El lenguaje secreto del amor

When the golden sun is sinking

And your heart from care is free

When o’er thousand things you’re thinking,

Will you sometimes think of me?

 

La Casa Victoriana no quiere dejar de celebrar esta romántica fecha con una entrada llena de simbología y ¡de secretos!

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Lovers – Pál Szinyei Merse

El nombre de mi amada compone un poema

Enviar a la dama un poema romántico siempre era un riesgo, aunque las intenciones fueran buenas, ya que si el caballero no estaba especialmente familiarizado con la poesía, el resultado podía resultar desastroso y arruinar una relación incipiente.

Dedicarle a la amada un poema en el que su nombre fuera el protagonista en forma de acróstico era uno de los modos más originales que tenía un caballero de demostrar su amor a una dama. Una composición poética con un acróstico está constituida por versos cuyas letras iniciales, medias o finales forman un vocablo o una frase.

Como habitualmente los enamorados no eran tan creativos ni tan buenos poetas como pretendían, solían encargar estas románticas composiciones a poetas o escritores aficionados. Otras veces, los copiaban de alguna revista o manual. Uno de los más populares era “The People’s Valentin Writer”, un libreto publicado en 1850, que ofrecía diferentes poemas cuyos acrósticos componían algunos de los nombres victorianos más populares como Charlotte, Eliza, Elizabeth o Laura.

Less of friendship, more of love

A single smile, my heart can move;

Undying love! Not echoed yet,

Remains within a ponderous weight

And, without you, I’m all but dead.

Si se decidían a componerlo ellos mismos, debían equilibrar la pasión de enamorados que sentían por su amada con la etiqueta de las buenas maneras, sin resultar demasiado atrevidos ni tampoco cursis y, sobre todo, evitando ser ridículos presentando una mala composición poética, que pudiera causar más vergüenza ajena que amor romántico.

The Love Letter by Auguste Toulmouche
The Love Letter – Auguste Toulmouche

El lenguaje secreto del sello postales

Enviar un mensaje de amor al amado o la amada era complicado, ya que, sobre todo las damas podían poner en entredicho su reputación si la carta era interceptada o leída por la persona a aquién no iba dirigida.

Los amantes victorianos, siempre ingeniosos, encontraron un sistema de comunicarse mediante la colocación de los sellos postales, dependiendo de su colocación en el sobre transmitían diferentes mensajes amorosos.

El sello colocado al revés en la esquina izquierda del sobre significa – Te amo.
La misma esquina, en forma de cruz – Mi corazón es de otro.
En la misma esquina, de arriba a abajo – Adiós, cariño.
Al revés en la esquina derecha – No escribas más.
En el centro, arriba – Sí.
En el centro de la parte inferior – No.
En la esquina derecha en ángulo recto – ¿Me amas?
En la esquina izquierda en ángulo recto – Te odio.
En la esquina superior a la derecha – Te deseo tu amistad
En la esquina inferior a la izquierda- L
e pido su amistad.
En línea con el apellido – Acepta mi amor.
Lo mismo, al revés – estoy comprometido.

 

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The-Bridesmaid – James-Jacques-Joseph-Tissot

El lenguaje secreto de los anillos

Si un caballero desea una esposa, lleva un anillo en el dedo índice de la mano izquierda; si está comprometido, la lleva en el dedo corazón; si está casado, en el dedo anular; y en el meñique si nunca tiene intención de casarse.

Cuando una dama no está comprometida, lleva un aro o un diamante en el dedo índice; si está comprometida, en el corazón; si está casada, en el anular; y en el meñique si tiene la intención de permanecer soltera.

Así, pcon unos simples gestos, se pueden expresar las intenciones amorosas; y  el hombre más tímido puede, sin dificultad, comunicar sus sentimientos románticos a una dama, y en caso de que su oferta sea rechazada, evitar experimentar la mortificación de un rechazo explícito.

 

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Quarrelling – James Tissot

A cada objeto su significado

Lady Mary Wortley Montagu, esposa del embajador británico en Turquía era popular entre sus conocidos por sus originales cartas, en las que no solo contaba sus experiencias en tierras turcas, sino que enviaba misivas con paquetes llenos de simbología.
En alguna
ocasión sus cartas iban acompañadas de una cajita con diferentes elementos, cada uno lleno de significado, como esta que reproducimos a continuación, dirigida a su hermana, para que utilizara cada elemento según su simbología.

” Tengo para ti una carta de amor turca, que he puesto en una cajita… El primer objeto que debes sacar de la caja es una pequeña perla, después el clavo y, así, sucesivamente, entendiendo el significado de cada objeto como te indico a continuación:

Perla – La más bella de las jóvenes
Clavo – ¡Desde hace mucho tiempo te he amado y tú no lo has sabido!
Junquillo – ¡Ten piedad de mi pasión!
Papel – ¡Me desmayo a cada hora!
Pera – Dame un poco de esperanza
Jabón – Estoy enfermo de amor.
Carbón – ¡Si muero todos mis años serán tuyos!
Una rosa – ¡Que seas feliz, y tus penas sean mías!
Una brizna de paja – Déjame ser tu esclavo.
Un paño – No tienes precio.
Canela – Pero mi fortuna es tuya.
Un fósforo – ¡Ardo, ardo! ¡Mi llama me consume!
Hilo de oro – No apartes tu rostro de mí.
Pelo – ¡Corona de mi cabeza!
Uva – ¡Eres mis ojos!
Hilo de oro – Muero – ven rápido.

P.S. Pimienta – Envíame una respuesta.”

