El Caso Yelverton

El Caso Yelverton – conocido en inglés como The Yelverton Case o The Yelverton affair- fue la consecuencia de uno de los romances más tempestuosos de la Época Victoriana, cuyas consecuencias no fueron sólo para los implicados sino que hicieron que los juzgados tuvieran que reinterpretar y crear sentencias sobre leyes no escritas pero comúnmente aceptadas por la sociedad.

Este caso ocupó las portadas de todos los tabloides británicos, convirtiendo a sus protagonistas en personajes tremendamente populares, por los que la sociedad tomaba partido ofreciéndole sus simpatías u odios. Incluso grandes escritores de la época, como Wilkie Collins,  se inspiraron en el caso de Theresa  y William Yelverton para sus novelas.

En 1852, la joven de 19 años Maria Theresa Longworth conoció en un barco al Mayor William Charles Yelverton, Vizconde de Avonmore.  El encuentro entre ambos podría clasificarse como un flechazo, sobre todo por parte de la joven Theresa que se sintió fascinada por las maneras del Mayor, enamorándose perdidamente de él.

A su regreso a Irlanda, el Mayor Yelverton mantuvo el contacto con Theresa, iniciando una correspondencia que duró varios años; además la joven procuraba seguir al Mayor en sus destinos como soldado de la corona. El caso más llamativo de la pasión de Theresa fue cuando al inicio de la guerra de Crimea , donde tuvo que luchar William, la joven se enroló en el cuerpo de enfermeras para auxiliar a los soldados heridos en el frente y así poder estar cerca del destacamento del mayor.

Al regreso de la guerra, y ante la insistencia de Theresa, la pareja se casó siguiendo la Ley Escocesa de pronunciación de votos. Según la costumbre sólo era necesario que ambos contrayentes pronunciaran los votos de matrimonio ante la Biblia para estar legalmente casados.

Después del matrimonio Theresa y William compartieron casa en Edimburgo. Todos los amigos de ella conocían la relación pero William parecía reticente a mostrar a Theresa como su esposa ante su familia y amigos. La excusa del vizconde era la posible negativa de su familia a este matrimonio desigual, por lo que sería conveniente esperar para dar la noticia públicamente.

De vuelta a Irlanda y antes de que él volviera a partir con el ejército, Theresa insistió en que contrajeran matrimonio de una forma «más legal» en una ceremonia religiosa, ya que ella no se consideraba casada. El vizconde aunque reticente, pero accediendo a las peticiones de su esposa, accedió a celebrar el matrimonio en una iglesia irlandesa sin más testigos que el sacerdote católico que los casó. En esta ceremonia renovaron sus votos de matrimonio.

William volvió a pedirle a Theresa la máxima discreción y que siguiera manteniendo el matrimonio lo más en secreto posible.

Pero en uno de  sus viajes, William conoció a una joven de una familia noble y adinerada Emily Marianne Ashworth, hija del General  Sir Charles Ashworth, de la que no sólo se enamoró sino que con la que se casó.

Avisada por su hermano, Theresa se presentó ante William y exigió que respetara su matrimonio, a lo que este se negó en rotundo aludiendo a la invalidez de las ceremonias irlandesa y escocesa.

Lejos de resignarse a su suerte de mujer abandonada, Theresa Yelverton decidió luchar por sus derechos conyugales, reclamando ante la sociedad y ante la ley su condición de esposa legal de William Yelverton, y  todos sus derechos al título de Vizcondesa de Avonmore y a la fortuna de su esposo.

Para reclamar la invalidez del matrimonio, William Yelverton argumentaba dos razones: que el matrimonio escocés no era válido, pues no había testigos de la pronunciación de los votos, y que el matrimonio irlandés tampoco lo era porque legalmente no se podían celebrar matrimonios entre parejas que profesaran diferente religión, acusando al sacerdote católico de felonía.

Y, este fue, en realidad, un punto clave: Theresa era irlandesa católica y William era irlandés protestante.

La lucha de Theresa Yelverton porque se reconociera su matrimonio hizo de ella un personaje famoso, con posicionamientos a favor y en contra. Muchos la consideraban una mujer sin escrúpulos, casi una acosadora,  que persiguió al vizconde y lo presionó  para que casara con ella y lograr una buena posición social utilizando el chantaje emocional y la amenaza de escándalo público; para otros Theresa era una mujer engañada y abandonada, de la que se aprovechó William y a la que utilizó hasta que conoció a una rica heredera que le convenía más para ascender en su vida social y militar.

Los tabloides siguieron con inusual interés la noticia donde se mezclaban amor, sexo, bigamia, dinero, familias nobles y, sobre todo, esperaban una decisión de los jueces sobre la validez o no de las leyes vigentes.

