lo que esta celebración se convirtió en una exaltación del amor maternal.

Lee Lufkin Kaula
Mother Reading with Two Girls– Lee Lufkin Kaula

Tan importante se consideraba la reunión que incluso se permitía que las familias se saltasen el ayuno de Cuaresma para celebrar una gran comida en la no faltaba el Simnel Cake, un pastel de frutas especiado. El encargado de entregar este pastel a su madre era el hijo mayor en representación de todos sus hermanos. Aunque en la actualidad se encarga y se compra en las confiterías, la tradición indica que debía ser elaborado por los hijos para que la madre lo cortara y lo sirviese después de la comida para degustarlo todos juntos.

Cada zona, incluso cada familia, tiene su propia receta con variantes dependiendo de las posibilidades económicas pero el Simnel Cake estaba pensado para ser elaborado con ingredientes caseros al alcance de las familias más humildes.

La receta más tradicional presenta un bizcocho de tres capas, dos de masa afrutada y una de mazapán o pan dulce, donde los protagonistas son los frutos secos y las frutas confitadas. Coronando la tarta aparecen 11 bolitas de mazapán representando a los once Apóstoles – aunque los Apóstoles eran 12, la bola número doce no se coloca pues sería la correspondiente a Judas, que a causa de su traición no tiene representación.

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Queen Victoria and Prince Albert with Five of their Children– Autor desconocido

La Reina Victoria, modelo de la sociedad victoriana, ayudó a popularizar este día reuniendo a su gran familia y su amado esposo Alberto en una conmemoración familiar imitada por los británicos. Pero no nos engañemos, aunque Victoria fue una amantísima esposa, nunca destacó por su amor maternal, excepto con sus favoritos; es más, en alguna ocasión mostró su decepción por algunos de ellos y la molestia que le daba criar tantos niños y, posteriormente, el fastidio que le causaba tener que buscar matrimonios adecuados en las monarquias europeas para proporcionarles bienestar y una posición privilegiada.

 

Fancy dresses: disfraces victorianos

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Cuadro de Francesco Guardi

 

Las fechas de Carnaval son muy populares en diferentes países, donde una explosión de colorido o de imaginación se apodera de las ciudades, para que los ciudadanos de todas las edades se transformen durante unas horas en otras personas, adoptando su personalidad y su indumentaria.

Los victorianos no celebraban el Carnaval tal y como lo conocemos, pero eran realmente aficionados a las farsas o charadas, fiestas en los asistentes sacaban sus mejores galas en forma de disfraz. Aunque esto no es del todo exacto: un fancy dress victoriano no es exactamente un disfraz, es un outfit muy elaborado, lujoso incluso, para lucir en un Baile de disfraces o  Fancy Ball, también denominados Charadas o Masquerades.

En esta reseña sobre fancy dresses nos referiremos a ellos alguna vez como disfraz, buscando una similitud a nuestro vestuario carnavalesco, pero dejemos claro que un fancy dress era realmente un traje, usado para adoptar la personalidad del personaje identificado con el vestuario, sin ser éste considerado como un simple disfraz.

Veamos algunos de los más utilizados:

Los Domino dresses o dominoes

Con este curioso nombre se denominaban a unos trajes largos denominados trajes de talar en forma de capa, con mangas, habitualmente con una capucha, confeccionados para los bailes de disfraces en el siglo XVIII. Los trajes de talar eran trajes de ceremonia que llegaban hasta los talones, como las togas de los juristas, la indumentaria eclesiástica o las túnicas universitarias y de graduación. También entrarían dentro de esta categoría los mantos.

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Vía Pinterest

 

El nombre parece provenir del juego cromático de la capa y capuchas de color negro en contraposición con el forro y  el traje que cubría, habitualmente de color blanco, aunque, en el siglo XIX, estos dominoes fueron evolucionando en su combinación de colores dando paso a juegos entre negros y escarlatas, rosas, azules, verdes y amarillos, siendo acentuado este contraste con las telas usadas para la confección, como la seda y el satén.

