El día de la madre: del Mothering Sunday británico al Mother’s Day americano

Backward, turn backward, O Time, in your flight,

Make me a child again, just for tonight!

Mother, come back from the echoless shore,

Take me again to your heart as of yore;

Kiss from my forehead the furrows of care,

Smooth the few silver threads out of my hair;

Rock me to sleep, mother, rock me to sleep!

Elizabeth Akers Allen

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Mother’s Darling – Joseph Clark

La celebración del Día de la madre, Mother’s Day, tal y como lo conocemos dista mucho de su verdadero propósito y del origen de su creación. Aunque hoy celebramos este día como un reconocimiento a las madres reuniéndonos con ellas y agasajándolas, en un principio era un día para recordar a las madres fallecidas y ensalzar su trabajo dentro y fuera de la familia; podríamos decir que la función de este día era una muestra de gratitud póstuma para, de algún modo, celebrar que aún estaban en nuestro corazón aunque se hubieran ido de nuestro lado.

Anna M. Jarvis y su Mother’s Day

Cualquier madre preferiría tener una línea del peor garabato de su hijo o hija que cualquier tarjeta de felicitación elegante.

Anna Maria Jarvis

En 1907, la activista estadounidense Anna M. Jarvis propuso dedicar un día a rendir homenaje a todas las madres, que ya habían fallecido, por su dedicación y amor con sus familias, sus hijos y con todos aquellos que hubieran podido tener la suerte de recibir sus cuidados y cariño.

Esta iniciativa, propiciada por el recuerdo de su fallecida madre, que atendió a los heridos en ambos lados del conflicto y tuvo un papel destacado en conseguir que las madre de la Unión y las Confederadas olvidaran sus diferencias y abrazaran su identidad festejando un Día de la Amistad de las Madres.

Aunque en un principio, la idea no tuvo una acogida demasiado cálida, convirtiéndose incluso en objeto de burlas – varios senadores llegaron a sentirse ofendidos por la idea que sugería dedicar un día a la memoria de las madres, cuyo recuerdo debería estar presente día tras día – Anna siguió adelante con su idea.

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Motherly Love-Gustave Leonard de Jonghe

Para lograr que la fiesta fuera reconocida escribió varias cartas a reconocidas organizaciones, buscó patrocinadores y organizó eventos. Uno de los más recordados fue el llevado a cabo en 1908, en Grafton, Virginia, en la iglesia donde su madre enseñaba en la escuela dominical. Anna no asistó a este evento pero adornó la iglesia con más de 500 claveles blancos, la flor favorita de su madre.

Empresarios del mundo de la alimentación y la respostería, así como el comercio floral, que vieron una posibilidad de negocio en la celebración apoyaron el reconocimiento oficial, e incluso propusieron ideas como la posibilidad de regalar flores diferentes a los claveles blancos que sugería Anna; así nació la sugerencia de ofrecer flores de brillantes colores a las madres vivas, y portar flores blancas en honor de madres fallecidas.

Ante el clamor popular, en 1914, el Presidente Woodrow Wilson proclamó el segundo domingo de mayo Día de la Madre como “una expresión pública anual del amor y reverencia por las madres de nuestro país”

Pero la alegría de Anna pronto se convirtió en frustración al ver como a la industria poco le importaba el sentimentalismo de la fecha y si la posibilidad promocionar productos especialmente diseñados para ser comprados ese día, convirtiendo la festividad en un acto más consumista que familiar.

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Mother and her Children – Alfred Stevens 1883

Hay una anécdota que ilustra cómo se sintió Anna al ver malinterpretada su idea de homenaje a las madres. Se cuenta que un día fue a almorzar a los almacenes Wanamaker, uno de los grandes promotores de la celebración y se estaba ofreciendo “ la ensalada del Día de la Madre”. La activista, enfurecida por la banalidad, pidió la ensalada y, en vez de comérsela, la tiró al suelo en señal de protesta.

A partir de ese momento, Anna no cejó en su empeño de devolver a la celebración su sentimiento original, muy alejado de la locura consumista en la que se había convertido. Para tratar de lograrlo emprendió una lucha sin cuartel en contra de la industria floral, las tarjetas de felicitación, las confiterías, los grandes almacenes…contra cualquiera que utilizara ese día para ganar dinero.

Asimismo escribió cartas, imprimió panfletos, contrato editoriales, publicó en periódicos con el fin de recordar que el Día de la Madre trataba de inspirar un gesto afectuoso, un recuerdo cálido, un reconocimiento sincero como respuesta al amor incondicional y abnegado de las madres.

De la feroz lucha no se salvó ni la mismísima Eleanor Roosvelt, a pesar de la utilización que la Primera dama hizo de la fecha para recaudar fondos para la caridad, ni el Servicio Postal estadounidense que en su sello conmemorativo para la fecha emitió la imagen del cuadro Retrato de la madre del artista de James Whistler, pero añadiéndole un jarrón de claveles blancos que el pintor no había pintado y que Anna entendió como un guiño publicitario a la industria floral.

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Sello postal con la imagen de la Madre del pintor y el añadido del jarrón de claveles

Anna M. Jarvis dedicó su vida y todos sus esfuerzos tantos personales como económicos a la reivindicación del sentimiento original de la celebración que ella misma ideó sin lograrlo. Sin familia, sin descendientes y completamente arruinada finalizó sus días en un hospital psiquiátrico en 1948, sin saber que paradójicamente, fue la industria floral quien pagaba su estancia y tratamiento en dicha residencia, en agradecimiento por todos los ingresos que de forma indirecta le había proporcionado

Mothering Sunday

It is the day of all year
of all the year the one day,
And here come I, my Mother Day,
To bring you cheer,
A mothering on Sunday

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Mother with Child – George Sheridan Knowles

La idea de Anna Jarvis, aunque original en su concepto de honrar a las madres fallecidas, ya tenía el antecedente británico del Simmel Sunday o Mothering Sunday, la celebración del cuarto domingo de Cuaresma.

Esta festividad, cuyo nombre originario era Mother Mary, y que ya se celebraba en la Edad Media, tenía un carácter religioso: el cuarto domingo de Cuaresma, tres semanas antes del Domingo de Pascua, las familias se reunían y acudían a su iglesia para dar las gracias a la Virgen María. Muchos jóvenes trabajaban en el servicio doméstico o como aprendices en las ciudades y en ese día, sus empleadores le daban el día libre para regresar a sus pueblos y acudir a la iglesia con sus familias y rezar a la Virgen. Poco a poco la figura de la Virgen María, como madre abnegada y cariñosa se identificó con el afecto de todas las madres por sus hijos y viceversa, por lo que esta celebración se convirtió en una exaltación del amor maternal.