Theresa perdió el primer juicio que resultó escandaloso por las declaraciones contrapuestas de la pareja con respecto a su vida marital antes del matrimonio irlandés: ella  sostenía que para ella el matrimonio escocés no tenía validez y por ello no compartió lecho con su marido hasta el matrimonio irlandés. William, cuyas declaraciones se consideraron muy poco caballerosas, declaró que él y Theresa compartieron cama desde el primer momento. Estos detalles que podrían parecer triviales para nuestros días supusieron un monumental escándalo en la sociedad victoriana.

Theresa Yelverton no se rindió e hizo frente al escándalo con orgullo y pese a haber perdido el primer juicio, reclamó de nuevo, llevando por segunda vez el caso a los tribunales. La joven volvió a perder, declarándose sus dos matrimonios no válidos y por tanto perdiendo el estatus de mujer del Vizconde.

Aprovechando la popularidad que le proporcionó el caso, Theresa Longworth (de nuevo adoptó su apellido de soltera) se dedicó a viajar por el mundo y a escribir relatos de los lugares que visitaba. William Yelverton continuó casado con Emily con la que creó una familia.

Independientemente de quien estuviera en posesión de la verdad y del posicionamiento que pudiese tener cualquiera del suceso  a la vista de los hechos, la realidad es que Theresa fue una mujer muy valiente reclamando la validez de su matrimonio ante los tribunales, enfrentándose a un hombre de una clase social muy superior y a una sociedad muy conservadora, en una época donde las mujeres se resignaban a su suerte.

Además, su reclamación causó una revisión por parte de los jueces, del modo en que se podría celebrar una ceremonia para que se considerara legal. El matrimonio escocés se consideró ilegal ante la ley, y el matrimonio entre contrayentes de diferente confesión religiosa generó un debate que ocupó muchos años de la Época Victoriana.

Lord y Lady Blessington

En todas las épocas de la historia han existido personajes, que por diferentes razones se convirtieron en un punto de referencia para sus contemporáneos, que vieron en ellos alguien a quien imitar ya que con sus actitudes, gustos o simplemente sus ropas creaban tendencia. Este es el caso de Lord y Lady Blessington, un matrimonio muy popular en el periodo conocido como Early Victorian, y del Conde D’Orsay con el que se relacionaron íntimamente.

Lord y Lady BlessingtonMargaret Power de soltera, Margaret Farmer, después de su primer matrimonio, o Marguerite Condesa de Blessington, nombre afrancesado y título que adoptó después de su matrimonio con el Conde de Blessington – fueron dos de los personajes imprescindibles en los salones de la alta sociedad victoriana, durante la primera mitad del siglo XIX.

Su relación con el Conde D’Orsay, conocido dandy de la época, hombre con un destacable encanto personal y no menos talento, dio pie a rumores, escándalos y envidias entre sus coetáneos. Su historia forma parte de la crónica no sólo social, sino intelectual de los inicios de la época victoriana.

Lord Blessington era un conde irlandés, descendiente lejano de los Estuardo escoceses, que había heredado propiedades en Irlanda y Escocia que le proporcionaban una magnífica renta anual.

Sus gustos extravagantes, de los que ya hacía ostentación desde edad temprana, y su pasión por el exhibicionismo se vieron aumentados por el hecho de recibir una cuantiosa herencia, convirtiendo su vida en casi un desfile, donde el conde siempre llamaba la atención por sus llamativos ropajes o complementos de ultimísima moda. En los salones victorianos el Conde de Blessington nunca pasaba desapercibido.

Su excentricidad hizo que se construyera un teatro en su hacienda irlandesa, en el cual se representaban obras teatrales. Estas obras eran representadas por compañías de actores londinenses contratadas especialmente para la ocasión.

El propio conde se mezclaba con los actores y actrices, pues le encantaba vestirse y «desfilar» con los ropajes más exóticos, desde príncipe oriental a emperador romano. El gran deseo del conde era «ser visto», lo que se convirtió casi en una obsesión.

Tanto le gustaba la vida del escenario que pidió en matrimonio a una bella actriz de la época Mary Campbell Brown; ante la imposibilidad de casarse, pues ella ya lo estaba, decidieron vivir juntos, con el consiguiente escándalo entre la alta sociedad victoriana, y  tuvieron dos hijos, considerados ilegítimos por la ley. Cuando el marido de ella murió, se casaron y Mary se convirtió en la Condesa de Blessington, dando a luz, poco después, a los dos únicos hijos considerados legítimos del matrimonio: una niña, Harriet, y un varón, el heredero del título de conde.

Poco duró la felicidad del matrimonio, pues Mary Campbell murió al poco tiempo y a la muerte de ella le siguió la de su hijo legítimo, dejando al conde viudo a la edad de 40 años y sin un heredero para el condado de Blessington.