A medida que avanzaba el siglo, la fantasía de modistas y diseñadores se desbordó, añadiendo encajes, lazos, telas brocadas y llamativos bordados. Los tejidos para su confección se diversificaron: algodón, gasas, tules y armiños comenzaron a tomar protagonismo, así como tejidos más gruesos como el terciopelo.

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Vía Pinterest

 

Un domino debía ser de buena calidad y el diseño debía ser lo suficientemente elaborado para ser utilizado posteriormente como una falda de vestir. Una pieza superior con amplias mangas holgadas o bien con mangas murciélago, a las que se le podía añadir una abertura lateral para sacar los brazos; esta pieza superior podía ir  anudada a la falda mediante un lazo en la cintura. Una de las características principales de los «dominoes» era la capucha. La moda de las últimas décadas del siglo XIX eran las capuchas puntiagudas al estilo de túnica árabe.

La función del domino era cubrir el fancy dress y permitir al portador desprenderse de él manera fácil y sencilla.

El Merveilleux Domino era una variante del domino, que se caracterizaba por ser una pieza muy recargada, con lazos o apliques en los hombros, encaje al final de las mangas y colores muy llamativos.

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Vía Pinterest

 

El Domino no era una prenda exclusiva de las damas, los caballeros también los llevaban aunque mucho más sobrios: confeccionados en seda o satén, con color de forro en contraste. Una más cara negra era el complemento escogido para completar el conjunto para la masquerade.

 

El morisco, persa o turco

Los trajes de Morisco, y sus variantes persa y turco , se caracterizaban principalmente por sus tocados en forma de turbantes, adornados con broches con piedras preciosas o simplemente con llamativas plumas, y sus cinturones hechos de telas con estampado oriental. Los tejidos con los que cosían estos fancy dresses eran de vivos colores, predominando las sedas y los brocados. Eran muy recargados tanto en su diseño como en sus colores.

Los de las damas tenían grandes mangas y un sobrevestido, recargado y confeccionado con tela gruesa a modo de mantón anudado en la cintura, bajo el que apreciaba otro vestido confeccionado con telas muy livianas como muselinas o gasas. En otras ocasiones la dama se atrevía con pantalones holgados y babuchas, eso sí, cubiertos hasta la altura de los tobillos por una falda.

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Vía Pinterest

La variante masculina mostraba unos pantalones anchos y holgados, cubiertos con un blusón adornado con cenefas de bordados en oro y plata, o con amplias túnicas enriquecidas con adornos y brillantes apliques, que combinaban con grandes y anchos cinturones elaborados con arabescos.

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Vía Pinterest

 

La campesina

El disfraz de campesina tenía varias variantes: la campesina suiza, la alemana o la española, y su diseño era sencillo: consistía en tres piezas compuestas por un corpiño de fieltro o terciopelo muy ajustado, bajo el que se intuía una blusa de algodón o muselina, con media manga rematada en volantes o encajes. La falda era amplia y corta, confeccionada en paño grueso y se cubría con un delantal blanco de muselina. El disfraz se remataba con un sombrerillo de paja, un pañuelo anudado en la nuca o un coqueto tocado floral.

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Damas y niña vestidas con traje de campesinas. La ilustración es de la colección del V&A Museum.

 

Este disfraz tenía su variante el traje de campesina «lujoso», también conocido como de Jardinière ; tenía el mismo diseño pero se realizaba con carísimas telas en vez de tejidos más humildes; este diseño utilizaba una cestita de paja llena de vistosas flores como complemento, que se llevaba en la mano o bien colgada del cuello a la altura de la cintura.

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A la izquierda de la ilustración, dama con traje de Jardinière. Vía Pinterest.

 

La diablesa

La diablesa se convirtió en uno de los disfraces más utilizados en las farsas victorianas. Confeccionado en satén y terciopelo, en colores rojo, negro y dorado, este traje destacaba por su ceñidos corpiños y faldas. La longitud de la falda era muy atrevida, a la altura de la rodilla; de ésta salían unas enaguas en capas o volantes, bajo las que se vislumbraban unas llamativas medias de colores chillones y unos zapatos de alto tacón. Unos gruesos apliques con pliegues se colocaban a ambos lados de la cadera, aumentando el efecto de la cintura estrecha. De estos apliques salía una cola.

