Cuentos de Hadas I

Este post está dedicado a mi madre que siempre dejó que los espíritus de los cuentos hiciesen volar mi imaginación, compartiendo aquellos que le contaron de pequeña e inventando muchos otros que siguen vivos en mi memoria como si me los acabara de contar.

George Lawrence Bulleid (1858-1933)
A Young Girl Reading a Book George Lawrence Bulleid

 

Cuando alguien dice «Érase una vez…», un cuento nace tan fresco como la primera vez que se contó….

No hay historias que calen más en nuestra memoria que los cuentos infantiles que nos han contado cuando éramos niños.  La magia y la fantasía que la que están hechos impregnan nuestros recuerdos desde la infancia acompañándonos en nuestra edad adulta y no siendo jamás olvidados.

Porque un cuento, mucho más allá de una historia es una enseñanza, una moraleja llena de valores, donde los héroes y heroínas consiguen la felicidad después de pasar penas, duras pruebas, probar su fe o de modificar un comportamiento donde los defectos son más evidentes que las virtudes.

Un héroe debe afrontar sus propios miedos, poner a prueba su valentía y olvidarse de sí mismo para lograr su fin, un buen y honesto fin por supuesto.

El villano y la bruja siempre tienen su merecido, habitualmente con un castigo ejemplar; el orgulloso y el presuntuoso siempre reciben su cura de humildad. No hay malvado que no reciba un castigo en consonancia con su pecado. Es el triunfo de la honestidad frente a la injusticia, del bien frente al mal.

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Un antiguo cuento costarricense narra la historia de un príncipe al que su padre quería casar a toda costa. Para ello trajo a todas las princesas de los reinos vecinos y lejanos para que el joven príncipe eligiera quien sería su esposa; pero al príncipe no le gustaba ninguna. Decepcionado y enfadado con su padre cogió su caballo y decidió pasear por el bosque, donde encontró en un naranjo tres magníficas naranjas de oro. Hambriento y sediento decidió comer las naranjas.

Con gran sorpresa, cuando cortó la primera naranja, vio como esta se transformaba en una preciosa joven que le pidió un sorbo de agua pues estaba sedienta. Como el joven no tenía agua la joven desapareció por arte de magia. Lo mismo sucedió cuando cortó la segunda naranja: otra joven le pidió agua que el joven no le pudo ofrecer por lo que también desapareció. Cuando cortó la tercera naranja, una bella mujer de ojos azabache y negros cabellos le pidió agua. El joven buscó agua para ofrecérsela. Cuando la joven bebió rompió el hechizo que la había encerrado en la naranja y se casó con el príncipe.

Pero la malvada bruja se enteró de que su maleficio se había roto y buscó a la princesa para castigarla de nuevo. Aprovechando que el príncipe se había ido de caza fue al castillo donde estaba la joven y le vendió una horquilla que cuando se clavó en su pelo la transformó en una paloma blanca que voló hacia el bosque.

Viendo en el bosque una paloma tan hermosa el príncipe la capturó para regalársela a su esposa; pero cuando volvió se dio cuenta de que la princesa había desaparecido. Pasaron los meses y nada calmaba la pena del príncipe excepto la bella paloma y acariciándola se dio cuenta de que había algo clavado entre sus plumas. Con mucho cuidado se lo quitó y ante sus asombrados ojos apareció su bella esposa.

El príncipe ordenó buscar a la bruja para castigarla, pero no fue necesario. Había muerto de una manera terrible, quemada en un incendio de su cabaña, castigada por el fuego por sus horribles maldades.

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Freia, the fair one by Arthur Rackham
Freia, the fairie one. Ilustración de Arthur Rackham

 

Y, en un cuento, así tiene que ser: cuando al final nos dicen «y vivieron felices para siempre» nos lo creemos porque su final justo y optimista hace que nos lo creamos.

Los cuentos son básicamente historias tradicionales, transmitidos oralmente durante siglos de padres a hijos, al calor del fuego en invierno, por los juglares de pueblo en pueblo, cantándolos, narrándolos e ilustrándolos de mil maneras gráficas y mímicas. El cuento nació para ser legado de generación en generación, de pueblo en pueblo.

Y, aunque, todos los cuentos están basados en el folclore popular de cada región, su esencia puede ser adoptada por cualquier cultura, ya que sus valores no tienen fronteras culturales; esa es la razón por la que cuentos de lugares culturalmente tan dispares como Japón, Rusia, la India, Irlanda o los países mediterráneos comparten rasgos, argumentos o personajes, que nos hacen pensar en el mismo cuento situados en lugares diferentes.

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Cuenta un antiguo cuento coreano como a un muchacho le encantaba que le contaran cuentos, los disfrutaba con auténtico entusiasmo y tanto le gustaban que los quería sólo para él; por ese motivo se negó a compartirlos y nunca se los contó a otros. Durante años se dedicó a guardar esos cuentos en una vieja bolsa y nunca permitía que nadie los escuchase.

Un día un viejo sirviente escuchó como unos extraños murmullos salían de la bolsa de suamo y acercó su oreja para escuchar que decían aquellas voces que salían del misterioso zurrón que su amo apreciaba tanto. El terror se dibujó en el rostro del criado: espíritus de historias olvidadas luchaban por salir de allí, planeaban mil venganzas para liberarse y castigar a su carcelero, y aquel era el mejor de los días. El muchacho se disponía a casarse y no vigilaría la bolsa. Era su oportunidad.

El fiel criado le contó a su joven amo lo que había escuchado diciéndole: «No se puede tener a los espíritus de los cuentos prisioneros, debes liberarlos, es su naturaleza…»

El joven comprendiendo su error liberó a todos los espíritus y desde aquel día se dedicó a contar a todo el que quería escuchar todos los cuentos que había aprendido y las mil historias que había atesorado.  Los cuentos están hechos para ser contados.

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En la época Victoriana los cuentos tuvieron un importante renacimiento; el espíritu victoriano romántico, amante de la antasía y  de lo exótico trajeron una edad de oro al mundo de las pequeñas novelas.  Recopilaciones como las de los hermanos Grimm o relatos propios como los de Hans Christian Andersen llenaron de fantasía los hogares del siglo XIX. Además los mejores ilustradores como Rukcham, Doré o Goble llenaron de vida las historias de hadas, príncipes y princesas, malvados y brujas de las historias populares de Perrault y de todas aquellas pertenecientes a la cultura tradiciónal y contribuyeron a que el arte y el cuento se unieran en una maravillosa pareja digna de un cuento de hadas.

En el siguiente post dejaremos volar nuestra imaginación por la estructura, los personajes y los escenarios más comunes de los cuentos. Y, por qué no, narraremos alguna que otra historia que nos lleve de viaje por los pueblos y culturas del mundo. Pero como escribió W.B. Yeats «¡cuidado! no intentes saber demasiado sobre las hadas…»

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En las ruinas de un antiquísimo castillo irlandés todos los años, por Halloween, se reunían las Hadas paras celebrar Halloween. Nadie se acercaba por allí durante la celebración – las Hadas eran capaces de la magia más bondadosa, pero también muy susceptibles y no consentían que se las molestaran; si así fuera se vengarían sin piedad.

Un joven muy pobre llamado Jamie, decidió ir al castillo en busca de fortuna durante esas fechas, en contra de la voluntad de su madre, una viuda muy pobre. Allí fue recibido con algarabía por las Hadas que lo invitaron a participar de sus travesuras. La de esa noche sería raptar a una joven dama. Jamie decidió ir con ellas  y a lomos de un corcel mágico cabalgó sobre los  barrios de Dublín. A través de una ventana de una elegante casa victoriana vieron a una hermosa joven que dormía y Jamie no salió de su asombro cuando vio a las pequeñas hadas raptar a la joven y sustituirla por un palo inerte transfigurado con su cuerpo y rasgos.

