El trabajo en la época victoriana y algunos de los oficios más duros

Las condiciones laborales

No es ningún secreto que con el glamour, la elegancia y la etiqueta de las clases burguesas y aristocráticas victorianas coexistía otra sociedad formada por las clases bajas y trabajadoras. Dos mundos casi opuestos pero tan necesitados uno del otro.

La clase obrera, la mayoría llegada desde el campo o desde la vecina Irlanda (donde la hambruna hizo que se desplazaran familias enteras) , buscaba una vida mejor, malvivía en las ciudades, habitaba en casas insalubres y se dejaba, literalmente, la vida en las fábricas en las que más trabajar eran explotados por sueldos miserables.

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Trabajadores. Vía Pinterest.

Los salarios eran mínimos y las jornadas inacabables, por no hablar de las deplorables condiciones laborales a las que estaban expuestos hombres, mujeres y niños, ya que el trabajo infantil no sólo no estaba prohibido sino que los niños eran mano de obra maleable y barata y los padres no veían mal que un salario más llegara a las empobrecidas familias. De hecho en la época victoriana la mano de obra infantil representaba el 25% de los trabajadores activos en el Reino Unido.

La edad en la que un niño podía empezar a trabajar era de ¡4 años!, y los pequeños de esta edad se dejaban su vida en labores tan duras como el trabajo en las minas. No fue hasta 1833, cuando se prohibió que los menores de 9 años trabajaran en las fábricas y factorías textiles, y 1842 se aprobó que los menores de 10 años no pudiesen bajar al interior de las minas.

En 1847, con el decreto de Ten Hours, se consiguió un gran avance para la época (y hay que entenderlo en su contexto): se prohibía que las mujeres y los niños trabajaran, en cualquier labor, más de 10 horas al día. Esta ley casi revolucionaria para los derechos de los trabajadores, no siempre se cumplía, y dueños de las fábricas solían extorsionar a sus trabajadoras bajo amenaza de perder sus empleos.

 

Aprovechándose de la necesidad, muchos empresarios ni siquiera pagaban un salario a sus trabajadores, sino que daban a los empleados una serie de bonos para que los gastaran sus propias fábricas. De este modo los obreros trabajaban para dejar el fruto de su trabajo en la misma fábrica que los explotaba.

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Obreros en una fábrica de cerillas. Vía Pinterest.

La enfermedad, la pobreza, el analfabetismo y el alcoholismo convivían en los barrios obreros; los accidentes laborales por inhalación de productos tóxicos, por quemaduras o miembros seccionados por las máquinas no estaban contemplados en ninguna ley  y por supuesto no existían ni pensiones, ni ayudas gubernamentales ni subsidios no sólo por desempleo sino por accidentes en el trabajo.

Como curiosidad, apuntaremos que, en cambio, la ley sí permitía multar y sancionar a los trabajadores por los motivos más nimios, por ejemplo silbar mientras realizaban sus tareas.

El Cartismo y las Trade Unions

El Cartismo, movimiento nacido en 1838, emergió como crítica de la actitud de los políticos y las clases más pudientes hacia las clases más oprimidas. Sus reclamaciones llegaron hasta el Parlamento, y, aunque el Cartismo fue perdiendo fuerza hasta casi desaparecer en 1848, sus demandas prendieron en una población harta de ser explotada.

De todos modos las ideas del Cartismo calaron profundamente en la población y podemos decir que fueron el germen del nacimiento de los Trade Unions, los sindicatos de obreros, que inicialmente fueron organizados en los sectores en los que había trabajadores considerados de más alta cualificación: los mineros, los trabajadores del ferrocarril y los ingenieros.

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John Burns hablando en Hyde Park. Vía Pinterest.

Estos sindicatos, cuya fecha de creación podemos situar en torno a 1850, informaban a los trabajadores de sus derechos, y luchaban por unas condiciones de trabajo dignas. A estos colectivos se unieron los trabajadores de los puertos y las trabajadoras de las fábricas de fósforos.

La gran demostración de la seriedad de sus peticiones, y de que su lucha, a favor de clase trabajadora, iba a ser implacable, fueron las largas huelgas de los dockers y de las match girls, en las que no sin esfuerzo, consiguieron importantes mejoras laborales.

 

Algunos de los oficios más duros y peligrosos de la época victoriana

Los Leech Collectors

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Leech collectors. Vía Pinterest.

En el siglo las sanguijuelas eran muy apreciadas con fines médicos y farmacéuticos. Pero para que los doctores tuvieran acceso a ellas debía haber personas que las recogieran. Y estas personas eran las mujeres y niños de las clases más desfavorecidas que se metían en las charcas y los lodazales para capturarlas.

Pero, ¿cómo se capturaban?, pues de la manera más simple: las sanguijuelas se adherían a las piernas y brazos de los recolectores, que a la salida de la charca se las arrancaban y las guardaban en latas y botes. A más sanguijuelas “pegadas” a la piel, más botín para vender.

Evidentemente, las infecciones, las hemorragias y las enfermedades acababan haciendo mella en estos pobres recolectores, cuya esperanza de vida no era muy alentadora.

 

Las Pitbrow Lassies

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Pitbrow Lassies. Vía Pinterest

Este era el nombre con el que se denominaba a las mujeres que trabajaban en las minas cargando vagones de carbón. En las minas trabajaban, muy a menudo, todos los miembros de la familia y las mujeres y los niños no eran excepciones.

Las Pitbrow Lassers continuaron haciendo su trabajo hasta 1842, año en el que se prohibió que las mujeres y los niños bajaran a las galerías.

Una de las razones de la prohibición, aunque pueda parecer extraña, no fue el peligro que suponía para estas mujeres, sino que las mujeres y los hombre no trabajaran juntos en espacios interiores y reducidos, ya que no parecía pudoroso.

