The Governess: la Institutriz Victoriana

El 8 de Marzo celebramos el día de la Mujer Trabajadora, y me gustaría hacer un especial énfasis en la palabra celebramos porque, aunque bien es cierto que todavía falta mucho camino por recorrer, sinceramente creo que la situación de la mujer en el mundo laboral occidental ha avanzado de una manera efectiva en el último siglo.

Por ello me gustaría dedicar esta entrada a aquellas mujeres que fueron abriendo caminos, luchando por su independencia económica y el derecho a trabajar y a valerse por sí mismas, a base de grandes sacrificios y de enfrentarse a una sociedad que era reticente a otro modelo de mujer diferente al establecido.

De entre todas ellas he elegido a una figura tan popular como desconocida: la governess, la institutriz victoriana, una suerte de niñera, profesora, educadora y amiga.

Tomaré como fuente The Victorian Nursery Book, un interesante y recomendable libro escrito por Antony y Peter Miall, que recoge información, testimonios e ilustraciones de como funcionaban las nurseries victorianas, ese espacio dentro de la casa donde los más jóvenes de la casa pasaban largas horas acompañados de la nanny o de la governess.

How delightful it would be to be a governess! to go into the world; to enter a new life; to act for myself: to exercise my unusual faculties; to earn my own maintenance.

Agnes Grey, Anne Brönte

Así expresaba Agnes Grey, la protagonista de la obra de la menor de las Brönte, su ilusión por el inicio de su salida al mundo para ganarse su propio salario e independencia aprovechando la cultura asimilada durante sus años de juventud en la rectoría de su padre.

Pero la vida de una institutriz estaba llena de tristezas y sinsabores. En la época victoriana, una mujer era educada con una sola misión: conseguir un buen marido, o al menos, un marido. Aquellas que tenían la desgracia de no conseguirlo tenían pocas opciones de salir adelante, ya que para una señorita no había muchos oficios adecuados, aparte de costurera o maestra.

La mayor parte elegían el mundo de la enseñanza, ya que, al menos, les aseguraba un techo en una casa respetable, lo que hizo que, en un momento dado, fueran muchas las candidatas que optaban a estos puestos y estuvieran dispuestas a aceptar el trabajo por salarios realmente bajos. (Hay una divertida escena en el libro de P.L.Travers, Mary Poppins, donde se refleja la gran cantidad de candidatas que asistían a cada entrevista para un puesto de institutriz, aunque aquí Travers retrata a una serie de maestras que ningún niño querría tener, como contraposición a la dulce Mary que está a punto de llegar)

Una institutriz preparada y educada por alguna de las mejores instituciones inglesas podría solicitar un salario de 100 libras anuales, aunque la necesidad de trabajo hacía que la mayor parte de las mujeres aceparan trabajar por una décima parte de esa cantidad.

¿Cuáles eran las cualidades que una buena institutriz debía poseer para ser la candidata ideal para una familia de clase media-alta? Nada lo prodría explicar mejor que la Cassell’s Household Guide, una guía para el hogar tremendamente popular en la época Victoriana:

Cualquiera que pretenda ejercer una autoridad sobre las mentes de lo más pequeños debe ser, en el sentido más literal de la palabra, una persona superior. Una institrutiz no debe ser sólo versada en las materias que vaya a enseñar sino que debe ser un ejemplo para los niños que tenga a su cargo – en conducta, actitud y hábitos personales. Muchas de las cosas que aprendemos en los libros cuando somos niños apenas las recordamos de adultos, pero raramente olvidamos el ejemplo que nos han dejado nuestros mayores y nuestros maestros (…)

Por ello, además de una entrevista personal y en profundidad, muy diferente de las estereotipadas listas de preguntas para las aspirantes al servicio doméstico, en una institutriz se observaba con especial atención su estilo en el vestir, su sentido de la justicia, su humanidad así como el sentimiento de sacrificio y entrega a los demás. Sin olvidar una austeridad en el salario a percibir, aún entendiendo la familia contratante la necesidad de la trabajadora en pensar en su futuro y en el ahorro para los años de vejez (sic)

Pero si ello no parecía suficiente, una buena institutriz debía ser capaz de enseñar inglés, francés, alemán e italiano; tener conocimientos de pintura al óleo, acuarela y carboncillo, geografía e historia; poder transmitir enseñanzas y preceptos religiosos y morales, así como matemáticas. También debían ser buenas maestras de música, y a ser posible, saber tocar algún instrumento, preferiblemente violín o piano. Se le presuponía una buena voz para dar clases de música y canto, ritmo y habilidad para enseñar baile y maña para la costura.