Jamie no podía apartar sus ojos de la bella joven y le pidió a las Hadas si podía llevarla él en su caballo. Las Hadas accedieron y cuando sobrevolaban la aldea del joven se tiró del caballo con la joven dama en sus brazos y corrió haciacas a. Las Hadas , enfadadas por el engaño del muchacho, le lanzaron todo tipo de maleficios convirtiendo a la joven en animales y otros objetos para que Jamie la soltara. Pero la voluntad del joven de quedarse con la muchacha era superior a cualquier hechizo y se resistía a soltarla. Entonces una de las Hadas decidió volver a la joven sorda y muda para siempre.

Jamie y su madre cuidaron con mimo a la muchacha pero su rostro siempre estaba invadido por la tristeza. Así que al año siguiente, Jamie decidió volver al castillo por Halloween para enfrentarse a las Hadas. Casualmente escuchó a las Hadas reirse de él recordando su travesura del año anterior y como una de ellas tenía en su mano un bebedizo que le devolvería el habla y el oído a la joven. Astuto como era, Jamie se las arregló para quitarle el brebaje al Hada y huir con él.

Cuando la joven bebió de él y se recuperó la alegría del muchacho y de su madre fue grande, no así la de la joven que quería volver a casa para ver a su familia, a pesar de estar muy agradecida a la viuda y a Jamie, del que se había enamorado.

De vuelta a Dublín, y después de convencer a sus padres de que seguía viva – sus  familia había enterrado  un año atrás al palo hechizado por las Hadas – la joven y Jamie se casaron en una espléndida boda donde la madre de Jamie ocupó un lugar destacado.

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Jumeau Dolls

Beautiful Rare Antique French Bisque Bebe E.J. Jumeau doll, Size 8, with Original Dress and Hat

En 1842 Pierre François Jumeau, con la ayuda de Louis Désiré Belton funda su empresa de muñecos en París. Esta aventura empresarial, aunque llena de ideas y proyectos, comenzó con muy pocos medios, hasta el punto que, como no tenían horno para la porcelana, encargaban las cabezas a Barrois y Gaultier y a las empresas alemanas, mucho más aventajadas en la industria del juguete artesano.

Las primeras muñecas Jumeau se hacían con cabezas de papel maché sobre cuerpos de piel, e incluso sus primeros y famosísimos muñecos como el Bebé Gigoteur (el bebé que gatea) o el Bebé Parlant, fabricados en cera sobre papel maché, fueron hechos en colaboración con el que después sería uno de sus mayores competidores Jules Nicolas Steiner.

Las características de estos primeros muñecos Jameau eran su cabeza redonda con ojos de cristal y boca abierta con dientes; a decir verdad, estos muñecos no eran especialmente bonitos aunque supusieron toda una revelación en su época.

En 1867 Emile, hijo de Pierre toma las riendas de la empresa dándole un giro más comercial y trayendo nuevos aires empresariales. Con él la compañía familiar empieza a extenderse y en 1873 ya hacen sus muñecas con bisque heads de fabricación propia. Las cabezas bisque estaban hechas de porcelana blanca, no vidriada y le daban a las muñecas un aspecto más natural y elegante que el papel maché, mucho más tosco, o la cera, mucho más artificial y fría.

El sentido de la perfección y calidad de Emile hicieron de sus muñecas las preferidas por el público y proclamaron a Jumeau como el «Rey de la Muñecas», título irrebatible y aceptado hasta por sus competidores.

Bebe Jumeau Antique Doll in Fabulous

El diseño de la nueva muñeca, con su carita inocente, de ensueño, su nariz aristocrática y sus labios en forma de corazón y sobre todo con sus ojos grandes de cristal azules, tipo «pisapapeles» soplados a mano, con un iris luminoso rodeado de pequeñísimas pestañas pintadas a mano bajo unas cejas bastante pobladas típicas de las Jumeau, conquistó el corazón del público rápidamente.

Otro rasgo inconfundible de las Jumeau era su cuerpo perfecto y resistente de composición, con brazos de madera y piernas que tenían ocho articulaciones móviles de bola, mientras que el cuerpo y la cabeza, ladeada se unían con un resorte.

Era destacable su precioso pelo hecho y peinado por trabajadores especializados; en un primer momento el pelo, rubio y luminoso,  se hacía de mohair tibetano – pelo de cabra largo y suave; más tarde se hizo de pelo humano peinado con hermosos rizos o bucles y con bonitos aderezos.

Todos los muñecos, en su espalda y en su cuerpo llevaban pequeños sellos donde se certificaba la autenticidad y calidad del producto Jumeau.

Pero Emile dio un paso más para hacer de las Jumeau las muñecas referencia de todos los fabricantes; en 1874 se caso con Ernestine Stephanie Ducroix, quien rápidamente se interesó por el trabajo de su marido y se involucró e la fabricación de las muñecas diseñando sus primeros trajes. Esta colaboración fue decisiva porque pronto las Jumeau no sólo se distinguieron por su perfecta fabricación de calidad sino por sus lujosos vestidos, elaborados en talleres especializados con los mejores materiales, seda, algodón, encajes, lanas y terciopelos, siguiendo las últimas tendencias en moda.

Grand 15 of the French Bisque Bebe E.J. by Jumeau in Superb Original Brittany Costume

Los Jumeau no dejaban al azar el más mínimo detalles y a los trajes, abrigos y tocados a juego, añadieron bellos zapatos diseñados en función del traje, elaborados en talleres especializados en calzado y accesorios como bolsos, sombrillas y otros complementos siempre a juego con el vestuario. Además se empezaron a fabricar otros objetos como carritos de bebés, espejos y pequeñas joyas que hacían de cada muñeca Jumeau un objeto único.

En 1892 Emile Jumeau dirigía una empresa de 1000 trabajadores y sacaba al mercado una producción de alrededor de 150.000 unidades anuales.

Pero la presión de la industria alemana, que producía unidades a precios más bajos, aunque con una calidad inferior, hizo que Emile tuviera que replantearse su concepto de negocio de calidad y casi artesanal para sucumbir a las embestidas de un mercado cada vez más competitivo. En 1889 se unió a SFBJ, empresa que le permitió seguir fabricando muñecas con su propio nombre, y aunque durante esta asociación se hicieron muñecas realmente bonitas, incluso con pequeñas cajas parlantes en su interior, que hacían que las muñecas «pudieran hablar» la calidad de la porcelana y de los materiales del vestuario era más baja.

En 1910, Emile Jumeau, falleció a la edad de 67 años y con él se fue una época de artesanía y unas muñecas, que a pesar de los grandes fabricantes de que han tenido tanto Francia como Alemania, nunca han podido ser superadas en gracia y calidad.

Jd

Para saber más de las Jumeau Dolls y de las muñecas fabricadas en el siglo XIX os recomiendo algunos libros libros – aunque no sé si están ya descatalogados.

El primero lleva por título Muñecas Antiguas, de la editorial Dastin y escrito por Agnes Melger. Está en español y estupendamente ilustrado y documentado.

El segundo está en inglés, y editado con la calidad indiscutible de DK está ricamente ilustrado con fotografías de todas las épocas y lleno de detalles ilustrados. Está escrito por Caroline Godfellow y se titula The Ultimate Doll Book.

Ursula Bretch ublicó en 1984 el magnífico Precious Dols: a Treasury of Bisque Dolls.

Y, por último Dolls, de Marco Tosa, un recorrido por la historia de las muñecas, su significado y simbología en las diferentes épocas.