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Mother Reading with Two Girls– Lee Lufkin Kaula

Tan importante se consideraba la reunión que incluso se permitía que las familias se saltasen el ayuno de Cuaresma para celebrar una gran comida en la no faltaba el Simnel Cake, un pastel de frutas especiado. El encargado de entregar este pastel a su madre era el hijo mayor en representación de todos sus hermanos. Aunque en la actualidad se encarga y se compra en las confiterías, la tradición indica que debía ser elaborado por los hijos para que la madre lo cortara y lo sirviese después de la comida para degustarlo todos juntos.

Cada zona, incluso cada familia, tiene su propia receta con variantes dependiendo de las posibilidades económicas pero el Simnel Cake estaba pensado para ser elaborado con ingredientes caseros al alcance de las familias más humildes.

La receta más tradicional presenta un bizcocho de tres capas, dos de masa afrutada y una de mazapán o pan dulce, donde los protagonistas son los frutos secos y las frutas confitadas. Coronando la tarta aparecen 11 bolitas de mazapán representando a los once Apóstoles – aunque los Apóstoles eran 12, la bola número doce no se coloca pues sería la correspondiente a Judas, que a causa de su traición no tiene representación.

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Queen Victoria and Prince Albert with Five of their Children– Autor desconocido

La Reina Victoria, modelo de la sociedad victoriana, ayudó a popularizar este día reuniendo a su gran familia y su amado esposo Alberto en una conmemoración familiar imitada por los británicos. Pero no nos engañemos, aunque Victoria fue una amantísima esposa, nunca destacó por su amor maternal, excepto con sus favoritos; es más, en alguna ocasión mostró su decepción por algunos de ellos y la molestia que le daba criar tantos niños y, posteriormente, el fastidio que le causaba tener que buscar matrimonios adecuados en las monarquias europeas para proporcionarles bienestar y una posición privilegiada.

 

Fancy dresses: disfraces victorianos

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Cuadro de Francesco Guardi

 

Las fechas de Carnaval son muy populares en diferentes países, donde una explosión de colorido o de imaginación se apodera de las ciudades, para que los ciudadanos de todas las edades se transformen durante unas horas en otras personas, adoptando su personalidad y su indumentaria.

Los victorianos no celebraban el Carnaval tal y como lo conocemos, pero eran realmente aficionados a las farsas o charadas, fiestas en los asistentes sacaban sus mejores galas en forma de disfraz. Aunque esto no es del todo exacto: un fancy dress victoriano no es exactamente un disfraz, es un outfit muy elaborado, lujoso incluso, para lucir en un Baile de disfraces o  Fancy Ball, también denominados Charadas o Masquerades.

En esta reseña sobre fancy dresses nos referiremos a ellos alguna vez como disfraz, buscando una similitud a nuestro vestuario carnavalesco, pero dejemos claro que un fancy dress era realmente un traje, usado para adoptar la personalidad del personaje identificado con el vestuario, sin ser éste considerado como un simple disfraz.

Veamos algunos de los más utilizados:

Los Domino dresses o dominoes

Con este curioso nombre se denominaban a unos trajes largos denominados trajes de talar en forma de capa, con mangas, habitualmente con una capucha, confeccionados para los bailes de disfraces en el siglo XVIII. Los trajes de talar eran trajes de ceremonia que llegaban hasta los talones, como las togas de los juristas, la indumentaria eclesiástica o las túnicas universitarias y de graduación. También entrarían dentro de esta categoría los mantos.

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Vía Pinterest

 

El nombre parece provenir del juego cromático de la capa y capuchas de color negro en contraposición con el forro y  el traje que cubría, habitualmente de color blanco, aunque, en el siglo XIX, estos dominoes fueron evolucionando en su combinación de colores dando paso a juegos entre negros y escarlatas, rosas, azules, verdes y amarillos, siendo acentuado este contraste con las telas usadas para la confección, como la seda y el satén.

A medida que avanzaba el siglo, la fantasía de modistas y diseñadores se desbordó, añadiendo encajes, lazos, telas brocadas y llamativos bordados. Los tejidos para su confección se diversificaron: algodón, gasas, tules y armiños comenzaron a tomar protagonismo, así como tejidos más gruesos como el terciopelo.

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Vía Pinterest

 

Un domino debía ser de buena calidad y el diseño debía ser lo suficientemente elaborado para ser utilizado posteriormente como una falda de vestir. Una pieza superior con amplias mangas holgadas o bien con mangas murciélago, a las que se le podía añadir una abertura lateral para sacar los brazos; esta pieza superior podía ir  anudada a la falda mediante un lazo en la cintura. Una de las características principales de los “dominoes” era la capucha. La moda de las últimas décadas del siglo XIX eran las capuchas puntiagudas al estilo de túnica árabe.

La función del domino era cubrir el fancy dress y permitir al portador desprenderse de él manera fácil y sencilla.

El Merveilleux Domino era una variante del domino, que se caracterizaba por ser una pieza muy recargada, con lazos o apliques en los hombros, encaje al final de las mangas y colores muy llamativos.

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Vía Pinterest

 

El Domino no era una prenda exclusiva de las damas, los caballeros también los llevaban aunque mucho más sobrios: confeccionados en seda o satén, con color de forro en contraste. Una más cara negra era el complemento escogido para completar el conjunto para la masquerade.

 

El morisco, persa o turco

Los trajes de Morisco, y sus variantes persa y turco , se caracterizaban principalmente por sus tocados en forma de turbantes, adornados con broches con piedras preciosas o simplemente con llamativas plumas, y sus cinturones hechos de telas con estampado oriental. Los tejidos con los que cosían estos fancy dresses eran de vivos colores, predominando las sedas y los brocados. Eran muy recargados tanto en su diseño como en sus colores.

Los de las damas tenían grandes mangas y un sobrevestido, recargado y confeccionado con tela gruesa a modo de mantón anudado en la cintura, bajo el que apreciaba otro vestido confeccionado con telas muy livianas como muselinas o gasas. En otras ocasiones la dama se atrevía con pantalones holgados y babuchas, eso sí, cubiertos hasta la altura de los tobillos por una falda.

