Lord y Lady Blessington

En todas las épocas de la historia han existido personajes, que por diferentes razones se convirtieron en un punto de referencia para sus contemporáneos, que vieron en ellos alguien a quien imitar ya que con sus actitudes, gustos o simplemente sus ropas creaban tendencia. Este es el caso de Lord y Lady Blessington, un matrimonio muy popular en el periodo conocido como Early Victorian, y del Conde D’Orsay con el que se relacionaron íntimamente.

Lord y Lady BlessingtonMargaret Power de soltera, Margaret Farmer, después de su primer matrimonio, o Marguerite Condesa de Blessington, nombre afrancesado y título que adoptó después de su matrimonio con el Conde de Blessington – fueron dos de los personajes imprescindibles en los salones de la alta sociedad victoriana, durante la primera mitad del siglo XIX.

Su relación con el Conde D’Orsay, conocido dandy de la época, hombre con un destacable encanto personal y no menos talento, dio pie a rumores, escándalos y envidias entre sus coetáneos. Su historia forma parte de la crónica no sólo social, sino intelectual de los inicios de la época victoriana.

Lord Blessington era un conde irlandés, descendiente lejano de los Estuardo escoceses, que había heredado propiedades en Irlanda y Escocia que le proporcionaban una magnífica renta anual.

Sus gustos extravagantes, de los que ya hacía ostentación desde edad temprana, y su pasión por el exhibicionismo se vieron aumentados por el hecho de recibir una cuantiosa herencia, convirtiendo su vida en casi un desfile, donde el conde siempre llamaba la atención por sus llamativos ropajes o complementos de ultimísima moda. En los salones victorianos el Conde de Blessington nunca pasaba desapercibido.

Su excentricidad hizo que se construyera un teatro en su hacienda irlandesa, en el cual se representaban obras teatrales. Estas obras eran representadas por compañías de actores londinenses contratadas especialmente para la ocasión.

El propio conde se mezclaba con los actores y actrices, pues le encantaba vestirse y «desfilar» con los ropajes más exóticos, desde príncipe oriental a emperador romano. El gran deseo del conde era «ser visto», lo que se convirtió casi en una obsesión.

Tanto le gustaba la vida del escenario que pidió en matrimonio a una bella actriz de la época Mary Campbell Brown; ante la imposibilidad de casarse, pues ella ya lo estaba, decidieron vivir juntos, con el consiguiente escándalo entre la alta sociedad victoriana, y  tuvieron dos hijos, considerados ilegítimos por la ley. Cuando el marido de ella murió, se casaron y Mary se convirtió en la Condesa de Blessington, dando a luz, poco después, a los dos únicos hijos considerados legítimos del matrimonio: una niña, Harriet, y un varón, el heredero del título de conde.

Poco duró la felicidad del matrimonio, pues Mary Campbell murió al poco tiempo y a la muerte de ella le siguió la de su hijo legítimo, dejando al conde viudo a la edad de 40 años y sin un heredero para el condado de Blessington.

Pero ni siquiera la tristeza aplacó los deseos de exhibicionismo y de llamar la atención del Conde: se gastó en la ceremonia fúnebre de su mujer la exorbitante cantidad 4000 libras de la época, siendo el entierro de la esposa del conde uno de los acontecimientos más destacados y comentados del momento.

Pero poco le duró el luto al conde, que poco después estaba disfrutando de la agitada vida social londinense y derrochando su fortuna en caprichos cada vez más ostentosos. Fue en esta época en la que una bellísima mujer llamada Margaret Power, o Margaret Farmer, su nombre de casada, a quien ya había conocido hacía años, volvió a cruzarse en su vida.

Margaret Power era la cuarta hija de un terrateniente irlandés que encarnaba todos los vicios de la época: pendenciero, violento, bebedor y derrochador, que arruinó y aterrorizó a su familia hasta el día de su muerte.

En un baile del Regimiento de Infantería ,el capitán Maurice St.Leger Farmer, conocido entre sus compañeros por su carácter violento e intratable,  se encaprichó de Margaret hasta la obsesión, aunque  en aquel momento sólo tenía catorce años. Ante la negativa de la joven a casarse con él, concertó un matrimonio directamente con su padre a cambio de dinero. Su padre, que vio no sólo la posibilidad de deshacerse de uno de sus hijos sino de ganar algo de dinero con ello, aceptó inmediatamente, por lo que la joven Margaret se vio obligada a casarse con el capitán.