 

Charles Kingsley: Los Niños del Agua

Después de un pequeño paréntesis, La Casa Victoriana vuelve a abrir sus puertas para dar la bienvenida a una novedad editorial, tan desconocida como esperada: Los Niños Del Agua de Charles Kingsley, autor que hace alrededor de un año salió de su anonimato en nuestro país gracias al estreno de la historia de Hypatia, protagonista de la película de Alejandro Amenábar, Ágora. Esperemos que la edición de este cuento victoriano ponga en el lugar que se merece a este autor y reformista victoriano.

Jessie Wilcox-Smith

La Editorial Random House Mondadori ha puesto a la venta uno de los libros más desconocidos de la época victoriana The Water-Babies, título traducido al castellano como Los Niños del Agua, escrito en 1863 por Charles Kingsley.

El libro ha sido publicado por  la subdivisión de la Editorial DEBOLS!LLO cuesta 9.95 euros y está ilustrado con las hipnóticas e inquietantes ilustraciones de la edición original, en blanco y negro, de Linley Sambourne, que supo interpretar a la perfección el espíritu y el profundo significado de la obra de Kinsley. De hecho la compra del libro ya estaría justificada por poder disfrutar de estas maravillosas imágenes, de un ilustrador tan bueno como poco valorado.

Pero es que además la novela tiene una inmejorable traducción, obra de Berta Roda, con útiles y precisas notas explicativas a pie de página para que el lector no sólo pueda comprender términos y personajes históricos en a los que se hace referencia en la obra, y que serían difíciles situar más de un siglo fuera de su contexto, sino notas de traducción para que no perdamos el sentido y los juegos de palabras del original.

The Water Babies by Mabel Lucy Attwell
Mabel Lucy Attwell

Para completar esta edición Nicoletta Ceccoli nos regala una ilustración tan sugerente como hermosa como portada de este libro altamente recomendable para todos aquellos que quieran profundizar en la época Victoriana, sus ideales y sus claro-oscuros.

La  novela, presentada como un cuento que un padre le cuenta a su hijo (probablemente el mismo Kingsley a su hijo) Los Niños del Agua presenta a Tom un joven deshollinador explotado por su patrón, que cae por la chimenea de una casa de campo a donde ha sido llevado a trabajar. El accidente provoca un enorme revuelo y Tom huye hacia un estanque en el que, aparentemente, se ahoga. Pero no muere y se transforma en un niño del agua, que deberá madurar con la ayuda de las hadas y las criaturas marinas, hasta convertirse en un nuevo ser más libre y responsable.

Warwick Globe

Esta obra ha sido comparada muchas veces con Alicia en el País de lasMaravillas de Lewis Carroll, aunque la popularidad de ambas obras a lo largo de las años ha sido muy diferente. Mientras que Alicia se ha convertido en un clásico, con múltiples ediciones y revisiones, Los Niños del Agua se ha convertido en un pequeño tesoro y una obra casi de culto. Aunque el protagonista de la obra de Kingsley es también un niño y muchas de las situaciones de la obra son tremendamente imaginativas, extrañas y tan inquietantes como absurdas, la historia de Tom se diferencia de la Alicia en que el tono de denuncia disfrazado de cuento que subyace en toda la obra.

Mabel Lucy Attwell
Mabel Lucy Attwel

Leído con atención y con un poco de conocimiento de causa sobre la realidad Victoriana, a lo largo de las casi 300 páginas del libro el lector puede percibir claramente como Kingsley denuncia el trabajo y el maltrato al que estaban sometidos muchos niños, como la sociedad se desentendía de ellos abandonándolos a su propia suerte o dejándolos en manos de amos sin escrúpulos.

Estos los explotaban para los trabajos más peligrosos y descargaban en ellos,  en forma de palizas y maltrato psicológico, su ignorancia, sus problemas con el alcohol y su amargura con una sociedad que perpetuaba las diferencias sociales y le daba pocas oportunidades a los que estaban más abajo en la escala social. Los niños, los más débiles, eran los más expuestos a esa violencia social, que hipócritamente todos despreciaban pero hacían poco por erradicar.

Jessie Willcox Smith
Jessie Wilcox-Smith

Y entre esos pocos estaba Charles Kingsley, profesor universitario, naturalista, ensayista, novelista, poeta y uno de los grandes reformadores sociales del siglo XIX, muchas veces olvidado en las reseñas victorianas, pero cuya labor fue realmente importante y apreciada en su época. De origen adinerado, curso estudios en el elitista King’s College y abandonó su idea de dedicarse a la abogacía para tomar los votos sacerdotales. Su determinación y obra social le llevó a ser uno de los personajes más destacados de la sociedad victoriana, convirtiéndose en capellán de la Reina Victoria y tutor de su hijo y futuro rey Eduardo.

En 1860 fue nombrado profesor de Historia Moderna en la Universidad de Cambridge y cofundó el Movimiento Socialista Cristiano con John Ludlow y Frederick Denison Maurice, desde el que, a pesar de las polémicas con otros movimientos religiosos, intento reformar la sociedad desde varios frentes.

Su activa presencia social provocó que, además de impartir clases de historia desde las aulas de la universidad de Cambridge, fundara la Sociedad de Ciencias Naturales, Literatura y Arte y fuera presidente del Birmingham and Midland Institute, desde donde polemizó sobre las nuevas teorías políticas, sociales y artísticas.

Además Charles Kingsley nos dejó una interesante obra literaria en forma de ensayo, poemas y novelas, entre las que destacan Hypatia de Alejandría y la que nos ocupa The Water-Babies.

Warwick Globe

Como curiosidad decir que en 1935, Walt Disney rodó una de sus famosas Silly Simphony teniendo como base argumental The Water-Babies. El corto refleja toda la ternura y humor de la factoría Disney, pero dista mucho de la profundidad y el mensaje del viaje de madurez, inquietante y casi onírico, pero al mismo tiempo optimista del deshollinador Tom de Charles Kingsley.

Fotograma de la película de animaciónWater-Babies

En 1978; se rodó una versión cinematográfica de Los Niños del Agua, que unía escenas «reales» con animación. La cinta dirigida por Lionel Jeffries y protagonizada por James Mason intentó plasmar el espíritu victoriano e imaginativo del libro, lo cual no es nada fácil, pero también fracasó en su intento.

Póster de la película de 1978

En la actualidad Los niños del agua siguen inspirando a artistas de todos los campos para sus trabajos. Es especialmente destacable el trabajo de la fotógrafa, especializada en fotografía subacuática, Zena Holloway.

Su serie de fotografías basada en Los niños del agua es realmente espectacular y destila una dulzura exquisita. Podéis verla en Zena Holloway. The Water Babies

¡Qué tengáis una buena lectura!

Emily Dickinson


Desde la edición, en 1890 de su primer volumen de poemas, la poetisa americana Emily Dickinson obtuvo el inmediato reconocimiento de la crítica literaria y los lectores, pero se puede decir sin temor a equivocarse que ni su obra ni su propia vida provocó tanta fascinación en vida como la que ha suscitado a lo largo de los siglos XX y XIX.

La profundidad y modernidad de su mensaje y la técnica empleada para transmitirlo, reflejo del propio universo totalmente libre de la escritora no sometido a ningún canon poético, han cautivado a todos aquellos que se han acercado a descubrir la poesía de esta norteamericana de vida breve pero literariamente intensa.


Emily Dickinson nació en Massachusetts en 1886 y creció en una influyente y religiosa familia dedicada al mundo académico, la política y la abogacía por lo que Emily, una niña feliz, con una inteligencia destacada y una imaginación desbocada, se sintió inclinada desde muy joven a seguir la estela familiar.

Pero pronto descubrió que ser mujer en un mundo de hombres no iba a ser tarea fácil y la decepción de ver como su propia familia frenaba su inquietudes por el mero hecho de ser mujer hizo que se replanteara la visión que hasta entonces tenía de la sociedad.