Pero ni siquiera la tristeza aplacó los deseos de exhibicionismo y de llamar la atención del Conde: se gastó en la ceremonia fúnebre de su mujer la exorbitante cantidad 4000 libras de la época, siendo el entierro de la esposa del conde uno de los acontecimientos más destacados y comentados del momento.

Pero poco le duró el luto al conde, que poco después estaba disfrutando de la agitada vida social londinense y derrochando su fortuna en caprichos cada vez más ostentosos. Fue en esta época en la que una bellísima mujer llamada Margaret Power, o Margaret Farmer, su nombre de casada, a quien ya había conocido hacía años, volvió a cruzarse en su vida.

Margaret Power era la cuarta hija de un terrateniente irlandés que encarnaba todos los vicios de la época: pendenciero, violento, bebedor y derrochador, que arruinó y aterrorizó a su familia hasta el día de su muerte.

En un baile del Regimiento de Infantería ,el capitán Maurice St.Leger Farmer, conocido entre sus compañeros por su carácter violento e intratable,  se encaprichó de Margaret hasta la obsesión, aunque  en aquel momento sólo tenía catorce años. Ante la negativa de la joven a casarse con él, concertó un matrimonio directamente con su padre a cambio de dinero. Su padre, que vio no sólo la posibilidad de deshacerse de uno de sus hijos sino de ganar algo de dinero con ello, aceptó inmediatamente, por lo que la joven Margaret se vio obligada a casarse con el capitán.

En su vida de casada, Margaret sufrió todo tipo de crueldades por parte de su marido, tanto de tipo físico como psicológico, realmente más de lo que pudo soportar, por lo que regresó a casa de padres, donde a pesar de ser recibida con reproches se sentía a salvo de la violencia de su marido y con el suficiente dinero, que éste le había dado, para vivir dignamente.

Margaret pronto abandonó Irlanda y se mudó a Londres donde se encontró a algunas personas relevantes que había conocido durante su matrimonio en Irlanda. Además, la niña delgada y paliducha se había convertido en una bella dama con ambiciones artísticas y literarias. Pronto el viudo Lord Blessington quedó encandilado de Margaret Farmer, y a la muerte del marido de ésta, contrajeron matrimonio.

De la mano del Conde de Blessington, Margaret, ahora convertida en Marguerite, Condesa de Blessington, se introdujo en los salones y fiestas de la alta sociedad victoriana, donde pronto comenzó a destacar por su ingenio, su belleza y su estilo. Lady Blessington era el punto de referencia de las mujeres de la época en cuanto a moda y complementos, y todo cuanto la Condesa hacía o llevaba creaba rápidamente tendencia.

Pronto Lord y Lady Blessington se convirtieron en imprescindibles en cualquier acto de relevancia y sus fiestas en todo un acontecimiento. Lady Blessington, con su exquisito gusto, organizaba fantásticas veladas a las que acudían desde políticos a los artistas más relevantes del momento. Pero este estilo de vida conllevaba un gasto ingente y el conde se vio obligado a hipotecar parte de sus propiedades y a acudir a prestamistas.

Todo ello no hubiera sido necesario si los condes hubieran hecho una correcta administración de sus rentas. Pero al Conde le gustaba destacar en sociedad y vivir con todo tipo de excentricidades, y Lady Blessington lo apremiaba para organizar las más llamativas fiestas de Londres y ser la mejor de las anfitrionas, no en vano se había casado  con el conde a los 28 años y en la plenitud de su belleza no por amor sino para escapar de una vida miserable, ascender en la escala social y acceder a los salones victorianos de clase alta de Londres.

Pero Margaret pronto se aburrió de su marido, un hombre sin ninguna inquietud artística, y del ambiente londinense que dejaron de tener interés para ella. Así que le propuso al conde un viaje por Europa, a lo que él, siempre dispuesto a las novedades, accedió.

En una de las etapas de su viaje conocieron al Conde D’Orsay. Marguerite y D’Orsay se sintieron profundamente atraídos uno por el otro. Lord Blessington, por paradojas de la vida, se convirtió en un admirador del talento y el estilo de D’Orsay, un referente en moda masculina y estilo para todos los caballeros de la época. Tanta fue su admiración que le propuso, a cambio de la exagerada cantidad de 40,000 libras, un matrimonio con su hija Lady Harriet, una joven de 14 años, a lo cual D’Orsay accedió, a pesar de estar profundamente enamorado de Marguerite.

Se cree que la verdadera razón de la aceptación del matrimonio por parte de D’Orsay fue acallar el escándalo que su relación con Lady Blessington había provocado en la conservadora sociedad victoriana. Casándose con la hija tenía una excusa para estar cerca de la madrastra.

A la muerte de Lord Blessington, D’Orsay se vio obligado a seguir con su matrimonio, concertado y aparentemente no consumado, con la hija del Conde y a no poder vivir su relación con la viuda Lady Blessington. Algunos años después renunció a su mujer y decidió vivir definitivamente con Marguerite a pesar del escándalo.