En su vida de casada, Margaret sufrió todo tipo de crueldades por parte de su marido, tanto de tipo físico como psicológico, realmente más de lo que pudo soportar, por lo que regresó a casa de padres, donde a pesar de ser recibida con reproches se sentía a salvo de la violencia de su marido y con el suficiente dinero, que éste le había dado, para vivir dignamente.

Margaret pronto abandonó Irlanda y se mudó a Londres donde se encontró a algunas personas relevantes que había conocido durante su matrimonio en Irlanda. Además, la niña delgada y paliducha se había convertido en una bella dama con ambiciones artísticas y literarias. Pronto el viudo Lord Blessington quedó encandilado de Margaret Farmer, y a la muerte del marido de ésta, contrajeron matrimonio.

De la mano del Conde de Blessington, Margaret, ahora convertida en Marguerite, Condesa de Blessington, se introdujo en los salones y fiestas de la alta sociedad victoriana, donde pronto comenzó a destacar por su ingenio, su belleza y su estilo. Lady Blessington era el punto de referencia de las mujeres de la época en cuanto a moda y complementos, y todo cuanto la Condesa hacía o llevaba creaba rápidamente tendencia.

Pronto Lord y Lady Blessington se convirtieron en imprescindibles en cualquier acto de relevancia y sus fiestas en todo un acontecimiento. Lady Blessington, con su exquisito gusto, organizaba fantásticas veladas a las que acudían desde políticos a los artistas más relevantes del momento. Pero este estilo de vida conllevaba un gasto ingente y el conde se vio obligado a hipotecar parte de sus propiedades y a acudir a prestamistas.

Todo ello no hubiera sido necesario si los condes hubieran hecho una correcta administración de sus rentas. Pero al Conde le gustaba destacar en sociedad y vivir con todo tipo de excentricidades, y Lady Blessington lo apremiaba para organizar las más llamativas fiestas de Londres y ser la mejor de las anfitrionas, no en vano se había casado  con el conde a los 28 años y en la plenitud de su belleza no por amor sino para escapar de una vida miserable, ascender en la escala social y acceder a los salones victorianos de clase alta de Londres.

Pero Margaret pronto se aburrió de su marido, un hombre sin ninguna inquietud artística, y del ambiente londinense que dejaron de tener interés para ella. Así que le propuso al conde un viaje por Europa, a lo que él, siempre dispuesto a las novedades, accedió.

En una de las etapas de su viaje conocieron al Conde D’Orsay. Marguerite y D’Orsay se sintieron profundamente atraídos uno por el otro. Lord Blessington, por paradojas de la vida, se convirtió en un admirador del talento y el estilo de D’Orsay, un referente en moda masculina y estilo para todos los caballeros de la época. Tanta fue su admiración que le propuso, a cambio de la exagerada cantidad de 40,000 libras, un matrimonio con su hija Lady Harriet, una joven de 14 años, a lo cual D’Orsay accedió, a pesar de estar profundamente enamorado de Marguerite.

Se cree que la verdadera razón de la aceptación del matrimonio por parte de D’Orsay fue acallar el escándalo que su relación con Lady Blessington había provocado en la conservadora sociedad victoriana. Casándose con la hija tenía una excusa para estar cerca de la madrastra.

A la muerte de Lord Blessington, D’Orsay se vio obligado a seguir con su matrimonio, concertado y aparentemente no consumado, con la hija del Conde y a no poder vivir su relación con la viuda Lady Blessington. Algunos años después renunció a su mujer y decidió vivir definitivamente con Marguerite a pesar del escándalo.

La notable pareja, ella como la perfecta y elegante anfitriona, él como un oráculo de la moda y el estilo, pronto convirtió su hogar de Gore House en el punto d referencia de todos los artistas, intelectuales y notables de la época. Eran la pareja «fashionable» del momento y todos querían formar parte de su círculo de amistades.

Pero, a pesar de que D’Orsay era un pintor con talento  y Lady Blessington escribía novelas – su libro que ha pasado a la posteridad es Conversaciones con Lord Byron – las rentas de las que disponían no podía soportar todas las excentricidades y lujos con los que vivían, por lo que las deudas y los acreedores se acumularon pronto, viéndose obligados a vender sus obras de arte, porcelanas, volúmenes de su biblioteca e incluso sus muebles. La situación se volvió muy crítica y el Conde D’Orsay marchó a París para pedir ayuda a Luis Bonaparte del que siempre había sido fiel partidario. La ayuda llegó demasiado tarde.