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Diablesa. Vía Pinterest

Las alas de murciélago saliendo de los hombros o la espalda eran la característica más destacada de estos vestidos. Solían llevarse con guantes largos.

Su antítesis era el traje de ángel. Frente al atrevimiento de la diablesa con su ajustadísimo diseño en negro y escarlata, el ángel vestía un etéreo y delicado juego de tules y muselinas de un blanco inmaculado. De su espalda salían unas alas de ángel o de mariposa.

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Diablesa y ángel de la era eduardiana. Vía Pinterest.

 

El Mefistófeles

Fue el famoso actor victoriano Sir Henry Irving quien popularizó este disfraz, cuando lo utilizó en el Teatro Liceo de Londres, representando el Fausto de Goethe de 1885 a 1888. Su traje rojo y negro, con ajustados pantalones al estilo Tudor, zapatillas planas, capa corta y abullonada y casquete ajustado a la cabeza, con estilo de cresta de gallo y dos plumas que salían de la frente a modo de cuernos, compusieron uno de los disfraces más populares de la época. Una barba cuidada de estilo puntiagudo, completaban el disfraz.

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Caballero vistiendo un fancy dress de Mefistófeles. Vía Pinterest.

 

Madam Pompadour y la revolución francesa

El modelo Marquesa de Pompadour era recargado y confeccionado con telas lujosas. Era un traje que había que realizar a medida, y al contrario que otros no se podía adaptar de otros vestidos, ni después era fácilmente utilizable con pequeñas modificaciones, por lo que sólo estaba al alcance de damas adineradas. Se complementaba con una peluca blanca con el característico peinado de la amante de Luis XV (peinado con un alto tupé, que pasó a la historia con el nombre de la marquesa). El escote del vestido era mucho más discreto que el que lucía la marquesa francesa.

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La dama sentada viste un modelo Pompadour. Vía Pinterest

Una tendencia indescriptible, más por su significado que por su estética era la revolucionaria  francesa. Era muy curioso ver a la aristocracia inglesa llevando trajes inspirados en los revolucionarios franceses, con su escarapela tricolor, sus casacas, su estética de sans-culotte para los hombres y de campesina con faldas de algodón rayadas con los colores de la bandera francesa, y cofias, aunque el uso del sombrero bicornio (el de Napoleón) era común para ambos sexos.

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Modelo francés. Vía Pinterest.

 

La Pansy y otras flores

El vestido de Pensamiento era muy popular, al igual que otros disfraces relacionados con las flores. La base de los vestidos eran dos piezas en los que la falda estaba compuesta por capas gasas y tules superpuestas con apliques de satén en forma de la flor correspondiente, cuanto más grandes y llamativos mejor; los corpiños eran ajustados y en vivos colores. El peinado recogido en una diadema de flores o con el cabello suelto adornado con flores, simulaba los cabellos de un hada o ninfa de os bosques. Este disfraz era muy popular entre las mujeres más jóvenes.

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Vía Pinterest

 

 

La Ondina y las ninfas de los bosques y el agua

El vestido de Ondina o el Undine dress, era un romántico traje basado en la heroína creada por el escritor alemán Friedich de la Motte Fouqué en 1811 para su novela Ondina. Basada en las leyendas griegas de las ninfas del agua, De la Motte creó una novela precursora de la literatura gótica romántica, en la que su personaje, un hada de los bosques, sacrifica su vida por un amor que no será correspondido.

El disfraz de Ondina se basaba en la interpretación del pintor John William Waterhouse, que imaginó a una ondina con una túnica al estilo griego, y en las ilustraciones de Arthur Rackham, mezclando el estilo romántico de la joven cuando vivía en el castillo con su amado, con el de las ninfas acuáticas.

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Ilustración de Arthur Rackham para la versión inglesa de Ondina. Vía Pinterest.

 

Ondina llevaba una túnica de estilo griego , en colores de la gama del blanco, suelta, que se ajustaba en la cintura con un cinturón dorado o un pañuelo. La túnica llena de pliegues y confeccionada con gasa y tul, le daba a la dama un aspecto de ninfa. Para completar el conjunto, los cabellos se dejaban sueltos, adornados con una corona de flores.