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Vía Pinterest

La variante masculina mostraba unos pantalones anchos y holgados, cubiertos con un blusón adornado con cenefas de bordados en oro y plata, o con amplias túnicas enriquecidas con adornos y brillantes apliques, que combinaban con grandes y anchos cinturones elaborados con arabescos.

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Vía Pinterest

 

La campesina

El disfraz de campesina tenía varias variantes: la campesina suiza, la alemana o la española, y su diseño era sencillo: consistía en tres piezas compuestas por un corpiño de fieltro o terciopelo muy ajustado, bajo el que se intuía una blusa de algodón o muselina, con media manga rematada en volantes o encajes. La falda era amplia y corta, confeccionada en paño grueso y se cubría con un delantal blanco de muselina. El disfraz se remataba con un sombrerillo de paja, un pañuelo anudado en la nuca o un coqueto tocado floral.

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Damas y niña vestidas con traje de campesinas. La ilustración es de la colección del V&A Museum.

 

Este disfraz tenía su variante el traje de campesina “lujoso”, también conocido como de Jardinière ; tenía el mismo diseño pero se realizaba con carísimas telas en vez de tejidos más humildes; este diseño utilizaba una cestita de paja llena de vistosas flores como complemento, que se llevaba en la mano o bien colgada del cuello a la altura de la cintura.

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A la izquierda de la ilustración, dama con traje de Jardinière. Vía Pinterest.

 

La diablesa

La diablesa se convirtió en uno de los disfraces más utilizados en las farsas victorianas. Confeccionado en satén y terciopelo, en colores rojo, negro y dorado, este traje destacaba por su ceñidos corpiños y faldas. La longitud de la falda era muy atrevida, a la altura de la rodilla; de ésta salían unas enaguas en capas o volantes, bajo las que se vislumbraban unas llamativas medias de colores chillones y unos zapatos de alto tacón. Unos gruesos apliques con pliegues se colocaban a ambos lados de la cadera, aumentando el efecto de la cintura estrecha. De estos apliques salía una cola.

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Diablesa. Vía Pinterest

Las alas de murciélago saliendo de los hombros o la espalda eran la característica más destacada de estos vestidos. Solían llevarse con guantes largos.

Su antítesis era el traje de ángel. Frente al atrevimiento de la diablesa con su ajustadísimo diseño en negro y escarlata, el ángel vestía un etéreo y delicado juego de tules y muselinas de un blanco inmaculado. De su espalda salían unas alas de ángel o de mariposa.

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Diablesa y ángel de la era eduardiana. Vía Pinterest.

 

El Mefistófeles

Fue el famoso actor victoriano Sir Henry Irving quien popularizó este disfraz, cuando lo utilizó en el Teatro Liceo de Londres, representando el Fausto de Goethe de 1885 a 1888. Su traje rojo y negro, con ajustados pantalones al estilo Tudor, zapatillas planas, capa corta y abullonada y casquete ajustado a la cabeza, con estilo de cresta de gallo y dos plumas que salían de la frente a modo de cuernos, compusieron uno de los disfraces más populares de la época. Una barba cuidada de estilo puntiagudo, completaban el disfraz.

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Caballero vistiendo un fancy dress de Mefistófeles. Vía Pinterest.

 

Madam Pompadour y la revolución francesa

El modelo Marquesa de Pompadour era recargado y confeccionado con telas lujosas. Era un traje que había que realizar a medida, y al contrario que otros no se podía adaptar de otros vestidos, ni después era fácilmente utilizable con pequeñas modificaciones, por lo que sólo estaba al alcance de damas adineradas. Se complementaba con una peluca blanca con el característico peinado de la amante de Luis XV (peinado con un alto tupé, que pasó a la historia con el nombre de la marquesa). El escote del vestido era mucho más discreto que el que lucía la marquesa francesa.

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La dama sentada viste un modelo Pompadour. Vía Pinterest

Una tendencia indescriptible, más por su significado que por su estética era la revolucionaria  francesa. Era muy curioso ver a la aristocracia inglesa llevando trajes inspirados en los revolucionarios franceses, con su escarapela tricolor, sus casacas, su estética de sans-culotte para los hombres y de campesina con faldas de algodón rayadas con los colores de la bandera francesa, y cofias, aunque el uso del sombrero bicornio (el de Napoleón) era común para ambos sexos.

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Modelo francés. Vía Pinterest.

 

La Pansy y otras flores

El vestido de Pensamiento era muy popular, al igual que otros disfraces relacionados con las flores. La base de los vestidos eran dos piezas en los que la falda estaba compuesta por capas gasas y tules superpuestas con apliques de satén en forma de la flor correspondiente, cuanto más grandes y llamativos mejor; los corpiños eran ajustados y en vivos colores. El peinado recogido en una diadema de flores o con el cabello suelto adornado con flores, simulaba los cabellos de un hada o ninfa de os bosques. Este disfraz era muy popular entre las mujeres más jóvenes.

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Vía Pinterest

 

 

La Ondina y las ninfas de los bosques y el agua

El vestido de Ondina o el Undine dress, era un romántico traje basado en la heroína creada por el escritor alemán Friedich de la Motte Fouqué en 1811 para su novela Ondina. Basada en las leyendas griegas de las ninfas del agua, De la Motte creó una novela precursora de la literatura gótica romántica, en la que su personaje, un hada de los bosques, sacrifica su vida por un amor que no será correspondido.

El disfraz de Ondina se basaba en la interpretación del pintor John William Waterhouse, que imaginó a una ondina con una túnica al estilo griego, y en las ilustraciones de Arthur Rackham, mezclando el estilo romántico de la joven cuando vivía en el castillo con su amado, con el de las ninfas acuáticas.

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Ilustración de Arthur Rackham para la versión inglesa de Ondina. Vía Pinterest.

 

Ondina llevaba una túnica de estilo griego , en colores de la gama del blanco, suelta, que se ajustaba en la cintura con un cinturón dorado o un pañuelo. La túnica llena de pliegues y confeccionada con gasa y tul, le daba a la dama un aspecto de ninfa. Para completar el conjunto, los cabellos se dejaban sueltos, adornados con una corona de flores.

 

El disfraz de Ondina, ninfa o hada del bosque tenía variantes en los disfraces de insectos como abejas y avispas o preciosas y coloridas mariposas.