Lady Blessington, la mujer que había sido la referencia del Londres más moderno e intelectual, murió arruinada en 1849; tres años, en 1852, después D’Orsay murió en París.

(Este post está dedicado a Laura, que de alguna manera me sugirió la idea para hablar de Margaret Farmer y de su influencia sobre las mujeres de la alta sociedad victoriana)

Amelia Bloomer

Aunque hoy en día muchos sólo recuerdan a Amelia Bloomer como la creadora de una moda revolucionaria en su época, los bloomers – conocidos en español como pantalones bombachos -, Bloomer fue también una incansable defensora de los derechos de la mujer en una sociedad para la que una mujer era sólo el pilar de la familia, y trataba de dejar en un segundo plano sus facetas culturales, creativas, políticas o trabajadoras.

Merece la pena conocer un poco más sobre esta sobresaliente mujer, que no sólo luchó por las mujeres desde un punto de vista social, sino que incluso intentó cambiar la rígida moda victoriana por prendas más cómodas y apropiadas para las diferentes actividades a las que la mujer se estaba incorporando.

La activista por los derechos de las mujeres, Amelia Jenks Bloomer nació en Homer, New York en 1818. Cuando tenía 22 años se casó con el abogado norteamericano Dexter Bloomer, quien la animó a defender sus ideas a través de su periódico The Seneca Falls Courier y a colaborar activamente en la defensa del sufragio femenino y los derechos de las mujeres a través de oranizaciones femeninas del área de Seneca Falls, llegando a participar en la famosa Seneca Falls Convention en 1848 (esta convención paso a la posteridad por ser la primera en la que se defendieron los derechos de la mujer en todos los ámbitos sociales y de la que salió el documento Declaration of Sentiments, donde se recogían los puntos fundamentales acordados en esa reunión)

En Enero de 1849, animada por Elizabeth Cady Stanton y Susan B. Anthony – otras defensores de los derechos de la mujer, comenzó a publicar su propio periódico The Lily, una publicación completamente dedicada a la mujer y a sus intereses y desde donde intentaba enfocar los temas femeninos – educación, disciplina, moda y sufragio – desde un punto de vista reformista, reclamando un papel más destacable e igualitario de la mujer en la sociedad.

En 1850. a través de su periódico, presentó un nuevo estilo de vestuario para las mujeres «activas» inspirado en los trajes tradicionales turcos. La presentación de sus pantalones para mujeres  provocaron una oleada de indignación entre la sociedad e insultos de la prensa – de hecho existe la expresión «making a bloomer « que podría traducirse como meter la pata, cuyo origen fue la presentación de los citados pantalones y que toma el apellido de Amelia como parte de la expresión.

Amelia Bloomer

Estos pantalones eran como unas enaguas largas, flojas y ligeramente hinchadas que se estrechaban en el tobillo; sobre ellas iba una falda más corta que las habituales faldas victorianas. Aunque el diseño desde el punto de vista estético puede resultar discutible, lo cierto es que resultaban cómodos y fueron la antesala de los pantalones para uso femenino.

Fueron muchas las mujeres que se atrevieron a usarlos, a pesar de ser ridiculizadas y de las burlas que tuvieron que soportar; algunas los usaban por el convencimiento de que representaban un avance para la comodidad de las mujeres lejos del encorsetamiento que imponía la moda victoriana; otras lo hicieron por reivindicación, usando los «bloomers» como un símbolo de la igualdad de  derechos de la mujer.

Pero fueron las feministas las primeras en dejar de usarlos, ya que pensaron que los bloomers estaban desviando la atención de sus reivindicaciones  y tenían miedo no ser tomadas en serio por sus ideas.

Así, el bloomerismo – termino acuñado en la época para denominar esta moda – fue perdiendo adeptos, pero sorprendentemente volvió para convertirse en todo un fenómeno representante de lo moderno, en 1890, con la llegada de la «fiebre de la bicicleta», ya que era mucho más cómodo montar en bici con bloomers y no con faldas. Eso sí, su renacer trajo consigo alguna variación estética, como un tejido más adecuado, como el tweed, y la supresión de la falda superpuesta.

Después del revuelo causado por los revolucionarios pantalones, Amelia y su marido se mudaron a Ohio, donde él publicó Western Home Visitor y ella vendió su The Lily.  Un par de años después se mudaron a Iowa; pero en ambos lugares y a pesar de no tener ya su propia publicación Amelia Bloomer siguió participando activamente a favor de los derechos de la mujer y colaborando con grupos y asociaciones sufragistas. Murió el 31 de Diciembre de 1894 en Council Bluffs, Iowa.