Las Pitbrow Lassies se resistieron y continuaron haciendo su trabajo hasta bien entrada la década de los 80.

Los Toshers

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Tosher en las alcantarillas de Londres. Vía Wikimedia Commons.

 

Uno de los peores oficios era el de tosher, cuya ocupación era hurgar en las alcantarillas, en busca de cualquier cosa de un mínimo valor, desde pequeños objetos de metal, botas o zapatos viejos o monedas. Además se encargaban del mantenimiento del deficiente alcantarillado londinense.

Para hacer su trabajo, los toshers caminaban horas y horas entre la basura de la alcantarillas; pero a veces las cosas se complicaban y morían de una enfermedad infecciosa que habían contraído – por ejemplo, la mordedura de una rata -, ahogados por las aguas subterráneas, o si quedaban atrapados en alguno de los túneles, devorados por las ratas. Ser tosher era un trabajo muy peligroso.

De todos modos, los toshers eran grupos de hombres rudos, muy respetados entre su gente e, increíblemente bien pagados por los contratistas.

Los Mudlark

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Los pequeños mudlarks entre el barro. Vía Pinterest.

La labor de estos trabajadores era hurgar en el barro y el lodo que se posaba a las orillas del Támesis. Su misión consistía en retirar el barro de las zonas que el Támesis invadía. Este trabajo, muy peligroso, era desempeñado principalmente por niños.

Los Chimney Sweepers

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Chimney sweeper. Vía Pinterest.

 

La  pequeña constitución de los niños hacía que fueran los deshollinadores (chimney sweepers) perfectos, ya que podían introducirse y trepar por las chimeneas con más facilidad que un adulto, pero era común que los pequeños quedaran atrapados, muriendo ahogados por el hollín. Si no era así, el hollín que iba llenando sus pulmones les provocaría una muerte dolorosa en pocos años.

Estos niños, además de mal pagados, eran maltratados con palizas, o se les pinchaba con objetos afilados para que siguieran trabajando o metiendo su cabeza en calderos de agua helada si por el cansancio se quedaban dormidos.

Las Seamstress

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Familia cosiendo en su casa. Vía Pinterest.

Los vestidos de las damas victorianas de principios del siglo XIX se hacían en pequeños talleres de costura o estaban hechos por modistas que no sólo cosían sino que diseñaban los modelos que posteriormente se lucirían en los mejores salones londinenses.

Pero la aparición de las empresas textiles y la irrupción de las casas de diseño, diseñadores de renombre y los grandes almacenes, como Selfridges, hicieron de la moda un producto de consumo masivo y un bien más asequible para todas las mujeres.

Esto hizo que el oficio de costurera fuera uno de los más demandados, aunque estas trabajadoras fueran explotadas: mal pagadas, con jornadas interminables que abarcaban los siete días de la semana y con un maravilloso trabajo artesanal apenas reconocido.

Familias enteras, incluyendo niños y ancianos, trabajaban en talleres o en sus propios hogares, casi sin descanso. Todos tenían sus tareas: zurcir, coser, calcetar, ganchillar…Las jornadas de trabajo eran interminables y los salarios eran escasos. Las maravillas que hacían con sus agujas estaba muy lejos de la recompensa que hacían por su trabajo.

 

Los Rat catchers

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Rat chatcher con su perro y su jaula, Public domain.

En un Londres infestado por las ratas, los cazadores de ratas tenían su trabajo asegurado. En una época donde no había exterminadores de plagas ni raticidas, estos cazadores eran trabajadores muy bien valorados.

¿Su método? Utilizar un perro o un hurón para capturar a las ratas vivas. Los rat  catchers necesitaban a las ratas vivas para sacarse un sobresueldo con las apuestas ilegales de los ratters, personajes del submundo victoriano que organizaban partidas ilegales de perros y ratas, cuyo objetivo consistía en ver cuantas ratas era capaz de cazar el perro o si las ratas lo devoraban a él antes de que las hubiera cazado todas (lo cuál nos hace pensar quien era realmente la rata, si los animales o los ratters, si me permitís la reflexión)

Los cazadores de ratas solían fallecer a causa de las infecciones que les provocaban las mordeduras de ratas y los ambientes infecciosos en los que se movían.

Uno de los rat catcher más famosos Jack Black, el “cazador” personal de la Reina Victoria, en cuya residencia las ratas campaban a sus anchas. El método de Jack era cazarlas en una gran jaula, dejarlas sin comida y esperar a que se comieran unos a otras.

 

Las Match Girls

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Unas jovencísimas matchgirls recibiendo su mísero salario, Vía Pinterest.

Muchas mujeres y niñas trabajaban en fábricas de cerillas. Es célebre el artículo de Annie Besant, la política socialista inglesa, en el que describía las condiciones infrahumanas de casi esclavitud en la que vivían esas niñas, y la grave enfermedad que contraían en las fábricas a causa de los productos químicos con los que trabajaban.

La denuncia de Annie Besant de la explotación que sufrían las “cerilleras” y las posteriores represalias de las empresas despidiendo a trabajadoras, condujeron a una de las mayores huelgas y manifestaciones de protesta acaecidas durante la Época Victoriana.

En 1888, las cerilleras se declararon en huelga, reclamando sus derechos laborales y denunciando las condiciones de casi esclavitud en las que trabajaban estas mujeres en las fábricas de cerillas: jornadas inacabables, sueldos míseros y condiciones insalubres.

Los Peelers  o Bobbies

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Los primeros bobbies uniformados con su abrigo con cinturón y su sombrero tipo chimenea. Vía Pinterest.

El crimen, los robos y la violencia estaba tan presentes en la época victoriana que en 1829, Sir Robert Peel creó un cuerpo especial de la policía metropolitana conocido como los peelers o los bobbies, debido al nombre e su creador. No demasiado populares en un primer momento, este cuerpo de policía fue creándose una reputación de respetabilidad por su trabajo preventivo y no abusivo.