Es cosa tan pequeña nuestro llanto;
son tan pequeña cosa los suspiros…

Sin embargo, por cosas tan pequeñas
vosotros y nosotras nos morimos.

Su encuentro con las materias literarias y científicas tuvo lugar en la Academia de Amherst, donde fue una de las primeras alumnas inscritas en una institución que tuvo las puertas cerradas a las mujeres hasta 1838. Allí adquirió una sólida educación cultural, mucho más amplia que la mayoría de las chicas de su tiempo.

Después vino su primera salida del hogar familiar para acudir al internado de señoritas Mary Lyon de Mount Holyoke, a donde acudió no sólo para completar su educación sino para instruirla dentro de la religión protestante y hacer de ella una de las muchas misioneras que serían encargadas de la difusión de sus creencias por todo el país. Pero, a pesar de ser una estudiante brillante, no se sintió en ningún momento atraída por la religión y se confesó profundamente distante de todo lo que tuviera que ver con las severas y puritanas prácticas religiosas de su comunidad.

Su salida del internado, donde fue considerada una no convertida se produjo a causa de su enfermedad que la recluyó en el hogar familiar, reclusión de la que ya no saldría, por voluntad propia, excepto en muy pocas ocasiones hasta el día de su muerte.

Emily le llamó su blanca elección y entre los muros del viejo caserón familiar, siempre vestida totalmente de blanco, creo su propio universo personal y literario, donde sólo aquellos que ella confirmaba que estaban a la altura tenían cabida y donde algunos de los versos más hermosos escritos vieron la luz.

 

Para fugarnos de la tierra
un libro es el mejor bajel;
y se viaja mejor en el poema
que en el más brioso y rápido corcel

Aun el más pobre puede hacerlo,
nada por ello ha de pagar:
el alma en el transporte de su sueño
se nutre sólo de silencio y paz.

Pocas cosas sabemos de la vida de Emily Dickinson a partir de su decisión de rebelarse contra el mundo y apartarse de él, por lo que su figura ha estado siempre rodeada de cierto halo de misterio, sólo desvelado parcialmente por el estudio de sus poemas y de su extensísima correspondencia.

Sus mayores confidentes fueron su cuñada, a la que adoraba, su hermana Lavinnia, Vinnie, que sentía auténtica devoción por Emily – de hecho, fue ella la encargada de guardar, conservar y posteriormente publicar toda su obra – su maestro B.F. Newton, el reverendo Charles Wadsworth, el escritor Samuel Bowles y el juez Otis P. Lord, entre algunos de los pocos elegidos. Un micromundo ante el cual Emily abría su corazón y mostraba en su correspondencia la temática tantas veces visible en sus 1775 poemas: la naturaleza, el amor la muerte y la soledad.

 

En mi flor me he escondido
para que, si en el pecho me llevases,
sin sospecharlo tú también allí estuviera…
Y sabrán lo demás sólo los ángeles.

En mi flor me he escondido
para que, al deslizarme de tu vaso,
tú, sin saberlo, sientas
casi la soledad que te he dejado.

En la vida de Emily tenemos constancia de dos grandes amores que marcaron vida y su poesía. El primero de ellos fue el que sintió por su primer profesor Benjamin Newton. Newton convivió con los Dickinson alrededor de dos años, después de los cuales fue despedido por el patriarca de la familia al ver la fascinación que el joven había despertado en su hija. Además la lectura que el profesor le proporcionaba a Emily no era del agrado de la severa y puritana mentalidad de Edward Dickinson.

Su marcha supuso una gran tristeza para la escritora, que ya desde tiempo atrás había compartido con su cuñada y mejor amiga Susan los sentimientos que Newton suscitaba en ella. Aunque nunca sabremos si entre ambos existió algo más que la relación profesor-alumna si tenemos constancia, a través de la correspondencia de Emily con sus amigos y confidentes, de que el joven siguió en contacto con ella hasta el día de su muerte, sumiendo a Emily en una tristeza que hizo su carácter aún más retraído.

Que yo siempre amé
yo te traigo la prueba
que hasta que amé
yo nunca viví -bastante-

que yo amaré siempre
te lo discutiré
que amor es vida
y vida inmortalidad

esto -si lo dudas- querido,
entonces yo no tengo
nada que mostrar
salvo el calvario

Su segundo amor fue el Reverendo Charles Wadsworth, al que conoció en  Filadelfia, en una de sus pocas salidas de casa. La atracción entre ambos fue mutua desde el primer momento, aunque el amor entre ambos era imposible ya que él estaba casado. Sabemos que se vieron en alguna ocasión más y que mantuvieron correspondencia hasta la muerte de Charles. La muerte de su amado fue el detonante para que ya la de por sí reclusión de Emily se convirtiera en un encierro total, negándose no sólo a salir de casa sino de su habitación.

Su cuarto, sus poemas y sus cartas se convirtieron en el único mundo de Emily. Y así, contemplando el mundo solamente desde su ventana, permaneció la poetisa hasta el momento de su temprana muerte con 55 años.

Podría estar más sola sin mi soledad,
tan habituada estoy a mi destino,
tal vez la otra paz,
podría interrumpir la oscuridad
y llenar el pequeño cuarto,
demasiado exiguo en su medida
para contener el sacramento de él,

no estoy habituada a la esperanza,
podría entrometerse en su dulce ostentación,
violar el lugar ordenado para el sufrimiento,

sería más fácil fallecer con la tierra a la vista,
que conquistar mi azul península,
perecer de deleite.

Pocos y de manera muy puntal fueron los poemas publicados en vida por la poetisa, ya que ella se negó siempre a que vieran la luz más allá de sus círculo más íntimo, que siempre respeto sus deseos. Thomas Higginson y Helen Hunt Jackson fueron dos de los afortunados a quien Emily confió sus poemas; ninguno de ellos pudo convencerla para publicar, y lo que es más importante, aunque ambos sugirieron cambios en la técnica para acomodar su poesía a las rimas tradicionales y clásicas, Emily no se dejó tentar y sin dudar ni un ápice de su poesía no hay constancia de que cambiara ni un sólo verso.

A su muerte y gracias a Vinnie se descubrieron en la habitación de Emily 40 volúmenes llenos de poemas. Pero además de los poemas contenidos en estos volúmenes, su poemario se completa con todos aquellos poemas incluidos en su extensa correspondencia.

El no contar con la ayuda de la autora y el tener que recopilar todos los poemas enviados en las cartas  provocó diferentes clasificaciones y agrupaciones en diferentes antologías poéticas, unas veces agrupando los poemas por temática y otras, quizás la tarea más difícil, por orden cronológico de la escritura.

La personalidad de Emily y su entorno, así como aquellas razones que llevaron  aquella niña inteligente y vivaz a encerrarse en su cuarto y negarse a publicar trato de entenderla a través de sus cartas, que son el único testimonio que tenemos en primera persona de una de las poetisas más grandes y originales de la historia de la literatura.

 

Morir no duele mucho:
nos duele más la vida.
Pero el morir es cosa diferente,
tras la puerta escondida:

la costumbre del sur, cuando los

pájaros
antes que el hielo venga,
van a un clima mejor. Nosotros somos
pájaros que se quedan:

los temblorosos junto al umbral campesino,
que la migaja buscan,

brindada avaramente, hasta que ya la nieve
piadosa hacia el hogar nos empuja las plumas.