Feliz Día de Pascua!

Feliz Día de Pascua Victoriano!

Durante siglos en la celebración de la Pascua se han mezclado las tradiciones paganas y cristianas. Desde la antigüedad, en esta época del año se celebraba la fiesta del renacer y de la fertilidad que implicaba la llegada de la primavera, bendecida por la diosa Oestre.

Al mismo tiempo, los Cristianos recordaban la pasión y resurrección de Cristo, en una celebración cargada de simbología religiosa.

Ya fuera desde un punto de vista más pagano, como desde un punto de vista religioso la Pascua está llena de tradiciones que se han ido entremezclando y muchos países han importado los símbolos y celebraciones de otros países.

La tradición de regalar huevos, viene desde muy antiguo, ya que eran considerados como un símbolo de la fertilidad.  En la época medieval se extendió la costumbre de pintar y decorar los huevos antes de ser regalados. Esta costumbre de decorar los huevos fue el origen, en el siglo XVIII,  de una de las obras maestras de la joyería, diseñadas por el joven joyero francés Peter Carl Faberge y su taller de orfebrería: los huevos Fabergé.  Para la celebración de la Pascua Rusa y por encargo de los zares, los artesanos de Fabergé crearon 69 huevos, de los que hoy se conservan 61, y que son considerados piezas de alta joyería.

Fue también en el siglo XVIII, cuando los pasteleros franceses crearon los huevos de chocolate, que se hicieron rápidamente populares por toda Europa y se convirtieron en uno de los regalos más deseados por los niños victorianos.

El famoso Conejo de Pascua o Easter Rabbit, tan popular en la época victoriana, tiene su origen en la tradición germánica: el conejo como símbolo de la fertilidad. En esta época el Easter Rabbit repartía huevos de chocolate entre los niños que había sido buenos durante el año, o bien los escondía por la casa y el jardín y los niños tenían que encontrarlos.  Este es el origen del popular juego de Pascua Easter Egg Hunt.

Aunque en la actualidad se pueden encontrar los bollos de Pascua a  la venta durante todo el año, los dulces hot cross buns ( cuya cruz de adorno tenía un claro significado religioso) es una receta de pastelería típica de esta época del año y realmente popular entre la sociedad victoriana. Los vendedores de los hot cross buns, ofrecían este rico bollo por las calles con una pegadiza cantinela para atraer a los clientes: ‘Hot cross buns, hot cross buns, one a penny two a penny hot cross buns».

La Pascua tenía, además, su propia flor característica: el lirio blanco, que representaba la pureza. Todas las casas se adornaban con un ramo de lirios blancos y en los servicios religiosos de Semana Santa no faltaban estas flores que embellecían las iglesias y capillas.

Fueron también los victorianos, a los que les gustaba recordar todas las fechas especiales con cards, los que pusieron de moda el envío de tarjetas para felicitar y conmemorar la Pascua.

Feliz día de San Patricio!

El 17 de Marzo la comunidad irlandesa en todo el mundo conmemora la festividad de su patrón, San Patricio.

Happy St. Patrick’s Day, wearing green!

El día de San Patricio comenzó a celebrarse como una fiesta religiosa, que conmemoraba el día del patrón de los irlandeses pero a partir de 1903 se convirtió en una fiesta nacional. En este día, no sólo en Irlanda, sino en muchos otros lugares con numerosa población irlandesa, se celebran desfiles en los que las ciudades se tiñen del color verde distintivo de Irlanda.otros lugares con numerosa población irlandesa, se celebran desfiles en los que las ciudades se tiñen del color verde distintivo de Irlanda.

Aunque en un primer momento, el color asociado a San Patricio fue el azul, en los primeros años del siglo XVII, se fue incorporando paulatinamente el color verde en la ornamentación de la festividad, así como en el color de los adornos y complementos de los participantes, que solían portar cintas y lazos de color verde. Del mismo modo, el trébol de tres hojas se convirtió en el símbolo de la fiesta; la leyenda cuenta que el santo utilizaba esta planta para explicar el misterio de la Santísima Trinidad.

La festividad de San Patricio se asocia fundamentalmente con Irlanda pero son muchos los países que organizan un desfile para conmemorar el día de San Patricio, entre ellos, Argentina, Canadá, Corea del Sur y, por supuesto, Estados Unidos – de hecho es en la ciudad de Nueva York donde se celebra el desfile más numeroso tanto en número de espectadores como de participantes.