Estos policías se jugaban la vida a diario y resolvían desde trifulcas familiares, a auténticas batallas campales en los barrios más deprimidos, además de asesinatos y robos. Estos policías llevaban uniformes especiales, donde lo más característico de su atuendo eran sus peculiares sombreros, en un primer momento estilo chimenea y después sustituidos por el casco custodio, alto y redondeado en su parte superior. Especial relevancia tuvo la policía de Whitechapel, que además de tener que patrullar por un barrio extremadamente conflictivo se las tuvo que ver con el famoso Jack El Destripador.

Como curiosidad diremos que los bobbies tenían estrictamente prohibido beber alcohol, algo que en una época en la que el alcohol era tan común como el agua, trajo graves problemas e incluso expulsiones a muchos miembros de este colectivo…

 

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Feministas y reformistas victorianas

Hoy 8 de Mayo, Día internacional de la mujer, como todos los años, La Casa Victoriana homenajea a aquellas mujeres victorianas que por sus actos, su lucha, su vida y sus ideas, en momentos adversos para su condición de mujer, deben ser un referente no sólo para las mujeres sino para la sociedad en general.

Muchas de ellas han sido casi olvidadas, otras están siendo rescatadas del olvido y recuperando su lugar en la historia. A ellas, las desconocidas, las casi olvidadas dedicamos nuestro artículo de hoy.

 

Fanny Blood

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¿Fanny Blood? No tengo seguridad de que la mujer del retrato sea realmente Fanny

Frances “Fanny” Blood, no vivió durante la época victoriana sino durante el periodo Regencia. Esta pintora y profesora inglesa fue la mentora de Mary Wollstonecraft, además de su mejor amiga – en sus memorias, el marido de Mary afirmó que Fanny más que una amiga había sido casi una malsana obsesión para su esposa Mary, insinuando una relación entre ambas que había ido más allá de la amistad, aunque dada la animadversión que sentía por su esposa, fallecida cuando publicó su libro, nunca sabremos que había de realidad o de maledicencia en las palabras de William Godwin.

Aunque Fanny nunca publicó escritos sobre sus pensamientos, de sus ideas educativas y sus concepciones intelectuales surgieron las escuelas que fundó con las hermanas Wollstonecraft, en las que además de instruir a las jóvenes, recogían y ayudaban a mujeres abandonadas por sus familias, creando una suerte de escuela-pensión donde no sólo podían alcanzar unas habilidades básicas para mantenerse en la vida, sino que allí encontraban cuidado y refugio.

Dada la complejidad de la idea y la dificultad para captar fondos para su manutención, (demasiado innovadora para el siglo XVIII, las diferentes escuelas que fundaron tuvieron que cerrar.

Pero el gran mérito de Fanny Blood  fue instruir, abrir la mente y educar a una de las grandes intelectuales y feministas de la historia, Mary Wollstonecraft, que a su vez trasmitió sus ideas de una vida lejos de toda convención a su hija, la escritora y poetisa Mary Shelley.

 

Annie Bessant

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Annie Bessant (1847-1933)

Annie Bessant nació en 1847, en Londres, aunque su ascendencia era irlandesa. Muy orgullosa de sus orígenes Annie nunca ocultó sus ideas políticas, a favor de la independencia de Irlanda y del autogobierno de la India, en un tiempo en el que una mujer no opinaba de política, ni en público ni en privado, y si lo hacía, su opinión no era tenida en cuenta.

La desgracia de la ruina económica en su familia trajo una educación inesperada para Annie, ya que fue criada por una amiga de su madre, Ellen Marryat, hermana del  escritor Frederick Marryat. Ellen no sólo le dio una educación privilegiada sino que le proporcionó la oportunidad de viajar por Europa, además de transmitirle elevados valores como ciudadana y como mujer: una mujer fuerte y preparada podía conseguir lo que se propusiera independientemente de su sexo.

Su marido, un clérigo con el que tuvo dos hijos, la echó de casa después de que Annie se negara a que él se quedase con el dinero que ella ganaba con sus cuentos, la amonestase por tratar de organizar a los campesinos sindicalmente para reclamar sus derechos, por renunciar a su religión a favor del laicismo y por enorgullecerse de sus ideas políticas.

Liberada de su matrimonio, Annie se volcó en la defensa activa de los derechos de las mujeres, la organización de sindicatos obreros para que las mujeres que trabajaban en las fábricas defendiesen sus derechos, la libertad de pensamiento y de prensa para poder expresarlo y difundirlo, el derecho de las mujeres a ganar su propio salario y poder administrarlo – como ella hacía con lo que ganaba como escritora para el National Reformer– y el control de la natalidad como medio de liberar a las mujeres más pobres de tener un embarazo tras otro sin medios para alimentar a sus hijos.

Sus ideas del control de la natalidad como reforma social se plasmaron en el libro Fruits of Philosophy, que la llevaron a ser acusada de inmoral e inducir a la corrupción moral, por lo que fue encarcelada.

 

Josephine Butler

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Josephine Butler (1828-1906)

Josephine Butler fue considerada una de las primeras feministas británicas. Desde su juventud se implicó en campañas para promover el acceso de las mujeres  de los estratos sociales más desfavorecidos a la educación.

Una de las labores  por la que es principalmente recordada es por el intento de ofrecer cuidado y atención médica a las prostitutas. Desde sus creencias fervientemente cristianas, consideraba que las condiciones de miseria en las que sobrevivían estas mujeres con sus hijos eran algo intolerable. Josephine consideraba la prostitución como una forma de explotación masculina sobre las mujeres y denunciaba la doble moral victoriana que promovía la prostitución  y, al mismo tiempo,  perseguía y encarcelaba a las prostitutas.