 

 

 

En este enlace puedes encontrat toda la obra de Emily Dickinson en inglés – esta página incluye una biografía y 1775 poemas de la poetisa americana.

http://www.americanpoems.com/poets/emilydickinson

En mi blog http://casitadepapel.wordpress.com , encontrarás una preciosa paper doll de Emily Dickinson realizada por  Lisa Perrin

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Imágenes 1, 3, 6, 8: colección del Emily Dickinson Museum

http://www.emilydickinsonmuseum.org

Imagen 2: Fragmento de Dante y Beatrice de Waterhouse

Imagen 4: Mujer Leyendo, Claude Monet

Imagen 7: Ilustraciones de Isabelle Arsenault para una recopilación de poemas de Emily Dickinson titulada My Letter To The World

Imagen 8: Ilustración de Sonya para un fragmento de un poema de Emily Dickinson

http://www.flickr.com/photos/sonya/868393480

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Phineas Taylor Barnum

Si hay un personaje victoriano que en su día generó polémica y controversia entre la sociedad victoriana a ambos lados del Atlántico, ese fue Phineas Taylor Barnum.

Para unos era un auténtico showman, para otros un generador de ilusiones, un astuto hombre de negocios para muchos, un simple ladrón y estafador, un maestro del engaño para la mayoría pero es innegable que los espectáculos creados por este mago del show business no dejaron a nadie indiferente en su época, y nunca sabremos si las leyendas, que todavía se cuentan sobre Barnum, tienen algo de real o son pura fantasía.

Su frase, al parecer nunca dicha por él, de «cada segundo nace un tonto», podría definir muy bien su manera de pensar, de actuar y…de enriquecerse.

Personalmente creo que su figura estaría más cerca de la del pícaro de la literatura del Siglo de Oro que de ninguna otra definición, porque realmente Barnum era un experto en buscarse la vida y ganar dinero con el menor esfuerzo posible y mostraba sólo lo que los demás querían ver, inventaba personajes increíbles, historias fantásticas y shows deslumbrantes que le daban al público victoriano lo que pedía: morbo, fantasía, exotismo, un toque de escándalo y mucho espectáculo. Además fue un maestro indiscutible de uso del marketing como forma de reclamo para atraer a la gente a sus circos.

Nacido en Connectica en 1810, Phineas Taylor Barnum heredó su amor por el negocio artístico de su abuelo, un bromista declarado famoso en su comunidad por llevar sus bromas hasta las últimas consecuencias.

El propio Barnum declararía que la forma de actuar de su abuelo fueron su gran inspiración para fundar y llevar adelante su negocio. Y esa oportunidad para desarrollar ese carácter especulativo se concreto a raíz de la muerte de su padre. Barnum se vio abocado a sacar adelante a su familia y el mundo de la granja, que constituía el negocio familiar no eran de su agrado ya que según sus propias palabras el duro trabajo del granjero chocaba de pleno con su tendencia a la vagancia.

Así que el joven Phineas se dispuso a buscar maneras de ganar dinero fácil y qué mejor que especular con la lotería y embaucar a unos cuantos incautos. Con el dinero ganado montó una tienda con la ayuda de su singular abuelo, pero pronto este negocio se quedaría pequeño para las ambiciones de Barnum.

Poco después de casarse, la familia se mudó a Nueva York en busca de fortuna y después de abrir un ultramarinos, la oportunidad de negocio que había estado buscando apareció ante él con el nombre de Joice Heth.

Joice Heth era una mujer afro-americana que supuestamente tenía 161 años, pero  que además ¡era la abuela de George Washington! Increíblemente la gente pagaba por ver a la señora Heth, así que Barnum decidió que había encontrado lo que había estado buscando toda su vida: una forma de enriquecerse fácil, barata y sin tener que desempeñar un «trabajo».

A partir de ahí nuestro hábil embaucador buscó la manera de conseguir explotar al máximo la idea del engaño y la ilusión: lo importante era vender un producto del modo más sensacionalista posible, para ello había que encontrar al público adecuado y una ubicación acertada y la encontró en el Scudder’s American Museum de Broadway al que él rebautizó como Barnum Museum.

Pronto el Museo Barnum se convirtió en un lugar de referencia para todo aquel que quisiera ver un espectáculo «diferente»: mujeres barbudas, pulgas y perros domesticados, siameses, albinos, personas increíblemente obesas, ventrílocuos, afro-americanos interpretando danzas de guerra, dioramas, espectáculos de pájaros, criaturas acuáticas e ¡incluso sirenas! Todo aquello que uno pudiera imaginar podía ser visto en el Museo «a 25 centavos la entrada para los adultos y los niños a mitad de precio».

Claro que nada era real, todo eran trucos visuales, animales disfrazados y personas maquilladas. En el mundo Barnum lo real no era lo importante, sino lo que el público quería ver y escuchar. La inversión inicial del empresario, hipotecando todos sus bienes fue recuperada en apenas un año.

De todas las atracciones ninguna gustaba tanto como la del General Tom Thumbs, un hombrecillo de 64 cm de altura y unos 8 kilos de peso. Con la contratación de Charles Stratton, Barnum ganó millones de dólares. El pequeño general recorrió no sólo Estados Unidos sino Europa deleitando a la sociedad victoriana de medio mundo, reyes y aristócratas incluidos, con sus actuaciones, bailes y canciones.

Sin dejar de lado sus fraudes y engaños, Barnum intentó también convertirse en un empresario serio y lo hizo introduciéndose en el mundo de la música presentando a la sociedad americana al «Ruiseñor Sueco» Jenny Lind, una magnífica cantante que triunfaba en Europa y a la que contrató en exclusiva para América por una cantidad impensable para aquella época.

Pero el dinero fácil se va con la misma facilidad que llega y a pesar de haber ganado cantidades ingentes de dinero, Barnum se arruinó varias veces a causa del fuego. Hasta cinco veces el fuego le trajo la ruina, pero de cada una de ellas se recuperó.

Su última genialidad fue trasladar su museo a un espectáculo viviente e itinerante como era el circo. De nuevo sus ideas de marketing tuvieron mucho que ver con el éxito de su nueva empresa «El espectáculo más grande sobre la Tierra», como lo denominó este peculiar empresario, se convirtió con ayuda de su socio James A. Bailey, en algo novedoso y extravagante: un circo de tres pistas, con las atracciones más fabulosas y arriesgadas, los animales más exóticos, los personajes más increíbles…

La publicidad de sus carteles, sus desfiles y el transporte del circo en tren – era la primera vez que el circo viajaba en tren, lo que se convirtió por sí mismo en una atracción – atrajeron al público más variopinto de ambos lados del océano.

En 1871 la salud de Phineas Barnum comenzó flaquear, pero su sentido del humor seguía intacto: su última broma consistió en darle permiso al Evening Sun para publicar su esquela, así podría leerla antes de morir. El 7 de Abril de ese mismo año Phineas Barnum falleció, pero no todas aquellas leyendas sobre su persona y negocios que han sobrevivido hasta nuestros días.

Además sus teorías sobre negocios y marketing han continuado vigentes a lo largo de los años. Por ejemplo me viene a la cabeza el ejemplo de R. Hearst cuya máxima «no dejes que la realidad estropee una buena historia» o el «yo construyo noticias» dio lugar a un modo de periodismo sensacionalista y amarillo que sigue presente en muchas publicaciones y en las televisiones de medio mundo en pleno siglo XXI, donde el afán de espectáculo, escándalo y morbo parece estar  por encima de la objectividad y la seriedad. Quizás sea lo que reclama la sociedad, triste…

Ilustradores: George Du Maurier

Dentro de los post dedicados a los ilustradores victorianos me gustaría que conocieráis a uno de los grandes, tan bueno en cuanto a profundidad en el mensaje que intentaba transmitir como en su depurada técnica: George Du Maurier.

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Autorretrato

A pesar de ser una figura destacada dentro del mundo de las artes y las letras victorianas, la figura de George Du Maurier no ha tenido, fuera de Gran Bretaña, el reconocimiento a nivel popular que realmente merece, ya que además de un excelente ilustrador y caricaturista, pieza clave en el éxito y desarrollo de revistas como Punch e inspiración de ilustradores como Dana Gibson, fue también un novelista que conoció el éxito con su obra.