En la Época Victoriana era costumbre enviar cards para conmemorar fechas destacadas, como la festividad de San Patricio,  por lo que cada año se publicaban con gran éxito nuevos diseños .

Feministas Victorianas

El 8 de Marzo, se conmemora el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

La celebración de este día conmemora la lucha de  las mujeres para conseguir el derecho de voto y el de ocupar cargos públicos, el derecho al trabajo, a la formación profesional y a la no discriminación laboral, así como el derecho a su integración en igualdad dentro de la sociedad y a su desarrollo íntegro como persona.

Durante el último siglo los avances en la consecución de estos derechos han sido grandes aunque, desgraciadamente, todavía queda mucho camino por recorrer.

En la época victoriana, con la llegada de la industria, la mujer participaba activamente en el mundo laboral, aunque su salario era sustancialmente más bajo que el de los hombres. El trabajo de la mujer no sólo se limitaba a la industria sino que tenía un papel preponderante en el mantenimiento de las clases medias y altas victorianas, ya que muchas de ellas trabajaban en el servicio doméstico, durante agotadoras jornadas a cambio de un sueldo ínfimo.

Además de las interminables horas de trabajo, las mujeres debían ocuparse de sus familias, a menudo numerosas, y de luchar contra las condiciones de pobreza e insalubridad en las que vivían en los barrios de casas baratas construidas  para los obreros de las fábricas.

A finales del s.XIX fueron muchas las mujeres que exigieron una participación más visible en el mundo político, ya que su participación en campañas políticas, tales como las demandas que promovía el Cartismo, ya eran muy activas – este movimiento trataba de luchar contra el selectivo y clasista sistema de votación, y, por ende, de representación, de la sociedad en el Parlamento Británico, pidiendo el derecho al voto de los hombres mayores de 21 años sin necesidad de ser propietarios , entre otras demandas .

Teniendo en cuenta su situación laboral, las mujeres decidieron formar sus propios sindicatos, y a través de ellos luchar por los derechos de la mujer como trabajadora y miembro de la sociedad civil.

Dos mujeres destacaron especialmente por liderar esta lucha feminista: Josephine Butler y Sarah Emily Davis.

Josephine Butler fue considerada una de las primeras feministas británicas. Desde su juventud se implicó en campañas para promover el acceso de las mujeres  de los estratos sociales más desfavorecidos a la educación. Una de las labores  por la que es principalmente recordada es por el intento de ofrecer cuidado y atención médica a las prostitutas. Desde sus creencias fervientemente cristianas, consideraba que las condiciones de miseria en las que sobrevivían estas mujeres con sus hijos eran algo intolerable. Josephine consideraba la prostitución como una forma de explotación masculina sobre las mujeres y denunciaba la doble moral victoriana que promovía la prostitución  y, al mismo tiempo,  perseguía y encarcelaba a las prostitutas.

Sarah Emily Davies, fue una figura fundamental dentro del feminismo británico por su defensa del derecho de la mujer a la educación, no sólo básica sino secundaria – las mujeres no podían presentarse a las pruebas para obtener una titulación mayor que la básica-  y, también,  universitaria. Su labor no sólo se ciñó al campo de la cultura sino también al de la política: fue una sufragista activa, que reclamó para las mujeres un papel determinante en un mundo político totalmente dominado por los hombres. Davies pensaba que la mejor manera de lograr sus objetivos era pasar a la acción, dando a conocer sus ideas y poniéndolas en práctica.  Creó el grupo de discusión Kensington Society y fundó la primera universidad para mujeres en Gran Bretaña, el Girton College, del que fue directora. Además editó una publicación feminista, The Englishwoman´s Journal.


Feliz San Valentín Victoriano!

St Valentine’s Day en la época Victoriana!

A principios del siglo XIX, las «cards» o tarjetas para celebrar y conmemorar fechas especiales o acontecimientos en las vidas de las familias se comenzaron a producir en grandes cantidades para satisfacer a un público a que les encantaba enviarlas y recibirlas.

Eran tremendamente populares las tarjetas de compromiso, para anunciar a familiares y amigos un enlace. Las imágenes que acompañaba a estas postales eran habitualmente una iglesia o anillos.

Para las tarjetas de San Valentín se pintaban cupidos, flores – cada flor tenía un significado para los victorianos -, corazones o un poema de temática amorosa.

La tradición mandaba que fuera el enamorado el que le enviase la tarjeta a la dama y no estaba «bien visto» que fuera la mujer la que le eviara una tarjeta a un hombre.