 

El disfraz de Ondina, ninfa o hada del bosque tenía variantes en los disfraces de insectos como abejas y avispas o preciosas y coloridas mariposas.

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Traje de mariposa. Vía Pinterest.

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Los Folly dresses eran vestidos de fantasía que tenían diferentes variantes, diosa, sacerdotisa, o cualquier variante creativa que la modista quisiera añadir. En su forma clásica, lo más destacado de estos disfraces eran las faldas, cortadas a picos, o cosidas a modo de diamante, siempre confeccionadas en tejidos brillantes y colores muy llamativos como la gama de amarillos y rojos. De cada extremo del rombo se podían colgar campanitas que sonaban cuando la portadora del traje caminaba. La dama llevaba un títere sujeto en una vara que sonaba con sonido de cascabeles al agitarlo.

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Folly fancy dress. Vía Pinterest.

 

La pastorcilla o Dolly Warden

Un personaje de asistencia casi obligada a cualquier fiesta era la recreación, con diferentes interpretaciones, del personaje dickensiano de Dolly Warden, una excéntrica, descarada y presumida mujer que aparecía en la novela Barnaby Rudge, escrita por Charles Dickens en 1841.

Dolly solía vestir en el siglo XIX con ropa propia del siglo XVIII: polainas, sombreros de paja de estilo bonnet y apariencia de ingenua pastorcilla. Su vestuario en contraste con su carácter y el ambiente en el que se desarrolla la novela hacen de ella uno de los personajes más estrafalarios y recordados de Dickens.

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La Dolly warden o pastorcilla dickensiana. Vía Pinterest

Arlequín, Pierrot, Colombina

Los personajes de la Comedia del arte italiana eran tremendamente populares en las fancy dresses victorianas.   Procedentes del teatro italiano renacentista, con influencias de las tradiciones del carnaval y recursos mímicos y acrobáticos, sus historias sencillas en las que se mezclaba la sátira, la comedia romántica y las intrigas cautivaron al público inglés. En 1660 se representaron en los teatros ingleses  las primeras obras que tenían como protagonistas a Arlequín, Pierrot y Colombina. El éxito fue tan grande, que pronto rivalizaron con las obras de los grandes dramaturgos ingleses. Los tres personajes italianos se ganaron el favor del público, y gran parte de ese fervor, lo despertaban sus coloridos, peculiares y brillantes atuendos.

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Vía Pinterest.

 

El popular actor del siglo XVIII, John Rich, llevó a la cima del éxito al trío Arlequín, Columbina y Pantaleón, su padre, con sus célebres «Arlequinadas».

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Vía Pinterest

El siglo XIX vio el resurgir de estos personajes gracias a las representaciones de Charles Kean en el Princess’s Theatre. La escenografía, con un vestuario espectacular y extravagante, que cambiaba constantemente, tuvo mucho que ver en este éxito.

 

La amalgama

La almagama era una forma de denominar a un disfraz indescriptible. Sería el típico disfraz hecho de muchas cosas pero que realmente sería difícil de identificar al personaje que representa.

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Vía Pinterest.

Las amalgamas no era inusuales en las farsas y se asociaban con nuevos ricos, que necesitaban demostrar su riqueza vistiendose con lujosas telas, brocados y cualquier cosa que pareciese cara. También era un síntoma de un gusto pésimo. Las amalgamas más corrientes estaban compuestas por una mezcla de aristócrata francés, estilo morisco, un toque renacentista, una influencia Tudor… Muchas veces, las damas optaban por el estilo masculino.

La Casa Victoriana os envía sus mejores deseos para que disfrutéis de estos divertidos días de Carnaval.

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Cuadro de Francesco Guardi

 

¡Bienvenido julio!

Damos la bienvenida a julio con nuestro calendario, en esta ocasión ilustrado con un cuadro de Thomas Benjamin Kennington, Lady Reading By A Window.