Además fue el iniciador de una gran saga de artistas entre los que se encuentra las famosas escritoras Daphne Du Maurier, autora entre otras novelas de Rebeca y Los Pájaros, ambas llevadas al cine por el genial director británico Alfred Hitchcock, Angela Du Maurier, el actor George Du Marier y, como curiosidad, fue el abuelo de los niños que inspiraron a J. M. Barrie la inolvidable Peter Pan.

George Du Maurier nació y estudió en París y Bélgica, pero vivió la mayor parte de su vida y desarrolló su carrera artística en Inglaterra, por lo está considerado como un artista británico.

Desde muy joven sintió inclinación ante el mundo artístico, lo que fue alentado por sus padres, que también se habían dedicado al mundo del arte. Aunque curiosamente el talento de George se desarrollaba en el mundo de las siluetas y los recortables.

Sus padres le proporcionaron clases de escultura pero pronto descubrió que esta disciplina artística no era su preferida y sorpresivamente se decantó por los lápices y el dibujo – después de probar otras supuestas vocaciones como la ciencia e incluso el mundo del bel canto!

En un primer momento, Du Maurier no obtuvo el reconocimiento de su obra por parte de los editores, a pesar de ofrecer el portafolio de sus dibujos en varias editoriales y empresas relacionadas con el mundo de la ilustración.  Pero su gran oportunidad llegó cuando Once a Week y principalmente la revista satírica más famosa de la época victoriana Punch, le contrataron para reflejar en sus dibujos y sus textos ácidos las costumbres y el modo de vida de la puritana sociedad victoriana.

De hecho uno de los objetivos de Du Maurier era la crítica del movimiento artístico de los prerrafaelistas y su inclinación por mostrar sólo la belleza, una belleza casi onírica y mitológica que distaba mucho de la realidad victoriana; otro de sus objetivos era reflejar el mundo absurdo y ridículo de los nuevos ricos, sin clase ni cultura intentando integrarse en los círculos aristocráticos e imitando el modo de comportamiento de estos, así como la actitud hipócritamente paternalista de los aristócratas con estos nuevos ricos a los que aceptaban por su dinero pero despreciaban profundamente.

A raíz de su éxito, él y su mujer comenzaron a frecuentar los círculos más intelectuales de la sociedad londinense, siendo asiduos de grandes artista como Kate GreenawayWilkie Collins, Elizabeth Gaskell, Thomas Hardy o George Elliot, siendo siempre considerado una figura respetadísima y un observador escrupuloso e irónico de todas las clases sociales que formaban el entramado de la sociedad victoriana.

Según los críticos, su excepcional sarcasmo y su habilidad para reflejar en su obra las situaciones y actitudes más absurdas conferían a sus ilustraciones y textos casi una ácida perversidad, ante la cual era imposible no sonreir.

Con los años, los problemas visuales comenzaron a dificultar su trabajo como dibujante por lo que dio un giro radical a su carera, estrenándose como novelista.

Trilby (escrita en 1864) fue su novela más exitosa: esta casi-comedia costumbrista, llena de ironía sobre el mundo victoriano, muestra la vida de una joven medio irlandesa, de gran belleza, por la que todos los hombres suspiran. Gracias a Svengali, un  malvado, hipnotizador, personaje inolvidable dentro de la literatura inglesa, la muchacha triunfa como artista, pero su vida no será más fácil…

Trilby tuvo una gran acogida tanto por parte de los lectores como de la crítica en el momento de su publicación y su inspiración en el trabajo de otros escritores contemporáneos y posteriores es claramente visible; por ejemplo, los críticos ven la influencia de Du Maurier en la famosa novela de Gaston Leroux, El Fantasma de la Ópera.

A la edad de 62 años, este genial ilustrador facellía de un ataque al corazón en su casa de Londres. Su funeral demostró el cariño que no sólo le tenía su público sino sus compañeros de trabajo y todo el mundo artístico y literario londinense, acudiendo a su despedida un gran número de admiradores anónimos, toda la plantilla de Punch y los escritores y artistas más destacados de la época.

Su epitafio fue una de sus frases preferidas de su obra clave Trilby: «A Little trust that when we die / We reap our sowing. And so — good bye!»

Obra:

Illustrations

Novels

  • Peter Ibbetson
  • Trilby
  • The Martian

Poetry

Art Criticism

Ilustradores: Warwick Goble

Es probable que el nombre de Warwick Globe no resulte demasiado familiar, aunque este pintor e ilustrador nacido en la segunda mitad del siglo XIX ha acompañado a generaciones de todas las edades a través de sus bellísimas ilustraciones para cuentos populares y ediciones de las obras más reconocidas de la literatura.

Globe nació en 1862 y desde edad temprana demostró su gusto y talento por la pintura y la ilustración, lo que llevó a su familia a matricularlo en la Westminster School School of Art. Su primer trabajo fue en una imprenta donde trabajó la cromolitografía, y pronto comenzó a colaborar con varias revistas como Pall Mall Gazette y Westminster Gazette.

Warwick Globe se especializó en acuarelas que se convirtieron en el vehículo perfecto para ilustrar las ediciones de los libros de mayor tirada. Además tanto los editores como los lectores demandaban láminas o plates ilustradas a todo color.

En 1893 Goble hizo  su primera exposición de acuarelas en la Royal Academy de Londres y  comenzó a publicar sus ilustraciones en las revistas Strand Magazine, Pearson’s Magazine y The Boy’s Own Paper .

Siguiendo la estela de Rackham o Dulac pronto comenzó a trabajar para las editoriales como ilustrador; sus primeras publicaciones fueron ilustraciones para las ediciones de El Oráculo de Baal y la magnífica La Guerra de los Mundos de H.G. Wells.

A medida que los lectores mostraban su preferencia por las ediciones con ilustraciones los editores no dudaron  en contratar a artistas como Goble para complementar las ediciones de sus libros con bellísimas estampas. A partir de los primeros años del siglo XX las librerias se llenaron de magníficas ediciones donde eran tan valiosas las obras como las ilustraciones que las acompañaban. Con el paso de los años estas láminas fueron valorándose como auténticas obras de arte.

Goble, un verdadero especialista en el arte de la acuarela, cuyas técnicas había aprendido de los artistas japoneses se especializó en ilustraciones de mundos fantástics y culturas consideradas exótcas por los victorianos, como la árabe, la india y las orientales.

En las últimas décadas de su vida, Warwick Goble fue retirándose paulatinamente hasta su muerte en 1943, pero su legado ha sido una colección de maravillosas láminas que nos transportan a mundos fantásticos llenos de magia y toda la delicadeza de un magnífico artista.

Algunas de sus obras más destacadas son:

  • The Water-babies: A fairy tale for a Land-baby (1909);
  • Green Willow and other Japanese Fairy Tales (1910);
  • The Complete Poetical Works of Geoffrey Chaucer (1912); y
  • The Book of Fairy Poetry (1920).

 

Mary Cholmondeley

Mary Cholmondeley (pronúnciese «Chumley») es una de esas escritoras , que a pesar de lograr un gran éxito en vida y de escribir magníficas novelas, han sido olvidadas injustamente  a lo largo de los años.

Nacida en Hodnet, Shropshire, en 1859, se crió en la rectoría de la cual su padre era el responsable.  A pesar de su origen aristocrático y de que algunos de los miembros de su familia estaban relacionados con el mundo literario, el carácter tímido de Mary la convirtió en una joven retraída que creía carecer del atractivo necesario para atraer a los chicos y se refugiaba en sus historias de ficción, que contaba a sus hermanos pequeños, para escapar de su vida anodina.