Mañana se celebra el día de San Valentín! Qué paséis un Feliz San Valentín victoriano!

Curiosidades de la Época Victoriana

SABÍAS QUÉ…?

Algunos de los objetos más comunes que acostumbramos a ver en nuestras playas durante el verano tienen su origen en la Época Victoriana. Ellos inventaron los cubos y las palas para jugar en la arena. Son también un invento victoriano las tumbonas o sillas para sentarse cómodamente en la playa y disfrutar de una jornada junto al mar. Los malecones y los paseos marítimos estaban llenos de victorianos, que buscaba el aire salubre del mar, en las épocas más cálidas. El primer helado de cucurucho o cornete se vendió durante la época victoriana.

SABÍAS QUÉ…?

Antes de la Época Victoriana cada ciudad tenía su propio horario. Ahora nos puede parecer sorprendente, pero no todas las ciudades británicas  se regían por el mismo horario. Fue la llegada del ferrocarril la que hizo necesario adoptar un horario común para todos aquellos lugares por los que pasaba, ya que se necesitaba elaborar un horario de trenes. Esto forzó que se adoptara un horario estándar para todo el país.

Para que los victorianos pudieran ajustar sus relojes a la hora , o simplemente para que pudieran saber la hora, era un reloj colocado en el ayuntamiento local o en las estaciones de trenes, el que marcaba la hora correcta.

Además, en esta época todavía no existían los despertadores, por lo que los trabajadores sólo tenían el ruido de las máquinas de las fábricas comenzando a ponerse en marcha,  para saber que era la hora de acudir al trabajo. Muchas empresas contrataban a «llamadores», cuyo trabajo era golpear las puertas de las casas de los obreros para despertarlos y hacerles saber que era hora de acudir al trabajo.

SABÍAS QUÉ…?

Uno de los shows más populares de la época era el protagonizado por William Frederick Cody, más conocido como Buffalo Bill.  Cody era la estrella principal de un espectáculo donde se mostraban temas del Oeste americano:  cowboys, danzas de guerra de los nativos americanos, exhibiciones de lazo y tiro, y una representación de un ataque a una diligencia. Algunos de los co-protagonistas del show eran la tiradora Annie Oackley y el jefe indio Sitting Bull – Toro Sentado.

SABÍAS QUÉ…?

Las Victorianas eran muy pudorosas en lo que se refería a su cuerpo. Las mujeres se preocupaban de tener sus piernas completamente cubiertas en todo momento. Que un hombre pudiera ver sus tobillos se consideraba inadecuado, incluso cuando iban a las playas se vestían con trajes que los cubrieran.

En la segunda mitad del siglo XIX, las damas Victorianas comenzaron a hacer sus faldas más y más anchas. Esto lo conseguían con la crinolina, una especie de falda de varillas de metal que cubrían después con varias enaguas y finalmente con una falda o vestido. Con los años la moda de las criolinas aumentó y las faldas se hicieron cada vez más anchas, hasta el punto de que era imposible para dos mujeres pasar a vez por una puerta!

SABÍAS QUÉ…?

El británico Thomas Cook fue un famoso empresario que creó la compañía de viajes que lleva su nombre. Su primer viaje, en 1841,  fue una salida organizada para celebrar un picnic y cubría la ruta de Leicester a Loughborough. A partir de 1880, y observando como a los victorianos les apasionaban los viajes y el conocer sitios diferentes de Inglaterra, y cuanto más exóticos mejor, empezó a organizar viajes por toda Europa y el norte de África, siendo uno de los destinos favoritos de sus viajeros Egipto. Thomas Cook fue uno de los pioneros en el rentable negocio del turismo.

Inventos de la Época Victoriana (III)

EL FONÓGRAFO

El francés Édouard-Léon Scott de Martinville patentó el primer aparato capaz de grabar una vibración sonora; pero aunque la grababa no era capaz de reproducirla. A este dispositivo se le llamó fonoautógrafo y era usado para determinar la frecuencia de un tono musical y para estudiar el sonido y el habla.

Thomas Edison patentó el fonógrafo en 1878. Este aparato podía no sólo grabar sino reproducir lo que grababa. La primera canción que se reprodujo fue Mary had a little lamb. En 1888, el americano Emile Berliner desarrolló el primer tocadiscos o gramófono. El gramófono se convirtió en el aparato de moda en los hogares victorianos de clase alta.