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Bienvenido abril

Damos la bienvenida a abril, con un nuevo calendario de La Casa Victoriana ilustrado, como todos los meses, con un cuadro que tiene como protagonista a una dama leyendo. En esta ocasión el cuadro es Ensueño de John Bostock.

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Feliz Pascua victoriana

El conejo de Pascua y su carro lleno de huevos multicolor.
 
El conejo de Pascua, en realidad la liebre, Easter Hare, y su carro lleno de huevos de los más diversos colores, para repartir entre niños y mayores fue una de las imágenes más reproducidas en las tarjetas postales victorianas y una de las tradiciones más esperadas del año.
 
Pero como muchas de las costumbres victorianas, su origen no era británico sino alemán, patria del Príncipe Alberto, marido de la Reina Victoria.
 
Eso sí, los victorianos, tan dados a lo recargado y colorido, adoptaron la tradición a su manera: el carro de se llenaba, además de huevos con bellas flores como violetas, lirios o rosas.
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Aunque unos dulces pollitos, adornados con lazos de coores, eran los acompañantes del conejo de Pascua en la imaginería victoriana, pájaros y otras criaturas del bosque acompañaban al conejo en su reparto e inocentes niños disfrutaban los ricos huevos de Pascua componiendo unas bellas composiciones que los ilustradores reflejaban en sus postales.
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Dependiendo del poder adquisitivo de las familias, los huevos que llegaban a los hogares de Pascua eran diferentes: simplemente huevos cocidos, tintados con el agua de diferentes legumbres o verduras (cebollas para un color amarillento, remolacha para un color morado, espinacas para conseguir huevos verdes…) o huevos de chocolate o caramelo, con decoración simple o profusamente decorados o adornados, envueltos en papel de colores o en lujosos envoltorios como sedas atadas con bellos lazos.
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Las dulcerías y pastelerías llenaban sus escaparates con multitud de huevos de colores, haciendo de la Pascua una explosión de color sólo igualada por la decoración navideña.
 
Pero todo el mundo tenía su pequeño regalo dulce en Pascua, gracias a una tradición que ha llegado a nuestros días y se ha introducido poco en poco en la cultura de países en la que no existía, como en España donde los alegres huevos de Pascua conviven con el Roscón de Pascua haciendo las delicias de los más golosos.
Feliz Pascua a todos los subscriptores y visitantes de La Casa Victoriana.
Recordad que seguimos en nuestras Redes Sociales hablando del mundo victoriano y sus protagonistas.
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Londres rico, Londres pobre

“Two nations; between whom there is no intercourse and no sympathy; who are as ignorant of each other’s habits, thoughts, and feelings, as if they were dwellers in different zones, or inhabitants of different planets; who are formed by a different breeding, are fed by a different food, are ordered by different manners, and are not governed by the same laws.«

(Dos naciones; que no tienen nada en común y ninguna afinidad; que ignoran el modo de vida, pensamientos, y sentimientos de la otra, como si ellos  habitaran en zonas diferentes, o en planetas distintos; como si fueran criaturas distintas, alimentadas por  alimentos diferentes, regidas por modales diferentes, y no fueran gobernada según las mismas leyes)

Sybil, or the Two Nations (1845), Disraeli

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Londres rico

Tres eran los barrios más opulentos del West End del Londres victoriano: Berkerley Square, Belgravia y Hyde Park. En ellos era fácil encontrarse a las damas paseando con sus elegantes vestidos protegiéndose del sol con sus elaboradas sombrillas, y a los caballeros con sus chisteras dirigiéndose en sus carruajes a sus negocios de venta, bufetes o bancos.

En los parques, por las tardes, las niñeras cuidaban de los niños o paseaban a los bebés, cubiertos con cálidas mantas o colchas bordadas, en grandes cochecitos de paseo.

Por las noches, elegantes landós, circulaban por las calles tenuemente iluminadas por las farolas de gas, llevando a los adinerados victorianos de vuelta a casa tras las cenas y fiestas que se celebraban en casas privadas o en los locales londinenses de moda, muchos de ellos de dudosa reputación.