Además, a menudo, luchaban con una nanny demasiado condescendiente, madres histéricas y niños mimados e ingobernables. Todo ello por un sueldo miserable, que no solía superar las 20 libras anuales y, a pesar de todas sus virtudes, sin negarse a remendar la ropa de los niños y aceptar trabajos más propios del servicio doméstico que de su propia ocupación.

Al mínimo error o fallo, real o imaginario, o lo que era considerado como tal por la familia, era despedida en el acto, quedando con su pequeña maleta desvalida en busca de un lugar donde dormir y con el único pensamiento de volver a encontrar trabajo. Era complicado encontrar a una institutriz que durara en una casa dos años, del mismo modo que prácticamente no se encontraba una nanny que no lo estuviera. Y, ante la imposibilidad de encontrar una governess adecuada, las familias comenzaron a optar por las daily governess, institutrices externas, seleccionadas por empresas de servicios doméstico, que no vivían en la casa familiar sino que acudían diariamente durante unas horas para realizar sus tareas.

En uno de sus escritos Lady Lubbock narra una reveladora conversación con su institutriz, que estaba a punto de abandonar a la familia, obligada por la edad de la joven que, según las normas sociales, ya no precisaba de sus servicios.

La dama recuerda una tarde de paseo por el muelle con su institutriz, un momento casi perfecto de calma y complicidad. Uno de esos momentos que estaba a punto de no repetirse jamás por la marcha de su maestra y donde con una punzada de tristeza le confesó que la iba a echar muchísimo de menos.

Miss Cutting, la institutriz, le contestó con dulzura pero sin perder la compostura: «Querida, no te entristezcas. No creo que me vayas a echar muchísimo de menos, aunque es normal que ahora pienses así. Tú vida está empezando; encontrarás nuevos amigos e intereses y no tendrás tiempo para echar de menos a nadie. Pero yo sí te echaré de menos a ti, porque mi vida no se abre sino que se está cerrando como es natural para alguien de mi edad y seré feliz sólo con que tengas un rato para acordarte de mí y escribirme».

Estas palabras de Miss Cutting resumen la vida de la governess, una mujer con una exquisita preparación, entregada en cuerpo y alma a su tarea, tan poco valorada como incomprendida. Ha sido representada a menudo como un ser desgraciado, arisco y carente de afecto, pero incluso esta actitud tiene su explicación: convivía con la familia más que ningún otro miembro del servicio doméstico, pero no era una más de la familia, la nanny la consideraba demasiado severa para tratar con sus niños y el servicio pensaba que era demasiado estirada para formar parte de ellos. Por todo ello, cuando no trabajaba, pasaba mucho tiempo sola en su cuarto, lo cual, a menudo, agriaba su carácter.

Afortunadamente, algunas veces, la vida de la institutriz no era tan triste, ya que encontraba el amor y la consideración que merecía entre algún amigo de la familia u otro miembro del servicio, habitualmente el maestro o preceptor de los jóvenes de la casa. Otras veces, pasaba de ser la governess de los más jóvenes a ser la dama de compañía de las mujeres de más edad de la familia, que precisaban de alguien de una preparación cultural adecuada y que además supiera de las normas sociales de comportamiento para acompañarlas en sus paseos o simplemente para conversar.

Charlotte Brönte, reflejó perfectamente la vida de estas mujeres  en las extraordinaria Jane Eyre, Villete y Shirley, y lo mismo hizo Anne Brönte en Agnes Grey.

Las protagonistas de estas novelas, gracias a las marcadas y particulares personalidades de las Brönte, que impregnan en todos sus personajes femeninos esa fuerza, distan mucho de ser esos seres entre patéticos y amargados para convertirse en mujeres llenas de fuerza y ganas de luchar , como otras tantas mujeres que a lo largo de los siglos han luchado por su independencia y su lugar en el mundo laboral.