La notable pareja, ella como la perfecta y elegante anfitriona, él como un oráculo de la moda y el estilo, pronto convirtió su hogar de Gore House en el punto d referencia de todos los artistas, intelectuales y notables de la época. Eran la pareja «fashionable» del momento y todos querían formar parte de su círculo de amistades.

Pero, a pesar de que D’Orsay era un pintor con talento  y Lady Blessington escribía novelas – su libro que ha pasado a la posteridad es Conversaciones con Lord Byron – las rentas de las que disponían no podía soportar todas las excentricidades y lujos con los que vivían, por lo que las deudas y los acreedores se acumularon pronto, viéndose obligados a vender sus obras de arte, porcelanas, volúmenes de su biblioteca e incluso sus muebles. La situación se volvió muy crítica y el Conde D’Orsay marchó a París para pedir ayuda a Luis Bonaparte del que siempre había sido fiel partidario. La ayuda llegó demasiado tarde.

Lady Blessington, la mujer que había sido la referencia del Londres más moderno e intelectual, murió arruinada en 1849; tres años, en 1852, después D’Orsay murió en París.

(Este post está dedicado a Laura, que de alguna manera me sugirió la idea para hablar de Margaret Farmer y de su influencia sobre las mujeres de la alta sociedad victoriana)

Amelia Bloomer

Aunque hoy en día muchos sólo recuerdan a Amelia Bloomer como la creadora de una moda revolucionaria en su época, los bloomers – conocidos en español como pantalones bombachos -, Bloomer fue también una incansable defensora de los derechos de la mujer en una sociedad para la que una mujer era sólo el pilar de la familia, y trataba de dejar en un segundo plano sus facetas culturales, creativas, políticas o trabajadoras.

Merece la pena conocer un poco más sobre esta sobresaliente mujer, que no sólo luchó por las mujeres desde un punto de vista social, sino que incluso intentó cambiar la rígida moda victoriana por prendas más cómodas y apropiadas para las diferentes actividades a las que la mujer se estaba incorporando.

La activista por los derechos de las mujeres, Amelia Jenks Bloomer nació en Homer, New York en 1818. Cuando tenía 22 años se casó con el abogado norteamericano Dexter Bloomer, quien la animó a defender sus ideas a través de su periódico The Seneca Falls Courier y a colaborar activamente en la defensa del sufragio femenino y los derechos de las mujeres a través de oranizaciones femeninas del área de Seneca Falls, llegando a participar en la famosa Seneca Falls Convention en 1848 (esta convención paso a la posteridad por ser la primera en la que se defendieron los derechos de la mujer en todos los ámbitos sociales y de la que salió el documento Declaration of Sentiments, donde se recogían los puntos fundamentales acordados en esa reunión)

En Enero de 1849, animada por Elizabeth Cady Stanton y Susan B. Anthony – otras defensores de los derechos de la mujer, comenzó a publicar su propio periódico The Lily, una publicación completamente dedicada a la mujer y a sus intereses y desde donde intentaba enfocar los temas femeninos – educación, disciplina, moda y sufragio – desde un punto de vista reformista, reclamando un papel más destacable e igualitario de la mujer en la sociedad.

En 1850. a través de su periódico, presentó un nuevo estilo de vestuario para las mujeres «activas» inspirado en los trajes tradicionales turcos. La presentación de sus pantalones para mujeres  provocaron una oleada de indignación entre la sociedad e insultos de la prensa – de hecho existe la expresión «making a bloomer « que podría traducirse como meter la pata, cuyo origen fue la presentación de los citados pantalones y que toma el apellido de Amelia como parte de la expresión.

Amelia Bloomer

Estos pantalones eran como unas enaguas largas, flojas y ligeramente hinchadas que se estrechaban en el tobillo; sobre ellas iba una falda más corta que las habituales faldas victorianas. Aunque el diseño desde el punto de vista estético puede resultar discutible, lo cierto es que resultaban cómodos y fueron la antesala de los pantalones para uso femenino.

Fueron muchas las mujeres que se atrevieron a usarlos, a pesar de ser ridiculizadas y de las burlas que tuvieron que soportar; algunas los usaban por el convencimiento de que representaban un avance para la comodidad de las mujeres lejos del encorsetamiento que imponía la moda victoriana; otras lo hicieron por reivindicación, usando los «bloomers» como un símbolo de la igualdad de  derechos de la mujer.

Pero fueron las feministas las primeras en dejar de usarlos, ya que pensaron que los bloomers estaban desviando la atención de sus reivindicaciones  y tenían miedo no ser tomadas en serio por sus ideas.