 

Elizabeth Cady Stanton

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Elizabeth Cady Stanton (1815-1902)

Elizabeth Cady Stanton, norteamericana , fue una figura destacadísima dentro del movimiento feminista del siglo XIX, reivindicando no sólo los derechos de la mujer en los ámbitos sociales, sino en los laborales y políticos. Alumna aventajada de la americana Academia Johnston, veía como sus compañeras se veían obligadas a dejar sus estudios debido a las convenciones sociales y a sus “deberes femeninos” de casarse y formar una familia, mientras que sus compañeros de clase, muchos de ellos menos brillantes que ellas, podían seguir estudiando y desarrollando sus carreras en las universidades, entidades vetadas para las feminas.

Pero Elizabeth, dueña de una determinación brillante, decidió que ella no iba a escoger entre una vida familiar y profesional, sino que iba a luchar por realizarse como mujer en todos los aspectos que ella considerase necesario para su crecimiento personal.

Esposa y madre de una familia numerosa, el activismo de Elizabeth no solo no fue frenado por su marido sino que fue alentado por éste, que creía firmemente en la igualdad de derechos. Un marido que, entendió y aceptó (estamos hablando del siglo XIX) que Elizabeth se negara a pronunciar sus votos matrimoniales en los que se comprometía a obedecer y someterse a su esposo.

Convencida de que los objetivos que se proponía solo podían ser conseguidos con la unión de las mujeres organizó la primera convención de derechos femeninos en 1848, en Seneca Falls, cerca de Nueva York, a la que asistieron más de trescientas mujeres, un número de participantes increíble para la época. De esta convención salió la Declaración de Sentimientos, en las que las mujeres reclamaban la participación activa en la vida política y social, el derecho a la educación básica y superior y la independencia legal y económica de los hombres, ya fueran estos sus maridos, hermanos o tutores.

 

Susan B. Anthony

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Susan B. Anthony (1820-1906)

Susan Brownell Anthony, fue una activista, escritora, profesora y abolicionista estadounidense, además de una de las líderes del movimiento sufragista americano.

Anthony conoció a Elizabeth Cady en una conferencia antiesclavista y entre ellas se estableció una fuerte corriente de simpatía que las llevó a colaborar durante toda su vida en la organización de las mujeres de cara a la consecución de una igualdad en todos los ámbitos sociales, fundando el New York State Woman’s Rights Committee, organización muy activa en la segunda mitad del siglo XIX.

Firme defensora de sus creencias, Anthony viajó por todos los Estados Unidos difundiendo sus ideas e incluso consiguió ser recibida por el presidente Theodore Roosevelt, al que transmitió sus reclamaciones de una ley más igualitaria donde las personas pudieran participar en la vida pública independientemente de su sexo, raza o religión.

Como curiosidad, podemos recordar que la activista fue arrestada y multada por intentar votar en unas elecciones presidenciales, lo que se consideraba un delito en la época, ya que las mujeres no podían votar, ni, por supuesto, ser votadas.

 

Sarah Emily Davies

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Sarah Emily Davies (1830-1921)

Sarah Emily Davies, fue una figura fundamental dentro del feminismo británico por su defensa del derecho de la mujer a la educación, no sólo básica sino secundaria – las mujeres no podían presentarse a las pruebas para obtener una titulación mayor que la básica-  y, también,  universitaria. Su labor no sólo se ciñó al campo de la cultura sino también al de la política: fue una sufragista activa, que reclamó para las mujeres un papel determinante en un mundo político totalmente dominado por los hombres. Davies pensaba que la mejor manera de lograr sus objetivos era pasar a la acción, dando a conocer sus ideas y poniéndolas en práctica.  Creó el grupo de discusión Kensington Society y fundó la primera universidad para mujeres en Gran Bretaña, el Girton College, del que fue directora. Además editó una publicación feminista, The Englishwoman´s Journal.

 

Barbara Bochidon

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Barbara Bochidon (1827-1891)

Pedagoga y artista británica, nació de la relación extramatrimonial de un rico terrateniente inglés de ideas liberales y revolucionarias, Ben Smith y de Anne Longden.

Desde niña fue criada en un ambiente liberal, que la llevarían a colaborar con filántropos y trabajadores sociales. Profundamente convencida de que las reformas sociales eran necesarias para la sociedad británica, con un grupo de amigas comenzó a reunirse alrededor de 1850 en Langham Place para debatir sobre los derechos de los más necesitados y de las mujeres en particular. ESte grupo fue conocido como The Ladies of Langham Place. Este se convirtió en uno de los primeros movimientos organizados de mujeres en Gran Bretaña.

En 1858, con la ayuda de Sarah Emily Davies fundó el English Women’s Journal. En este periódico se hablaba de la igualdad de oportunidades laborales para hombres y mujeres, de la lucha por los derechos de las mujeres, el voto femenino y la necesidad de reformar las leyes para que las mujeres tuvieran más participación y atención social.

Con Davies creó la primera residencia universitaria para mujeres que existía en Inglaterra, el Girton College de la Universidad de Cambridge.

Aunque Barbara estaba casada con un médico francés, el matrimonio no fue un obstáculo para continuar con su implicación a favor de los derechos de las mujeres, empleando no sólo su tiempo sino su dinero en las causas a las que estaba entregada y contando para ello con el beneplácito y ayuda su esposo, el Dr. Eugène Bodichon.

¡Feliz Día internacional de la mujer!

 

 

 

¡Bienvenido febrero!

¡Bienvenido febrero!
El cuadro que ilustra nuestro mes de febrero es una preciosidad titulada A Summer Beauty, perteneciente a la escuela pictórica inglesa del siglo XIX y cuyo autor es anónimo.

Podéis descargarlo en la opción “guardar foto” del botón derecho del ratón, después de “pinchar” en la imagen.

 

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Para comenzar el año: el calendario de La Casa Victoriana.

Este año os iremos ofreciendo un calendario mensual, ilustrado con los mejores cuadros de la época victoriana. Podéis descargarlo en la opción “guardar foto” del botón derecho del ratón, después de “pinchar” en la imagen.