Las governess de las Brönte son mujeres luchadoras, que analizan su entorno, lo sufren y lo disfrutan a partes iguales y que, frente a las adversidades de una mujer sola y sin dinero en una sociedad tan conservadora y clasista como la victoriana, son capaces de elegir su propio camino y a la persona con quien quieren compartirlo más allá de las convenciones sociales.

Sirva esta entrada como homenaje a estas mujeres, a menudo tan denostadas por la literatura y la leyenda, y tan preparadas para enfrentarse y adaptarse a un mundo continuamente cambiante.

8 de Marzo: Día de la Mujer Trabajadora

Hoy 8 de Marzo se celebra el Día de la Mujer Trabajadora; aunque esta conmemoración se celebró oficialmente por primera vez en 1911 como acto de reivindicación del derecho al voto, al trabajo y a la no discriminación laboral, lel día y la fecha fueron elegidos como recordatorio del 8 de marzo de 1908. En esta fecha 146 trabajadoras de la ciudad de Nueva York, pertenecientes a la fábrica textil Cotton murieron calcinadas a causa de las bombas incediarias que les arrojaron para tratar de desalojarlas de la fábrica, en la que se habían encerrado para protestar por sus bajos salarios y sus precarias condiciones de trabajo.

Un siglo después la situación de la mujer trabajadora, sobre todo en el mundo occidental, ha mejorado, no sin el esfuerzo de otras mujeres pioneras en la lucha a favor de la equiparación laboral y salarial; pero todavía queda mucho por hacer.

Las últimas cifras que ha hecho públicas Ayuda en Acción no son demasiado optimistas respecto al avance de la situación de la mujer en el ámbito laboral: seis de cada diez cuidadores no remunerados en el mundo son mujeres, el 40% de los no-asalariados son mujeres y lamentablemente esta proporción no ha variado positivamente en la última década.

Por otra parte la misma organización nos recuerda como sólo el 18% de la parlamentarias a nivel mundial son mujeres, lo que revela su escaso poder político en la toma de decisiones.

Además las mujeres siguen siendo el colectivo trabajador al que más le afectará la crisis, ya que refleja una tasa de paro más alta y la temporalidad de sus contratos y el trabajo a tiempo parcial le depararán en el futuro unas pensiones ínfimas.

Todo ello se agrava en los países del sur, donde la explotación laboral y física de la mujer alcanza cuotas que deberían avergonzar a los responsables políticos a nivel mundial, rozando niveles de esclavismo.

Por todo ello, y aunque hacerlo un solo día no es suficiente, parémonos un rato a reflexionar sobre si realmente estamos haciendo las cosas bien y sobre si nuestra sociedad está avanzando por los parámetros más adecuados de la equidad social y laboral de todos sus miembros.

Desde La Casa Victoriana queremos rendir nuestro homenaje a todas aquellas mujeres  victorianas pioneras – y sufridoras – del duro trabajo en las fábricas , en las casas y en las calles de la Inglaterra del siglo XIX, que lucharon por muchos de los derechos laborales que disfrutamos las mujeres trabajadoras del siglo XXI.

Happy Halloween!!!

La celebración de Halloween tiene su origen en una tradición celta de origen pagano llamada Samhain.

De hecho, y como herencia de nuestra ancestral cultura celta, en Galicia, celebramos en estas fechas el Samaín, tan cargado de tradiciones como Halloween y curiosamente con alguna de ellas en común.

Los antiguos celtas creían que la línea entre el mundo de los vivos y los difuntos se hacía más frágil con la llegada de Samhain y los espíritus, tanto benignos como malignos podían atravesar el velo de la oscuridad para adentrarse en el mundo de los vivos. Se piensa que el  objetivo del uso de máscaras y disfraces era precisamente ahuyentar a los malos espíritus.

La tradición celta fue adoptada posteriormente por los romanos, que asimilaron las tradiciones del culto a los difuntos con las fiestas de la cosecha, que ellos celebraban a finales de octubre. De la unión de ambas festividades viene la tradición del consumo de manzanas como parte del menú, aunque con el tiempo estas manzanas se degustaban caramelizadas y eran una de las golosinas asociadas con Halloween preferidas de los niños.

Aunque en Reino Unido e Irlanda estas tradiciones se mantuvieron a lo largo de los siglos, no fue hasta su llegada a los Estados Unidos, alrededor de 1840, transmitidas por los emigrantes irlandeses, cuando adquirió una gran popularidad y quedó fuertemente arraigada hasta nuestros días.