Así, el bloomerismo – termino acuñado en la época para denominar esta moda – fue perdiendo adeptos, pero sorprendentemente volvió para convertirse en todo un fenómeno representante de lo moderno, en 1890, con la llegada de la «fiebre de la bicicleta», ya que era mucho más cómodo montar en bici con bloomers y no con faldas. Eso sí, su renacer trajo consigo alguna variación estética, como un tejido más adecuado, como el tweed, y la supresión de la falda superpuesta.

Después del revuelo causado por los revolucionarios pantalones, Amelia y su marido se mudaron a Ohio, donde él publicó Western Home Visitor y ella vendió su The Lily.  Un par de años después se mudaron a Iowa; pero en ambos lugares y a pesar de no tener ya su propia publicación Amelia Bloomer siguió participando activamente a favor de los derechos de la mujer y colaborando con grupos y asociaciones sufragistas. Murió el 31 de Diciembre de 1894 en Council Bluffs, Iowa.

Feliz Día de Pascua!

Feliz Día de Pascua Victoriano!

Durante siglos en la celebración de la Pascua se han mezclado las tradiciones paganas y cristianas. Desde la antigüedad, en esta época del año se celebraba la fiesta del renacer y de la fertilidad que implicaba la llegada de la primavera, bendecida por la diosa Oestre.

Al mismo tiempo, los Cristianos recordaban la pasión y resurrección de Cristo, en una celebración cargada de simbología religiosa.

Ya fuera desde un punto de vista más pagano, como desde un punto de vista religioso la Pascua está llena de tradiciones que se han ido entremezclando y muchos países han importado los símbolos y celebraciones de otros países.

La tradición de regalar huevos, viene desde muy antiguo, ya que eran considerados como un símbolo de la fertilidad.  En la época medieval se extendió la costumbre de pintar y decorar los huevos antes de ser regalados. Esta costumbre de decorar los huevos fue el origen, en el siglo XVIII,  de una de las obras maestras de la joyería, diseñadas por el joven joyero francés Peter Carl Faberge y su taller de orfebrería: los huevos Fabergé.  Para la celebración de la Pascua Rusa y por encargo de los zares, los artesanos de Fabergé crearon 69 huevos, de los que hoy se conservan 61, y que son considerados piezas de alta joyería.

Fue también en el siglo XVIII, cuando los pasteleros franceses crearon los huevos de chocolate, que se hicieron rápidamente populares por toda Europa y se convirtieron en uno de los regalos más deseados por los niños victorianos.

El famoso Conejo de Pascua o Easter Rabbit, tan popular en la época victoriana, tiene su origen en la tradición germánica: el conejo como símbolo de la fertilidad. En esta época el Easter Rabbit repartía huevos de chocolate entre los niños que había sido buenos durante el año, o bien los escondía por la casa y el jardín y los niños tenían que encontrarlos.  Este es el origen del popular juego de Pascua Easter Egg Hunt.

Aunque en la actualidad se pueden encontrar los bollos de Pascua a  la venta durante todo el año, los dulces hot cross buns ( cuya cruz de adorno tenía un claro significado religioso) es una receta de pastelería típica de esta época del año y realmente popular entre la sociedad victoriana. Los vendedores de los hot cross buns, ofrecían este rico bollo por las calles con una pegadiza cantinela para atraer a los clientes: ‘Hot cross buns, hot cross buns, one a penny two a penny hot cross buns».

La Pascua tenía, además, su propia flor característica: el lirio blanco, que representaba la pureza. Todas las casas se adornaban con un ramo de lirios blancos y en los servicios religiosos de Semana Santa no faltaban estas flores que embellecían las iglesias y capillas.

Fueron también los victorianos, a los que les gustaba recordar todas las fechas especiales con cards, los que pusieron de moda el envío de tarjetas para felicitar y conmemorar la Pascua.

Curiosidades de la Época Victoriana II


Sabías qué?

En 1859,  las teorías del naturalista inglés Charles Darwin provocaron estupor entre la religiosos y conservadores victorianos. Para una sociedad que tomaba la Biblia de un modo bastante literal, sobre todo en lo que se refiere a los pasajes de la creación,   la sugerencia de que las especies no fueron creadas tal y como las conocemos, sino que podrían ser el resultado de una evolución, que duró millones de años, resultó demasiado audaz.

La idea de que el hombre podría ser un descendiente evolucionado del simio fue tan controvertida que tanto la Iglesia, como la comunidad científica como gran parte de la sociedad consideró las teorías de Darwin como invenciones sin fundamento.

Sabías qué?

Emma Wedgwood Darwin,  la esposa de Charles Darwin,  escribió un cuaderno de recetas de cocina donde describía no sólo los productos más característicos usados en la cocina victoriana, sino la manera de cocinarlos.  Pero además Mrs Darwin anotó curiosidades y anécdotas personales de la vida familiar de los Darwin, convirtiendo sus cuadernos de recetas en todo un documento histórico de la vida familiar y más desconocida del genial naturalista inglés.