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Vía Pinterest

Belgravia era el centro neurálgico de la riqueza victoriana y eduardiana, y aún hoy, es uno de los barrios más caros no sólo de Gran Bretaña sino del mundo entero.

En un principio esta zona era conocida como Five Fields, los Cinco Campos, y alguno de sus barrios eran realmente peligrosos y feudo de bandidos y delicuentes, que hacían que los victorianos más adinerados procuraran evitar vivir en las proximidades, sin olvidar las frecuentes inundaciones que llenaban los campos de barroy hacían que el alcantarillad se desbordase llenando las calles de aguas fecales, excrementos y un olor fétido.

Fue el constructor Thomas Cubitt quien vio las posibilidades de este barrio londinense, y con la ayuda del arquitecto George Basevi, diseñó las calles y plazas de Five Fields, convirtiéndolo en lo que hoy conocemos como Belgravia.

Teniendo como punto principal Belgravia Square, el barrio se llenó de magníficas plazas como Eaton Square, Chester Square o London Square, con bellos jardines, adornadas con destacadas estatuas. Las casas construídas eran elegantes edificios adosados de pocas alturas, (dos, tres o cuatro plantas), de diseño neoclásico, con líneas muy puras y sus característicos estucados.

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Vía Pinterest

La rica burguesía acogió con entusiasmo el nuevo barrio y la aristocracia lo convirtió en «su residencia de Londres», ya que ellos vivían en sus casas de campo (y cuando hablamos de casas de campo no nos referimos a un coqueto cottage sino a «casas» tipo Downton Abbey). El West End y sus inquilinos empezaban a marcar la diferencia económica y social de Londres. Todo aquel que «era alguien» tenía su residencia en uno de los barrios de esta zona.

En barrios colindantes, mucho menos lujosos vivía la clase media, pequeños comerciantes con negocios de hostelería, mercaderes y profesionales liberales, cuyas familias no pasaban grandes necesidades, pero tampoco eran ricas, y aspiraban a codearse, algún día, con los habitantes de los barrios más lujosos de la ciudad.

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Vía Pinterest

Londres pobre

Frente a este lujo, elegancia y opulencia existía otro Londres radicalmente opuesto, el conocido como East End londinense, cuyo núcleo era Bethnal Green, y donde la esperanza de vida de un niño trabajador de este suburbio no alcanzaba más allá de ¡los 16 años!. De hecho la mitad de los niños del barrio fallecían antes de cumplir los 5 años.

En los barrios del East End como el ya mencionado Bethnal Green, Spitalfields o Stepney la pobreza, el hambre y la miseria eran los compañeros de vida diarios de sus habitantes. El maltrato a las mujeres y los niños, el alcoholismo y la prostitución no eran extraños a sus habitantes.

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Gustave Dore. Dudley street, 1872.

Estos barrios llenos de pobreza recibían el nombre de rookeries. En uno de ellos St.Giles, Charles Dickens situó su novela Bleak House.

En una de sus primeras visitas a Londres, el escritor Jack London se escandalizó de las condiciones de vida que vio en estos lugares; su Londres soñado que él identificaba con la elegancia británica, alternaba la belleza victoriana con una realidad que él no esperaba: hombres, mujeres y niños que buscaban comida podrida entre la basura para poder tener algo con lo que llenar sus estómagos.

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En las casas las familias vivían hacinadas, llegando a convivir hasta 12 personas en pocos metros cuadrados insalubres. Esto llevaba a que las enfermedades se contagiaran, la higiene fuera ínfima y el aire limpio no fluyera por las habitaciones en las que varios miembros de la familia tenían que compartir las camas. De hecho, en algunas casas se establecían horarios para poder descansar.

Por descontado, en estas casas, no existía ni agua corriente ni cuarto de baño. Las necesidades se hacían en calderos, cuyo contenido se arrojaba posteriormente a la calle, provocando un hedor insoportable. El reformista Edwin Chadwick relataba como, para poder acceder a sus casas, algunas personas, tenías que atravesar montañas de basura, en las que las ratas campaban a sus anchas, y hundir los pies hasta los tobillos en lodazales de excrementos.