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Traje de mariposa. Vía Pinterest.

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Los Folly dresses eran vestidos de fantasía que tenían diferentes variantes, diosa, sacerdotisa, o cualquier variante creativa que la modista quisiera añadir. En su forma clásica, lo más destacado de estos disfraces eran las faldas, cortadas a picos, o cosidas a modo de diamante, siempre confeccionadas en tejidos brillantes y colores muy llamativos como la gama de amarillos y rojos. De cada extremo del rombo se podían colgar campanitas que sonaban cuando la portadora del traje caminaba. La dama llevaba un títere sujeto en una vara que sonaba con sonido de cascabeles al agitarlo.

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Folly fancy dress. Vía Pinterest.

 

La pastorcilla o Dolly Warden

Un personaje de asistencia casi obligada a cualquier fiesta era la recreación, con diferentes interpretaciones, del personaje dickensiano de Dolly Warden, una excéntrica, descarada y presumida mujer que aparecía en la novela Barnaby Rudge, escrita por Charles Dickens en 1841.

Dolly solía vestir en el siglo XIX con ropa propia del siglo XVIII: polainas, sombreros de paja de estilo bonnet y apariencia de ingenua pastorcilla. Su vestuario en contraste con su carácter y el ambiente en el que se desarrolla la novela hacen de ella uno de los personajes más estrafalarios y recordados de Dickens.

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La Dolly warden o pastorcilla dickensiana. Vía Pinterest

Arlequín, Pierrot, Colombina

Los personajes de la Comedia del arte italiana eran tremendamente populares en las fancy dresses victorianas.   Procedentes del teatro italiano renacentista, con influencias de las tradiciones del carnaval y recursos mímicos y acrobáticos, sus historias sencillas en las que se mezclaba la sátira, la comedia romántica y las intrigas cautivaron al público inglés. En 1660 se representaron en los teatros ingleses  las primeras obras que tenían como protagonistas a Arlequín, Pierrot y Colombina. El éxito fue tan grande, que pronto rivalizaron con las obras de los grandes dramaturgos ingleses. Los tres personajes italianos se ganaron el favor del público, y gran parte de ese fervor, lo despertaban sus coloridos, peculiares y brillantes atuendos.

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Vía Pinterest.

 

El popular actor del siglo XVIII, John Rich, llevó a la cima del éxito al trío Arlequín, Columbina y Pantaleón, su padre, con sus célebres “Arlequinadas”.

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Vía Pinterest

El siglo XIX vio el resurgir de estos personajes gracias a las representaciones de Charles Kean en el Princess’s Theatre. La escenografía, con un vestuario espectacular y extravagante, que cambiaba constantemente, tuvo mucho que ver en este éxito.

 

La amalgama

La almagama era una forma de denominar a un disfraz indescriptible. Sería el típico disfraz hecho de muchas cosas pero que realmente sería difícil de identificar al personaje que representa.

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Vía Pinterest.

Las amalgamas no era inusuales en las farsas y se asociaban con nuevos ricos, que necesitaban demostrar su riqueza vistiendose con lujosas telas, brocados y cualquier cosa que pareciese cara. También era un síntoma de un gusto pésimo. Las amalgamas más corrientes estaban compuestas por una mezcla de aristócrata francés, estilo morisco, un toque renacentista, una influencia Tudor… Muchas veces, las damas optaban por el estilo masculino.

La Casa Victoriana os envía sus mejores deseos para que disfrutéis de estos divertidos días de Carnaval.

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Cuadro de Francesco Guardi

 

¡Bienvenido julio!

Damos la bienvenida a julio con nuestro calendario, en esta ocasión ilustrado con un cuadro de Thomas Benjamin Kennington, Lady Reading By A Window.

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Bienvenido abril

Damos la bienvenida a abril, con un nuevo calendario de La Casa Victoriana ilustrado, como todos los meses, con un cuadro que tiene como protagonista a una dama leyendo. En esta ocasión el cuadro es Ensueño de John Bostock.

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Feliz Pascua victoriana

El conejo de Pascua y su carro lleno de huevos multicolor.
 
El conejo de Pascua, en realidad la liebre, Easter Hare, y su carro lleno de huevos de los más diversos colores, para repartir entre niños y mayores fue una de las imágenes más reproducidas en las tarjetas postales victorianas y una de las tradiciones más esperadas del año.
 
Pero como muchas de las costumbres victorianas, su origen no era británico sino alemán, patria del Príncipe Alberto, marido de la Reina Victoria.
 
Eso sí, los victorianos, tan dados a lo recargado y colorido, adoptaron la tradición a su manera: el carro de se llenaba, además de huevos con bellas flores como violetas, lirios o rosas.
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Aunque unos dulces pollitos, adornados con lazos de coores, eran los acompañantes del conejo de Pascua en la imaginería victoriana, pájaros y otras criaturas del bosque acompañaban al conejo en su reparto e inocentes niños disfrutaban los ricos huevos de Pascua componiendo unas bellas composiciones que los ilustradores reflejaban en sus postales.
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Dependiendo del poder adquisitivo de las familias, los huevos que llegaban a los hogares de Pascua eran diferentes: simplemente huevos cocidos, tintados con el agua de diferentes legumbres o verduras (cebollas para un color amarillento, remolacha para un color morado, espinacas para conseguir huevos verdes…) o huevos de chocolate o caramelo, con decoración simple o profusamente decorados o adornados, envueltos en papel de colores o en lujosos envoltorios como sedas atadas con bellos lazos.
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Las dulcerías y pastelerías llenaban sus escaparates con multitud de huevos de colores, haciendo de la Pascua una explosión de color sólo igualada por la decoración navideña.
 
Pero todo el mundo tenía su pequeño regalo dulce en Pascua, gracias a una tradición que ha llegado a nuestros días y se ha introducido poco en poco en la cultura de países en la que no existía, como en España donde los alegres huevos de Pascua conviven con el Roscón de Pascua haciendo las delicias de los más golosos.
Feliz Pascua a todos los subscriptores y visitantes de La Casa Victoriana.
Recordad que seguimos en nuestras Redes Sociales hablando del mundo victoriano y sus protagonistas.
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Londres rico, Londres pobre

“Two nations; between whom there is no intercourse and no sympathy; who are as ignorant of each other’s habits, thoughts, and feelings, as if they were dwellers in different zones, or inhabitants of different planets; who are formed by a different breeding, are fed by a different food, are ordered by different manners, and are not governed by the same laws.