La temática que he escogido para este primer calendario es la lectura y la escritura, con damas victorianas como hilo conductor.

Os dejo enero, ilustrado con un cuadro de Hermann Fenner-Behmer, titulado Mujer escribiendo una carta.

Espero que sea de vuestro agrado.

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Feliz Pascua victoriana

El conejo de Pascua y su carro lleno de huevos multicolor.
 
El conejo de Pascua, en realidad la liebre, Easter Hare, y su carro lleno de huevos de los más diversos colores, para repartir entre niños y mayores fue una de las imágenes más reproducidas en las tarjetas postales victorianas y una de las tradiciones más esperadas del año.
 
Pero como muchas de las costumbres victorianas, su origen no era británico sino alemán, patria del Príncipe Alberto, marido de la Reina Victoria.
 
Eso sí, los victorianos, tan dados a lo recargado y colorido, adoptaron la tradición a su manera: el carro de se llenaba, además de huevos con bellas flores como violetas, lirios o rosas.
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Aunque unos dulces pollitos, adornados con lazos de coores, eran los acompañantes del conejo de Pascua en la imaginería victoriana, pájaros y otras criaturas del bosque acompañaban al conejo en su reparto e inocentes niños disfrutaban los ricos huevos de Pascua componiendo unas bellas composiciones que los ilustradores reflejaban en sus postales.
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Dependiendo del poder adquisitivo de las familias, los huevos que llegaban a los hogares de Pascua eran diferentes: simplemente huevos cocidos, tintados con el agua de diferentes legumbres o verduras (cebollas para un color amarillento, remolacha para un color morado, espinacas para conseguir huevos verdes…) o huevos de chocolate o caramelo, con decoración simple o profusamente decorados o adornados, envueltos en papel de colores o en lujosos envoltorios como sedas atadas con bellos lazos.
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Las dulcerías y pastelerías llenaban sus escaparates con multitud de huevos de colores, haciendo de la Pascua una explosión de color sólo igualada por la decoración navideña.
 
Pero todo el mundo tenía su pequeño regalo dulce en Pascua, gracias a una tradición que ha llegado a nuestros días y se ha introducido poco en poco en la cultura de países en la que no existía, como en España donde los alegres huevos de Pascua conviven con el Roscón de Pascua haciendo las delicias de los más golosos.
Feliz Pascua a todos los subscriptores y visitantes de La Casa Victoriana.
Recordad que seguimos en nuestras Redes Sociales hablando del mundo victoriano y sus protagonistas.
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Londres rico, Londres pobre

“Two nations; between whom there is no intercourse and no sympathy; who are as ignorant of each other’s habits, thoughts, and feelings, as if they were dwellers in different zones, or inhabitants of different planets; who are formed by a different breeding, are fed by a different food, are ordered by different manners, and are not governed by the same laws.

(Dos naciones; que no tienen nada en común y ninguna afinidad; que ignoran el modo de vida, pensamientos, y sentimientos de la otra, como si ellos  habitaran en zonas diferentes, o en planetas distintos; como si fueran criaturas distintas, alimentadas por  alimentos diferentes, regidas por modales diferentes, y no fueran gobernada según las mismas leyes)

Sybil, or the Two Nations (1845), Disraeli

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Londres rico

Tres eran los barrios más opulentos del West End del Londres victoriano: Berkerley Square, Belgravia y Hyde Park. En ellos era fácil encontrarse a las damas paseando con sus elegantes vestidos protegiéndose del sol con sus elaboradas sombrillas, y a los caballeros con sus chisteras dirigiéndose en sus carruajes a sus negocios de venta, bufetes o bancos.

En los parques, por las tardes, las niñeras cuidaban de los niños o paseaban a los bebés, cubiertos con cálidas mantas o colchas bordadas, en grandes cochecitos de paseo.

Por las noches, elegantes landós, circulaban por las calles tenuemente iluminadas por las farolas de gas, llevando a los adinerados victorianos de vuelta a casa tras las cenas y fiestas que se celebraban en casas privadas o en los locales londinenses de moda, muchos de ellos de dudosa reputación.

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Vía Pinterest

Belgravia era el centro neurálgico de la riqueza victoriana y eduardiana, y aún hoy, es uno de los barrios más caros no sólo de Gran Bretaña sino del mundo entero.

En un principio esta zona era conocida como Five Fields, los Cinco Campos, y alguno de sus barrios eran realmente peligrosos y feudo de bandidos y delicuentes, que hacían que los victorianos más adinerados procuraran evitar vivir en las proximidades, sin olvidar las frecuentes inundaciones que llenaban los campos de barroy hacían que el alcantarillad se desbordase llenando las calles de aguas fecales, excrementos y un olor fétido.

Fue el constructor Thomas Cubitt quien vio las posibilidades de este barrio londinense, y con la ayuda del arquitecto George Basevi, diseñó las calles y plazas de Five Fields, convirtiéndolo en lo que hoy conocemos como Belgravia.

Teniendo como punto principal Belgravia Square, el barrio se llenó de magníficas plazas como Eaton Square, Chester Square o London Square, con bellos jardines, adornadas con destacadas estatuas. Las casas construídas eran elegantes edificios adosados de pocas alturas, (dos, tres o cuatro plantas), de diseño neoclásico, con líneas muy puras y sus característicos estucados.

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Vía Pinterest

La rica burguesía acogió con entusiasmo el nuevo barrio y la aristocracia lo convirtió en “su residencia de Londres”, ya que ellos vivían en sus casas de campo (y cuando hablamos de casas de campo no nos referimos a un coqueto cottage sino a “casas” tipo Downton Abbey). El West End y sus inquilinos empezaban a marcar la diferencia económica y social de Londres. Todo aquel que “era alguien” tenía su residencia en uno de los barrios de esta zona.

