Las flores de Pascua

Celebramos el Domingo de Pascua con una de las tradiciones favoritas de los victorianos: ornamentar y obsequiar con flores llenas de simbología.

El lirio de los valles

El lirio de los valles era una de las flores que mejor representaban la Pascua victoriana. Esta bella flor es nombrada recurrentemente en varios pasajes bíblicos, de ahí su gran simbología en la tradición cristiana.
Se dice que las lágrimas que Eva derramó cuando ella y Adán fueron desterrados del Edén se transformaron en el lirio de los valles. Esta tradición es muy similar a la que cuenta como las lágrimas de dolor de María, al ver a su hijo en la cruz, se convirtieron en estas bellas flores que representan el amor inmenso de una madre por su hijo.

Esta flor también simboliza la segunda venida de Cristo. Por este motivo, los victorianos la escogieron como flor pascual. Durante el domingo de Pascua, era tradición adornar las casas con ramos de lirios blancos. En las iglesias no faltaban adornos florales en las que el blanco inmaculado de la flor era el protagonista, y muchos feligreses acudían a los servicios religiosos con pequeños ramilletes de lirios blancos en las solapas de sus abrigos o en sus manos, para después ser dejados en el altar como ofrenda a Jesús.

La flor tenía otros significados paganos como su supuesto poder de ahuyentar a los malos espíritus y atraer la fortuna y protección a las familias, por lo que era muy popular entre los victorianos, siempre dispuestos a mezclar creencias religiosas y paganas y convertirlas en tradiciones simbólicas.

El narciso

El narciso es otra de las flores con una arraigada tradición pascual. Considerado un símbolo del amor eterno e incondicional anuncia la llegada de la primavera. En la tradición cristiana es una alegoría del renacimiento y de la renovación, por lo que tiene gran protagonismo en el periodo de Semana Santa, y en la Pascua de Resurrección como representación de la una nueva vida y esperanza.

Por su fragancia suave y su llamativo color era una de las flores preferidas por los victorianos para expresar deseos de felicidad; por este motivo se le ofrecía a los novios el día de su boda. Nunca se debía regalar un solo narciso, sino varios. Un narciso solitario expresaba lo contrario a su simbología, y predecía una vida desgraciada y desafortunada.

Aunque el narciso más tradicional es el de color amarillo brillante con corolas grandes y centro en forma de trompeta, los narcisos blancos, con suave tono anaranjado o amarillos pálidos eran, asimismo, frecuentemente regalados como símbolo de amistad.

La azucena blanca

“Considerad los lirios cómo crecen: no labran, no hilan; y sin embargo os digo que Salomón, con toda su gloria, no se vistió como uno de ellos”. (Lucas 12:27)

La azucena blanca, también conocida como lirio de Pascua o Easter Lilly, simbolizaba la pureza, la inocencia y la nueva vida. Su popularidad fue mayor entre los cristianos americanos, sobre todo estadounidenses, que europeos ya que la flor fue importada desde las islas Bermudas a los Estados Unidos, donde se empezó a comercializar.

La belleza de la flor y su floración entre los meses de marzo y abril, la convirtieron en imprescindible en los altares de las iglesias durante la Pascua. La vestimenta de los clérigos católicos, con sus casullas de inmaculado blanco y brillante amarillo hicieron que los fieles identificaran todavía más a esta planta con las celebraciones religiosas. Aunque debemos matizar que es probable que los “lillies” de los que se hablan en los pasajes de la Biblia, como el que reproducimos del Evangelio de Lucas, no sea la azucena blanca sino el lirio del valle.