(Dos naciones; que no tienen nada en común y ninguna afinidad; que ignoran el modo de vida, pensamientos, y sentimientos de la otra, como si ellos  habitaran en zonas diferentes, o en planetas distintos; como si fueran criaturas distintas, alimentadas por  alimentos diferentes, regidas por modales diferentes, y no fueran gobernada según las mismas leyes)

Sybil, or the Two Nations (1845), Disraeli

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Londres rico

Tres eran los barrios más opulentos del West End del Londres victoriano: Berkerley Square, Belgravia y Hyde Park. En ellos era fácil encontrarse a las damas paseando con sus elegantes vestidos protegiéndose del sol con sus elaboradas sombrillas, y a los caballeros con sus chisteras dirigiéndose en sus carruajes a sus negocios de venta, bufetes o bancos.

En los parques, por las tardes, las niñeras cuidaban de los niños o paseaban a los bebés, cubiertos con cálidas mantas o colchas bordadas, en grandes cochecitos de paseo.

Por las noches, elegantes landós, circulaban por las calles tenuemente iluminadas por las farolas de gas, llevando a los adinerados victorianos de vuelta a casa tras las cenas y fiestas que se celebraban en casas privadas o en los locales londinenses de moda, muchos de ellos de dudosa reputación.

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Vía Pinterest

Belgravia era el centro neurálgico de la riqueza victoriana y eduardiana, y aún hoy, es uno de los barrios más caros no sólo de Gran Bretaña sino del mundo entero.

En un principio esta zona era conocida como Five Fields, los Cinco Campos, y alguno de sus barrios eran realmente peligrosos y feudo de bandidos y delicuentes, que hacían que los victorianos más adinerados procuraran evitar vivir en las proximidades, sin olvidar las frecuentes inundaciones que llenaban los campos de barroy hacían que el alcantarillad se desbordase llenando las calles de aguas fecales, excrementos y un olor fétido.

Fue el constructor Thomas Cubitt quien vio las posibilidades de este barrio londinense, y con la ayuda del arquitecto George Basevi, diseñó las calles y plazas de Five Fields, convirtiéndolo en lo que hoy conocemos como Belgravia.

Teniendo como punto principal Belgravia Square, el barrio se llenó de magníficas plazas como Eaton Square, Chester Square o London Square, con bellos jardines, adornadas con destacadas estatuas. Las casas construídas eran elegantes edificios adosados de pocas alturas, (dos, tres o cuatro plantas), de diseño neoclásico, con líneas muy puras y sus característicos estucados.

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Vía Pinterest

La rica burguesía acogió con entusiasmo el nuevo barrio y la aristocracia lo convirtió en “su residencia de Londres”, ya que ellos vivían en sus casas de campo (y cuando hablamos de casas de campo no nos referimos a un coqueto cottage sino a “casas” tipo Downton Abbey). El West End y sus inquilinos empezaban a marcar la diferencia económica y social de Londres. Todo aquel que “era alguien” tenía su residencia en uno de los barrios de esta zona.

En barrios colindantes, mucho menos lujosos vivía la clase media, pequeños comerciantes con negocios de hostelería, mercaderes y profesionales liberales, cuyas familias no pasaban grandes necesidades, pero tampoco eran ricas, y aspiraban a codearse, algún día, con los habitantes de los barrios más lujosos de la ciudad.

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Vía Pinterest

Londres pobre

Frente a este lujo, elegancia y opulencia existía otro Londres radicalmente opuesto, el conocido como East End londinense, cuyo núcleo era Bethnal Green, y donde la esperanza de vida de un niño trabajador de este suburbio no alcanzaba más allá de ¡los 16 años!. De hecho la mitad de los niños del barrio fallecían antes de cumplir los 5 años.

En los barrios del East End como el ya mencionado Bethnal Green, Spitalfields o Stepney la pobreza, el hambre y la miseria eran los compañeros de vida diarios de sus habitantes. El maltrato a las mujeres y los niños, el alcoholismo y la prostitución no eran extraños a sus habitantes.

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Gustave Dore. Dudley street, 1872.

Estos barrios llenos de pobreza recibían el nombre de rookeries. En uno de ellos St.Giles, Charles Dickens situó su novela Bleak House.

En una de sus primeras visitas a Londres, el escritor Jack London se escandalizó de las condiciones de vida que vio en estos lugares; su Londres soñado que él identificaba con la elegancia británica, alternaba la belleza victoriana con una realidad que él no esperaba: hombres, mujeres y niños que buscaban comida podrida entre la basura para poder tener algo con lo que llenar sus estómagos.

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En las casas las familias vivían hacinadas, llegando a convivir hasta 12 personas en pocos metros cuadrados insalubres. Esto llevaba a que las enfermedades se contagiaran, la higiene fuera ínfima y el aire limpio no fluyera por las habitaciones en las que varios miembros de la familia tenían que compartir las camas. De hecho, en algunas casas se establecían horarios para poder descansar.

Por descontado, en estas casas, no existía ni agua corriente ni cuarto de baño. Las necesidades se hacían en calderos, cuyo contenido se arrojaba posteriormente a la calle, provocando un hedor insoportable. El reformista Edwin Chadwick relataba como, para poder acceder a sus casas, algunas personas, tenías que atravesar montañas de basura, en las que las ratas campaban a sus anchas, y hundir los pies hasta los tobillos en lodazales de excrementos.

Este ambiente nauseabundo y la falta de higiene provocaba enfermedades y epidemias como la peste, el cólera o el tifus que causaban miles de muertos.

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Vía Pinterest

 

Si uno era pobre no tenía mucha elección a la hora de escoger trabajo; las mujeres solían trabajar como costureras, un trabajo nada deseable porque sus horas cosiendo eran casi interminables y estaban muy mal pagadas pero al menos era un trabajo limpio y a cubierto.

Uno de los peores oficios era el de tosher, cuya ocupación era hurgar en las alcantarillas, en busca de cualquier cosa de un mínimo valor, desde pequeños objetos de metal, botas o zapatos viejos o monedas. Además se encargaban del mantenimiento del deficiente alcantarillado londinense.