En barrios colindantes, mucho menos lujosos vivía la clase media, pequeños comerciantes con negocios de hostelería, mercaderes y profesionales liberales, cuyas familias no pasaban grandes necesidades, pero tampoco eran ricas, y aspiraban a codearse, algún día, con los habitantes de los barrios más lujosos de la ciudad.

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Vía Pinterest

Londres pobre

Frente a este lujo, elegancia y opulencia existía otro Londres radicalmente opuesto, el conocido como East End londinense, cuyo núcleo era Bethnal Green, y donde la esperanza de vida de un niño trabajador de este suburbio no alcanzaba más allá de ¡los 16 años!. De hecho la mitad de los niños del barrio fallecían antes de cumplir los 5 años.

En los barrios del East End como el ya mencionado Bethnal Green, Spitalfields o Stepney la pobreza, el hambre y la miseria eran los compañeros de vida diarios de sus habitantes. El maltrato a las mujeres y los niños, el alcoholismo y la prostitución no eran extraños a sus habitantes.

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Gustave Dore. Dudley street, 1872.

Estos barrios llenos de pobreza recibían el nombre de rookeries. En uno de ellos St.Giles, Charles Dickens situó su novela Bleak House.

En una de sus primeras visitas a Londres, el escritor Jack London se escandalizó de las condiciones de vida que vio en estos lugares; su Londres soñado que él identificaba con la elegancia británica, alternaba la belleza victoriana con una realidad que él no esperaba: hombres, mujeres y niños que buscaban comida podrida entre la basura para poder tener algo con lo que llenar sus estómagos.

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En las casas las familias vivían hacinadas, llegando a convivir hasta 12 personas en pocos metros cuadrados insalubres. Esto llevaba a que las enfermedades se contagiaran, la higiene fuera ínfima y el aire limpio no fluyera por las habitaciones en las que varios miembros de la familia tenían que compartir las camas. De hecho, en algunas casas se establecían horarios para poder descansar.

Por descontado, en estas casas, no existía ni agua corriente ni cuarto de baño. Las necesidades se hacían en calderos, cuyo contenido se arrojaba posteriormente a la calle, provocando un hedor insoportable. El reformista Edwin Chadwick relataba como, para poder acceder a sus casas, algunas personas, tenías que atravesar montañas de basura, en las que las ratas campaban a sus anchas, y hundir los pies hasta los tobillos en lodazales de excrementos.

Este ambiente nauseabundo y la falta de higiene provocaba enfermedades y epidemias como la peste, el cólera o el tifus que causaban miles de muertos.

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Vía Pinterest

 

Si uno era pobre no tenía mucha elección a la hora de escoger trabajo; las mujeres solían trabajar como costureras, un trabajo nada deseable porque sus horas cosiendo eran casi interminables y estaban muy mal pagadas pero al menos era un trabajo limpio y a cubierto.

Uno de los peores oficios era el de tosher, cuya ocupación era hurgar en las alcantarillas, en busca de cualquier cosa de un mínimo valor, desde pequeños objetos de metal, botas o zapatos viejos o monedas. Además se encargaban del mantenimiento del deficiente alcantarillado londinense.

Para hacer su trabajo, os toshers caminaban horas y horas entre la basura de la alcantarillas; pero a veces las cosas se complicaban y morían de una enfermedad infecciosa que habían contraído – por ejemplo, la mordedura de una rata -, ahogados por las aguas subterráneas, o si quedaban atrapados en alguno de los túneles, devorados por las ratas. Ser tosher era un trabajo muy peligroso.

De todos modos, los toshers eran grupos de hombres rudos, muy respetados entre su gente e, increíblemente bien pagado por los contratistas.

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Toshers en las alcantarillas de Londres. Vía Pinterest.

Un trabajo muy parecido al de los tosher lo desarrollaban los mudlark, que hurgaban en el barro y el lodo que se posaba a las orillas del Támesis. Este trabajo, muy peligroso, era desempeñado principalmente por niños.

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Mudlarks entre el barro del Támesis. Vía Wikipedia.

Pero si había un grupo de victorianos maltratados por la pobreza esos eran los niños; el trabajo infantil alcanzaba casi al 100% de los niños que vivían en una situación de pobreza y eran mayores de 6 años: el trabajo en las minas de Gales, en las fábricas textiles del norte o en las chimeneas de las mansiones londinenses. Por supuesto, la mayoría de ellos no acudía a la escuela y no sabían ni leer ni escribir.

Su pequeña constitución hacía que fueran los deshollinadores (chimney sweepers) perfectos, ya que podían introducirse y trepar por las chimeneas con más facilidad que un adulto, pero era común que los pequeños quedaran atrapados, muriendo ahogados por el hollín. Si no era así, el hollín que iba llenando sus pulmones les provocaría una muerte dolorosa en pocos años.

Estos niños, además de mal pagados, eran maltratados con palizas, pinchándolos con objetos afilados para que siguieran trabajando o metiendo su cabeza en calderos de agua helada si por el cansancio se quedaban dormidos.

Sweepers. Vía Pinterest.

Las niñas, que no trabajaban en fábricas solían ser vendedoras callejeras o ayudaban en casa a sus madres cosiendo o ocupándose de sus hermanos y las labores caseras mientras ellas trabajaban sin descanso.

Muchas de ellas trabajaban en fábricas de cerillas. Es célebre el artículo de Annie Besant, la política socialista inglesa, que describía las condiciones infrahumanas de casi esclavitud en la que vivían esas niñas, y la grave enfermedad que contraían en las fábricas a causa de los productos químicos con los que trabajaban.

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Niñas trabajadoras. Vía Pinterest.

Muchos de estos niños escapaban de sus trabajos y se convertían en ladrones y rateros. Pero ni malviviendo así eran libres. Como describió Dickens en algunas de sus novelas, había desalmados que creaban bandas de rateros que tenían a los niños trabajando para ellos, a cambio, de no enviarlos a aquellas casas de maltrato y terror que eran los orfanatos victorianos.