En esas fechas una de las mayores desgracias que recuerda la historia irlandesa se abatió sobre el país: las cosechas de patata, producto fundamental para la alimentación del país se echaron a perder provocando una hambruna sin precedentes. Esto obligó a que muchos irlandeses tuvieran que emigrar a los Estados Unidos en busca de una vida mejor. Con ellos llevaron sus tradiciones que siguieron celebrando en su nuevo país y que rápidamente se hicieron populares – como la de Jack O’Lantern, un ser maligno con cuerpo humano y cabeza de calabaza-

A partir del primer desfile de Halloween celebrado en 1921 en Minnesota, la popularidad de esta fiesta fue incrementando hasta hacerse imprescindible en el calendario de festividades estadounidenses.

Los victorianos, tan aficionados al envio de tarjetas ilustradas para felicitar cualquier hecho o fecha destacable, nos han dejado no sólo un conjunto de preciosas ilustraciones sino una serie de documentos históricos donde podemos estudiar las tradiciones y leyendas de esta festividad, desde juegos o disfraces a recetas y leyendas.

Algunas de ellas muy conocidas, como la Trick or Treat – truco o trato – donde siempre es mejor hacer el trato, ya que cuenta la tradición que en caso de no aceptar el trato Jack O’Lantern podría maldecirnos,  la costumbre de que una chica soltera se pusiera en frente de un espejo, con la habitación a oscuras y con una vela como única iluminación para ver su reflejo de su futuro marido en el espejo, o costumbres – también arraigadas en Galicia, aunque en la festividad de San Juan, como robar las o puertasgates– o cancelas de las casas.

Entre las tradiciones culinarias están las taffy apples o caramel apples, manzanas bañadas en un delicioso y llamativo caramelo rojo o ricos pasteles de calabaza –pumpkin pie – o los ricos pasteles llamados soul cakes.

Para endulzar estas fechas o propongo una fácil y deliciosa receta de galletas que nos dejó en un comentario mi amiga Fina a propósito del post sobre los cupcakes:

» Tengo una receta ‘cup’ para hacer galletas. Con los moldes apropiados y una gotitas de colorante especial postre salen un montón de galletas ideales para celebrar el Halloween.
1 taza de azúcar
1 taza de leche
1 taza de aceite de girasol
1 huevo
6 tazas de harina «bizcochona» o con levadura – o un sobrecito de levadura química – o ir incorporando tazas de harina hasta que la masa se despegue de los dedos. Estirar la masa con un rodillo. Marcar con los moldes. Meter en el horno a unos 180º – 200º durante 15 o 20 minutos.

Nota: para hacer ojos y boquitas… gominolas de colores!

Trick or Treat and Happy Halloween!»

Muchas gracias Fina!

Para completar la tanda de postres os propongo el bizcocho de calabaza que he publicado en el post de mi blog de recortables

http://casitadepapel.wordpress.com/2010/10/27/happy-halloween/

Medicina en la Época Victoriana

Con la mejora de las deplorables condiciones en las que vivían en las ciudades las familias trabajadoras, los sistemas sanitarios y los avances médicos comenzaron a evolucionar provocando cambios revolucionarios en todos campos de la medicina.

Muchos de esos cambios fueron el inicio de la medicina moderna. Los médicos, «physicians», tuvieron que enfrentarse, por la puesta en práctica de las nuevas técnicas, a un sinfín de controversias, muchas de ellas promovidas por la iglesia, que veían en ellas una manera de contrariar la voluntad de Dios y lo que ellos consideraban «la ley natural».

Uno de los pioneros en estos cambios fue el ginecólogo James Simpson.

James Young Simpson fue un doctor escocés que aplicó, por primera vez,  el cloroformo como anestesia para los partos especialmente difíciles y dolorosos. De hecho, el descubrimiento del cloroformo como anestésico y sustitutivo del éter fue puramente casual. Se cuenta que Simpson se reunía con otros médicos para probar ellos mismos nuevas sustancias que pudieran tener utilidad en el campo de la medicina.  Una noche la sustancia de prueba fue el cloroformo y Simpson observó como sus amigos quedaban inconscientes y no se recuperaban de esa inconsciencia hasta algún tiempo después.