El libro es además un reflejo de la vida cotidiana y los gustos culinarios de la clase alta victoriana.

Los autores, Dusha Bateson y Weslie Janeway, recogieron 55 recetas de Emma Darwin y las recrearon y probaron, adaptándolas a los gustos actuales y editándolas en 2008 en un nuevo recetario titulado Mrs. Charles Darwin‘s Recipe Book: Revived and Illustrated, donde conviven la historia, la época victoriana, la cocina y la botánica contadas con sencillez y, al mismo tiempo, precisión por la esposa de gran naturalista inglés.

Sabías qué?

No todos los victorianos aceptaron de buen grado la nueva y competitiva sociedad industrial. Frente a la competitividad, muchos propusieron otro tipo de empresa y de negocio para permitir que toda la sociedad, especialmente los trabajadores tuvieran acceso a los bienes de consumo.

Owen puede ser considerado como el padre del movimiento co-operativista. El creía que los trabajadores deberían tener acceso a la educación y a la formación, para procurarse por sí mismos los medios de subsistencia, mediante empresas y negocios gestionados por ellos mismos. Al mismo tiempo, los productos ofrecidos en estas tiendas podrían proporcionar alimentación y otros productos a otros trabajadores a un precio asequible.

Hoy en día en Gran Bretaña sigue existiendo el movimiento Co-op, que sería el heredero del sistema co-operative, y que sigue existiendo en los países de habla hispana como Cooperativas.

Sabías qué?

Tres de los valores fundamentales de la época Victoriana eran el orgullo, el idealismo y el patriotismo. La mayor parte de los victorianos  tenían gran confianza en el imperio y creían que duraría para siempre.

La literatura y las canciones populares enfatizaban los logros conseguidos por Gran Bretaña durante este periodo y estos valores representaban gran parte del éxito de la superioridad británica ante el mundo.

Los deportes de equipo, que promovían el fair play, o juego limpio, la competitividad y el espíritu de equipo se hicieron muy populares durante este periodo.

Feliz día de San Patricio!

El 17 de Marzo la comunidad irlandesa en todo el mundo conmemora la festividad de su patrón, San Patricio.

Happy St. Patrick’s Day, wearing green!

El día de San Patricio comenzó a celebrarse como una fiesta religiosa, que conmemoraba el día del patrón de los irlandeses pero a partir de 1903 se convirtió en una fiesta nacional. En este día, no sólo en Irlanda, sino en muchos otros lugares con numerosa población irlandesa, se celebran desfiles en los que las ciudades se tiñen del color verde distintivo de Irlanda.otros lugares con numerosa población irlandesa, se celebran desfiles en los que las ciudades se tiñen del color verde distintivo de Irlanda.

Aunque en un primer momento, el color asociado a San Patricio fue el azul, en los primeros años del siglo XVII, se fue incorporando paulatinamente el color verde en la ornamentación de la festividad, así como en el color de los adornos y complementos de los participantes, que solían portar cintas y lazos de color verde. Del mismo modo, el trébol de tres hojas se convirtió en el símbolo de la fiesta; la leyenda cuenta que el santo utilizaba esta planta para explicar el misterio de la Santísima Trinidad.

La festividad de San Patricio se asocia fundamentalmente con Irlanda pero son muchos los países que organizan un desfile para conmemorar el día de San Patricio, entre ellos, Argentina, Canadá, Corea del Sur y, por supuesto, Estados Unidos – de hecho es en la ciudad de Nueva York donde se celebra el desfile más numeroso tanto en número de espectadores como de participantes.

En la Época Victoriana era costumbre enviar cards para conmemorar fechas destacadas, como la festividad de San Patricio,  por lo que cada año se publicaban con gran éxito nuevos diseños .

Feliz San Valentín Victoriano!

St Valentine’s Day en la época Victoriana!

A principios del siglo XIX, las «cards» o tarjetas para celebrar y conmemorar fechas especiales o acontecimientos en las vidas de las familias se comenzaron a producir en grandes cantidades para satisfacer a un público a que les encantaba enviarlas y recibirlas.

Eran tremendamente populares las tarjetas de compromiso, para anunciar a familiares y amigos un enlace. Las imágenes que acompañaba a estas postales eran habitualmente una iglesia o anillos.

Para las tarjetas de San Valentín se pintaban cupidos, flores – cada flor tenía un significado para los victorianos -, corazones o un poema de temática amorosa.

La tradición mandaba que fuera el enamorado el que le enviase la tarjeta a la dama y no estaba «bien visto» que fuera la mujer la que le eviara una tarjeta a un hombre.

Mañana se celebra el día de San Valentín! Qué paséis un Feliz San Valentín victoriano!