EL CALOTIPO

Las primeras fotografías se realizaron con el calotipo,  invento patentado en 1843 el británico William Henry Fox Talbot. Su invento proporcionaba imágenes poco nítidas y carecía de una escala de grises- que sí proporcionaría el Daguerrotipo desarrollado por Daguerre, pero el procedimiento para la obtención de imágenes era muy económica, fácil de usar y con un tiempo de exposición de «sólo» 30 minutos. Entre 1844 y 1846 Talbot público The Pencil of Nature, el primer libro ilustrado con fotografías. La foto inferior, obra de Talbot, se titula Schreiner in Lacock.

EL NEUMÁTICO

John Boyd Dunlop, inventor escocés, desarrolló  en 1887 el primer neumático con cámara de aire para el triciclo de su hijo de nueve años, cuando vivían en Belfast. Como el triciclo traqueteaba, Dunlop infló unos tubos de goma con una bomba de aire. Después envolvió los tubos de goma con una lona para protegerlos y los pegó sobre las llantas de las ruedas del triciclo. Patentó su invento del neumático en 1888. En 1870 se le comunicó que su patente había sido invalidada por el también inventor escocés Robert William Thomson, quien ya la había patentado en 1846. Después de litigar con Thomson, Dunlop recobró la patente del neumático y en 1889 formó la Dunlop Rubber Company para fabricar neumáticos de bicicletas.

La vida en la Época Victoriana

La Reina Victoria llegó al trono en 1837, y reinó durante 63 años. Su reinado ocupó el periodo conocido como Época Victoriana, llamado así en su honor; esta época es inmediatamente posterior a la Regencia y anterior al periodo Eduardiano. Durante su reinado Gran Bretaña experimentó grandes cambios que afectaron a todas las esferas de la sociedad:  política,  economía,  cultura, ciencia y a la sociedad en general.

Globalmente, el Imperio Británico se convirtió en el gobierno más poderoso, tanto a nivel político como económico, pues casi un cuarto de la población mundial estaba bajo el dominio británico.

Esta nueva expansión del Imperio se debió principalmente a la Revolución Industrial, con una floreciente industria del carbón, el hierro, el acero y el textil. A todo ello contribuyeron  nuevos inventos como la máquina de vapor, la nueva maquinaria textil – máquinas como la hiladora multi-bobina, más conocida como Spinning Jenny, facilitaron el incremento de la producción – y, posteriormente, la llegada de la electricidad. El campo experimentó grandes cambios, debido a que los métodos de cultivo y las herramientas empleadas para la cosecha y recogida, se modernizaron.

Pero si algo cambió el paisaje inglés y causó un gran impacto en el mundo victoriano fue la llegada de los  medios de transporte de masas, sobre todo el ferrocarril, que unió los diferentes puntos del país, transportando pasajeros y haciendo posibles las migraciones del campo a la ciudad y dinamizando el comercio con el transporte de mercancías.

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Steam locomotive. Deal Jackson.

LOS CAMBIOS SOCIALES

Paralelamente al esplendor del reinado de la Reina Victoria, Gran bretaña se vio sumida en un periodo de profundos cambios sociales: la aparición de la industria trajo consigo un aumento de trabajadores que se desplazaban del campo a la ciudad; las clases más desfavorecidas del mundo rural, buscaban una oportunidad de empleo en las fábricas para mejorar sus vidas. Pero aunque las empresas ofrecían trabajo, las condiciones laborales eran deplorables: sueldos muy bajos, lugares de trabajo peligrosos – eran comunes los accidentes, las quemaduras y la inhalaciones de gases y otras sustancias tóxicas que causaban graves enfermedades e incluso la muerte. El trabajo infantil era común – de hecho representaba el 25 por ciento de la población laboral activa. En 1844 un Acta prohibió que los niños de 9 a 13 años trabajaran más de 6,5 horas al día, y  las mujeres y los jóvenes de 13 a 18,  no más de 12 horas diarias.

William Powell Frith
Crossing  Sweeper. William Colin Firth

En las ciudades industriales aparecieron casas construidas para los trabajadores de las fábricas, baratas e insalubres, donde las  familias, habitualmente muy numerosas, vivían hacinadas en una habitación. Esto, unido a las infames condiciones laborales, trajo consigo una lucha por conseguir reformas sociales, que promulgasen los derechos de los trabajadores, una mejora de las condiciones de vida, educación, y participación en política. Los obreros canalizaron sus protestas a través de la creación de asociaciones de obreros, los Trade Unions, que buscaban mediante medidas de presión , como las huelgas, conseguir mejoras laborales.