Viendo que esta sustancia era más eficaz como «adormidera» o anestésico que el éter decidió promover su uso en la cirugía y utilizarlo en aquellos partos especialmente dolorosos. Además corrigió el método de administración, ya que él demostró que la administración por medio de una toalla  o una esponja empapada en cloroformo, era más efectiva que por inhalación

Aunque el doctor Simpson tuvo seguidores, fueron muchos los doctores que no se fiaban de la nueva sustancia y siguieron usando el éter. Uno de los mayores obstáculos con los que encontró Simpson fue con la religión, que consideraba que el parto y nacimiento implicaban dolor y atenuar ese dolor iba en contra de la voluntad de Dios.

Afortunadamente, poco a poco, las ideas de Simpson fueron encontrando más seguidores que detractores y hoy es considerado como uno de los padres de la anestesia moderna.

William Bowman, médico, anatomista y oftalmólogo británico,  fue uno de los investigadores médicos que más han contribuido al avance de la medicina. Sus estudios de los órganos humanos a través del microscopio trajeron descubrimientos revolucionarios a la ciencia médica y quirúrgica. Su primera investigación importante fue el estudio del músculo estriado, aunque uno de sus mayores descubrimientos fue la Cápsula de Bowman, unidad renal donde se realiza el filtrado de las sustancias de excreción. Este hallazgo supuso un gran avance en el tratamiento de las enfermedades renales.

Pero su afán por el estudio de la anatomía por medio del microscopio le llevó a lograr otros avances en el campo de la ciencia: los descubrimientos de la Glándula de Bowman, glándulas olfativas, o, más relacionado con su especialidad oftalmológica, la Membrana de Bowman, una de las cinco capas de la córnea.

William Bowman fue nombrado Caballero del Imperio Británico por la Reina Victoria, por sus contribuciones al desarrollo de la medicina.

Benjamin Brodie fue un cirujano británico cuyas investigaciones se centraron en los estudios de los huesos y las articulaciones, sus dolencias y los posibles tratamientos, todos ellos encaminados al logro del descenso en el número de amputaciones de los miembros, tan común en la época.

La gran repercusión de sus estudios le reportaron el nombramiento de Presidente del Colegio Médico Británico, cargo que aprovechó para difundir la necesidad de trabajar en la investigación médica por encima de otras cuestiones ajenas a la ciencia. Fue nombrado baronet por la Reina Victoria, ya que trató como médico a miembros de la familia real.

William Budd fue un doctor de la época victoriana especializado en epidemiología. Tomando como base los trabajos sobre las epidemias y su difusión de su colega contemporáneo John Snow, Budd estudió como la leche y el agua eran los principales difusores del contagio de enfermedades tan graves como el cólera y el tifus, que causaban auténticas epidemias y miles de muertes al año.

El trabajo de William Budd no sólo supuso un gran avance en la medicina sino que sirvió como revulsivo para que las autoridades se preocuparan más de las condiciones higiénicas de las ciudades  en general y  del sistema de aguas en particular, como principal difusor de los contagios. En la primera ciudad en la que se llevó a cabo este saneamiento de aguas fue en Bristol.

Joseph Lister, cirujano inglés aprendió los métodos de su oficio y la investigación científica de la mano de su padre Joseph Jackson, uno de los primeros investigadores que usaron el microscopio como principal instrumento de estudio médico.

Una de las principales preocupaciones de Lister como médico cirujano, era el alto porcentaje de muertos a causa de las infecciones producidas por las heridas  y por los cortes producidos después de una intervención quirúrgica.

En su trabajo como cirujano en la Royal Glasgow Infirmary desarrolló un método de asepsia y antisepsia mediante el sometimiento del instrumental quirúrgico al calor, como método de desinfección. Después de estudiar las conclusiones de Louis Pasteur sobre los microorganismos bacterianos, llegó a la conclusión de que la mayor parte de las infecciones contraídas en las heridas eran de origen bacteriano, por lo que una perfecta higiene y desinfección tanto del instrumental como de las manos del médico eran fundamentales.