Arte y Cultura en la Época Victoriana

La lectura era uno de los principales intereses de los Victorianos. No sólo los libros y los periódicos, sino las revistas, guías de viajes, revistas sensacionalistas – «penny dreadfuls» –  historias populares e incluso comics, tenían gran éxito entre la sociedad. Y, la llegada del ferrocarril hizo posible una distribución del material de lectura por todo el país con rapidez.  Los kioskos propiedad de H.W. Smith, situados en las estaciones proporcionaban a los lectores  las últimas ediciones de las publicaciones más esperadas – la empresa de H.W. Smith sigue presente, en la actualidad,  en las estaciones y calles inglesas.

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Los esfuerzos por los reformistas sociales para acercar la educación a todas las clases sociales hizo posible que las clases menos acomodadas  tuviesen acceso al aprendizaje de la escritura y la lectura. Para los adultos  se organizaban clases y reuniones para enseñarles a leer y a escribir, y se trataba de que los niños acudiesen regularmente a las escuelas.

Las bibliotecas estaban vetadas a los obreros. Los horarios de apertura coincidían con sus horarios de trabajo por lo que les resultaba imposible visitarlas; pero poco a poco el número de bibliotecas públicas se incrementó y amplió su horario por lo que el acceso a ellas por parte de las clases trabajadoras fue más fácil.

The Times, que se comenzó a publicar en 1785, era el periódico de referencia. Era caro y sólo tenían acceso a él las clases altas.  Los impuestos a los que estaban sujetos los periódicos los convertían en publicaciones que por su precio no estaban al alcance de todos. La supresión de la tasa hizo que los periódicos se abaratasen y aparecieran nuevas publicaciones como The Daily Telegraph o el más sensacionalista Daily Mail. A partir de aproximadamente 1850 aparecieron las publicaciones específicas para niños en forma de novelas o comics.

Los autores literarios más populares, como Charles Dickens o Elizabeth Gaskell,  editaban sus novelas publicando capítulos mensuales en revistas que eran esperados con ansiedad por los lectores no sólo británicos sino también estadounidenses.

Muchas de las mejores escritoras que ha dado la literatura inglesa, como las hermanas Brontë o Mary Ann Evans (más conocida como George Eliot) comenzaron a enviar sus obras a las editoriales bajo nombres masculinos.

El fantástico Wilkie Collins o Arthur Conan Doyle tenían un gran número de lectores que se incrementaba con cada nueva publicación de una obra. Thomas Hardy, aunque obtuvo un gran éxito con sus novelas, conmocionó a la sociedad victoriana con sus historias rurales demasiado realistas y alejadas del mundo ideal en el que les gustaba imaginar que vivían.

R.L. Stevenson, R. Kipling o Lewis Carroll, fueron algunos de los grandes maestros de las letras victorianas.

 

Curiosidades de la Época Victoriana

SABÍAS QUÉ…?

Algunos de los objetos más comunes que acostumbramos a ver en nuestras playas durante el verano tienen su origen en la Época Victoriana. Ellos inventaron los cubos y las palas para jugar en la arena. Son también un invento victoriano las tumbonas o sillas para sentarse cómodamente en la playa y disfrutar de una jornada junto al mar. Los malecones y los paseos marítimos estaban llenos de victorianos, que buscaba el aire salubre del mar, en las épocas más cálidas. El primer helado de cucurucho o cornete se vendió durante la época victoriana.

SABÍAS QUÉ…?

Antes de la Época Victoriana cada ciudad tenía su propio horario. Ahora nos puede parecer sorprendente, pero no todas las ciudades británicas  se regían por el mismo horario. Fue la llegada del ferrocarril la que hizo necesario adoptar un horario común para todos aquellos lugares por los que pasaba, ya que se necesitaba elaborar un horario de trenes. Esto forzó que se adoptara un horario estándar para todo el país.

Para que los victorianos pudieran ajustar sus relojes a la hora , o simplemente para que pudieran saber la hora, era un reloj colocado en el ayuntamiento local o en las estaciones de trenes, el que marcaba la hora correcta.

Además, en esta época todavía no existían los despertadores, por lo que los trabajadores sólo tenían el ruido de las máquinas de las fábricas comenzando a ponerse en marcha,  para saber que era la hora de acudir al trabajo. Muchas empresas contrataban a «llamadores», cuyo trabajo era golpear las puertas de las casas de los obreros para despertarlos y hacerles saber que era hora de acudir al trabajo.

SABÍAS QUÉ…?

Uno de los shows más populares de la época era el protagonizado por William Frederick Cody, más conocido como Buffalo Bill.  Cody era la estrella principal de un espectáculo donde se mostraban temas del Oeste americano:  cowboys, danzas de guerra de los nativos americanos, exhibiciones de lazo y tiro, y una representación de un ataque a una diligencia. Algunos de los co-protagonistas del show eran la tiradora Annie Oackley y el jefe indio Sitting Bull – Toro Sentado.