Para hacer su trabajo, os toshers caminaban horas y horas entre la basura de la alcantarillas; pero a veces las cosas se complicaban y morían de una enfermedad infecciosa que habían contraído – por ejemplo, la mordedura de una rata -, ahogados por las aguas subterráneas, o si quedaban atrapados en alguno de los túneles, devorados por las ratas. Ser tosher era un trabajo muy peligroso.

De todos modos, los toshers eran grupos de hombres rudos, muy respetados entre su gente e, increíblemente bien pagado por los contratistas.

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Toshers en las alcantarillas de Londres. Vía Pinterest.

Un trabajo muy parecido al de los tosher lo desarrollaban los mudlark, que hurgaban en el barro y el lodo que se posaba a las orillas del Támesis. Este trabajo, muy peligroso, era desempeñado principalmente por niños.

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Mudlarks entre el barro del Támesis. Vía Wikipedia.

Pero si había un grupo de victorianos maltratados por la pobreza esos eran los niños; el trabajo infantil alcanzaba casi al 100% de los niños que vivían en una situación de pobreza y eran mayores de 6 años: el trabajo en las minas de Gales, en las fábricas textiles del norte o en las chimeneas de las mansiones londinenses. Por supuesto, la mayoría de ellos no acudía a la escuela y no sabían ni leer ni escribir.

Su pequeña constitución hacía que fueran los deshollinadores (chimney sweepers) perfectos, ya que podían introducirse y trepar por las chimeneas con más facilidad que un adulto, pero era común que los pequeños quedaran atrapados, muriendo ahogados por el hollín. Si no era así, el hollín que iba llenando sus pulmones les provocaría una muerte dolorosa en pocos años.

Estos niños, además de mal pagados, eran maltratados con palizas, pinchándolos con objetos afilados para que siguieran trabajando o metiendo su cabeza en calderos de agua helada si por el cansancio se quedaban dormidos.

Sweepers. Vía Pinterest.

Las niñas, que no trabajaban en fábricas solían ser vendedoras callejeras o ayudaban en casa a sus madres cosiendo o ocupándose de sus hermanos y las labores caseras mientras ellas trabajaban sin descanso.

Muchas de ellas trabajaban en fábricas de cerillas. Es célebre el artículo de Annie Besant, la política socialista inglesa, que describía las condiciones infrahumanas de casi esclavitud en la que vivían esas niñas, y la grave enfermedad que contraían en las fábricas a causa de los productos químicos con los que trabajaban.

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Niñas trabajadoras. Vía Pinterest.

Muchos de estos niños escapaban de sus trabajos y se convertían en ladrones y rateros. Pero ni malviviendo así eran libres. Como describió Dickens en algunas de sus novelas, había desalmados que creaban bandas de rateros que tenían a los niños trabajando para ellos, a cambio, de no enviarlos a aquellas casas de maltrato y terror que eran los orfanatos victorianos.

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El Londres victoriano eran dos ciudades en la misma ciudad, en la que convivían la riqueza y la elegancia con la miseria más absoluta.

 

 

 

 

Feliz día de San Patricio

La Casa Victoriana desea a sus seguidores y subscriptores un feliz día de San Patricio.

Y para celebrar el día más verde del año, no dejéis de seguirnos en nuestras Redes Sociales, donde publicamos las mejores imágenes de cultura moda y sociedad de las épocas victoriana y eduardiana.

 

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Vivamos como victorianos

En estas fechas de Carnaval muchas personas aprovechan para vestirse con más o menos acierto de diferentes trajes de época.

Una persona puede disfrazarse de victoriana, también puede recrear la época o puede ¡vivir como un victoriano!

En esta nueva entrada de La Casa Victoriana vamos a conocer a personas de diferentes nacionalidades que han elegido recrear el modo de vida victoriano en su día a día. Algunos de ellos llevan una vida “normal” con trabajos corrientes, y cuando salen de su trabajo y llegan a casa se produce la transformación: cambian sus ropas siglo XXI por ropa siglo XIX y disfrutan de sus hogares decorados al estilo victoriano.

Algunos lo llevan más allá y viven su día a día como victorianos, sin importarle los comentarios, e, incluso, han llegado a hacer de su curiosa forma de vida su trabajo. Veamos algunos ejemplos.

Sarah y Gabriel Chrisman

Sarah y Gabriel son dos apasionados de la época victoriana, que llevan su pasión al extremo de vivir, vestirse y comportarse como victorianos las 24 horas del día. La pareja vive en Washington, en una casa de estilo arquitectónico victoriano americano, y decorada, ¡faltaría más!, con todos y cada uno de los detalles victorianos recreados hasta el último detalle, desde los materiales hasta las telas.

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Fotografía de la web This Victorian Life

Ambos dejan muy claro en su web que no son actores representando un papel, sino dos “personas normales” que han incorporando lo victoriano en su día a día. Están especialmente orgullosos de sus “artefactos” de época, como sus preciosas bicicletas, o su cocina victoriana, en la que cocinan platos según las recetas de la época.

Entrar en casa de los Chrisman es sumergirse en una casa de época donde nada es incongruente con la época, ni la casa, ni la decoración, ni los objetos ni sus habitantes.

Esta es su web, donde podéis ver su casa, además de otros vídeos sobre día a día y sus actividades: This Victorian Life

Sarah es tremendamente popular en Estados Unidos ya que es una asidua de los programas de televisión que requieren su presencia para hablar de diferentes usos y costumbres del siglo XIX. Su fama no viene dada sólo por su estilo de vida, sino porque se ha convertido en una autora de diferentes best sellers relacionados con la época victoriana.

Algunos de sus libros más populares de no ficción tienen como temática diferentes costumbres de la época victoriana:

  • This Victorian Life: Modern Adventures in Nineteenth- Century Culture, Cooking, Fashion and Technologies.
  • True Ladies and Proper Gentlemen: Victorian Etiquette for Modern Day Mothers and Fathers, Husbands and Wives, Boys and Girls, Teachers and Students, and More.
  • Victorian Secrets: What A Corset Taught Me About the Past, The Present and Myself
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Fotografía de la web This Victorian Life

También ha hecho incursiones en el mundo de la ficción con una serie de libros titulados The Tales of Chetzemoka, con el nexo común de un club victoriano de ciclismo, de hecho todos los libros llevan como subtítulo A Victorian Cycling Club Romance, de la que ha editado varios volúmenes con éxito.

Además, el matrimonio ofrece servicios de consultoría histórica, presentaciones y organización de eventos, entre otros.