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El Londres victoriano eran dos ciudades en la misma ciudad, en la que convivían la riqueza y la elegancia con la miseria más absoluta.

 

 

 

 

Feliz día de San Patricio

La Casa Victoriana desea a sus seguidores y subscriptores un feliz día de San Patricio.

Y para celebrar el día más verde del año, no dejéis de seguirnos en nuestras Redes Sociales, donde publicamos las mejores imágenes de cultura moda y sociedad de las épocas victoriana y eduardiana.

 

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Día internacional de la mujer trabajadora

Desde La Casa Victoriana queremos celebrar el Día internacional de la mujer trabajadora, con un cuadro de George Dunlop Leslie titulado Her First Place, recordando que aún queda mucho por hacer en la lucha de los derechos de las mujeres en los ámbitos laborales y salariales y en el reconocimiento del respeto social como personas y trabajadoras.

¡Feliz día de la mujer a todos nuestros seguidores y visitantes!

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Vivamos como victorianos

En estas fechas de Carnaval muchas personas aprovechan para vestirse con más o menos acierto de diferentes trajes de época.

Una persona puede disfrazarse de victoriana, también puede recrear la época o puede ¡vivir como un victoriano!

En esta nueva entrada de La Casa Victoriana vamos a conocer a personas de diferentes nacionalidades que han elegido recrear el modo de vida victoriano en su día a día. Algunos de ellos llevan una vida “normal” con trabajos corrientes, y cuando salen de su trabajo y llegan a casa se produce la transformación: cambian sus ropas siglo XXI por ropa siglo XIX y disfrutan de sus hogares decorados al estilo victoriano.

Algunos lo llevan más allá y viven su día a día como victorianos, sin importarle los comentarios, e, incluso, han llegado a hacer de su curiosa forma de vida su trabajo. Veamos algunos ejemplos.

Sarah y Gabriel Chrisman

Sarah y Gabriel son dos apasionados de la época victoriana, que llevan su pasión al extremo de vivir, vestirse y comportarse como victorianos las 24 horas del día. La pareja vive en Washington, en una casa de estilo arquitectónico victoriano americano, y decorada, ¡faltaría más!, con todos y cada uno de los detalles victorianos recreados hasta el último detalle, desde los materiales hasta las telas.

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Fotografía de la web This Victorian Life

Ambos dejan muy claro en su web que no son actores representando un papel, sino dos “personas normales” que han incorporando lo victoriano en su día a día. Están especialmente orgullosos de sus “artefactos” de época, como sus preciosas bicicletas, o su cocina victoriana, en la que cocinan platos según las recetas de la época.

Entrar en casa de los Chrisman es sumergirse en una casa de época donde nada es incongruente con la época, ni la casa, ni la decoración, ni los objetos ni sus habitantes.

Esta es su web, donde podéis ver su casa, además de otros vídeos sobre día a día y sus actividades: This Victorian Life

Sarah es tremendamente popular en Estados Unidos ya que es una asidua de los programas de televisión que requieren su presencia para hablar de diferentes usos y costumbres del siglo XIX. Su fama no viene dada sólo por su estilo de vida, sino porque se ha convertido en una autora de diferentes best sellers relacionados con la época victoriana.

Algunos de sus libros más populares de no ficción tienen como temática diferentes costumbres de la época victoriana:

  • This Victorian Life: Modern Adventures in Nineteenth- Century Culture, Cooking, Fashion and Technologies.
  • True Ladies and Proper Gentlemen: Victorian Etiquette for Modern Day Mothers and Fathers, Husbands and Wives, Boys and Girls, Teachers and Students, and More.
  • Victorian Secrets: What A Corset Taught Me About the Past, The Present and Myself
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Fotografía de la web This Victorian Life

También ha hecho incursiones en el mundo de la ficción con una serie de libros titulados The Tales of Chetzemoka, con el nexo común de un club victoriano de ciclismo, de hecho todos los libros llevan como subtítulo A Victorian Cycling Club Romance, de la que ha editado varios volúmenes con éxito.

Además, el matrimonio ofrece servicios de consultoría histórica, presentaciones y organización de eventos, entre otros.

Os dejo un vídeo para que podáis ver una entrevista con los Chrisman. Está en inglés, y se pueden activar los subtítulos (en inglés, también).

Victorian Secrets

Peter Sauders

Peter Sauders es un hombre británico de 36 años, cuyo sueño siempre fue vivir en una casa de estilo victoriano: Como arquitectónicamente no encontró en la ciudad ninguna casa que cumpliera sus expectativas, Peter decidió comprar un cottage y convertirlo en su hogar victoriano.

Durante el día, trabaja como informático, pero cuando acaba su jornada laboral y entra en su hogar, Peter se transforma en un verdadero victoriano, no sólo porque su casa parece sacada de un libro de historia del siglo XIX, sino porque cambia su ropa con un vestuario más acorde con su nuevo hogar.

En este vídeo podéis cómo vive Peter: El refugio victoriano de Mr. Saunders

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Fotografía de Il Sussidiario.net

Peter admite que, a pesar de su pasión por lo victoriano, hay algunos inventos modernos de los que no es capaz de prescindir: el congelador, la nevera y la calefacción central.

Uno de los méritos de Peter fue la decoración; ante la imposibilidad de encontrar muebles y objetos de decoración originales de la época -unas veces por la dificultad para localizarlos y otras por los elevadísimos precios que tienen en el mercado- este victoriano moderno decidió hacer él mismo la mayor parte de su mobiliario, incluidas las alfombras que confeccionó de acuerdo con patrones y modelos de la época.