Para erradicar las infecciones probó con increíble éxito el uso del fenol como antiséptico, no sólo para desinfectar los instrumentos de operación, sino para lavar las manos de los cirujanos y para aplicarlo a las heridas abiertas como bactericida. Después del uso habitual de este método en los hospitales, las muertes por infección de heridas disminuyeron en un número muy considerable. Lister fue también el inventor del pulverizador de gas carbólico como método antiséptico.

Los métodos del doctor Lister se aplicaron en las curas e intervenciones médicas a los soldados de la guerra franco prusiana demostrando su utilidad y con ello acallando las críticas que el provocaron sus teorías sobre la antisepsia.

Además el doctor Lister introdujo el catgut como hilo de sutura; este material «confeccionado» con hilos de membrana del intestino del gato demostró ser muy eficaz como hilo para coser las heridas y evitar infecciones, ya que al ser proteico era reabsorbido por el organismo. Lo probó por primera vez en una intervención que le realizó a su hermana y posteriormente se reveló como uno de los mayores avances de la medicina.

La vida en la Época Victoriana

La Reina Victoria llegó al trono en 1837, y reinó durante 63 años. Su reinado ocupó el periodo conocido como Época Victoriana, llamado así en su honor; esta época es inmediatamente posterior a la Regencia y anterior al periodo Eduardiano. Durante su reinado Gran Bretaña experimentó grandes cambios que afectaron a todas las esferas de la sociedad:  política,  economía,  cultura, ciencia y a la sociedad en general.

Globalmente, el Imperio Británico se convirtió en el gobierno más poderoso, tanto a nivel político como económico, pues casi un cuarto de la población mundial estaba bajo el dominio británico.

Esta nueva expansión del Imperio se debió principalmente a la Revolución Industrial, con una floreciente industria del carbón, el hierro, el acero y el textil. A todo ello contribuyeron  nuevos inventos como la máquina de vapor, la nueva maquinaria textil – máquinas como la hiladora multi-bobina, más conocida como Spinning Jenny, facilitaron el incremento de la producción – y, posteriormente, la llegada de la electricidad. El campo experimentó grandes cambios, debido a que los métodos de cultivo y las herramientas empleadas para la cosecha y recogida, se modernizaron.

Pero si algo cambió el paisaje inglés y causó un gran impacto en el mundo victoriano fue la llegada de los  medios de transporte de masas, sobre todo el ferrocarril, que unió los diferentes puntos del país, transportando pasajeros y haciendo posibles las migraciones del campo a la ciudad y dinamizando el comercio con el transporte de mercancías.

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Steam locomotive. Deal Jackson.

LOS CAMBIOS SOCIALES

Paralelamente al esplendor del reinado de la Reina Victoria, Gran bretaña se vio sumida en un periodo de profundos cambios sociales: la aparición de la industria trajo consigo un aumento de trabajadores que se desplazaban del campo a la ciudad; las clases más desfavorecidas del mundo rural, buscaban una oportunidad de empleo en las fábricas para mejorar sus vidas. Pero aunque las empresas ofrecían trabajo, las condiciones laborales eran deplorables: sueldos muy bajos, lugares de trabajo peligrosos – eran comunes los accidentes, las quemaduras y la inhalaciones de gases y otras sustancias tóxicas que causaban graves enfermedades e incluso la muerte. El trabajo infantil era común – de hecho representaba el 25 por ciento de la población laboral activa. En 1844 un Acta prohibió que los niños de 9 a 13 años trabajaran más de 6,5 horas al día, y  las mujeres y los jóvenes de 13 a 18,  no más de 12 horas diarias.

William Powell Frith
Crossing  Sweeper. William Colin Firth

En las ciudades industriales aparecieron casas construidas para los trabajadores de las fábricas, baratas e insalubres, donde las  familias, habitualmente muy numerosas, vivían hacinadas en una habitación. Esto, unido a las infames condiciones laborales, trajo consigo una lucha por conseguir reformas sociales, que promulgasen los derechos de los trabajadores, una mejora de las condiciones de vida, educación, y participación en política. Los obreros canalizaron sus protestas a través de la creación de asociaciones de obreros, los Trade Unions, que buscaban mediante medidas de presión , como las huelgas, conseguir mejoras laborales.

Y en medio de todo ello, el mundo de las letras y de la ciencia emerge con algunos de los nombres más grandes que ha dado la la historia inglesa.