De todos modos, parece que hubo un hombre en la vida de Mary, cuya relación la marcó para siempre. La imposibilidad de vivir esa relación y la posterior ruptura agudizaron más si cabe su carácter retraído y melancólico, dedicando su vida al cuidado de su madre enferma, y después de la muerte de su madre, al cuidado de su padre y de sus hermanos menores.

Cuando le llegó el éxito con su obra Red Pottage, ya había publicado varios libros. En 1886, publicó su primer libro Her Evil Genious. Un año después, publicó anónimamente The Danvers Jewels en el Temple Bar – esta era una publicación inglesa especializada principalmente en seriales de ficción y que contaba con la colaboración entre otros, del genial Wilkie Collins.

Su siguiente obra, Sir Charles Danvers, fue publicada en 1889 también de manera anónima en el Temple Bar, y no fue hasta 1893, con la publicación de Diana Tempest, que comenzó a publicar con su propio nombre. Uno de los valores literarios de Diana Tempest es que anticipa el movimiento literario conocido como New Woman fiction, que apareció alrededor de 1890.

Pero su gran éxito como escritora le llegó en 1899 con la publicación de la más autobiográfica de sus obras Red Pottage. La novela fue un éxito rotundo tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos y le abrió las puertas de las grandes círculos literarios y de amistades como la de Henry James.

Aunque el éxito de sus obras , la convirtieron en un personaje popular de las letras victorianas inglesas, Mary Cholmondeley nunca abandonó su vida apartada y solitaria,  que consagró a la escritura y al cuidado de su familia, ya que, como predijo, nunca se casó – Mary padecía un asma crónica que dificultaba su vida diaria y con el tiempo la enfermedad se hizo tan insoportable que tomaba morfina para aliviar los síntomas, lo que hacía que sólo pudiese escribir y hacer las correcciones de sus obras en sus momentos de lucidez.

Murió en 1925, dejando un legado literario que refleja a la mujer de su tiempo y su papel en una sociedad en la que intenta ser independiente.

La escritora, que desgraciadamente es una gran desconocida en España, volvió brevemente a la actualidad con la edición en 2008 de La Polilla y la Herrumbre, que publicó la Editorial Periférica. La obra, altamente recomendable, cuenta la historia de dos mujeres: la inteligente, independiente y cultivada Anne y la ingenua, bella y de clase social más humilde Janet, y, por supuesto del tercer personaje en discordia Stephen.

Los tres compondrán el triángulo sobre el que se asienta una historia, reflejo de una sociedad preocupada por los estereotipos sociales y el poder económico contrapuestos y enfrentados a las emociones y sentimientos individuales.

La obra ha sido comparada con las novelas y personajes de Jane Austen, aunque el nivel de crítica social, de sátira e ironía que destila el libro es mucho más ácido que las novelas de Austen, incluso en la frase de la que se saca el curioso título de la novela:

«Hemos sufrido lo que hemos sufrido. La persona por la que se sufrió no volverá a escuchar una palabra nuestra./ La polilla y la herrumbre han corroído. / Han entrado los ladrones y han robado.»

En 2009 se publicó una biografía de la autora titulada Let the Flowers Go, A life of Mary Cholmondeley, obra de Carolyn W de la L Oulton.

Desgraciadamente, la obra de Mary Cholmondeley no está disponible, en castellano, en nuestro país. Podéis acceder a alguna de sus novelas a través de los links del Projecto Gutenberg en lengua inglesa.


Emily Brontë

Emily Brontë – pronunciese «bronti» o «brontei»–  nació en Thornton, en el condado inglés de Yorkshire en 1818. Fue la quinta de 6 hermanos, hijos del Reverendo Patrick Brontë y de María Branwell.

Poco después de la muerte de su madre, sus hermanas María y Elizabeth fueron enviadas al internado de Clergy Daughters, donde enfermaron de tuberculosis y murieron poco después, dejando a la familia con sólo cuatro hermanos: las chicas Charlotte, Emily y Ann, y Branwell, el único varón.

Durante su infancia, los tres hermanos estuvieron muy unidos y se evadían de la soledad de la rectoría inventando historias y mundos imaginarios, llenos de personajes de fantasía con sus propias vidas e historias, que vivían en tres países imaginarios, Angria, Gondal y Gaaldine.

En su juventud, Emily trabajó como institutriz, pero pronto dejó su trabajo para ocuparse de la casa familiar, su administración y principalmente de su hermano Branwell. Durante años Branwell fue su principal opreocupación;  borracho, adicto al opio, fracasado como pintor y con episodios violentos, su hermano se convirtió en el centro de la vida de Emily, que dedicaba gran parte de su tiempo a su cuidado. Parece ser que durante las noches de vigilia que pasaba esperando su llegada o en vela junto a su cama,  escribió muchos de sus poemas y gran parte de su única novela Cumbres Borrascosas.

En 1846, Charlotte descubrió las poesías de Emily y le propuso a ella y a Anne, que también escribía poesía, editar un poemario conjunto. Dados los prejuicios que había contra las mujeres escritoras en la época, decidieron publicarlo bajo pseudónimos masculinos eligiendo Currer Bell, Ellis Bell y Acton Bell – cada uno de los nombre comenzaba por la inicial de su propio nombre. Emily, evidentemente,  era Ellis y sus poemas son de una calidad superior a los de sus hermanas, revelando a una poetisa de indudable sensibilidad y talento.

Aunque el libro no tuvo ninguna repercusión literaria ni popular, Charlotte no se rindió y decidió que cada una de las hermanas escribiera y publicara una novela.

En 1847,  Emily Brontë publicó Cumbres Borrascosas, Wuthering Heights en el original, bajo el psudónimo de Ellis Bell. La obra, de una calidad literaria innegable y que se ha convertido en una de las mejores novelas de la literatura en habla inglesa de todos los tiempos, tuvo muchos problemas para ser comprendida en su tiempo: una estructura argumental diferente , personajes extremos, violentos y pasionales, un enclave geográfico árido y abrupto, hacían de Cumbres Borrascosas un relato demasiado diferente e impactante para los exquisitos gustos victorianos.

Emily no pudo disfrutar el éxito de su novela. Al año siguiente a su publicación falleció de tuberculosis. Su hermana Charlotte – la más decidida y emprendedora de las tres hermanas – se hizo cargo de su legado literario, publicando una segunda edición con el verdadero nombre de su hermana Emily Brontë.

(Si no has leído la novela , no leas los párrafos siguientes, ya que diseccionan los acontecimientos más importantes de la obra)

La novela cuenta la historia de un hombre llamado Lockwood que llega a la finca Cumbres Borrascosas para conocer al señor Heathcliff, su casero, que le ha alquilado una villa cercana, la Granja de los Tordos. El recibimiento no puede ser más frío. En la casa viven también la nuera de Heathcliff, Catherine, y el joven Hareton. Los tres personajes le parecen a Lockwood incomprensiblemente hoscos y amargados.

La señora Dean, que sirve a Lockwood en la Granja de los Tordos y cuidó a los protagonistas cuando eran niños, le cuenta la historia de las dos familias que viven en la zona, los Linton y los Earnshaw. El señor Earnshaw, dueño de Cumbres Borrascosas, trajo un día a su casa a Heathcliff, un niño abandonado, para criarlo como suyo. Los hijos de Earnshaw recibieron con extrañeza a Heathcliff. Con el tiempo, la hija, Catherine, hizo buenas migas con él, pero el hijo mayor, Hindley, lo detestaba y no perdía ocasión de humillarlo.