Su último proyecto ha sido crear una preciosa tienda de ultramarinos de estilo victoriano en su propiedad, en la que no falta detalle. Además este grocery victoriano está abierto al público, y sus productos pueden ser adquiridos on line, y a través de Facebook,  lo cuál no es muy victoriano, pero sí una buena publicidad para lograr publicidad y clientela.

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Fotografía de http://www.express.co.uk

En el enlace que os dejamos podéis observar la preciosa caja registradora y el aire decimonónico del que ha impregnado todo el local.

La casa y el ultramarinos de Peter Saunders

Toda esta renovación para hacer de su casa una antigüedad de catálogo le ha costado sus ahorros y gran parte de sus ingresos, pero ha podido cumplir su sueño.

Estos son dos ejemplos de personas del siglo XIX que han decidido viajar al siglo XIX: Sarah y Gabriel con una inmersión en toda regla en la época, viviendo como victorianos las 24 horas del día, y Peter haciéndolo cuando sale de su trabajo.

Pero, yo me pregunto, ¿también han prescindido del ordenador y los smartphones? Permitidme que lo dude…

Dimes cómo eres y te diré tu pareja ideal

En cuestiones amorosas los victorianos eran realmente curiosos, y, antes de embarcarse en una relación amorosa analizaban todos los pros y contras para evitar que esa relación pudiera ser un fracaso. Y, para ello, utilizaban todos los estereotipos que tenían a su alcance.

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Vía Pinterest

El ideal de mujer de esta época, representado por las heroínas de las novelas de Brönte, Dickens, Gaskell o Collins, por poner algunos ejemplos, era una mujer bonita, agradable, de constitución pequeña y delicada, recatada, con gracia, tranquila pero capaz de afrontar los contratiempos y sinsabores de la vida con gran valentía y fortaleza, enfrentándose a todos ellos con gran resolución y principio morales.

Por el contrario, el hombre ideal, el héroe romántico, era todo un caballero, alto, fuerte, protector, honesto, valiente, con grandes cualidades morales, aunque siempre era un aliciente que tuviera un pasado misterioso y una personalidad ligeramente atormentada.

Lejos de los ideales novelescos, en el complementario estaba el éxito: una persona irritable y nerviosa debería buscar a otra tranquila y comprensiva, y una persona demasiado sensible e insegura a alguien de carácter fuerte y resolutivo.

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Vía Pinterest

Pero no sólo importaba el carácter a la hora de elegir  a una pareja, sino que también era fundamental prestar atención a  las características físicas de cada una de ellas.

El Profesor Thomas E. Hill nos la recuerda en su The Essential Handbook of Victorian Etiquette, y seguro que muchas de ellas, además de sorprendernos, nos dibujarán una sonrisa.

Una de las peculiaridades que se analizan son el color de los ojos: si uno de los miembros de la pareja tuviera los ojos grises, azules, negros o color avellana nunca deberían casarse con alguien que tuviera el mismo color de ojos.

Además si el color de ojos fuera muy intenso,  elegir una pareja con el mismo color de ojos sería un tremendo error para la felicidad futura de la pareja.

El pelo rojo indica una personalidad nerviosa e inestable, por lo que una persona pelirroja debería buscar una pareja con el pelo negro azabache, ya que su carácter sería complementario y dotaría de estabilidad a la unión.

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Vía Pinterest

Una persona de pelo claro y fino, con una piel suave y delicada denotaba un carácter sensible; casarse con alguien con las mismas características físicas traería la ruina a su relación, ya que el carácter endeble de ambos haría imposible hacer frente a los momentos difíciles de la vida en pareja. Su pareja ideal sería alguien con el pelo y la piel más oscuros, ya que estos denotaban un carácter más fuerte y firme.

Lo mismo sucedía con las personas de pelo lacio; su complementario ideal sería una persona con el pelo fuerte y, a poder ser rizado.

Si alguien tenía el óvalo de la cara alargado y delgado debía buscar a alguien de cara redonda, y si la nariz era chata su ideal era una persona con una nariz con personalidad, a poder ser con el típico perfil romano.

Si el rostro era huesudo, con mandíbula prominente y rasgos muy marcados, con nariz sobresaliente, frente ancha, ojos hundidos y complexión delgada, NUNCA podía tener éxito con una persona con características similares, ya que estos rasgos reflejaban frialdad, un carácter severo y ausencia de sensibilidad. Por lo tanto, las personas con este tipo de peculiaridades físicas deberían esforzarse en buscar una pareja con el óvalo de la cara redonda, mejillas sonrosadas, nariz pequeña y silueta redondeada, rasgos identificables con la calidez y la dulzura. Así la calidez calentaría la frialdad del otro y el matrimonio complementaría su carácter.

La herencia en los rasgos también tenía su importancia: si una mujer había heredado los rasgos físicos de su padre, nunca debía buscar un hombre con rasgos similares a los de su progenitor, sino buscar a alguien cuyos rasgos fueran más coincidentes ¡con los de su madre!

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Vía getty.com

Pero, ¿qué sucedía si una persona no tenía rasgos especialmente destacables? Por ejemplo, los ojos de una persona podían ser ni muy azules, ni muy verdes, ni muy negros, o su pelo ni demasiado, rubio, ni demasiado negro ni pelirrojo. Pues, estas personas, lo tenían muchísimo más fácil, ya que podía emparejarse con personas de rasgos similares a ellas, así tenían mucha menos dificultad en encontrar una pareja ideal.

Como podéis ver, en la época victoriana el amor no sólo era una cuestión del corazón sino que para encontrar a la pareja apropiada ¡había que hacer un estudio anatómico completo del candidato!

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Vía Pinterest

Qué tengáis un San Valentín muy feliz y victoriano. Y para felicitar a todas aquellas personas por las que sintáis amor, en la página de Pinterest de La Casa Victoriana tenemos un tablero lleno de preciosas postales de San Valentín victorianas con preciosas ilustraciones.

Tarjetas Victorian de San Valentín