Este ambiente nauseabundo y la falta de higiene provocaba enfermedades y epidemias como la peste, el cólera o el tifus que causaban miles de muertos.

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Vía Pinterest

 

Si uno era pobre no tenía mucha elección a la hora de escoger trabajo; las mujeres solían trabajar como costureras, un trabajo nada deseable porque sus horas cosiendo eran casi interminables y estaban muy mal pagadas pero al menos era un trabajo limpio y a cubierto.

Uno de los peores oficios era el de tosher, cuya ocupación era hurgar en las alcantarillas, en busca de cualquier cosa de un mínimo valor, desde pequeños objetos de metal, botas o zapatos viejos o monedas. Además se encargaban del mantenimiento del deficiente alcantarillado londinense.

Para hacer su trabajo, os toshers caminaban horas y horas entre la basura de la alcantarillas; pero a veces las cosas se complicaban y morían de una enfermedad infecciosa que habían contraído – por ejemplo, la mordedura de una rata -, ahogados por las aguas subterráneas, o si quedaban atrapados en alguno de los túneles, devorados por las ratas. Ser tosher era un trabajo muy peligroso.

De todos modos, los toshers eran grupos de hombres rudos, muy respetados entre su gente e, increíblemente bien pagado por los contratistas.

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Toshers en las alcantarillas de Londres. Vía Pinterest.

Un trabajo muy parecido al de los tosher lo desarrollaban los mudlark, que hurgaban en el barro y el lodo que se posaba a las orillas del Támesis. Este trabajo, muy peligroso, era desempeñado principalmente por niños.

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Mudlarks entre el barro del Támesis. Vía Wikipedia.

Pero si había un grupo de victorianos maltratados por la pobreza esos eran los niños; el trabajo infantil alcanzaba casi al 100% de los niños que vivían en una situación de pobreza y eran mayores de 6 años: el trabajo en las minas de Gales, en las fábricas textiles del norte o en las chimeneas de las mansiones londinenses. Por supuesto, la mayoría de ellos no acudía a la escuela y no sabían ni leer ni escribir.

Su pequeña constitución hacía que fueran los deshollinadores (chimney sweepers) perfectos, ya que podían introducirse y trepar por las chimeneas con más facilidad que un adulto, pero era común que los pequeños quedaran atrapados, muriendo ahogados por el hollín. Si no era así, el hollín que iba llenando sus pulmones les provocaría una muerte dolorosa en pocos años.

Estos niños, además de mal pagados, eran maltratados con palizas, pinchándolos con objetos afilados para que siguieran trabajando o metiendo su cabeza en calderos de agua helada si por el cansancio se quedaban dormidos.

Sweepers. Vía Pinterest.

Las niñas, que no trabajaban en fábricas solían ser vendedoras callejeras o ayudaban en casa a sus madres cosiendo o ocupándose de sus hermanos y las labores caseras mientras ellas trabajaban sin descanso.

Muchas de ellas trabajaban en fábricas de cerillas. Es célebre el artículo de Annie Besant, la política socialista inglesa, que describía las condiciones infrahumanas de casi esclavitud en la que vivían esas niñas, y la grave enfermedad que contraían en las fábricas a causa de los productos químicos con los que trabajaban.

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Niñas trabajadoras. Vía Pinterest.

Muchos de estos niños escapaban de sus trabajos y se convertían en ladrones y rateros. Pero ni malviviendo así eran libres. Como describió Dickens en algunas de sus novelas, había desalmados que creaban bandas de rateros que tenían a los niños trabajando para ellos, a cambio, de no enviarlos a aquellas casas de maltrato y terror que eran los orfanatos victorianos.

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El Londres victoriano eran dos ciudades en la misma ciudad, en la que convivían la riqueza y la elegancia con la miseria más absoluta.

 

 

 

 

Feliz día de San Patricio

La Casa Victoriana desea a sus seguidores y subscriptores un feliz día de San Patricio.

Y para celebrar el día más verde del año, no dejéis de seguirnos en nuestras Redes Sociales, donde publicamos las mejores imágenes de cultura moda y sociedad de las épocas victoriana y eduardiana.

 

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