SABÍAS QUÉ…?

Las Victorianas eran muy pudorosas en lo que se refería a su cuerpo. Las mujeres se preocupaban de tener sus piernas completamente cubiertas en todo momento. Que un hombre pudiera ver sus tobillos se consideraba inadecuado, incluso cuando iban a las playas se vestían con trajes que los cubrieran.

En la segunda mitad del siglo XIX, las damas Victorianas comenzaron a hacer sus faldas más y más anchas. Esto lo conseguían con la crinolina, una especie de falda de varillas de metal que cubrían después con varias enaguas y finalmente con una falda o vestido. Con los años la moda de las criolinas aumentó y las faldas se hicieron cada vez más anchas, hasta el punto de que era imposible para dos mujeres pasar a vez por una puerta!

SABÍAS QUÉ…?

El británico Thomas Cook fue un famoso empresario que creó la compañía de viajes que lleva su nombre. Su primer viaje, en 1841,  fue una salida organizada para celebrar un picnic y cubría la ruta de Leicester a Loughborough. A partir de 1880, y observando como a los victorianos les apasionaban los viajes y el conocer sitios diferentes de Inglaterra, y cuanto más exóticos mejor, empezó a organizar viajes por toda Europa y el norte de África, siendo uno de los destinos favoritos de sus viajeros Egipto. Thomas Cook fue uno de los pioneros en el rentable negocio del turismo.

Inventos Victorianos que ayudaron a la medicina

En 1842, Edwin Chadwick, reformista social inglés conocido por su trabajo para reformar y mejorar las condiciones sanitarias y la salud pública,   un informe que mostraba que al menos el 50% de las ciudades británicas tenían suministros de agua insalubres. Las epidemias de cólera eran devastadoras. Poco a poco la sociedad victoriana se fue haciendo más consciente de la necesidad de mejorar las condiciones de vida higiénicas y se fueron introduciendo mejoras médicas y de salubridad.

EL SPRAY ANTISÉPTICO

Louis Pasteur demostró que las bacterias y gérmenes eran los causantes de enfermedades y buscaba una solución para evitar infecciones masivas.

Pero fue el cirujano inglés Joseph Lister, en 1869,  el que descubrió un spray carbólico cuyo uso contribuyó a reducir en gran medida el número de muertes por infecciones contraídas en el quirófano. Fue también Lister quien utilizó el catgut como hilo de sutura; este hilo era en realidad una serie de filamentos realizados con láminas de membranas de serosa intestinal de gato.

Lister defendió el uso del fenol como antiséptico para lavar el instrumental utilizado por los cirujanos, las manos de los propios cirujanos y las heridas abiertas de los pacientes. El uso generalizado de los antisépticos contribuyó en gran medida a la reducción de muertes por infección de las heridas o por el paso de un paciente por el quirófano.

EL INHALADOR DE ÉTER

Fue el primer anestésico, ya que hasta 1846, fecha en la que el dentista americano Horalce Wells la utilizó por primera vez para dejar inconsciente a un paciente, las intervenciones quirúrgicas se realizaban sin anestesia. Posteriormente en 1850 se extendió por todo el mundo mediante un inhalador de éter llamado Morton.

LA JERINGUILLA HIPODÉRMICA

En 1844 el físico irlandés Francis Rynd inventó una aguja hueca (hollow needle) para poder inyectar fluidos al cuerpo. A partir de esta aguja Alexander Wood, médico escocés,  inventó la aguja hipodérmica en 1853.

El cirujano francés, Charles Parvaz, mejoró el invento añadiéndole a la aguja el pistón, creando la primera jeringuilla hipodérmica, para inyectar sustancias directamente dentro del cuerpo; su jeringuilla era de plata y tenía un movimiento de tornillo.

EL ESTETOSCOPIO

La invención del estetoscopio tiene su origen en una anécdota curiosa: el médico francés René Laennec se sentía muy avergonzado cada vez que tenía que acercar su oído al pecho de sus pacientes femeninas. Para evitar esa situación tan incómoda inventó un tubo de unos 30 cm de largo que le permitía escuchar los latidos del corazón sin tener que acercarse;  este tubo sería considerado el primer estetoscopio.

EL ENDOSCOPIO

Comenzó a utilizarse alrededor de 1880 y consistía en un cilindro de metal que tenía una base para sujetar una vela y un reflector que funcionaba como un sistema de espejos. Estos primeros endoscopios se utilizaron para el análisis del conducto auditivo del paciente.

EL TALADRO DE DENTISTA

En 1871 James Beall Morrison patenta el primer taladro dental mecánico, lo cual supuso una revolución en el mundo de la odontología.