Os dejo un vídeo para que podáis ver una entrevista con los Chrisman. Está en inglés, y se pueden activar los subtítulos (en inglés, también).

Victorian Secrets

Peter Sauders

Peter Sauders es un hombre británico de 36 años, cuyo sueño siempre fue vivir en una casa de estilo victoriano: Como arquitectónicamente no encontró en la ciudad ninguna casa que cumpliera sus expectativas, Peter decidió comprar un cottage y convertirlo en su hogar victoriano.

Durante el día, trabaja como informático, pero cuando acaba su jornada laboral y entra en su hogar, Peter se transforma en un verdadero victoriano, no sólo porque su casa parece sacada de un libro de historia del siglo XIX, sino porque cambia su ropa con un vestuario más acorde con su nuevo hogar.

En este vídeo podéis cómo vive Peter: El refugio victoriano de Mr. Saunders

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Fotografía de Il Sussidiario.net

Peter admite que, a pesar de su pasión por lo victoriano, hay algunos inventos modernos de los que no es capaz de prescindir: el congelador, la nevera y la calefacción central.

Uno de los méritos de Peter fue la decoración; ante la imposibilidad de encontrar muebles y objetos de decoración originales de la época -unas veces por la dificultad para localizarlos y otras por los elevadísimos precios que tienen en el mercado- este victoriano moderno decidió hacer él mismo la mayor parte de su mobiliario, incluidas las alfombras que confeccionó de acuerdo con patrones y modelos de la época.

Su último proyecto ha sido crear una preciosa tienda de ultramarinos de estilo victoriano en su propiedad, en la que no falta detalle. Además este grocery victoriano está abierto al público, y sus productos pueden ser adquiridos on line, y a través de Facebook,  lo cuál no es muy victoriano, pero sí una buena publicidad para lograr publicidad y clientela.

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Fotografía de http://www.express.co.uk

En el enlace que os dejamos podéis observar la preciosa caja registradora y el aire decimonónico del que ha impregnado todo el local.

La casa y el ultramarinos de Peter Saunders

Toda esta renovación para hacer de su casa una antigüedad de catálogo le ha costado sus ahorros y gran parte de sus ingresos, pero ha podido cumplir su sueño.

Estos son dos ejemplos de personas del siglo XIX que han decidido viajar al siglo XIX: Sarah y Gabriel con una inmersión en toda regla en la época, viviendo como victorianos las 24 horas del día, y Peter haciéndolo cuando sale de su trabajo.

Pero, yo me pregunto, ¿también han prescindido del ordenador y los smartphones? Permitidme que lo dude…

Dimes cómo eres y te diré tu pareja ideal

En cuestiones amorosas los victorianos eran realmente curiosos, y, antes de embarcarse en una relación amorosa analizaban todos los pros y contras para evitar que esa relación pudiera ser un fracaso. Y, para ello, utilizaban todos los estereotipos que tenían a su alcance.

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Vía Pinterest

El ideal de mujer de esta época, representado por las heroínas de las novelas de Brönte, Dickens, Gaskell o Collins, por poner algunos ejemplos, era una mujer bonita, agradable, de constitución pequeña y delicada, recatada, con gracia, tranquila pero capaz de afrontar los contratiempos y sinsabores de la vida con gran valentía y fortaleza, enfrentándose a todos ellos con gran resolución y principio morales.

Por el contrario, el hombre ideal, el héroe romántico, era todo un caballero, alto, fuerte, protector, honesto, valiente, con grandes cualidades morales, aunque siempre era un aliciente que tuviera un pasado misterioso y una personalidad ligeramente atormentada.

Lejos de los ideales novelescos, en el complementario estaba el éxito: una persona irritable y nerviosa debería buscar a otra tranquila y comprensiva, y una persona demasiado sensible e insegura a alguien de carácter fuerte y resolutivo.

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Vía Pinterest

Pero no sólo importaba el carácter a la hora de elegir  a una pareja, sino que también era fundamental prestar atención a  las características físicas de cada una de ellas.

El Profesor Thomas E. Hill nos la recuerda en su The Essential Handbook of Victorian Etiquette, y seguro que muchas de ellas, además de sorprendernos, nos dibujarán una sonrisa.

Una de las peculiaridades que se analizan son el color de los ojos: si uno de los miembros de la pareja tuviera los ojos grises, azules, negros o color avellana nunca deberían casarse con alguien que tuviera el mismo color de ojos.

Además si el color de ojos fuera muy intenso,  elegir una pareja con el mismo color de ojos sería un tremendo error para la felicidad futura de la pareja.

El pelo rojo indica una personalidad nerviosa e inestable, por lo que una persona pelirroja debería buscar una pareja con el pelo negro azabache, ya que su carácter sería complementario y dotaría de estabilidad a la unión.

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Vía Pinterest

Una persona de pelo claro y fino, con una piel suave y delicada denotaba un carácter sensible; casarse con alguien con las mismas características físicas traería la ruina a su relación, ya que el carácter endeble de ambos haría imposible hacer frente a los momentos difíciles de la vida en pareja. Su pareja ideal sería alguien con el pelo y la piel más oscuros, ya que estos denotaban un carácter más fuerte y firme.

Lo mismo sucedía con las personas de pelo lacio; su complementario ideal sería una persona con el pelo fuerte y, a poder ser rizado.

Si alguien tenía el óvalo de la cara alargado y delgado debía buscar a alguien de cara redonda, y si la nariz era chata su ideal era una persona con una nariz con personalidad, a poder ser con el típico perfil romano.

Si el rostro era huesudo, con mandíbula prominente y rasgos muy marcados, con nariz sobresaliente, frente ancha, ojos hundidos y complexión delgada, NUNCA podía tener éxito con una persona con características similares, ya que estos rasgos reflejaban frialdad, un carácter severo y ausencia de sensibilidad. Por lo tanto, las personas con este tipo de peculiaridades físicas deberían esforzarse en buscar una pareja con el óvalo de la cara redonda, mejillas sonrosadas, nariz pequeña y silueta redondeada, rasgos identificables con la calidez y la dulzura. Así la calidez calentaría la frialdad del otro y el matrimonio complementaría su carácter.

La herencia en los rasgos también tenía su importancia: si una mujer había heredado los rasgos físicos de su padre, nunca debía buscar un hombre con rasgos similares a los de su progenitor, sino buscar a alguien cuyos rasgos fueran más coincidentes ¡con los de su madre!