Años después, los padres de Catherine y Hindley mueren. Hindley se casa con una mujer llamada Frances, la cual prohíbe a Heathcliff todo contacto con Catherine. Sin embargo, los dos mantienen a escondidas su amistad, que pronto se convierte en amor apasionado. Un día deciden ir a espiar a los vecinos que viven en la Granja de los Tordos, los Linton. Los Linton los sorprenden. Mientras intenta huir, un perro muerde a Catherine. Los Linton la recogen, la cuidan y la alojan en su casa durante una temporada. En cambio, expulsan a Heathcliff, al que consideran poco menos que un criado. Cuando Catherine vuelve a las Cumbres, ha cambiado: ya no es una niña salvaje, sino toda una señorita.

Catherine se casa con el hijo de los Linton, Edgar, aunque confiesa al ama de llaves, Nelly Dean, que en realidad está enamorada de Heathcliff. Éste, que escucha escondido parte de la conversación, se siente ofendido, pues Catherine dice que descarta casarse con él porque la unión la rebajaría. Herido en su orgullo, desaparece, pero vuelve tiempo después, enriquecido por oscuros negocios. Para enfadar a Edgar y poner celosa a Catherine, corteja a Isabella (la hermana menor de Edgar), y acaba casándose con ella, que le da un hijo, Linton.

Catherine enferma por los encontronazos entre su marido y Heathcliff, y acaba muriendo la noche en que da a luz a la hija que tiene con Linton, su marido. Linton le pone el nombre de su esposa. Hindley, convertido en un borracho y jugador empedernido, se ve obligado a vender Cumbres Borrascosas a Heathcliff. Finalmente muere, y Heathcliff se queda con la casa y con el hijo de Hindley, Hareton, al que mantiene analfabeto y salvaje, vengándose así de su padre. Isabella huye de Cumbres Borrascosas y se consagra al cuidado de su hijo, Linton. Finalmente, muere, y Linton vuelve con Heathcliff, que lo desprecia, pues es un niño enfermizo que no se parece en nada a él.

Pasan dieciséis años. Cathy Linton, que no conoce la historia de las Cumbres, acude a visitar a su primo Linton. Heathcliff orquesta un romance entre los dos primos y logra que se casen, de modo que cuando Edgar y el propio Linton mueren poco después, Heathcliff hereda la Granja de los Tordos, apoderándose así del patrimonio de las dos familias que tanto lo despreciaron.

El señor Lockwood vuelve a Cumbres Borrascosas y descubre que Heathcliff ha muerto, convencido de que el fantasma de su amada Catherine ha venido a buscarlo. A pesar de lo mucho que lo maltrató, Hareton llora por Heathcliff, que ha sido lo más parecido a un padre que ha conocido. Cathy, que al principio despreciaba a Hareton, pasó a compadecerse de la ignorancia del muchacho y le enseñó en secreto a leer. Su relación da un giro feliz: al final, deciden casarse, dando así un final feliz a la historia de odios y desencuentros de sus familias.

Se han hecho muchas adaptaciones de la obra de Emily Brontë, siendo la mas aclamada la que en 1939 dirigió el americano William Wyler con un espléndido Lawrence Olivier en el papel de Heatchcliff y Merle Oberon como Catherine.

En 1970 Se rodó otra versión de menor repercusión donde un joven Timothy Dalton daba vida al pasional Heatchcliff.

En los años 90, se revisó de nuevo este clásico con Ralph Fiennes y Juliette Binoche como protagonistas; una de las últimas adaptaciones se hizo en el año 2009, la cadena británica ITV y fue protagonizada por Charlotte Riley y Tom Hardy. Ha habido otras adaptaciones, entre ellas una realizada por Luis Buñuel en México, aunque ninguna ha logrado hacer olvidar a la primera adaptación de la obra, principalmente por la gran actuación de Sir Lawrence Olivier, que quedará en nuestro recuerdo como una muy fiel interpretación del Heatchcliff imaginado por Emily.

Ilustraciones por orden de aparición en el blog:

1. Retrato de Emily Brontë realizado por su hermano Branwell

2. Estatua de las tres Hermanas Brontë situada en el jardín del Bronte Parsonage, en West Yorkshire

3. Adaptación de 2009 por la cadena de televisíon británica ITV con Tom Hardy y Catherine Riley como protagonistas

4. Ilustración de Ruben Toledo para la portada de la edición de la Editorial Penguin

5. Merle Oberon y Sir Lawrence Olivier en la adaptación cinematrográfica de 1939

6. Ralph Fiennes y Juliette Binoche en la película realizada sobre la novela de Emily en 1992

7. Fotografía de Yorkshire

7. Ilustración de Heathcliff

8 y 9. Carteles de las películas de 1992 y 1939

10.  Fanart sobre los personajes de la novela

Todas las ilustraciones son propiedad de sus autores

Fuente del argumento de la obra: wikipedia

Y como broche final a esta entrada, un recuerdo para Kate Bush y la maravillosa Wuthering Heights, todo un clásico de la música.

Kate Bush. Wuthering Heights



Elizabeth Gaskell: vida

La escritora victoriana Elizabeth Gaskell nació en Londres en 1810. Después de la temprana muerte de su madre, se fue a vivir con su tía a Knutsford, Cheshire; fue este pequeño pueblo y sus habitantes los que más tarde retrataría en la exquisita novela Cranford.

Fue allí donde conoció al que sería su esposo, William Gaskell, un pastor de la iglesia con el se fue a vivir a la industrializada ciudad de Manchester. De hecho sería esta ciudad, ejemplo de una nueva forma de esclavitud obrera y deshumanización industrial, la que inspiraría una de sus más aclamadas novelas, Norte y Sur.

‘Knutsford, before the Railway was made, in 1860’

Durante sus primeros años de matrimonio, Elizabeth se dedicó a lo que se consideraban las labores  propias de la mujer de un hombre de la iglesia; estas tareas y el cuidado de su familia ocupaban todo su tiempo.

Su marido además de ministro de la iglesia era un hombre con grandes inquietudes culturales, por lo que el hogar de los Gaskell era frecuentado por intelectuales, en todos los campos, de la cultura: entre ellos escritores y reformadores sociales.

Pollard and Kennedy’s Mills, Ancoats-Lane, Manchester, C.1830

Pero un inesperado y trágico suceso hizo que la vida de Elizabeth Gaskell cambiara radicalmente: su hijo murió y Gaskell se refugió en la literatura para tratar de superar la gran pena que la invadió.

Su primera obra, publicada anónimamente en 1848, Mary Burton, fue un gran éxito. Su estilo realista y el retrato intimista que hacía de los protagonistas de su obra, así como las descripciones de escenarios y ambientes, hicieron que Thomas Carlyle y el mismísimo Charles Dickens se fijaran en la novel escritora.

Dickens la invitó a colaborar en su revista Household Words, donde sus novelas Crandford y Norte y Sur fueron apareciendo por capítulos, gozando de un increíble éxito entre los lectores de la publicación.

El gran éxito de sus novelas le trajeron el reconocimiento y  grandes amistades entre los escritores más importantes de su época, ya que además de Dickens cultivó la amistad de John Ruskin, el estadounidense Charles Eliot Norton y sobre todo con la escritora Charlotte Brönte. A Charlotte la admiraba tan profundamente que incluso escribió una exitosa y completísima biografía de la autora de Jane Eyre, que además de su calidad literaria y narrativa, sigue siendo una de las mejores fuentes sobre la vida y obra de la escritora.

Entre su obra, además de la Vida de Charlotte Brönte, destacan las novelas:

  • Mary Barton (1848)
  • Cranford (1851-3)
  • Ruth (1853)
  • North and South (1854-5)
  • Sylvia’s Lovers (1863)
  • Cousin Phillis (1864)
  • Wives and Daughters: An Everyday Story (1865)

La última ilustración de este post es obra de Alexy Pendle y pertenece a su autora ( http://alexypendle.com) ; aparece en este post solamente para ilustrarlo y sin ánimo de lucro.