LA CASA VICTORIANA: ARRIBA Y ABAJO

Para los Victorianos la familia era el eje central de sus vidas, y el hogar, el lugar idílico donde cuidarla. El modelo familiar de esta clase media y alta era la propia Reina Victoria y su amado esposo Alberto. El matrimonio real y sus 9 hijos eran el espejo en el que las familias británicas se miraban: un hogar pacífico, amoroso y respetable. En el  rol familiar el padre era el encargado de mantener a la familia, y sus decisiones eran incuestionables. El papel de la mujer era el de ser buena esposa y madre – de hecho hasta 1882 una mujer casada era propiedad de su esposo; la mujer era como decía el poeta «el ángel del hogar». Un libro de referencia para todas ellas era Mrs Beeton’s Book Household Management, escrito por Elizabeth Beeton donde la autora daba consejos para convertir a la mujer en una perfecta ama de casa y anfitriona – sus libros llegaron a vender dos millones de copias. (Puedes obtener una copia de su libro en e-book en el catálogo del Project Gutemberg en el siguiente link http://www.gutenberg.org/etext/10136)

Queen Victoria and her family at Windsor CastleQueen Victoria and her family at Windsor Castle, Edwin Henry Landseer

Las familias eran, frecuentemente, numerosas y los niños eran criados con reglas estrictas, donde la obediencia era parte esencial de su educación. La vida de los niños se desarrollaba en las habitaciones de juegos o nurseries, donde las niñeras o nannies se ocupaban de sus lecciones , juegos y comidas.

La visita dominical a la iglesia y las veladas cantando alrededor del piano – todas las jóvenes eran instruidas en piano y canto – , jugando a las cartas, o haciendo labores mientras el padre leía en voz alta pasajes de la Biblia, eran parte de la vida cotidiana de la familia victoriana.

Los sirvientes vivían en la planta baja. El número de sirvientes en una casa dependía de la capacidad económica de la familia. Las familias de clase alta contrataban a un gran número de sirvientes; cada uno de ellos usaba un uniforme diferente según su trabajo y su rango dentro del staff de los sirvientes. Todos ellos se reunían en el hall habilitado para ellos.

LA CLASE TRABAJADORA

Evidentemente, la vida de la clase trabajadora era más dura, y su principal ocupación en la vida era la supervivencia. En una familia de clase baja trabajaban habitualmente todos los miembros. Los niños desarrollaban múltiples trabajos, algunos muy peligrosos y de extraordinaria dureza. Las mujeres, cuyos salarios eran menores a los de los hombres, trabajaban como sirvientas, costureras o en la industria textil; incluso hubo mujeres que trabajaban en las minas, aunque la rígida moral victoriana consideraba que no era un trabajo propio de mujeres, no por los riesgos que entrañaba, sino porque creían que la cercanía de hombres y mujeres en un espacio reducido no era moralmente aceptable. Aquellas mujeres que habían tenido la suerte de haber tenido acceso a una preparación cultural, podían trabajar como maestras o como nannies instruyendo a los hijos de las familias ricas.

Charles Dickens denunció en gran parte de su obra, las condiciones en las que vivía la clase trabajadora, la dureza de la vida en las insalubres casas de obreros, la explotación a la que eran sometidos por las empresas, y el trabajo infantil, poniendo en evidencia la supuesta rigidez a la vez que la hipocresía de la moral victoriana.

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The song of the shirt. Frank Holl

Bienvenidos a la Época Victoriana

Bienvenidos a mi blog sobre la Época Victoriana, una época fascinante tanto desde el punto de vista social como cultural.

Un tiempo donde escritores como las hermanas Brontë, Charles Dickens, Conan Doyle, Lewis Carroll, Wilkie Collins , Elizabeth Gaskell y muchos otros convivieron con artistas como Everett  Millais, Dante Gabriel Rosetti o el diseñador William Morris, reformistas como Annie Besant, Josephine Butler o Florence Nightingale e inventores como Boyd Dunlop o Graham Bell.

Una época por la que intentaré hacer un recorrido desde este blog, así como ofrecer links interesantes sobre todo lo relacionado con sus protagonistas.

Alfred Stevens (Belgian, 1823-1906) ~ Girl Looking in the Mirror

Alfred Stevens (Belgian, 1823-1906) ~ Girl Looking in the Mirror