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Vía getty.com

Pero, ¿qué sucedía si una persona no tenía rasgos especialmente destacables? Por ejemplo, los ojos de una persona podían ser ni muy azules, ni muy verdes, ni muy negros, o su pelo ni demasiado, rubio, ni demasiado negro ni pelirrojo. Pues, estas personas, lo tenían muchísimo más fácil, ya que podía emparejarse con personas de rasgos similares a ellas, así tenían mucha menos dificultad en encontrar una pareja ideal.

Como podéis ver, en la época victoriana el amor no sólo era una cuestión del corazón sino que para encontrar a la pareja apropiada ¡había que hacer un estudio anatómico completo del candidato!

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Vía Pinterest

Qué tengáis un San Valentín muy feliz y victoriano. Y para felicitar a todas aquellas personas por las que sintáis amor, en la página de Pinterest de La Casa Victoriana tenemos un tablero lleno de preciosas postales de San Valentín victorianas con preciosas ilustraciones.

Tarjetas Victorian de San Valentín

Libros para los días de frío

Mientras seguimos trabajando en ofreceros la mejor web, me gustaría compartir con vosotros algunos de los libros que me han regalado estos últimos meses, pequeñas maravillas, para leer o simplemente hojear en los días de frío acompañados de una buena taza de té o café.

Jane Austen: An Illustrated Treasury

El primero del que me gustaría hablaros es uno de los libros más bellos que poseo: Jane Austen: An Illustrated Treasury escrito por Rebecca Dickson, publicado por Metro Books en 2008.

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El libro fue adquirido de segunda mano en el marketplace de Amazon, pues creo que está descatalogado en la actualidad. No me consta ninguna edición en español.

El libro está repleto de información sobre Jane Austen y sus novelas, todo ello magníficamente presentado con una maquetación realmente atractiva.

Fotografías, ilustraciones de las obras originales, otras ilustraciones relacionadas y cuadros de la época acompañan a los textos. Y, por si faltaba algo, para hacer el libro todavía más increíble, hay varios pull envelopes, o sobres transparentes, repartidos por todo el libro.

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Estos sobres contienen reproducciones de las cartas de Jane con su hermana Cassandra, ilustraciones de Jane Austen o ilustraciones de sus libros a todo color con citas de los mismos.

Una joya muy recomendable.

The Illustrated Encyclopaedia of Victoriana.

El segundo libro es The Illustrated Encyclopaedia of Victoriana. A comprenhensive Guide to the Designs, Customs and Inventions of the Victorian Era., escrito por Nancy Ruhling  y John Crosby Freeman, editado 1994 por Running Press, en lengua inglesa.

De nuevo, podría asegurar que no hay edición española de este libro.

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El libro de 208 páginas, en tapa dura y formato tipo A4 es, como su título indica un compendio de objetos, costumbres, mobiliario y decoración, con profusión de estos dos últimos sobre cualquier otro tema. Ilustrado con fotografías a todo color, el libro podría ser descrito como una guía o diccionario donde aparecen diferentes temas ordenados por orden alfabético.

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La información proporcionada de cada uno de los temas es breve, pero aún así es un libro muy recomendable para todos aquellos a los que nos gusta el tema victoriano, ya que recoge términos muy curiosos e invita a seguir investigando sobre los mismos.

A pesar de ser una edición antigua, de la que no me constan reediciones, tanto la maquetación como las diferentes fotografías han soportado bien el paso del tiempo.

La calidad de la edición es buena, con papel satinado y de gran formato, incluyendo una fuente de letra grande que facilita la lectura.

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The Victorian Letters. The Heart and Mind of a Young Queen

El tercer libro que os recomiendo, es el “companion” de una serie de la que ya os he hablado Victoria, la serie sobre la vida de la Reina Victoria emitida por la ITV y recientemente, en España, por Movistar.

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El título es The Victorian Letters. The Heart and Mind of a Young Queen: The Official Companion to the ITV Victoria Series, de 304 páginas, en lengua inglesa y publicado en 2016 por Harper Collins.

El libro tiene una bonita maquetación y fotografías a tamaño página de todos los protagonistas de la serie, reproducciones de cartas y otras imágenes y ephemera  de la época.

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Contiene una gran cantidad de información de múltiples acontecimientos del reinado de la Reina Victoria,  y de su vida personal y relaciones, costumbres y modas de la sociedad victoriana.

Por ponerle un pero, diré que el tipo de papel es de peor calidad que otros libros del estilo, ya que el formato es más pequeño y el papel no es satinado, lo que hace que las fotografías pierdan algo de espectacularidad en el color.

 Un libro fácil de muy agradable visualización y lectura.

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Dowton Abbey: Downton Abbey- A Celebration: The Official Companion to All Six Series

Y, por último, un verdadero coffee table book para fans de Dowton Abbey: Downton Abbey- A Celebration: The Official Companion to All Six Series, escrito por Jessica Fellows y editado por Headline, con 320 páginas llenas del mundo Downton.

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He tardado (mucho) en ver Downton Abbey; me había hablado muy bien de ella pero no quería que las expectativas fueran tan altas y me desilusionara, como me ha pasado con otras series, por eso he decidido dejar pasar un tiempo, pero estas navidades me he dado el atracón de las 6 temporadas. Y me ha gustado muchísimo.

Las tramas downstairs me han parecido mucho mas interesantes que las de upstairs, pero, destaco por encima de todos los participantes, cada una de las apariciones de Maggie Smith, como Lady Violet, que por sí solas, merecen la visualización de la serie. Su actuacion, sus frases…todo en Lady Violet es magistral.

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Es innegable que la serie es un auténtico lujo, desde la ambientación al magnífico vestuario, sin olvidar el guión y el trabajo de un elenco de actores que hacen de la serie una obra maestra que perdurará a través de los tiempos, como la mítica Arriba y Abajo o la fantástica Retorno a Brideshead.

El libro, como la serie, es de una calidad impresionante, recoge a todos los personajes, sus características y relaciones, el vestuario, sucesos de la época, los lugares – Downton, la feria, el campo de cricket, el día de playa…- y todos y cada uno de los episodios, incluyendo los especiales, de las 6 temporadas., ilustrado con fotografías de alta calidad en papel satinado.

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Un libro imprescindible no sólo para fans sino de la época eduardiana en general.