Y en medio de todo ello, el mundo de las letras y de la ciencia emerge con algunos de los nombres más grandes que ha dado la la historia inglesa.

LA CASA VICTORIANA: ARRIBA Y ABAJO

Para los Victorianos la familia era el eje central de sus vidas, y el hogar, el lugar idílico donde cuidarla. El modelo familiar de esta clase media y alta era la propia Reina Victoria y su amado esposo Alberto. El matrimonio real y sus 9 hijos eran el espejo en el que las familias británicas se miraban: un hogar pacífico, amoroso y respetable. En el  rol familiar el padre era el encargado de mantener a la familia, y sus decisiones eran incuestionables. El papel de la mujer era el de ser buena esposa y madre – de hecho hasta 1882 una mujer casada era propiedad de su esposo; la mujer era como decía el poeta «el ángel del hogar». Un libro de referencia para todas ellas era Mrs Beeton’s Book Household Management, escrito por Elizabeth Beeton donde la autora daba consejos para convertir a la mujer en una perfecta ama de casa y anfitriona – sus libros llegaron a vender dos millones de copias. (Puedes obtener una copia de su libro en e-book en el catálogo del Project Gutemberg en el siguiente link http://www.gutenberg.org/etext/10136)

Queen Victoria and her family at Windsor CastleQueen Victoria and her family at Windsor Castle, Edwin Henry Landseer

Las familias eran, frecuentemente, numerosas y los niños eran criados con reglas estrictas, donde la obediencia era parte esencial de su educación. La vida de los niños se desarrollaba en las habitaciones de juegos o nurseries, donde las niñeras o nannies se ocupaban de sus lecciones , juegos y comidas.

La visita dominical a la iglesia y las veladas cantando alrededor del piano – todas las jóvenes eran instruidas en piano y canto – , jugando a las cartas, o haciendo labores mientras el padre leía en voz alta pasajes de la Biblia, eran parte de la vida cotidiana de la familia victoriana.

Los sirvientes vivían en la planta baja. El número de sirvientes en una casa dependía de la capacidad económica de la familia. Las familias de clase alta contrataban a un gran número de sirvientes; cada uno de ellos usaba un uniforme diferente según su trabajo y su rango dentro del staff de los sirvientes. Todos ellos se reunían en el hall habilitado para ellos.

LA CLASE TRABAJADORA

Evidentemente, la vida de la clase trabajadora era más dura, y su principal ocupación en la vida era la supervivencia. En una familia de clase baja trabajaban habitualmente todos los miembros. Los niños desarrollaban múltiples trabajos, algunos muy peligrosos y de extraordinaria dureza. Las mujeres, cuyos salarios eran menores a los de los hombres, trabajaban como sirvientas, costureras o en la industria textil; incluso hubo mujeres que trabajaban en las minas, aunque la rígida moral victoriana consideraba que no era un trabajo propio de mujeres, no por los riesgos que entrañaba, sino porque creían que la cercanía de hombres y mujeres en un espacio reducido no era moralmente aceptable. Aquellas mujeres que habían tenido la suerte de haber tenido acceso a una preparación cultural, podían trabajar como maestras o como nannies instruyendo a los hijos de las familias ricas.

Charles Dickens denunció en gran parte de su obra, las condiciones en las que vivía la clase trabajadora, la dureza de la vida en las insalubres casas de obreros, la explotación a la que eran sometidos por las empresas, y el trabajo infantil, poniendo en evidencia la supuesta rigidez a la vez que la hipocresía de la moral victoriana.

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The song of the shirt. Frank Holl

Bienvenidos a la Época Victoriana

Bienvenidos a mi blog sobre la Época Victoriana, una época fascinante tanto desde el punto de vista social como cultural.

Un tiempo donde escritores como las hermanas Brontë, Charles Dickens, Conan Doyle, Lewis Carroll, Wilkie Collins , Elizabeth Gaskell y muchos otros convivieron con artistas como Everett  Millais, Dante Gabriel Rosetti o el diseñador William Morris, reformistas como Annie Besant, Josephine Butler o Florence Nightingale e inventores como Boyd Dunlop o Graham Bell.

Una época por la que intentaré hacer un recorrido desde este blog, así como ofrecer links interesantes sobre todo lo relacionado con sus protagonistas.

Alfred Stevens (Belgian, 1823-1906) ~ Girl Looking in the Mirror

Alfred Stevens (Belgian, 1823-1906) ~ Girl Looking in the Mirror