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Girl With A Rose – Gustave-Leonard de Jonghe

 

Un ramo de flores lleno de intenciones

En esta lista de elementos románticos llenos de simbología no podían faltar las flores recogidas en preciosos ramos y bouquets donde cada flor tenía un significado especial. Las más enviadas el día de San Valentín eran:

Rosas rojas y rosas (símbolo del amor)

Rosas blancas (transmitiendo un amor puro y espiritual)

Lilas (cuyo significado está relacionado con la ilusión de sentirse enamorado),

Lirios del valle (como símbolo de un corazón henchido de felicidad)

Nomeolvides (el amor verdadero declarado a través de las flores).

 

 

Dimes cómo eres y te diré tu pareja ideal

En cuestiones amorosas los victorianos eran realmente curiosos, y, antes de embarcarse en una relación amorosa analizaban todos los pros y contras para evitar que esa relación pudiera ser un fracaso. Y, para ello, utilizaban todos los estereotipos que tenían a su alcance.

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Vía Pinterest

El ideal de mujer de esta época, representado por las heroínas de las novelas de Brönte, Dickens, Gaskell o Collins, por poner algunos ejemplos, era una mujer bonita, agradable, de constitución pequeña y delicada, recatada, con gracia, tranquila pero capaz de afrontar los contratiempos y sinsabores de la vida con gran valentía y fortaleza, enfrentándose a todos ellos con gran resolución y principio morales.

Por el contrario, el hombre ideal, el héroe romántico, era todo un caballero, alto, fuerte, protector, honesto, valiente, con grandes cualidades morales, aunque siempre era un aliciente que tuviera un pasado misterioso y una personalidad ligeramente atormentada.

Lejos de los ideales novelescos, en el complementario estaba el éxito: una persona irritable y nerviosa debería buscar a otra tranquila y comprensiva, y una persona demasiado sensible e insegura a alguien de carácter fuerte y resolutivo.

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Vía Pinterest

Pero no sólo importaba el carácter a la hora de elegir  a una pareja, sino que también era fundamental prestar atención a  las características físicas de cada una de ellas.

El Profesor Thomas E. Hill nos la recuerda en su The Essential Handbook of Victorian Etiquette, y seguro que muchas de ellas, además de sorprendernos, nos dibujarán una sonrisa.

Una de las peculiaridades que se analizan son el color de los ojos: si uno de los miembros de la pareja tuviera los ojos grises, azules, negros o color avellana nunca deberían casarse con alguien que tuviera el mismo color de ojos.

Además si el color de ojos fuera muy intenso,  elegir una pareja con el mismo color de ojos sería un tremendo error para la felicidad futura de la pareja.

El pelo rojo indica una personalidad nerviosa e inestable, por lo que una persona pelirroja debería buscar una pareja con el pelo negro azabache, ya que su carácter sería complementario y dotaría de estabilidad a la unión.

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Vía Pinterest

Una persona de pelo claro y fino, con una piel suave y delicada denotaba un carácter sensible; casarse con alguien con las mismas características físicas traería la ruina a su relación, ya que el carácter endeble de ambos haría imposible hacer frente a los momentos difíciles de la vida en pareja. Su pareja ideal sería alguien con el pelo y la piel más oscuros, ya que estos denotaban un carácter más fuerte y firme.

Lo mismo sucedía con las personas de pelo lacio; su complementario ideal sería una persona con el pelo fuerte y, a poder ser rizado.

Si alguien tenía el óvalo de la cara alargado y delgado debía buscar a alguien de cara redonda, y si la nariz era chata su ideal era una persona con una nariz con personalidad, a poder ser con el típico perfil romano.

Si el rostro era huesudo, con mandíbula prominente y rasgos muy marcados, con nariz sobresaliente, frente ancha, ojos hundidos y complexión delgada, NUNCA podía tener éxito con una persona con características similares, ya que estos rasgos reflejaban frialdad, un carácter severo y ausencia de sensibilidad. Por lo tanto, las personas con este tipo de peculiaridades físicas deberían esforzarse en buscar una pareja con el óvalo de la cara redonda, mejillas sonrosadas, nariz pequeña y silueta redondeada, rasgos identificables con la calidez y la dulzura. Así la calidez calentaría la frialdad del otro y el matrimonio complementaría su carácter.

La herencia en los rasgos también tenía su importancia: si una mujer había heredado los rasgos físicos de su padre, nunca debía buscar un hombre con rasgos similares a los de su progenitor, sino buscar a alguien cuyos rasgos fueran más coincidentes ¡con los de su madre!

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Vía getty.com

Pero, ¿qué sucedía si una persona no tenía rasgos especialmente destacables? Por ejemplo, los ojos de una persona podían ser ni muy azules, ni muy verdes, ni muy negros, o su pelo ni demasiado, rubio, ni demasiado negro ni pelirrojo. Pues, estas personas, lo tenían muchísimo más fácil, ya que podía emparejarse con personas de rasgos similares a ellas, así tenían mucha menos dificultad en encontrar una pareja ideal.

Como podéis ver, en la época victoriana el amor no sólo era una cuestión del corazón sino que para encontrar a la pareja apropiada ¡había que hacer un estudio anatómico completo del candidato!

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Vía Pinterest

Qué tengáis un San Valentín muy feliz y victoriano. Y para felicitar a todas aquellas personas por las que sintáis amor, en la página de Pinterest de La Casa Victoriana tenemos un tablero lleno de preciosas postales de San Valentín victorianas con preciosas ilustraciones.

Tarjetas Victorian de San Valentín